viernes, 18 de junio de 2010

LA GENIALIDAD DEL "CUMPA" DONAYRE

En el difícil campo del escribir y la creatividad, sí que fue genial porque realmente le puso pasión a lo que hizo. Con un filón de humanidad tan característico y atisbos de brillantez realmente condicionantes que se convirtió, para siempre, en un comunicador de primera línea.
Jorge Donayre Belaúnde, el famoso “Cumpa”, se las sabía todas: reportero sagaz y hombre apropiado para dar la noticia, cultor de sabrosos y peruanísimos guiones para la televisión, autor de novelas, obras de teatro y publicista con aporte innato.
Le cantó a la patria a punta de fuerza y vigor con ese bello poema enternecido que lo llamó “Viva el Perú Carajo”, una pieza declamada por el actor Luis Alvarez y el tenue acompañamiento de la guitarra de Oscar Aviles.
Una vida de protesta y disconformidad, no obstante los triunfos y la profesionalidad. Tremenda necesidad de denunciar lo injusto y lo paradójico, para encontrar algo que lo satisfaga. Ese era Donayre con otra de sus características de cierto temperamento nervioso.
Sin embargo, una figura agradable, el bigote raleado. Casi siempre alegre, chispeante y sonriendo. Los ojos grandes y saltones. El cuerpo grueso y con exceso de kilos. La conversación siempre rápida, galopante. Muchas veces drástica. Nadie se salvaba cuando analizaba y criticaba. Ni los vivos. Ni los muertos.
Gran bohemio. De las redacciones a la calle y de aquí a los bares, los amigos, los restaurantes para volver otra vez a las redacciones. Pero también profundamente católico, hombre de principios y trabajador infatigable.
Ingresó maduro al periodismo limeño y no obstante tuvo el suficiente tiempo para destacar. De vendedor en la ferretería del tío ubicada en Chincha, a reportero consagrado. El comunicador por excelencia.

Saavedra, Donayre y Orbegozo entrevistando a Hemingway.

Nació en esa provincia de Ica en 1922. En sus años ya de adulto habían dos diarios en la ciudad sureña: “La Voz de Chincha” y “Lucha”, impresos en viejas rotoplanas. Eran hojas que se mantenían con algunas noticias y comentarios, a duras penas, debatiéndose en una batalla heroica con uno que otro aviso.
Según relata el periodista Domingo Tamariz, en su libro “Memorias de una pasión”, Donayre escribió su primer artículo periodístico el año 1939. Lo hizo a instancias de su profesor el doctor Jorge Arboleda “un mounstro singular”, si nos atenemos a los recuerdos de don Jorge.
Al profesor se le consideraba comunista, anarquista, ateo y revolucionario. La primera nota de Donayre tenía un tinte izquierdista. Se titulaba “La necesidad de cooperativizar el agro de Chincha” y al aparecer por supuesto que causó asombro, sorpresa. A muchos rechazo. Pero también se registraba apoyo de la ciudadanía.
Lo cierto es que Donayre estuvo, según el relato de Tamariz, muy preocupado y ni siquiera pasaba delante de la Subprefectura porque sabía que había una queja contra él.No volvió a escribir. Adiós al periodismo en el que debutó con una sola colaboración.
Pasados muchos años, en la década del 50, don Jorge se instaló en Lima. Ingresó a “La Prensa” y destacó como reportero ágil. Escribía con mucho sentido humano. Allí es donde, realmente, recién empieza como periodista. Lo otro fue tan sólo un ensayo.
En aquel entonces resultó protagonista de la gran revolución al estilo norteamericano de ese periódico que se convirtió en un diario ágil, pulcro y sobre todo moderno. De los que realmente destacaban a nivel nacional e internacional.
Aquí en actitud profesional admirable se reemplazó la portada porque antes aparecía colmada de avisos publicitarios, con las noticias y los hechos predominantes del día. Se modernizó al máximo la redacción de la noticia y se establecieron distinciones entre la información y el comentario. Se trataba de hacer un relato de los hechos, tal como ocurrieron.
Con Donayre trabajaba su íntimo amigo y tocayo Jorge Moral, Jesús y Alfonso Reyes Muñante, José Velásquez Neyra, Owen Castillo, Federico La Rosa, y Santiago Tong.
Lo mismo que Alfonso Grados Bertorini, Arturo Salazar Larraín, Juan Rodó, Pedro Alvarez del Villar, Luis Rey de Castro, César Martín Barreda y Enrique Chirinos Soto, entre otros.
Hizo un artículo sobre el sargento Nonone impecable. Era un policía que dirigía con pulcritud el tránsito vehicular. Con clase y elegancia para silbar el pito y levantar los brazos, enviando por el lado correcto a los vehículos. El Cumpa lo retrató de cuerpo entero.
Otra de sus notas memorables fue la entrevista a Hemingway. Ello ocurrió la mañana del 16 de abril de 1956 cuando se registró este hecho noticioso muy importante. Llegó a Cabo Blanco, playa al norte del país a más de mil kilómetros de Lima, el famoso escritor norteamericano para dirigir el rodaje de la película “El viejo y el mar”.
Hemingway había ya ganado el premio Pulitzer por esa obra, publicada en la vieja revista Life el 1° de setiembre de 1952; y dos años más tarde, el premio Nobel de Literatura. Se trataba de un gran acontecimiento noticioso que tamaña figura de la literatura pise suelo peruano.


