miércoles, 21 de agosto de 2013

INGLATERRA CONCENTRA SUS FUERZAS

En  el verano de 1940 Gran Bretaña se convirtió, de pronto, en asilo y arsenal de la democracia. A las costas de la isla arribaron cientos de personas, no sólo fugitivos que huían de los nazis, sino también soldados, aviadores y marinos, algunos de los cuales serían protagonistas de importantes acciones.
Los primeros evacuados de Dunkerque desembarcaron en Dover el 29 de mayo de 1940. Quien asistió al regreso de estos hombres, que habían constituido la flor y nata del Ejército inglés, debió sentir la impresión de ver desembarcar sonámbulos. Todos los pertrechos-carros, vehículos de transporte, artillería y armas ligeras- habían quedado en  Francia, abandonados tras haber sido inutilizados, a lo largo de la ruta que conducían a Dunkerque y sobre las playas en las que habían embarcado. La evacuación se prolongó hasta el 14 de Junio y permitió devolver a Inglaterra unos 340 mil hombres.  Pero no había entonces en el país armas suficientes para volverlos a equipar, ni mucho menos, fusiles que entregar a los voluntarios de la defensa civil (poco después convertida en Home Guard, milicia territorial.), los cuales eran movilizados con la mayor celeridad  posible.
El país estaba impresionado y confuso frente a lo inesperado, lo violento y rápido del ataque alemán. No obstante el “salvamento de Dunkerque”, posible gracias a las vacilaciones de Hitler, a la ayuda de los barcos de pequeño tonelaje y a las infatigables incursiones de la RAF, Inglaterra permanecía sola, expuesta al peligro inminente de una invasión. Pero, a pesar de todo, a fines de Julio, el estado de ánimo del país había pasado de la confusión a la firme voluntad de resistir.

Soldados ingleses en la guerra

PICOS Y HORCAS
Los hombres de la Home Guard se preparaban para hacer frente y rechazar al invasor con toda suerte de armas: picos y horcas de hierro, fusiles de caza del calibre 12 o viejos trabucos cargados con chatarra. En las encrucijadas se sustituyeron los indicadores por pequeñas casamatas. Gran parte de los habitantes de las regiones costeras oriental y sudoriental, las primeras que hubieran sido invadidas, fueron trasladadas al interior, para dejar espacio a lo que eufemísticamente llevaba  el nombre de “Fuerzas Armadas”. Tan sólo los servicios públicos esenciales siguieron funcionando.
Inglaterra podía aprovechar esta pausa para reagrupar sus propias fuerzas. Pero, ¿de dónde las obtendría? Antes de la guerra había obtenido armas en fábricas privadas de Estados Unidos, pero las negociaciones de las ventas y su producción se prolongaron mucho tiempo. Ahora, cuando la necesidad era imperiosa, inmediata, Winston Churchill se volvió directamente al presidente americano en demanda de lo que más necesitaba Inglaterra: aviones.
Las primeras adquisiciones de aparatos para la RAF a título privado, hechas en fábricas americanas, databan de Marzo de 1938, precisamente en los días en que los carros de combate alemanes entraban en Viena.  El Gobierno americano no tenía nada que objetar a estas transacciones, por cuanto no constituían una infracción de la ley sobre la neutralidad, que debía entrar en vigor en el caso de que los clientes se convirtieran en beligerantes. 
“EL BOMBARDERO”
Uno de los miembros de la misión aeronáutica era un oficial de la RAF, prácticamente desconocido entonces, el General de Brigada A.T. Harris, que no tardaría en hacerse famoso como Harris “el bombardero”. Cuando la misión llegó a Estados Unidos, la industria aeronáutica de este país apenas conseguía salir adelante, por lo que los clientes extranjeros eran recibidos con los brazos abiertos.
El primer pedido de 400 aviones de entrenamiento inició una larga serie de compras de aparatos idénticos designados en Inglaterra con el  nombre de Harvard. Luego la misión se trasladó  a Burbank, California, sede de los establecimientos  Lockheed Co., en busca de un tipo de bombardero de reconocimiento de gran autonomía de vuelo, pero no halló nada que reuniera las condiciones exigidas. El presidente de la compañía pidió entonces cuarenta y ocho horas de tiempo para diseñar un modelo. Los ingenieros de la Lockheed trabajaron ininterrumpidamente, sin una sola pausa, durante esos días, y al finalizar el plazo concedido exhibieron, triunfalmente, un modelo de avión que en el futuro adquiriría una inmejorable reputación: era el Lockheed Hudson. Harris “el bombardero” hizo un primer pedido de 200 unidades.
NEUTRALIDAD
También el gobierno francés había decidido adquirir aviones en América. El primer pedido  fue de 100 cazas Curtiss  monoplaza. Algunos meses después, siempre en el mismo año, Francia envió a Estados Unidos al prestigioso banquero Jean Monnet, con el encargo de llevar a cabo una investigación industrial en previsión de adquisiciones en gran escala de aparatos y de motores de aviación.  En el transcurso del último año, antes de la guerra, y gracias a los grandes pedidos de Inglaterra y Francia, la industria aeronáutica americana se expandió más allá de cualquier previsión.
Pero cuando estalló la guerra, el Presidente de los Estados Unidos proclamó inmediatamente la neutralidad de su país y, como era su obligación, decretó el embargo de los suministros de armas a cualquiera de las naciones beligerantes. No obstante,  el 13 de Septiembre convocó al Congreso, en reunión extraordinaria,  para reconsiderar la cuestión del embargo.
Respecto a ese embargo, muchos americanos, incluido el Presidente, creían que debía revocarse, pero de manera que los únicos beneficiarios de la revocación fuesen Inglaterra y  Francia. Los que apoyaban esta tesis afirmaban que la derrota de esos dos países expondría inmediatamente a Norteamérica a la amenaza de la victoriosa Alemania, que se serviría del Atlántico como una magnífica “autopista marítima”. Los que se oponían opinaban que la amistad o enemistad de los países ribereños del Atlántico oriental no eran un factor importante para América, porque el océano no era un puente sino un escudo protector.


