viernes, 18 de noviembre de 2011

LEGUIA DEJO HUELLA Y CONTROVERSIA

Llegó, continuó en el poder durante cuatro periodos presidenciales y se convirtió en el presidente del Perú que más tiempo desempeño el cargo, indistintamente y en total, con 15 largos años a su entero y caprichoso albedrío.
Eminentemente,  una figura ambivalente y singular.  Por eso mismo, para  sus adversarios, un dictador empedernido que llegó a ser endiosado en fórmulas enteramente rechazables.
Pero, para sus seguidores, uno de los mejores mandatarios que tuvo el  país. Lo cierto es que tan controvertido político forma parte de ese pasado republicano con una obra que hasta  ahora, quiérase o no, está vigente y eso, precisamente eso, lo hace indiscutiblemente perdurable e histórico.
Augusto Bernardino Leguía gobernó el Perú entre 1908 y 1912 y posteriormente otra vez estuvo en la Casa de Pizarro desde 1919 hasta 1925. La reelección se impuso  otros cuatro años más. Corría 1929 de eminente crisis y no tuvo empacho en seguir vigente con otra reelección más hasta 1930.
A los tres últimos periodos consecutivos se les conoce como “el oncenio”, etapa que tanto dio que hablar durante su vigencia e incluso posteriormente. Definitivamente, Leguía dejó algo de huella positiva, a pesar de la controversia de situarse por completo en el autoritarismo y la ilegalidad.
Comenzó su carrera política en las filas  del Parrido Civil, el que fundó en 1871 Manuel Pardo con vigencia durante largos años. El  sepultó a la agrupación sin ningún empacho, con seguridad plena.


