lunes, 30 de diciembre de 2013

RIBEYRO: TODA UNA VIDA POR LA LITERATURA

Cuentista excepcional con valía efectiva no sólo a nivel del Perú sino en la amplitud total de Hispanoamérica. Narrador de la denominada generación peruana del 50. Conjuntamente entre otros con valores de la talla del Nobel Mario Vargas Llosa, Enrique Congrains Martin y Carlos Eduardo Zavaleta. Toda una vida en Europa donde hizo malabares para subsistir, ejerciendo infinidad  de oficios: obrero, reciclador de periódicos, cargador de bultos en el metro, vendedor, periodista, diplomático. Compensando la inseguridad de su principal actividad, la de escritor calificada por muchos de genial. Sus últimos años los pasó en el Perú donde decidió vivir permanente. Casi al atardecer vital. Casi al final de su valiosa existencia. Todos vuelven y él retornó, aunque por poco tiempo. Hasta que, desafortunadamente, se murió víctima de una penosa enfermedad. Pero dejó, para la  posteridad,  algo que nunca desaparece y trasciende por siempre. Lo más valioso y tangible en la infinidad del tiempo. Su obra literaria: incólume, admirable, excepcional. Si claro, toda una vida dedicada a ello para deleite de la Literatura universal.
La producción de Julio Ramón Ribeyro es tan valiosa  que ha sido traducida al francés, alemán, italiano, holandés y polaco. Lo confirmó además cuando ganó muy poco antes de morir el Premio de Literatura y del Cuento que lleva el nombre de otro escritor excepcional como fue Juan Rulfo. Ribeyro trasciende fronteras, Ribeyro honra al Perú. Ribeyro, definitivamente, es un valor. Lo estamos dando a conocer con pruebas fehacientes.


Julio Ramón Ribeyro.

NACIMIENTO
Nació en Lima el 31 de Agosto de 1929. Era el hijo mayor de una familia de clase media   conformada por Julio Ramón Ribeyro Bonello y Mercedes Zúñiga Rabines. En su niñez vivió en el apacible y agradable barrio de Santa Beatriz para luego trasladarse a Miraflores.  La muerte de su padre lo afectó mucho y complicó la situación económica de su familia.
Cursó la primaria y secundaria en el Colegio Champagnat de los  hermanos Maristas y quiso ser abogado para contentar a sus padres y adquirir cierta seguridad económica. El intento lo hizo y pasó por las aulas  de la Universidad Católica. Pero, a la hora de la hora, la carrera de Derecho la abandonó y se dedicó a lo que era su efectiva vocación, estudiando Letras en el mismo centro superior de estudios.
Recibió una beca  y aprendió periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Fue, posteriormente, a París la ciudad luz que lo deslumbró, donde preparó una tesis sobre Literatura Francesa en  La Sorbona. En esta época, estuvo algunas temporadas en  Alemania y Bélgica. Por entonces escribió su primer libro “Los Gallinazos sin Plumas”, una colección de cuentos de temática urbana  considerado como uno de sus  más logrados relatos narrativos. 
EMBAJADOR
En 1958 regresó al Perú y en septiembre del año siguiente viajó a la ciudad de Ayacucho para ocupar el cargo de profesor y director de extensión  de la Universidad Nacional de Huamanga. Allí organizó un instituto de  cultura popular  Por esos tiempos, publicó su obra “Crónica de San Gabriel” que lo hizo merecedor al Premio Nacional de Novela de 1960.
Retornó a  residir a Paris donde trabajo como periodista durante diez años de la Agencia de Prensa France Press. En 1972, fue nombrado Agregado Cultural del Perú en Francia y Delegado Adjunto ante la Unesco. Posteriormente Ministro Consejero. Hasta llegar al cargo de Embajador ante  esa agencia internacional para la Cultura y Educación de la Organización de Naciones Unidas.
El escritor tenía un carácter apacible y conciliador con muchos amigos  e infinidad de allegados. Sin embargo y en honor a la verdad, lo acompañaba una timidez en su modo de ser a tal punto que se corría inclusive de las entrevistas periodísticas. Le gustaba mucho más permanecer en el anonimato por completo.
Hace muchos años, lo encontramos como un ciudadano común y corriente en el Café Haiti de Miraflores, acompañado de sus familiares tomando un pisco sour y fumando empedernidamente, como era su costumbre. Lo primero que le propusimos fue entrevistarlo. Pero declinó entre sonrisas y levantando su copa diciéndome muy amigablemente, aunque cortante: “Salud maestro, no me ponga en compromisos que no me gustan”.