Rumbo a lo aviones para atacar.

ENCUESTA
Una encuesta Gallup reveló que el 60% de los americanos apoyaba la abolición del embargo. Luego, las votaciones parlamentarias confirmaron esos sondeos de opinión. El proyecto de ley, según el cual  los beligerantes podían comprar armas en fábricas no intervenidas por el estado, siempre y cuando pagasen en dólares y cuidaran de su traslado al otro lado del Atlántico en barcos de su propiedad, se convirtió en ley el 4 de Noviembre de 1939. Como es de suponer, dicha ley era para exclusivo aprovechamientos de los Aliados.
A los tres días, una comisión inglesa de compras se establecía en Estados Unidos. Al mismo tiempo los franceses abrían una oficina semejante. Y poco después los dos organismos se unieron en uno, dirigido por Arthur Purvis, un enérgico e inteligente anglocanadiense. Las adquisiciones alcanzaron entonces un enorme volumen: en Junio de 1940 había encargado 11 mil aviones, además de grandes cantidades de munición, explosivos, piezas de artillería y demás material bélico.
Pedidos de esta envergadura requerían mucho tiempo, tanto para realizarlos como para exportarlos.  Por eso al invadir Alemania los Países Bajos, Gran Bretaña sólo había recibido 104 aviones y Francia 557. Pocos y demasiado tarde. Pues el Reich ya había desbordado la línea Maginot y el Cuerpo Expedicionario británico se replegaba para reembarcar en Dunkerque. Fue entonces cuando Churchill se dirigió al presidente norteamericano pidiéndole el inmediato envío de material de las reservas y de los excedentes de la Secretaría de Defensa americana.
ENTIDAD
Según el Derecho Internacional, un país no beligerante como Estados Unidos no podía vender armas directamente a una nación beligerante, como era entonces Inglaterra. Pero, a fin de superar la dificultad, se creó una entidad destinada a negociar la fabulosa transacción: la United States Steel Export Company.  La Casa Blanca dio las órdenes oportunas en relación con el desarrollo de las operaciones y, en el espacio de 48 horas, ya se había valorado y registrado el material disponible.  El precio que la Secretaría de Defensa que cobró de la United, por toda la partida, fue de 37.619.556 dólares con 60 centavos.
Cuando  Winston Churchill lanzo su memorable desafío a Hitler, las armas salían ya de los arsenales americanos rumbo a Gran Bretaña. El precio que el Gobierno de Su Majestad debía pagar era exactamente el mismo que la United había acordado con la Secretaría de Defensa, incluido los 60 centavos
El 13 de Junio zarpaba rumbo a Inglaterra el primer mercante, el Eastern Prince. En la lista de embarque figuraba una relación que incluía 48 cajas de cañones de campaña de 75 mm., 28 millones de cartuchos del calibre 7.62, 15 mil ametralladoras y un lote simbólico de 12 mil fusiles, algunos ya usados en la Primera Guerra Mundial. Otros  doce mercantes cargados con cañones partieron hacia  Gran Bretaña durante el mismo mes de junio, seguidos de otros 15 en Julio.