Augusto B.  Leguia.
MINISTRO HABIL
En el plano de las realizaciones, era un hombre de negocios muy hábil que hizo fortuna, trabajando en la industria azucarera y en el campo de la venta de seguros a nivel nacional e internacional.
Fue Ministro de Hacienda durante los gobiernos de Manuel  Candamo y Serapio Calderón entre 1903 y 1904. Luego en el mismo portafolio se desempeñó como Premier del primer gobierno de José Pardo y Barreda de 1904 a 1908. A renglón seguido, el político ganó las elecciones presidenciales de 1908 y gobernó cuatro años. El Perú había llegado a 1912.
Su larga gestión como ministro en dicha cartera  fue exitosa y entre sus obras destacaron: el plan de impuestos y empréstitos para lograr la expansión de la hacienda pública.
CANDIDATO PRESIDENCIAL
Alejándose así de la rutinaria política conservadora practicada hasta entonces en dicho campo. Asimismo, suscribió los contratos destinados a prolongar las vías ferroviarias del centro y del sur, hasta llevarlas a Huancayo y Cuzco
Pero lo que dio más realce a su personalidad de aquella época fueron sus intervenciones en el Parlamento, donde defendió sus proyectos en innumerables discursos, cargados de verbosidad  jurídica y técnica.
Fue el candidato oficialista en las elecciones de 1908,  en representación de los civilistas. El Partido Demócrata a instancias de su líder, el viejo caudillo Nicolás de Piérola, se abstuvo de participar.
Por su parte, Augusto Durand, Jefe del Partido Liberal, una especie si se quiere de ala  izquierda y revolucionaria de la política peruana de aquellos tiempos, trató de impedir los comicios con una revuelta al viejo estilo de las montoneras, pero fracasó. Leguía fue así elegido, sin resistencia, para ejercer el período presidencial de 1908 a 1912
En su primer gobierno en el terreno de la política exterior,  buscó resolver los conflictos con Ecuador, Brasil y Bolivia, y cortó las relaciones diplomáticas con Chile. Por otra parte, dio especial importancia al desarrollo de la agricultura y la minería.
Enfrentó con valentía una intentona golpista protagonizada por el hermano y los hijos del ex Presidente Nicolás de Piérola: Carlos, Amadeo  e Isaías, respectivamente. A instancias de ellos, lo tomaron preso, el 29 de mayo de 1909, en Palacio de Gobierno para que renuncie tras ser conducido por las calles de Lima hasta el Congreso.
EL DIA DEL CARACTER
El Presidente, con decisión firme, se negó infinidad de veces a dimitir  Hasta que fue al fin liberado, por las acciones a su favor, de un pelotón militar. Este hecho de por si admirable dio a lugar a que los seguidores del caudillo definiesen al 29 de Mayo como “El Día del Carácter”.
El enfrentamiento si que  fue serio y violento dejando, lamentablemente, a 100 manifestantes muertos. Además, el ex Presidente Piérola que no participó, pero si su familia, tuvo que esconderse por la persecución desatada contra muchos sectores por el Gobierno.
La inestabilidad política marcaría el resto de su gestión. Por esta  época  se separó del  Partido Civil que quedó fraccionado en dos. Tras finalizar su mandato, en 1912, sufrió el acoso del nuevo gobierno de Billinghurst y al año siguiente partió al exilio.
LO QUE DICE BASADRE
Primero en Panamá, luego en Estados Unidos y finalmente en Inglaterra, donde se dedicó con éxito  a sus negocios de carácter azucarero. En la capital inglesa, Londres, se desempeñó como Presidente de la Cámara Latinoamericana de Cambio y Comercio. Definitivamente, todo un hombre de negocios.
Cuando en 1919 José Pardo concluía su mandato presidencial, Leguía reapareció en el primer plano de la escena política peruana. Lanzó nuevamente su candidatura, con el apoyo del Partido Constitucional que seguía los pasos del héroe de la Guerra con Chile, Andrés Avelino Cáceres, así como de algunos sectores del civilismo.
Ganó las elecciones, pero sin esperar la transferencia de poder, y con el apoyo de los militares encabezados por el coronel Álvarez, en julio de 1919, dio un golpe de Estado y depuso, sin vacilar en ningún momento, a Pardo. Creyó que su victoria no iba a ser reconocida por los civilistas.
Jorge Basadre, en su libro “Historia de la República del Perú”, señala al respecto lo siguiente: “No llegó nunca a ser exhibida prueba alguna de que el Presidente Pardo iba a escamotearle a Leguía, en el ultimo momento, sus credenciales”
Muy por el contrario, añade, “El Jefe de Estado le permitió regresar al país, no impidió las manifestaciones en su favor y lo dejó triunfar en las asambleas en las que obtuvo mayoría y en las elecciones que le favorecieron”.



