miércoles, 7 de abril de 2010

FERIA DE HUANCAYO: COFRE DE SORPRESAS

Cuando se habla del Perú no sólo se recuerda su esplendoroso pasado incaico. O su riqueza colonial, sin olvidarnos de los tesoros que despertaron la codicia de los conquistadores.
En todos los círculos se dialoga sobre Machu Picchu, las famosas ruinas ubicadas en las alturas del Cusco y los “caballitos de totora” de las costas norteñas. Quien nos ha visitado añora el embrujo de nuestras bellas mujeres. Paladea el sabor de la variada comida criolla y tararea las tonadas de un vals para rematar casi siempre con un silbido que evoca el huayno andino.
De esta Lima beata se recuerda la procesión del Señor de los Milagros, las corridas de toros, el futbol pícaro, los balcones con celosías que guardan los secretos de los amantes virreynales, las iglesias con prebisterios deslumbrantes.
El Perú es un centro de atracción turístico en cualquiera de sus regiones: la cálida costa, la sierra con sus cielos azules y sol resplandeciente y la selva de una belleza inigualable.A pocas horas de Lima, a 330 kilómetros, el valle del Mantaro se engasta sobre los contrafuertes de la Cordillera como un oasis de paz, de belleza, comercio y artesanía.
FERIA DE HUANCAYO
Allí está Huancayo con la centenaria Feria Dominical. Un gigantesco comercio donde a través de cuatro kilómetros de largo se apretujan la paciente artesanía de nuestros hombres andinos con los productos nacidos al compás de un mundo que busca continuidad, comodidad y rapidez.
Huancayo es una ciudad con tradición. Su larga y ancha calle Real es el antiguo camino que cruzaba el Inca con la litera de plata. Un vasto comercio convierte lo que antes fue un modesto “pueblo de indios”, fundado por Fray Jerónimo de Silva, un primero de julio de 1572. Se trata del más importante centro de negocios de la sierra central peruana.
La expresión más genuina tiene lugar cada domingo cuando en la avenida Huancavelica, la Feria “amanece” con la misma puntualidad del sol. Deslumbran los tejidos donde se mezclan los colores del arco iris.
Mantas multicolores con bordados que usan las cholas huancas para bailar el Huaylash. Llicllas y ponchos, sombreros albos con cintas negras que nos hablan del luto que llevan por la muerte del último Inca, el gran Atahualpa, según unos. Y conforme otros, por quienes cayeron por el amor a la patria.

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Todo un suceso es la Feria de Huancayo.

En la Feria Dominical que nació en los albores de la Colonia, hay algo que constituye una típica expresión de la Sierra Central: los mates burilados y la filigrana de plata.
Los mates, labrados con paciencia increíble por los campesinos de Cochas, son algo casi como la demostración permanente de la lucha diaria que deben sostener para subsistir. En los trazos multiformes de sus imágenes, ellos representan el combate librado contra los encomenderos españoles, contra el gamonal, contra el patrón.
Reflejan muchas veces la boca de las minas que ha tragado miles de vidas en busca de los tesoros que guardan las entrañas de la cordillera. Junto a estos mates ocres y tallados destacan las figuras resplandecientes de la platería de San Jerónimo.
Ceniceros y prendedores, collares y anillos, imágenes de santos y soles radiantes. Todo lo que la orfebrería puede imaginar se presenta en este arte milenario, antiguo como el Perú mismo y que avanza cada día con los pasos lentos de una artesanía que mantiene la pureza de sus orígenes en la representación de un mundo lleno de formas.
Llegar a la Feria Dominical es entrar en un cofre de sorpresas. Cada domingo hay algo nuevo. Creaciones, competencias. Avidez por vender, negocio a cada instante.


Hay infinidad de atractivos.

La Feria es la síntesis de un pueblo que ha crecido a la vera del camino de los Incas y que ha negociado y negocia con sus propios esfuerzos. Pero viene la triste realidad: ha hecho mucho y recibido poco.
Junto a la Feria, hay mil cosas que ver en el Valle del Mantaro. Un observatorio geofísico en Huayao, el Convento de Franciscanos en la pequeña localidad de Ocopa que guarda una de las bibliotecas más ricas del Perú. Caprichosas formas de la erosión de la tierra en el bosque de Torre-Torre, reinas de Wari Wilca y festividades religiosas con rutilante folklore.El Valle del Mantaro, la Feria de Huancayo, la campiña, el clima, los nevados andinos, lo convierte en algo que no se puede dejar de visitar cuando se llega al Perú.

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