Caricatura

DARDOS
Era generoso con sus amistades y sobre todo con los escritores jóvenes. Nunca tuvo enemigos y fue valorado por sus contemporáneos. Sin embargo, a finales de los 80 y cuando era Embajador ante la Unesco chocó ásperamente con el escritor Mario Vargas  Llosa, a raíz de la discusión desatada con motivo de la estatización de la banca decretada por el primer gobierno aprista de Alan García.
Ribeyro criticó a su colega. Consideraba que la actitud de apoyo del arequipeño al sistema financiero privado era de refuerzo a los sectores conservadores del país, oponiéndose así a que las clases populares progresen efectivamente. 
Vargas Llosa no pensaba de tal manera obviamente y le contestó duramente, en el libro de sus memorias titulado “El Pez en el Agua”, cuando  subrayó lo que denominó su falta de coherencia. No solo eso, el Nobel  sostuvo que había oportunismo en apoyar barbaridades, de carácter económico,  por el único hecho de conservar el puesto diplomático. Mostrándose su contrincante enteramente servil con los gobiernos de turno. Golpe duro para Ribeyro. 
CENACULOS
La discrepancia se quedó allí y no continuó. Muy por el contrario, MVLL, antes y posteriormente,   alabó continuamente la obra literaria de quien lo considera su amigo y lo ha puesto en el sitial de ser uno de los mejores narradores a nivel internacional. Ambos incluso, en una época larga, alternaron constantemente bajo el cielo de Paris. En todo orden de cosas e incluso vivieron por un tiempo bajo el mismo techo. En la década del 60, Ribeyro es operado de cáncer al pulmón y tras la experiencia se decide a plasmarla en un libro titulado “Solo para fumadores”.
Comenzó  en realidad su carrera literaria alternando cenáculos de escritores que solían publicar sus obras y obsequiarlas generalmente a sus amigos y familiares. Además de presentarlos en bohemios lugares de la ciudad de Lima. Juan Ramón frecuentó esos sitios  donde sus cuentos y relatos eran escuchados con suma atención por los concurrentes que, en su mayoría, eran poetas, novelistas, cuentistas, etc.
En 1958 publicó su  libro “Cuentos de Circunstancias”.  Luego vinieron Cuentos de San Gabriel”  y posteriormente, dentro del mismo estilo de narrativa “Las Botellas y los Hombres”, de inusitado éxito editorial.