En el poder como Presidente de la República.
LA PATRIA NUEVA
Por su parte, Pardo dijo con claridad: “Puedo decir con la firmeza de una conciencia estrictamente sometida a la verdad, con toda la autoridad que tiene quien jamás ha engañado a su país, que no ha existido ni por un instante semejante plan. En estoy si  soy enteramente categórico. Demuéstrenme lo contrario”
Asumió el poder como presidente provisorio y disolvió el Congreso convocando en su reemplazo a una Asamblea Nacional, cuya misión fue  consagrar importantes y controvertidas reformas constitucionales.
Este nuevo parlamento lo eligió Presidente Constitucional el 12 de Octubre de 1919 y dio una nueva carta política en reemplazo de la vieja Constitución de 1860. Con estos cambios, Leguía se perennizó en el poder. Comenzó lo que él y sus seguidores llamaron “La Patria Nueva”.
EL IDEOLOGO
La Asamblea la presidió el eminente abogado y jurista Mariano H. Cornejo, muy ligado a las ciudades de Arequipa donde nació y a Puno donde vivió, convertido en el ideólogo del oncenio.
La Constitución de 1920 estableció un periodo presidencial de cinco años (anteriormente eran cuatro), la renovación integral del Parlamento paralela a la renovación presidencial, los congresos regionales en el norte, centro y sur,
Asimismo, el régimen semiparlamentario, la responsabilidad del gabinete ante cada una de las cámaras, el reconocimiento de las comunidades indígenas y la imposibilidad de suspender las garantías individuales.
Sin embargo, el leguiismo resultó siendo  un largo e inconstitucional mandato. En el que, eso si  innegablemente, se registraron obras publicas de trascendencia. Lima fue enteramente modernizada, con motivo del centenario de la Independencia Nacional que se celebró exageradamente, con muchos bombos y platillos.
Siempre preocupado por los problemas limítrofes, durante esta administración, se firmaron los tratados definitivos con Colombia y Chile.  Por efectos del trasfondo de la crisis  mundial que se manifestó en el crack de 1929, el régimen  tambaleó, tras más de diez años de férreo gobierno, durante los cuales se había prohibido la actividad de los partidos políticos.
TRATADO CON COLOMBIA
Sus consecuencias económicas fueron gravísimas porque el Perú contrajo fuertes empréstitos en bancos de Estados Unidos y con eso se hizo obra pública.
La deuda en 1930, llegó a los 150 millones de soles dando lugar al alza desmesurada del costo de vida, desocupación, inestabilidad  total y permanente y escasez de los alimentos entre otras subsistencias.
El Tratado con Colombia fue firmado el 24 marzo de 1922 y aprobado por el Congreso en 1927. Ello significó ceder a ese país, una porción territorial comprendida entre los ríos Caquetá y Putumayo, el llamado "Trapecio Amazónico”
Al hacerse público el instrumento jurídico provocó gran resistencia entre los peruanos que habitaban las zonas afectadas, surgiendo así un estado conflictivo entre ambas naciones que se agudizó  posteriormente en 1933.
ACUERDO CON CHILE
El de Chile puso término a la cuestión limítrofe, tras más de 40 años de la firma del Tratado de Ancón de 1883. Fue firmado el 3 de junio de 1929, en Lima. Ambas partes renunciaron a la realización del tantas veces postergado plebiscito, convenido inicialmente para decidir la suerte de las provincias peruanas cautivas de Tacna y Arica,  acordando el siguiente arreglo: la primera  regresaría al seno de la patria peruana, pero Chile se quedaría con la segunda.
Tal decisión para muchos sectores de la ciudadanía de la época fue, por donde se le vea, entreguista. Sin embargo, el gobierno subrayó lo contrario: se defendió con hidalguía a la patria en un asunto que durante muchos años por infinidad de razones, se dejó  de lado. Nadie quería ponerle el cascabel al gato.
El pleito con ingleses y norteamericanos, por la explotación del petróleo de La Brea y Pariñas, tuvo una desafortunada solución para el interés del Estado al firmarse el ilegal Laudo de París de 1922.
Este asunto se arrastró hasta 1968 cuando el gobierno de Velasco, finalmente en forma no muy claro y con pagos debajo de la mesa sin darlos a conocer manteniendo inexplicablemente el secreto, nacionalizó esos yacimientos que eran explotados por la estadunidense International Petroleum Company.
Entre una de las acciones del oncenio  también figura: la entrega a perpetuidad de los ferrocarriles nacionales a los ingleses de la Peruvian Corporation, en medio de un auge de los productos agroindustriales como el algodón, la caña de azúcar y de algunos minerales como el cobre, el plomo y el zinc.



Con su familia.