Caratula del disco con el poema Viva el Perú...Carajo

Así tres reporteros prepararon maletas y enrumbaron al norte del país. Se trataba de Manuel Jesús Orbegozo (La Crónica), Jorge Donayre Belaúnde (La Prensa) y Mario Saavedra Pinón (El Comercio), cuyos destinos quedaron marcados para siempre tocados por la estrella de Hemingway.
“Un hombre corpulento, no tan alto como apareció en las fotografías, de rostro muy rosado, casi rojo de barba crecida y de pelo largo y cano y que tenía la cabeza con un gorrito (jockey), descendió del avión”, escribió Donayre en su crónica para “La Prensa”.
Don Jorge fue Jefe de Redacción del semanario “Extra”. Allí estaban de directores Raúl Villarán y Jorge Moral. En la plana de redactores: Pedro Alvarez del Villar, Efraín Ruiz Caro, José Bernardo Adolph y Rodney Espinel, entro otros.
La redacción estaba ubicada en el edificio Select del jirón Ica, en pleno centro de Lima. Aquí El Cumpa se multiplicaba en la calle y en la redacción, editando el grueso de las notas a publicarse.
“Extra” apareció el mes de noviembre de 1954 con el formato Life. Lanzaba 30 mil ejemplares y su precio era tres soles el ejemplar. Un semanario de corte popular que abordaba temas políticos, crónicas y reportajes de los hechos de la semana con titulares claros, sencillos e impactantes. Buenas fotos y caricaturas de los hermanos Marino y Oswaldo Sagástegui.
Lo único malo de la publicación es que se decía con insistencia que el semanario era financiado nada más y nada menos que por el Gobierno de Odría a través de un hombre siniestro: Alejandro Esparza Zañartu, Director de Gobierno y luego Ministro de este sector (hoy Interior), hombre fuerte y temido de la dictadura. La aseveración parece que tenía muchos visos de verdad.
Sin embargo, Donayre gozaba de convicciones serias y honestidad arraigada. Por eso es que no se cansaba en repetir de que “el periodismo era un bien preciado cuya característica de armonizar hay que transmitirla al receptor. Es decir al que lee, escucha o ve. Hay una obligación de construir. Por eso, siempre, estoy contra el escándalo”.
Lo del apelativo “Cumpa” viene de una costumbre muy arraigada de Chincha. Todos en esa ciudad, en la época que vivió allí, se decían así como sinónimo de amigo, camarada y hermano.
El Cumpa entró a tallar en la televisión como guionista junto con otro periodista Benjamín Cisneros, “Bencis”. Para ello, en un principio, utilizó el seudónimo de Juan Renteros. Llevó a la TV la cunda, la alegría y los sentimientos del pueblo.
Escribió las cartas de Pablo Zambrano, un zambo criollo, patero pero muy sentimental, amigo de los niños y furibundo aficionado al futbol. El personaje salió en la televisión pero también se le tuvo en los diarios, como “Ojo”, durante muchos años.
Zambrano se consagró por primera vez en el Festival Cristal del Cuento Peruano. Antes había aparecido en la revista “Loquibambia” y las cartas luego fueron editadas en un libro de sugestivo prólogo del periodista Mario Castro Arenas. Zambrano era interpretado en la TV por Luis Alvarez.
Según Donayre, Pablo Zambrano era un zambo dicharachero al cual había que redimirlo de su mala leyenda, aquella que hace que todos los partes policiales destaquen al delincuente como un sujeto zambo o azambado.
Bar Cristal fue otro programa cómico de la inspiración de El Cumpa en la década de los 60. Se crearon personajes como don Ramón (Jorge Montoro); Rita, Betty Missiego, después consagrada cantante; Agustín, Guillermo Nieto, de profesión diplomático en la vida real; Saby Kamalich, quien triunfó como actriz en el cine mexicano. Todos ellos cantaban letras satíricas de canciones populares.
El programa presentó un esquema donde los personajes tenían un referente étnico social en Lima. Don Ramón era el dueño de la tienda, con aires aristocratizantes. Rita, una chica bonita y generosa. El ambiente agradable y el humor formal. Los libretos, elegantes y costumbristas.
Donayre no se cansó de trabajar en diarios. Por eso es que estuvo en la fundación de “Expreso”, otra vez con Villarán al lado. Un tabloide de impacto que cosechó triunfos con una impecable presentación y variedad de noticias y comentarios. Lo mismo en “Correo”, la más grande cadena de diarios de Lima y provincias. Pasó muchos años en Ojo, con el papel verde de gran tirada. Al incursionar en la publicidad, trabajó en varias agencias como Kunak, cuyo propietario era Luis Gómez Sánchez.


