sábado, 31 de agosto de 2013

VIDA Y MILAGROS DE SANTA ROSA DE LIMA

Extremadamente católica  era la Lima  del siglo  XVII cuando el predominio de España en una de sus principales colonias, el Virreinato del Perú, resultaba inminente y palpable. Allí definitivamente destacaba  una joven por su entrega constante a la oración con un amor a Dios y la Virgen María incontenible, acompañada de una existencia llena de piedad y de virtud y apuntando a un sólo derrotero enteramente noble y altruista: servir, por completo, a los demás. Esta es su  vida. Estos son sus milagros.
La muchacha, de una belleza interior y exterior impresionante, persistió indefectiblemente en actitud abierta y generosa de apoyar a los pobres y los enfermos.  A los ancianos y desposeídos de felicidad.  A los niños y los arrepentidos. A los hambrientos y los  perseguidos.  A los que no tienen paz y a los  que sufren constantemente. Porque de ellos será el reino de los cielos.
Ella se llamaba Isabel Flores de Oliva y se convirtió en la admirada, excelsa,  milagrosa Santa Rosa de Lima. La patrona de América,  Filipinas y el Nuevo  Mundo, que vivió piadosamente entre 1586 y 1617. Tan sólo y exclusivamente 31 años. Pero bastaron para que sea conocida sin fronteras, con una poderosa fe  en sus decisiones sobrenaturales.  
 Su familia inclusive la quiso obligar a casarse, pudiéndole haberle  cambiado la vida por completo.  Ella rechazó firme y persistentemente tal posibilidad, convencida  que todo lo mundano no le pertenecía de ninguna manera.


Santa Rosa de Lima.

DONES
 Había tal actitud de entereza desinteresada que una multitud impresionante de fieles creyentes  aseguraba, con convicción plena, que tenia  evidentemente  dones divinos. Como efectivamente era así.
Cierto es que por aquellas lejanas épocas cargadas de misticismo y de efervescencia religiosa abundaban las atribuciones de milagros, curaciones y todo tipo de maravillas por parte de una población que ponía evidente interés por las virtudes y calidades de la vida cristiana.
 Muchísimas más que las actuales que están mezcladas inclusive de descreimiento, con atisbos evidentes de desolación y desesperación. He allí la gran diferencia de percepciones que hay que tener en cuenta para tener presente y, sobre todo, explicarse el inicio y  desarrollo de la veneración a la santa peruana, la primera de América por si acaso.
Alrededor de 60 personas fallecieron en “olor de santidad” en la capital peruana entre finales del siglo XVI y mediados del XVIII. De aquí se originó, como consecuencia, una larga serie de biografías de santos, beatos y siervos de Dios, obras muy parecidas en su contenido. Regidas por las mismas estructuras formales y por análogas categorías de pensamiento. 
LAICA
 Lo cierto y concreto es que Rosa dio el primer paso totalmente consecuente al vestir los  hábitos, túnica blanca y manto negro, de la Tercera Orden de Santo Domingo y prosiguió con esa entrega de darse  por completo,  sin recibir nada. Pero no era monja. Si laica terciaria de dicha congregación que vivía en su casa. Las religiosas, en aquella época, sólo podían serlo de clausura.
 Así continuó con más fuerza en actitudes de pobreza  e incluso de sufrimiento corporal con los cilicios.  En señal de penitencia por venerar a plenitud sus creencias religiosas, las mismas que le salían del fondo de su corazón que había sido entregado enteramente hacia  Jesucristo, el salvador del mundo.
Una vida ejemplar, donde  la humildad y la contemplación llena de mística, destacaron con  admiración. La obediencia, la paciencia y la abnegación eran sus virtudes predominantes. Lo primero que hizo como monja es recluirse en una cabaña muy humilde que había construido con sus propias manos, en un extremo del huerto ubicado en la casa de sus padres.
Por aquel entonces, la convulsión reinaba en el Perú entero por el asedio de los corsarios holandeses que habían decidido atacar  con violencia y ambición desenfrenada. Los ánimos de la población estaban completamente alterados, en medio del pánico general porque estos bandidos eran, realmente, inhumanos y sobre todo crueles.
NO PASARAN
 Ante tal dramática y peligrosa situación, Rosa con decisión reúne a infinidad de mujeres capitalinas en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario para orar ante el Santísimo por la salvación. Lo hacen contritamente.   Mientras tanto, tal era el pavor   que muchísimos huyeron hacia lugares distantes, generando más pánico y estupor por los cuatro costados.
En el templo la religiosa, durante un momento determinado del rezo continuo como expresión prístina de la fe que mueve montañas, se remangó suavemente los hábitos  firme y consecuente. Sorprendiendo a todos.
 Ella, sin inmutarse, se ubicó en el mismísimo centro del templo con coraje pero sin ira y, convencida al máximo, ofreció su cuerpo para defender a Cristo en el Sagrario. A renglón seguido se escuchó su voz tranquila y apacible que prometía no dejar pasar a ningún corsario a la casa de Dios
 El hecho concreto y comprobado es que, misteriosamente, el capitán de la flota invasora falleció en su barco días después y ello dio lugar a la retirada de sus naves. No ocurrió el mentado ataque artero que, muy posiblemente, iba a destruir la ciudad por completo. Toda la población de Lima atribuyó el milagro a Rosa y por ello en sus imágenes se le representa  portando a la ciudad sostenida por el ancla.