LEYES LABORALES
Asimismo se celebró el Centenario de  la Batalla de Ayacucho en 1924. Por otro lado, el gobierno de aquel entonces fomentó la inmigración japonesa, las leyes en favor de los trabajadores, como la de compensación por tiempo de servicios y la del aviso de despedida.
Creó la Escuela de Aviación de Las Palmas. Llegaron a suelo peruano los primeros aviones de combate y los hidroaviones, así como los submarinos y ocurrió la mejora de los navíos de guerra. Comenzó a funcionar en 1920 el Ministerio de Marina, el cual en 1929 pasó a llamarse de Marina y Aviación.
Emprendió la construcción de grandes obras de carácter vial, sanitario, de viviendas y de monumentos conmemorativos. La educación fue asimismo una de las áreas que recibieron un mayor impulso.
OBRAS Y MAS OBRAS
Entre las obras más importantes están: la construcción del Terminal y Muelle del Callao, la ampliación del alumbrado público, la construcción de la Avenida Arequipa, la Plaza San Martín, el local del Congreso, el Palacio de Justicia, el Hospital del Niño, el Teatro Municipal, el Hospital Arzobispo Loayza, el Palacio de Torre Tagle y muchos más.
A Leguía se le criticó por los métodos utilizados para obligar a los nativos a poner su fuerza de trabajo al servicio de las grandes obras emprendidas por su gobierno. Sus partidarios lo defendieron sosteniendo que las  transformaciones se hicieron de esa manera, con miras a reforzar el modernismo del país. En este caso, el fin justificaba los medios. No puede ser.
Creó el Banco Central de Reserva y el  Hipotecario, así como los Estancos de Alcohol, Naipes y Fósforos. Legalizó las comunidades indígenas. En materia de seguridad, la Guardia Civil del Perú comenzó  a prestar servicios, a favor de la  población. En cuanto a infraestructura,  la construcción de carreteras y obras de irrigación fueron una realidad contundente.
En el oncenio  se restringieron al máximo las libertades públicas. Los diarios “El Comercio” y La Prensa” los más destacados del país, fueron asaltadas por turbas manejadas por el gobierno.

EL CULTO A LA PERSONALIDAD

El diario “La Prensa”, donde se había parapetado la oposición, fue confiscado Así se acabó, prácticamente, la libertad de expresión y se barrió con la oposición en el Parlamento, convertido en un instrumento dócil del Ejecutivo.
El Gobierno puso fin a las municipalidades elegidas por voto popular, siendo reemplazadas por entes con personal designado a dedo. Lo que es peor, los opositores políticos fueron tomados presos, perseguidos, deportados y hasta fusilados. Leguía creó su propio partido, el Democrático Reformista.
Hay una constante criticable evidentemente en este régimen. El “endiosamiento” de Leguía en forma enteramente desmesurada. En efecto, la figura del presidente fue adulada hasta límites extremos que resultaron inigualables.
Por ejemplo, el Parlamento le otorgó el título de”Prócer de la República”, el año 1928. No contentos con ello y para colmo de males, el  Gabinete Ministerial le regaló, en forma ridícula, nada más y nada menos que un retrato suyo al óleo, con evidente mal gusto.

QUE TAL SOBONERIA

”No hemos encontrado nada digno de ofreceros: sólo vuestra propia efigie”, explicó imperturbable el Ministro Pedro José Rada y Gamio, uno de los hombres mas sobones que haya podido registrar la Historia del Perú. La franela para sacar brillo y ganarse indulgencias siempre en la mano y buscando “lustre” en los momentos mas oportunos. Que vergüenza.
Aunque no se pueda crear, A Leguia se le hizo miembro de la Real Academia de la Lengua y Doctor Honoris Causa de la Facultad de Ciencias de la Universidad de San Marcos, sin haber estudiado nunca en centro superior alguno.
Era de los más cotidiano escuchar en calles, reuniones y plazas del ”Siglo de Leguía”, del ”Gigante del Pacífico”, del ”Júpiter Presidente”, del “Wiracocha”, y se le comparó hiperbólicamente con personajes como: Bolívar, Julio César, Alejandro Magno, Napoleón Bonaparte. ¿Qué era eso? Sobornaría, pura sobonería de la peor especie.
A prueba de balas y resquicios legales fue reelegido nuevamente en 1929. Sus seguidores tenían el cinismo de sostener que ello era producto de “un pueblo agradecido por haber recuperado las provincias de Tacna y  Tarata que permanecieron en poder de Chile por 46 años de cautiverio,  desde la Guerra del Pacífico de 1879”.