CARACTER
El especial carácter de Ribeyro tal como los personajes de  sus escritos lo alejan del protagonismo. Lo llamaba y le gustaba una existencia algo marginal que en cierto modo privilegió constantemente. Aunque parezca increíble detestaba la popularidad, las famas.
De Francia, Paris. Y de Lima, Barranco. Esos eran los lugares de sus preferencias más recónditas. Constantemente le gustaba recorrer el distrito limeño con sus antiguas casonas y tradicionales callejuelas. Conspicuo cliente de los cafés restaurantes donde estaba con los amigos envueltos en largas tertulias para luego irse a escribir. En 1973 publicó “La Palabra del Mudo”, obra que recoge todos sus cuentos publicados en cuatro volúmenes
 El primer tomo compuesto por el relato “Los Gallinazos Sin Plumas” (1955), “Cuentos de Circunstancias” (1958) y “Las Botellas y los Hombres” (1964). El segundo consta de “Tres Historias Sublevantes” (1964), “Los Cautivos” (1972) y “El Próximo Mes Me Nivelo”. El tercer volumen, “Silvio En El Rosedal” (1976) y por último el cuarto, “Relatos Santacrucinos” (1992).
Asimismo, Ribeyro escribió en prosa, novelas y ensayos. Alguno de sus trabajos más relevantes son: “Prosas Apátridas”, “Dichos de Luder” y “La Tentación del Fracaso”. Esto último publicado en tres volúmenes. En Ensayo, “La Casa Sutil”, escrita en 1975. Novelas: “Crónicas de San Gabriel” (1960), “Los Geniecillos Dominicales” (1965) y “Cambio de Guardia” (1976). 
PERSONAJES
Según los críticos especializados, el autor utilizaba un estilo sumamente personal. Con un lenguaje muy bien empleado, sencillo, natural. Historias basadas y ambientadas, la mayoría de veces en la ciudad. Los personajes compartiendo una característica esencial de ser marcados por la frustración, la tristeza y la discriminación. Sus principales influencias fueron los cuentistas del siglo XIX y sus obras eran insertadas al realismo. Definitivamente, un autor muy logrado.
A lo largo de su vida como escritor y narrador, el intelectual consiguió numerosos y valiosos premios.  En  1960: fue recompensado con el Premio Nacional de Fomento a la Cultura. Tres años después obtuvo la primera distinción del diario “Expreso” en la modalidad de Novela. Asimismo obtuvo  dos incentivos importantes: tanto la distinción más sobresaliente  de Literatura como el de Cultura. Uno en 1983 y el otro 1993. Lo último que recibió fue el de Rulfo casi al borde de la muerte.
Ataviados de un estilo sencillo e irónico, los personajes de sus historias, frecuentemente, pertenecieron a la clase media establecida o a los sectores populares ascendentes. Las situaciones, casi siempre y constantemente, de quiebre y fracaso.
Usualmente narraba las pequeñas tragedias personales o cotidianas que se articulan con los discursos en constante pugna: el racismo, los rezagos de una Lima colonial anquilosada, la migración campo-ciudad. Así como sentimientos personales como la soledad y el fracaso. Lo hacía con calidad innegable.


Carátula de uno de sus libros.

MUERTE
Narrador eminentemente urbano. Logró una amplia obra con un lenguaje fluido y discreto. Escribió novelas, cuentos. En este último género alcanzó un dominio extraordinario de la técnica. Sus personajes son trabajados, exhaustivamente, tanto en el nivel social como en el psicológico.
Los dos últimos años de su vida los vivió intensamente en el Perú, protagonizando largas jornadas de creatividad e ingenio que contribuyeron en cuentos y relatos que, realmente, trascienden lo imaginable.
Su vida se apagó el 4 de Diciembre de 1994. Muy poco antes el Presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, en vano lo esperó para el desvelamiento de la efigie con su busto por haber sido el ganador del premio Rulfo.
Su salud estaba demasiado quebrantada como para realizar el viaje a tierras aztecas. En su lugar estuvieron presentes en el acto de sincero homenaje su esposa Alida Cordero y su único hijo de nombre Julio.
 Todos estos son los méritos de este eficiente escritor que por obligación hay que tomarlo en cuenta porque, evidentemente, destaca por su calidad. Fino escritor, excepcional cuentista. Leerlo es, realmente, un placer. (Edgardo de Noriega).

2 comentarios:

  1. Merecido homenaje para un autor peruano que cada vez adquiere mayor renombre universal. Miscelánea siempre se caracteriza por estas biografías ágiles y trascendentes. Ojalá algún día se reúnan en libro. Atención editoriales. Solo así se incentivará la lectura.

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  2. Ribeyro,realmente honra a las letras nacionales. Cierto es que no le gustaba. Pero la tenia y a raudales. Merece,definitivamente, el mejor de los reconocimientos. Como el que se ha hecho en este articulo ponderado y tan puntual. Vale el esfuerzo y sigan por esa misma senda.

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