La imagen de la santa en procesión por la Plaza Mayor.

CELEBRACION
Lo trascendente es que vivió una vida de piedad y de virtud e hizo grandes caminos con la paciencia y la contemplación mística durante su vida religiosa, imitando a la dominica Catalina de Siena, la santa toscana del siglo XIV.
Ella se recluyó prácticamente en su  cabaña que había construido con sus  propias manos en el huerto de su domicilio. Las ermita era muy pequeña,  con un espacio de poco más de dos metros cuadrados.
 Llevaba sobre la cabeza una coronita de plata cuyo interior era de puntas muy duras. Por lo que se convertía en un verdadero centro de espinas. Al igual que nuestro Señor Jesucristo en su sacrificio por salvar la humanidad.
En Marzo de 1617 celebró en la Iglesia de Santo  Domingo de Lima su místico desposorio con Cristo, siendo uno de sus confesores Fray Alonso Velásquez. El sacerdote le puso en sus dedos el anillo, en señal de unión perpetua.
Muy niña aún, Isabel Flores de Oliva fue confirmada en el pueblo de Quives por el Arzobispo Santo Toribio de Mogrovejo. El la llamó Rosa porque se le ocurrió de un momento a otro. Ella obedeció, sin gustarle el nuevo nombre. La santa prefería Rosa de Santa María.
Según lo relató su madre, la joven fue a conversar con un sacerdote a la Iglesia de Santo Domingo manifestándole la molestia que le llamaran Rosa. Pero el sacerdote la tranquilizó, preguntándole: “¿Pues hija no es tu alma como una rosa   que  recrea Jesucristo? Con ello quedó tranquila y segura del nombre que le habían dado.
SU PADRE
Era hija de Gaspar Flores, arcabucero natural de San Germán de  Puerto Rico. Su padre vino al país procedente de España, después de pasar por su país de origen y Panamá  que formaban parte del Virreinato de Nueva España.
El arribo lo hizo como soldado del pacificador Pedro de la Gasca, quien restableció la Real Audiencia en 1549, recuperando el dominio de la Corona tras la usurpación del poder por Gonzalo Pizarro, el hermano del Conquistador don Francisco; el criador de chanchos  en Trujillo, Extremadura, España.
 El que trazó la línea, ante la vacilación total de los conquistadores, en las arenas de Panamá para continuar a tierras rumbo al sur que llamarían las del Perú para hacerse ricos, tras  engañar y vencer al último de nuestros excelsos Incas llamado Atahualpa y que fueron forjadores de admirable cultura, desde tiempos inmemoriales.