Saludando al pueblo.

DESCONTENTO

En 1930 se sublevó el Comandante Luis Miguel Sánchez Cerro en Arequipa. Los desordenes y el vandalismo se presentaron de inmediato. El Manifiesto a la Nación correspondiente fue escrito, impecablemente, por el jurista arequipeño José Luis Bustamante y Rivero. Una pieza de entera defensa a la democracia.
Había mucho descontento por la comprobada corrupción administrativa del gobierno que ya tenia largos años en el poder. Muchos de los allegados y amigos del Presidente se beneficiaron, indebidamente, a lo largo del desarrollo del régimen,
La firma de los tratados con Colombia y sobre todo con Chile que implicaron la pérdida de territorio peruano acentuó completamente el rechazo. El movimiento de Sánchez Cerro enarboló nuevas ideas y nuevos tiempos, aunque posteriormente no cumplió.
Era un militar limpio y con buenas intenciones que, desafortunadamente, el autoritarismo de su carácter y la convulsión existente lo derrotó y lo llevó a la muerte trágica cuando fue asesinado por un militante aprista.

EL DECLIVE

El accionar revolucionario se propagó rápidamente por el sur del país. También, en la capital, el ambiente era favorable al cambio de gobierno. Para dominar la situación, Leguía pretendió formar un nuevo gabinete, con predominio militar. Pero en las primeras horas del 25 de Agosto de 1930, la guarnición de Lima exigió su renuncia inmediata.
No le quedó otra  que renunciar. Lo hizo y el poder quedó en manos de una Junta Militar de Gobierno, presidida por el General Manuel María Ponce Brousset. Dos días después, el mando fue entregado a Sánchez Cerro, quien arribó a la capital procedente de Arequipa.
Mientras tanto, La residencia del ex presidente fue asaltada por la muchedumbre y también las de los principales miembros de su gobierno. Anciano, enfermo, incomunicado, sin contar con asistencia médica, Leguía padeció un largo calvario.
Partió al exilio en el Barco “Bolognesi”. Pero fue obligado a volver y llevado preso a la isla San Lorenzo y luego conducido al Panóptico, ubicado en pleno centro de Lima. Esta era la Penitenciaría Central, la cárcel principal capitalina que funcionaba donde ahora lo hace el lujoso Hotel Sheraton del Paseo de los Héroes.

PENOSO FINAL

Vivió 14 meses encerrado en una celda precaria de nueve metros cuadrados, cuya única ventana fue tapiada. Solo cuando se le agravó su mal prostático y contrajo una bronconeumonía fue trasladado al Hospital Naval del Callao. Allí falleció a los 69 años, el 6 de febrero de 1932. Lo enterraron en una humilde tumba de un cementerio. Que penoso final.
Leguía se casó en 1890 con Julia Swayne Mariátegui, nieta del prócer  Francisco Javier Mariátegui, con la que tuvo siete hijos: Augusto, José, Juan, Lola, Virginia, Carmen Rosa y María Isabel. Siendo viudo, tuvo otros vástagos.
Entre ellos: Carmen Leguía Larriviere, varias veces candidata al Congreso y nunca pudo ser elegida en las urnas. Otros de ellos: Ricardo Nicanor Leguía Olivera y Enriqueta Leguía Olivera.
El póstumo resultó, Joaquín Leguía, un abogado brillante experto en asuntos laborales que, dicho sea de paso llegó a ser Ministro de Trabajo y era el retrato de su padre, en cuanto a un parecido físico impresionante.
Nació en Lambayeque, el 19 de Febrero de 1863. Descendía de la aristocracia española. Pero, a lo largo de su vida, formó parte de una clase media próspera y emergente.

En una actuación pública.