Los estragos de la conflagración.

FUSILES
Los fusiles se distribuyeron entre las tropas repatriadas de Dunkerque y entre los millares de reclutas que afluían al Ejército o a la Homne Guard. Tras sumergirlos en una disolución caliente, con el fin de eliminar la grasa protectora, los hombres se entrenaban  disparando cinco tiros cada uno.  En aquellos tiempos de trágica escasez de municiones, el que dispara un tiro sin razón era severamente castigado.
Un delito de este tipo fue cometido, una noche, en los bosques de Cromer.  Un recluta inexperto, “con cuatro cartuchos en el cargador y uno en la recamara”, tuvo la mala idea de apretar el gatillo de su “P-14” mientras estaba probando el seguro. Para disimular su falta, el recluta afirmó haber visto en el bosque unos hombres que llevaban uniformes extranjeros. ¿Se trataba quizás de la vanguardia, lanzada en paracaídas, de los invasores nazis? Las campanas tocaron a rebato y la brigada fue puesta en estado de alarma. Siete hombres salieron de Cromer, al mando de un veterano, un soldado desconocido escogido de 20 años mal cumplidos y treparon por la escollera, llevando consigo 40 cartuchos del  7.70 y un fusil ametrallador “Lewis”, residuo de la primera Guerra Mundial y que tenía el muelle recuperador roto. Habían recibido una orden lacónica: ¡”No disparar hasta tener las esvásticas en las narices”. Esperaron durante 36 horas seguidas. Al final, el recluta aterrorizado por el tumulto que había organizado, confesó con la verdad. Sin él saberlo, había puesto en evidencia la absoluta despreocupación de un pueblo que, en la entreguerra, olvidó deliberadamente el viejo aforismo: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”.
La fulminante victoria conseguida por Hitler en Francia puso a Gran Bretaña frente a un nuevo imprevisto en relación con la evidente y al parecer inmediata amenaza de invasión.
PENDIENTES
Durante los primeros meses de 1940, a pesar de que la comisión de compras anglo francesa desarrollaba una acción cada vez más coordinada e incluso cuando el hundimiento de Francia era ya inminente, numerosos pedidos franceses de aviones, maquinas, herramientas, cañones, municiones, carros de combate y portaaviones, por un total de  quinientos millones de dólares, estaban aún pendientes de entrega.  Arthur Purvis  pidió permiso a Londres, mediante un cablegrama cifrado, para hacerse cargo de esta partida francesa, pagando lo que fuese. La respuesta llegó el 15 de Junio a medianoche: el gobierno británico abandonando su parsimoniosa política, cuya finalidad era hacer durar las divisas durante toda la guerra, le daba carta blanca.
Por la tarde del 16 de Junio llegó a Washington la noticia de que Petain, impotente frente al caos militar, había optado por la rendición. Los contratos de cesión ya estaban redactados y entonces los delegados franceses se enfrentaron con una dramática alternativa: enviar el material de guerra francés a Petain o disponer de él sin consultar al gobierno que les había dado el mandato. A las 3.30 horas de la madrugada del 17 de Junio, firmaron. Todo el material, salvo una sola excepción, pasó a manos de Gran Bretaña.


