miércoles, 21 de agosto de 2013

LO QUE OCURRIO EN LA GUERRA CIVIL DE 1895

La guerra civil de 1895, que enfrentó a las huestes de los  caudillos montoneros Nicolás de Piérola y Augusto Durand con las del gobierno presidido por Andrés Avelino Cáceres, dejó de por medio más de dos mil muertos insepultos durante dos días regados en las  polvorientas calles de Lima, como parte dramática y trágica de un Perú  en convulsión permanente.  Así  terminaba lo que Jorge Basadre, en su “Historia de la República”, llamó el segundo militarismo instaurado en el país después de la Guerra con Chile para dar paso a la República Aristocrática de gobiernos civiles, que abarca los tiempos finales del lejano siglo IX y hasta 1919 del mismísimo XX,  la centuria anterior a ésta. También ya de muchísimos años atrás.  Pero  con la obligación, como peruanos, de conocerlos a profundidad y de ninguna manera tergiversarlos.
Todo ello luego de recordar y consignar a continuación la versión que relató la hija del héroe de la Guerra con Chile, Hortensia Cáceres Moreno de Porras, en una carta que publicó el diario “El Comercio” el 21 de Marzo de 1931, a raíz de que ella consideraba que los periódicos-como el diario “La Noche” de aquella época y que ya no existe- cambiaban por completo los hechos históricos.
 La copia de la misiva para este comentario, convertido en un documento aclaratorio de trascendental importancia, ha sido proporcionado gentilmente a Miscelánea por el historiador Rodolfo Castro Lizarbe, profundo estudioso  del pasado nacional y específicamente del ”Brujo de los Andes” y su esposa Antonia Moreno de Cáceres, la heroína cabal de la Guerra del Pacífico.


Cáceres cuando era Presidente del Perú

NI CARRETA, NI CAMILLA
“No es cierto que mi padre salió de Palacio de Gobierno, en aquella oportunidad ocurrida el 17 de Marzo de 1895, en una carreta del servicio oficial, que fue extraído en una camilla y tampoco que, una vez firmada la tregua, escapó de su casa”, subraya la hija de Cáceres.
Luego añade para contribuir con la verdad histórica: “Es pueril imaginar que un militar que empezó su carrera voluntariamente a la edad de 17 años presentándose siempre a las balas del adversario y cuyo cuerpo recibiese, en más de un combate, el bautismo de sangre, saliese a la hora undécima con un gesto de cobardía.
El día anterior al enfrentamiento lamentable pero también inevitable entre los peruanos,  la familia Cáceres la pasó en Palacio de Gobierno. Doña Antonia y dos de sus hijas-una de ellas Hortensia- acompañaban a su padre muy preocupado por lo que se venía venir.
Según la versión de doña Hortensia, en aquellos días, el intendente descubrió un complot para hacer volar a  los miembros de la familia Cáceres. “La madrugada del 17 nos despertamos con la salva del fuego nutrido de las montoneras pierolistas que atacaban  la Casa de Pizarro”.
Los Cáceres intentaron salir por la puerta principal. La guardia sostenía el fuego y tuvieron que retroceder. Por su parte, los soldados de la guardia presidencial tuvieron el bello y valeroso gesto de colocarse delante de la familia, como señal de amparo y de morir por ellos en su defensa.
ARRANQUE
Mientras tanto, el Presidente de la República daba órdenes a la tropa  que comandaba, mientras que el Intendente, Coronel Julio Aguirre, pudo sacar a doña Antonia y sus hijas por  Desamparados.
 “En una casa vecina a la estación esperamos que la Plaza de Armas estuviese despejada para salir al Palacio Arzobispal donde llegamos. Desde los balcones  veíamos a Papá pasear delante de la puerta de Palacio, acompañado con lealtad y valentía por sus ministros doctor Salvador Cavero   y Nicanor Carmona”, cuenta Hortensia