SUS PADRES

Hijo de Nicanor Leguía  Haro y de María del Carmen Salcedo Taforó. Era descendiente de un vasco llegado al Perú en la época del Virreinato llamado Eustaquio Leguía, quien en 1752 se afincó en Chiclayo para establecer el estanco del tabaco, naipes y papel sellado.
Durante la Guerra del Pacífico, muy joven, combatió en la defensa de Lima durante la Batalla de Miraflores. Se educó en su tierra natal, en el Colegio de la Señorita Gallo y en otro nacional creado por el Presidente José Balta.
Con motivo de la inundación de Lambayeque en 1871, sus padres lo enviaron a estudiar a Valparaíso, Chile, donde recibió una formación liberal orientada al comercio y la economía.
Regresó a Lima a los 16 años, entrando a  trabajar en la Casa Prevost. Posteriormente se convirtió en un exitoso exportador de azúcar y trabajo como representante de compañías norteamericanas de seguros. En definitiva era un prestigioso empresario y un exitoso funcionario de empresas extranjeras.

LO QUE SE PRETENDIA

Ya era un hombre de fama y fortuna cuando fue llamado a ser Ministro de Hacienda en momentos muy difíciles para el país. En este cargo logró éxitos y levantó la economía nacional. Sus logros  lo llevaron a la Presidencia de la República. El gran problema, posteriormente, fue su desapego a las normas democráticas y a dejar el poder.
El Perú cambio mucho políticamente durante la época del leguiismo. Por ese entonces quedaron caducas por completos las organizaciones del pasado como el Partido Civil y surgieron nuevas corrientes políticas de índole progresista y de avanzada.
Tal es el caso de la fundación del Partido Aprista Peruano con Víctor Raúl Haya de la Torre a la cabeza con posiciones enteramente de izquierda y de revolución. Lo mismo ocurrió con las ideas socialistas que se propagaron sobre todo por la acción intelectual de un autodidacta brillante como fue José Carlos Mariategui.
Leguía obviamente estaba en contra de estas ideas y trató de combatirlas a su manera autoritaria. Por eso en el caso de Haya de la Torre lo apresó y deportó cuando era Presidente de la Federación de Estudiantes del Perú. Lo mismo hizo con el que lo reemplazo, Manuel Seoane Corrales. Ambos fueron, posteriormente, prominentes políticos de renombre.
La llamada “Patria Nueva” intentó modernizar al país a través de un cambio de relaciones entre el Estado y la sociedad civil, lo que implicaba una ruptura con el pasado, con los partidos políticos y con la oligarquía. la que no había modernizado el país según Leguía.

EMPRESTITOS

Durante este periodo republicano podemos hallar la realización del denominado progreso que si fue  una realidad. La preocupación central  era urbanizar, construir caminos e irrigar tierras eriazas.
Leguía desplazó al Partido Civil del poder y  se alió con el sector industrial y financiero. También obtuvo el apoyo de sectores sociales  medios  una parte de la clase obrera y el campesinado. Lo resalta claramente Basadre en su Historia General del Perú
En 1926, el Presidente cosechó triunfo  como figura política debido a los empréstitos estadounidenses conseguidos. La construcción de obras públicas y la red de clientelaje  popular que organizó y dirigió, le dio, definitivamente, crédito político
Sin embargo, su popularidad se fue cayendo y la crisis  de 1929, ocasionó el quiebre de los empréstitos. Por lo que estalló en el Perú una situación de caos y anarquía Cundía el descontento general.