Londres tras el ataque nazi.

EXCEPCION
Esta única excepción consistía en un envío de aviones, embarcados en el portaaviones Bearn, que había zarpado ya con dirección a Francia el 17 de Junio. En alta mar, el Almirante Darlan le ordenó cambiar de rumbo y a toda velocidad, se dirigió a la Martinica en las Indias Occidentales francesas, donde quedó fondeado y fuera de servicio, junto con todo su cargamento, hasta que el Comité Nacional francés arrebató a Vichy el mando de la isla.
En Mayo de 1940, Lord Luthian y el Conde Saint Quentín, embajadores respectivamente de Inglaterra y Francia, se pusieron en contacto con el presidente americano y con su secretario de estado Cordell  Hull, con el fin de discutir la adquisición de cierta cantidad de destructores que habían prestado servicios de escolta durante la Primera Guerra Mundial. La petición implicaba grandes problemas para Estados Unidos. El presidente tenía autoridad legal para disponer de los navíos de la Flota según lo que él creyera para los intereses del país, siempre y cuando los barcos no fuesen esenciales para la defensa del mismo
Pero esta cesión significaría una venta directa de Gobierno contraria al Derecho Internacional.  Sin embargo y a raíz de estudios hechos por expertos en la materia, resultó que el antiguo pacto Kellog-Briand, por el que los firmantes renunciaban a la  guerra de agresión, podía ser interpretado en el sentido de que los Gobiernos gozaban de la facultad de discriminar en contra de cualquiera de los países que hubiesen violado los preceptos legales. Esta conclusión dio lugar, facilitándolo, a un posterior examen.
LECCION
A mediados de Junio, la lección de Dunkerque tuvo una decidida influencia sobre el planteamiento de la concepción defensiva mantenida por los americanos.  Si Hitler extendía la guerra hasta el Atlántico, el conflicto se aproximaba a Estados Unidos. Por ello, paralelamente a las negociaciones para la cesión de los cincuenta destructores, se llevaron a cabo otras para discutir la cesión, por parte de Inglaterra, de una serie de bases necesarias para la defensa de las costas orientales  americanas. Winston Churchill apoyó la petición de destructores presentada por Lord Lothian. Pero el embajador francés, perdido ya su interés dada la situación de Francia, retiró la suya.
En aquel periodo, la mayor parte de la Flota norteamericana tenía sus bases en el Pacífico, considerado suficientemente seguro gracias a las nuevas bases aéreas y navales que se iban creando. Sin embargo, la situación en América del Sur y del Centro era muy distinta: la penetración económica alemana aumentaba de día  en día. Los agentes alemanes propagaban el rumor de que la guerra acabaría en Octubre, tras la derrota de Inglaterra y en Uruguay se estaba desarrollando una amenazadora conspiración filonazi. Si Hitler, como parecía probable, llegaba a asegurarse el control de la Guayana francesa, de Guadalupe y la Martinica, tendría todas las posibilidades de cortar las vías de comunicación con América del Sur o de lanzar un ataque contra el Canal de Panamá, que sólo podría ser defendido si  Estados Unidos consiguiera bases en las islas periféricas del Caribe, de las Bahamas a Trinidad.



Los aviones jugron un papel decisivo.