Plaza de Armas de Chincha, la cuna del periodista.

No sólo se quedó en el periodismo y la publicidad. Se dedicó a escribir varios libros, además del de Zambrano. Entre ellos: “Los que llegaron al poder”, de corte autobiográfico y “Ellos también hicieron el Perú”, crónicas humanas de diferentes personajes como: Alexander Von Humboldt, ilustre sabio alemán; Antonio Raimondi, el médico italiano que viajó estudiando todo el Perú; Fermín Tanguis, el creador del algodón peruano; Daniel A. Carrión, el mártir de la Medicina que se inoculó la verruga; Henry Meiggs, el constructor de los ferrocarriles en plena cordillera de los Andes; Julio C. Tello, el padre de la Arqueología; Rosa Mercedes Ayarza de Morales, famosa por su afición a la música criolla; y Elmer J. Faucett, aviador que impulsó con decisión el transporte en el aire.
Tampoco fue ajeno a la dramaturgia. Creó dos obras de teatro. Una de ellas “Las ropas del espantapájaros” que relata sucesos relacionados con los matrimonios de las aves, a causa de haber vestido al que los asusta y aleja, con las ropas de un difunto. La otra “El candidato”, donde hay un gran personaje obsesionado por su ambición de alcanzar un escaño en el Congreso y que se pasa toda la vida en esa condición.
Sobre su obra teatral Donayre decía con seguridad: “tenemos que encontrar un lenguaje a través del cual el corazón pueda hablar al corazón, sin necesidad de intermediarios”.
Los últimos años de la vida de El Cumpa fueron duros. Se la pasó metido en su casa, sin ver casi a nadie, con una figura enteramente angelical y una barba blanca muy crecida .Le había caído encima, no se sabe por qué, una tremenda depresión. De padre y señor mío.
Lo que le hacía pensar que estaba enfermo corporalmente. Que algo tenía parece que sí. Pero él aseguraba que le fallaba el cuerpo y hablaba, a cada rato y en todo momento con entera letanía, de los males en los riñones y el páncreas. Lo que es cierto es que estaba enfermo del alma y completamente decepcionado de la vida. Hasta que, con estas múltiples debilidades, desafortunadamente, se murió en 1996.