IMPUESTOS

Leguía pensaba que para transformar al Perú en una nación moderna era necesario un estado fuerte, el cual debería ampliar sus funciones y ser el principal instrumento del desarrollo económico.
Ello implicó una escisión con el civilismo. El estado peruano se burocratizó y se volvió intervencionista. Al aumentar sus funciones también se incrementaron los gastos. Por ejemplo, el presupuesto nacional se cuadruplicó en comparación con los años del Civilismo.
La expansión del presupuesto se debió en un primer momento a una reforma tributaria, ésta consistió en el incremento progresivo del impuesto a la renta y afecto a los sectores con mayores ingresos, según dan a conocer los entendidos en estas materias.
 Así crecieron las tarifas aduaneras tanto sobre las importaciones como las exportaciones y también los impuestos indirectos sobre los productos de consumo masivo como: el tabaco, alcohol, fósforo y gasolina
Inició la expansión administrativa del estado aliándose con los sectores medios, dicho crecimiento se financió con el impuesto a las exportaciones agrícolas (caña y algodón), con lo que se perjudicaba a la oligarquía agro exportadora, y con préstamos norteamericanos.
Tales ingresos también servían para ampliar la infraestructura material como carreteras, irrigaciones, urbanizaciones y para mantener a la burocracia estatal y a la clientela política.

LA CLASE MEDIA

 Los impuestos a la actividad minera y petrolera no subieron y así se beneficiaba a enclaves de capital norteamericano como la I.P.C. Casi todo el periodo de la Patria Nueva se mantuvo con los empréstitos norteamericanos y a cambio se entregó como garantía servicios, riquezas y rentas del país.
Por su parte, los banqueros estadounidenses responsables de los préstamos exigían la administración aduanera y presupuestaria y gran parte de las obras públicas fueron efectuadas por la Foundation Company, entidad norteamericana.
Obtuvo el apoyo de la clase media otorgándole a algunas personalidades de este sector altos puestos públicos concesiones económicas, altos ingresos clientelismo, etc., Sin embargo, luego este grupo se desengañó de Leguía y se opuso a la Patria Nueva.
Incluso organizó partidos políticos nuevos vinculados a grandes masas de la población, planteando alternativas sociales, políticas y económicas novedosas. De otra parte, ratificó las ocho horas de trabajo y nombró comisiones para resolver conflictos laborales, actitud que procuraba ganarse el movimiento obrero.

HUELLA

También consiguió el respaldo de los campesinos al plantear la lucha contra los gamonales, para lo cual legalizó las comunidades campesinas, aunque en el fondo lo que pretendía el gobierno era, más que acabar con el gamonalismo, someterlo y sofocar los movimientos populares.
El predominio leguista duró largos años en el vaivén de las realizaciones con infinidad de obras publicas. Pero también con el predominio de la fuerza y actitudes eminentemente antidemocráticas, en que el culto a la personalidad fue una realidad. El autoritarismo se expandió y creyó que la era de Leguia nunca acabaría. Pero finalizó con convulsión.
 Que dejó huella, la dejó. Con costos evidentemente altos. Esta es una parte de la Historia del Perú contada con amplitud y visos de objetividad. Para que precisamente, los peruanos juzguen. Allí estamos.
 Esa es nuestra principal tónica. Aunque vemos que la historia se repite. Muchos gobiernos que surgieron, posteriormente, tuvieron las características malas de Leguía. Eso, definitivamente, está mal. Pero así es la historia. Así es el Perú. Urge el cambio y la consolidación de la democracia. (Edgardo de Noriega)

3 comentarios:

  1. Soy estudiante del 5to año de secundaria. MI duda es acerca de que mucho se habla sobre Leguía y su fomento de inmigración japonesa. Incluso se le tilda de "nipófilo", pero ¿Cómo se puede evidenciar ello? ¿En qué específicas leyes se puede comprobar ello? Si fuera tan amable de poder responder mi pregunta. Gracias de antemano.

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  2. Le recomendamos al estudiante que visite la Biblioteca Nacional ubicada en la Avda. Javier Prado y consulte bibliografía, tanto de Leguía como de la inmigración japonesa. Así sacará sus propias conclusiones. Adicionalmente, mucho le agradecemos que haya visitado nuestro blog.

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  3. Leguía hizo mucho daño al país. Pero hay que reconocer que fue un político hábil. Civilista, anticivilista, dictador y ostenta el récord por haber permitido el culto a la personalidad en su máxima expresión. Sus aúlicos fueron muchos y al hombre lo compararon hasta con Dios. Que bárbaro.. César Jimenez

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