PRELUDIO
Los americanos de cualquier opinión coincidían al afirmar la urgente necesidad de aquellas bases. Los partidarios de la ayuda incondicional a Inglaterra veían en ello el preludio de una futura y más estrecha colaboración y, como era natural, no ponían objeciones al asunto de los destructores”. Sin embargo, había un grupo capitaneado por Vierek,  agente nazi,  que exigía que Inglaterra cediera las bases a cambio de la colaboración de unos antiguos préstamos que databan de la Primera Guerra Mundial.  Por supuesto,  la finalidad que se proponía alcanzar era impedir a cualquier precio la entrega de los destructores.
Roosevelt calculaba las pérdidas sufridas por la Marina británica en Dunkerque: 10 destructores hundidos y otros 75 gravemente dañados, de modo que durante mucho tiempo no podían prestar servicio.
El 3 de Septiembre de 1940 el acuerdo ya estaba dispuesto para la firma. A cambio de los destructores, Inglaterra debía confiar a Norteamérica, por un periodo de 99 años, bases en Las Bahamas, Jamaica, Santa Lucía, Trinidad y Antigua.
Antes de proceder a la firma, Cordell Hull pidió a Winston Churchill la confirmación del acuerdo según el cual ,la flota inglesa ni se autohundiría ni se rendiría jamás. Churchill se reafirmó en las garantíasdadas.
ACCION
A la firma siguió inmediatamente la acción. Unos  hombres subieron  c n rapidez por la vieja pasarela del Buchanan. El destructor había permanecido fondeado durante más de 20 años en el puerto de Boston. El grupo se distribuyó por el barco. Lo descostró, pintó, inspeccionó, comprobó las maquinas y puso a punto los cañones.
El Buchanan abandonó dicho puerto antes defines de Septiembre, poniendo rumbo a Halifax. La tripulación estaba integrada por oficiales americanos. Cambio de nombre y lo llamaron Woodbines.
A fines de 1940, los fondos de guerra ingleses en Estados Unidos habían descendido de 4 mil 500 millones de dólares a  2 mil millones, de los cuales 1,500 millones habían sido entregados en concepto de adelanto para el pago del material aún no suministrado.
Roosevelt estudió la disposición constitucional de 1892 y por eso mismo visito las bases americanas en el Caribe. Consigo llevaba una larga carta de Churchill en la que éste exponía sus previsiones para los doce meses próximos. La suerte de 1941-decia el inglés- se jugará en el mar.
El Presidente volvió a Washington 16 de Diciembre de 1940. Les dijo a los periodistas lo que él consideraba como la política más conveniente para Estados Unidos.  “Hay que apoyar y defender al Imperio Británico porque así estamos defendiendo a nuestro país y la democracia”. 
MEOLLO
Llegó al meollo del asunto diciendo: “lo que pretendo hacer es eliminar el signo del dólar. No los dólares, se entiende sino, desde aquel momento, el único símbolo de interés pasaría a ser la defensa de Estados Unidos. A la defensa irían a parar las armas americanas.
El 10 de Enero de 1941, el proyecto de ley se presentó al Senado. Algunos estaban en contra  apoyando al Eje.  Pero, finalmente,  el 11 de Marzo la iniciativa fue aprobada y se convirtió en ley. Al día siguiente se invitó al Congreso a asignar una suma de 7 mil millones de dólares para la producción de aviones, carros de combate, cañones, productos semielaborados, maquinas, herramientas y víveres para suministrar, en concepto de préstamo y  arriendo, a los países cuya defensa era considera esencial para la seguridad americana.
Tambien otras ayudas no estadunidenses llegaron a Inglaterra a través del Atlántico septentrional. De esa manera los canadienses se hicieron presente. Mas de mil oficiales y unos 22 mil soldados listos  para defender la causa  inglesa. Enviaron armas para equipar la milicia territorial. Lo mismo hacían  australianos, neozelandeses, sudafricanos, irlandeses, checoslovacos y polacos.
En una oportunidad 300 hombres pertenecientes a la aviación polaca, personal de vuelo y 2 mil del servicio de tierra fueron entrenados exclusivamente para tripular aviones de bombardeo. Un gran número llegó a Inglaterra.