Hortensia Cáceres pequeña con su madre y sus hermanas
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También indica que, en un arranque muy suyo, el Brujo de los Andes avanzó hacia la vieja pila colonial ubicada al centro de la referida plaza cargada de tanta historia, mientras las balas silbaban alrededor de ella.
Exactamente dos de los proyectiles cayeron en el balcón donde las Cáceres estaban asomadas con una angustia para no perder de vista al héroe de la guerra. En ningún instante se cerraron las puertas del histórico Palacio de Gobierno.
Hortensia Cáceres afirma al respecto: “Los días 17 y 18, con abnegación conmovedora, los soldados sobrevivientes de aquella famosa campaña de La Breña se batían solos cuando los adversarios ocultos, detrás de ventanas y balcones, les mataban a sus oficiales.
Ella, en su carta de protesta, calcula que habían quedado más de dos mil muertos en las calles de la capital. “No hay que olvidar que eran peruanos. Esta hecatombe conmovió hondamente a mi padre, pues él idolatraba a sus soldados tan sufridos y leales”.
AFECTADO
La noche del 18, Cáceres vino  donde su familia solo, durante la tregua que él otorgó, conversando con su esposa doña Antonia, detrás de la puerta del Palacio Arzobispal. Estaba profundamente afectado porque sus soldados, casi moribundos y balbuceantes, le vitoreaban cuando él les acariciaba al verlos llegar heridos.
Cáceres dijo a su esposa e hijas: “El Delegado Apostólico me ha pedido que dimita el mando supremo para cortar  la guerra civil. Aunque tengo aquí muchas tropas y podría hacer venir a las que están en Pisco por lo cual me sería fácil desalojar a Piérola del Convento de San Agustín, donde se refugia, he decidido dimitir para evitar más  derramamientos de sangre hermana que tanta falta puede hacer más tarde”.



Los montoneros ingresan a Lima contra el "Brujo de los Andes".

DIGNIDAD
“Haces bien”, le respondió doña Antonia. Convinieron, entonces, en reunirse en la Legación Británica. La junta de jefes y oficiales que el 19 convocó Cáceres en Palacio protestó, ofreciendo derramar la última gota de  sangre para evitar el derrocamiento presidencial. El Jefe de Estado respondió: “Aquí se ha cumplido con el deber en defensa por el principio de autoridad. No puedo aceptar que se sacrifiquen por mí.  Acaten mi resolución”.
Según doña Hortensia, después de  haber organizado una Junta de Gobierno con dos ministros caceristas, dos pierolistas y Manuel Candamo como Jefe, Cáceres se retiró de Palacio ni en carreta ni en camilla. Como un militar digno. Luego se dirigió a la referida legación  Allí nos dijo: "Me alejo del país porque no quiero que mi presencia cause perturbaciones  políticas”
Salió en la noche a pie  acompañado del Cónsul de ese país y de otras personas. El mandatario tomó el tren en la estación de Viterbo y en El Callao se embarcó en un vapor alemán rumbo a Buenos Aires, remarca su hija. Mientras que en el trayecto de Lima al Callao, nadie lo molestó.
Para  la señora Cáceres de Porras hay dos verdades históricas: el 17 de Marzo de 1895 no hubo vencedores ni vencidos, la primera. Mientras que la segunda-lo recuerda fehacientemente- “después del sangriento combate se destacó un gesto más de amor abnegado a la patria del caudillo de la Breña, que pudiendo aún combatir no quiso hacerlo por sentimientos humanitarios y prefirió hacer renunciamiento a sus ideales políticos”. Vale la aclaración como parte del esclarecimiento de nuestra historia tan gloriosa.

2 comentarios:

  1. Interesantes datos que implican mucha historia. La valentía de Cáceres queda retratada de cuerpo entero con el relato de su hija Hortensia. Lo lamentable, evidentemente, la guerra civil entre peruanos. Que nos sirva de lección. Juan Guardiola

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    1. La señora Cáceres puso sobre los puntos sobre las ies en un hecho histórico de mucha importancia pero lamentable porque había un enfrentamiento entre peruanos. Cáceres quiso ser enlodado. Pero la hija lo evitó. Vale. Angela Flores.

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