Tapa de uno de sus libros

Muchos años después, el autor de esta crónica estaba triste e impresionado por la muerte repentina de un colega afectado por un fulminante ataque cardiaco, Alvaro Rojas Samanez. Fue al cementerio Jardines de la Paz a despedir para siempre al amigo. Pero llegó muy temprano.
Entonces se puso a observar, como para pasar el tiempo, las lápidas de las personas cremadas que allí descansan en paz. Nombres de nombres. Algunos conocidos y hasta parientes queridos. Hasta que se cansó y se quedó parado pisando una de las tumbas. Meditaba y recordaba lo fugaz que es la existencia.
De un momento a otro y a manera de tic si se quiere, bajó los ojos hacia el suelo donde estaba. Cómo es la vida de sorpresiva y la muerte de estática. Era la tumba de Jorge Donayre Belaúnde cuyas cenizas estaban al lado de las de su esposa, Ada Maynetto. Más tristeza aún. Un padre nuestro que se rezaba en silencio, de parte del cronista.
Inmediatamente una promesa al querido amigo y al colega entrañable con quien tanto se identificó, al extremo de hablar por teléfono siempre una vez por semana, durante unos l5 años seguidos: “Cumpa, de todas maneras algún día, escribiré sobre usted y su gran obra”, aseguró el cronista. Lo ha hecho ahora, con afecto de amigo entrañable. (Edgardo de Noriega)

9 comentarios:

  1. Donayre fue realmente un genio al escribir. Lo conoci en la prensa muy joven aun yo. Lo veía sonriendo y a la hora de enseñar era el primero.Vale la pena acordarse de esta figura del periodismo

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  2. Jorge Donayre Belaúnde, periodista de periodistas. Realmente que con su producción se pasó. Ha dejado huella y estilo que siempre hay que tenerlo presente. Eso es lo más justo.

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  3. El Cumpa era muy alegoso. Pero valia mucho. Siempre reclamando. Pero siempre produciendo. El es que ayudó por ejemplo, a un genio falso. como es Hugo Otero. Lo llevo a la publicidad porque le daba pena que fracasaba en Ojo como reportero y porque ganaba poco. Lo quiso hacer bueno. Pero este señor es una farsa.Total. Cree que sabe y no sabe nada. Maria Eugenia Pérez.

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  4. Periodista fuera de serie y muy ausioso. Las cartas de Pablo Zambrano pasaran a la historia.
    Siempre podemos decir: Viva el Peru Carajo

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  5. Que tal periodista que era Donayre. Necesitamos gente de esa fibra y esa pluma. felicitaciones por la publicación

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  6. La última vez que vimos a Hugo Otero fue en una reunión algo politica, algo social. En la casa de Gonzalo Aguirre con PPK ( No escribo el nombre completo porque puedo equivocarme con la ortografia de su nombre.Los extranjerismos son tremendos.Ok. Por eso creo que PPK debe estar en el extranjero y no en política, con la religión y el fracaso). Pero eso no va al asunto. Me merece el mayor de los respetos Otero. Hijo de un aprista insigne, de los fundadores que sufrió y se sacrificó por las causas del pueblo.Hugo hijo es un periodista que trabajó,en las mismas épocas conmigo, en Correo y Ojo, quien me merece el mejor de los respetos. El ha desempeñado cargos públicos que nunca han merecido rechazos. Tras su paso por el periodismo que fue fugaz, ingresó a las canteras de la publicidad y ahora es un estratega político. Muchas veces de joven discutí con él. Por una sencilla razón: el era aprista y yo no. LLana y sencillamente. Pero, ahora y siempre, me merece el mayor de los respetos prodesionales (El Director)

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  7. hija de su gran amigo Bencis, lo admiré desde chica cuando escribían juntos los libretos de kid Cristal, bar Cristal, festival Cristal de la canción criolla, creadores de la célebre frase "Arriba Perú".

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  8. Yo conocí al "Cumpa" Donayre cuando ya septuagenario vivía en la cuadra 5 del Jr. Jorge Chávez en el Distrito de Breña; entonces no sabía de lo prolífico que fue. En sus últimos años se le veía abatido y a veces bastante nervioso. Habría que reivindicar su legado.

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  9. Al "Cumpa" Donayre lo conocí personalmente en el año 1968, cuando ingresé a trabajar a la Cervecería Backus. El era admirado y querido por funcionarios, empleados y operarios. Acostumbraba escribir mensualmente en la revista "El Cristalito", de circulación interna. Y todos sus artículos trataban sobre hechos ocurridos en el Rimac. Pero como excepción publicó una nota de mucho sentimiento de agradecimiento al recibir el primer premio de parte del Consejo Provincial de Lima en el concurso literario-periodístico sobre el sesqui centenario del nacimiento de Don Ricardo Palma. Ello ocurrió en Diciembre de 1983. Era un galardón mas en su larga trayectoria periodística-Literaria. Lo recuerdo con mucho cariño.

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