Los oficiales nazis

LOS POLACOS
En virtud del pacto anglo-polaco, estipulado en agosto de 1940, la Aviación polaca estableció su Cuartel General en Londres. Los pilotos de caza contaban con una experiencia de dos años de entrenamiento intensivo, por lo menos y una media de 500 horas de vuelo. Muchos ya habían sostenido combates aéreos. Las hazañas de estos pilotos en la  Batalla de Inglaterra fueron famosas.
Entre Inglaterra e Irlanda existía desde hacía siglos una extraña relación de amor-odio. El segundo país se declaro neutral cuando su rival le declaró la guerra a Alemania.  Incluso se negó, de un modo rotundo, a permitir la utilización de puertos irlandeses del sur por la Marina británica ni la de los aeródromos por la RAF. Contratiempo muy grave.
Otro serio problema lo constituía la presencia de una nutridísima embajada alemana en Dublin, que disponía de una instalación radioemisora y demostraba un excesivo interés por el movimiento marítimo.
Churchill se preguntaba si Irlanda estaba participando de hecho en la guerra, aunque no oficial, al lado de los alemanes. Sin embargo y a pesar de la oposición del  Gobierno irlandés, muchos voluntarios de las ciudades de ese país atravesaron el Canal San Jorge para tomar parte de la contienda. 
MIL BARCOS
Al alba del día 9 de Abril de 1940 cuando Hitler invadió Noruega, unos mil barcos de ese país, con un desplazamiento bruto de 4 millones de toneladas, se hallaban en alta mar o en puertos extranjeros. Instrucciones dadas por radio inmediatamente por el Gobierno de Oslo ordenaban que dichos buques se refugiaran den puertos neutrales o británicos.,
Otros que se encontraban en puertos de países sometidos a influencia alemana o italiana, consiguieron hacerse a la mar antes que llegara la contraorden del improvisado gobierno de Quisling.
Más de la mitad de este tonelaje estaba constituido por modernos petroleros que podían alcanzar, por lo menos, velocidades de 12 nudos y que representaron un precioso refuerzo para la Marina mercante británica.  Con los buques  llegaron también las tripulaciones, compuestas por un total de 25 mil marinos, llenos de coraje y animados de una indiscutible fidelidad a la casa aliada.
En el desorden que siguió a la invasión, algunos buques que estaban en puertos noruegos consiguieron ponerse a salvo, refugiándose en Inglaterra. Dos destructores, un submarino y ocho balleneros armados atravesaron el mar del Norte en compañía del Fridtjof Nansen, barco del servicio de protección de la pesca y del navío auxiliar Heimdal. Dieciséis buques balleneros pusieron rumbos hacia aguas inglesas y fueron dotados de equipos dragaminas.



Armamento sofisticado.

PERIODICO
En 1940 la intervención de la Marina noruega fue de tanta importancia  que el periódico Mlogtorship en el número publicado en Enero de 1941, reconocía objetivamente que “la Flota mercante noruega ha valido para Inglaterra más que un millón de soldados”.
Los voluntarios noruegos provenían de todo el país y de todas las clases sociales. Apenas el Rey y el  Gobierno noruego en el exilio llegaron a Gran Bretaña, del núcleo del Cuerpo Expedicionario se estableció en Escocia, donde  se equipo, armó y entrenó clon  del máximo rigor, un destacamento que luego sería agregado al cuerpo  especial destinado a las incursiones contra las instalaciones alemanas enclavadas en Noruega. Djurante el otoño de 1940, otro destacamento prestó servicio en Islandia
Los noruegos  demostraron estar especialmente dotados para las acciones por sorpresa, propias de los comandos, y para todas aquellas que,s in importar su dificultad y su riesgo, exigiesen el empleo de pequeñas embarcaciones. Además poco después de la rendición del Ejército noruego al invasor, se abrió un gran campo de entrenamiento destinado a los pilotos noruegos en las cercanías de Toronto en Canadá. Los jóvenes voluntarios que iban llegando, tras larguísimos viajes, se revelaron como alumnos entusiastas. A fines de 1940, los primeros 700 ocupantes del campo bautizados con el nombre de “Pequeña Noruega”, retornaron a Inglaterra y, como sus compatriotas que luchaban en el Ejército, formaron el núcleo de la unidad aérea noruega bajo el mando general de la RAF.( Editado, resumido  y condensado de la Revista “Así fue la Segunda Guerra Mundial”)

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