El Papa y la Patrona del Peru, América y Filipinas.

INFANCIA
Gaspar fue nombrado arcabucero por el Virrey Andrés Hurtado de Mendoza y se casó en  Lima con la criolla María de Oliva y Herrera, apellidos procedentes de Aragón (España). Isabel fue la cuarta  hija de los Flores Oliva. La bautizaron, según partida existente, el 25 de Mayo de 1586 en la  Parroquia de San Sebastián por el sacerdote Antonio Polanco. Sus padrinos fueron: Hernando de Baldés y María Osorio.
Una infancia común y nada  llamativa. El compañero de sus juegos infantiles era su hermano Hernando, muy unido a ella y, a lo largo de su existencia, siempre la apoyó con mucho cariño. A los 12 años se mudó con su familia a Quives, un pueblito ubicado a una  distancia de 60 kilómetros de Lima en el valle de Chillón.
Aquí  recibió la confirmación de manos de Santo Toribio de Mogrovejo. Su padrino fue el sacerdote del pueblo, Francisco González. Por tales épocas y en el lugar comenzaron sus mortificaciones de salud. Había contraído un reumatismo, con  consecuencias dolorosas para su recuperación que ocultó a su madre. No le quería dar preocupaciones.
Regresó a Lima ya siendo una joven. Los problemas económicos de su padre fueron una realidad. Entonces, con convicción y sin vacilación, comenzó a trabajar casi el día entero en el huerto de su  casa y solía bordar para diferentes familias de la ciudad y así ayudar económicamente a su hogar.  A pesar de todo estaba conforme con su vida. Lo único que quería era servir a Dios.
Con todo acierto Rosa predijo que su vida terminaría en la casa de su bienhechor y confidente Gonzalo de la Maza: el contador del Tribunal de la Santa Cruzada. A la vivienda del protector se trasladó a residir en los últimos cuatro o cinco años de su vida.
Solicitó a María de Uzátegui, la española esposa del contador, que fuese ella quien la amortajase. En torno a su lecho de agonía se situó el matrimonio de la Maza con sus dos hijas Micaela y Andrea y una de sus discípulas más próximas, Luisa Daza.
MUERTE
A esta última, Santa Rosa le pidió que entonase una canción religiosa con acompañamiento de vihuela. Así entregó la virgen limeña su alma a Dios afectada por una aguda hemiplejia, el 24 de Agosto de 1617, en las primeras horas de la madrugada.
En el lecho de su muerte de la Maza hizo retratar  el rostro de Rosa con el pintor italiano Angelino Medoro, quien fue el que realizó, de forma precisa,  el primer testimonio visible de su aparición física en este mundo.
El mismo día de su fallecimiento, por la tarde, se realizó el traslado del cadáver al convento grande de los dominicos llamado de Nuestra Señora del Rosario. Una abigarrada muchedumbre colmó las calles, balcones y azoteas en las nueve cuadras largas que separa la calle Capón donde estaba ubicada la residencia de la Maza con dicho templo.


El pozo donde los fieles depositan sus deseos escrito en un papel.

CANONIZACION
El 25 de Agosto hubo una misa de cuerpo presente por el Obispo electo de La Paz, Pedro de Valencia y luego se procedió sigilosamente a enterrar los restos de la santa en una sala del convento, sin toques de campanas ni ocurrencia alguna, para evitar la aglomeración de la gente. Al entierro asistieron el Virrey y los más distinguidos miembros del Cabildo Secular y Eclesiástico, los oidores, lo miembros de las órdenes religiosas y otras personas notables.
El proceso que condujo a la canonización empezó  casi de inmediato con la información de testigos promovido en 1617-1618 por el Arzobispo de Lima, Bartolomé  Lobo Guevara. Tras un largo procedimiento, el Papa Clemente X la canonizó en 1671.
Tal era su convicción que cuando rezaba ante la Santísima Virgen sentía claramente el llamado del Niño de Jesús desde la imagen. El creador le decía: “Rosa de mi corazón yo te quiero por esposa”. A lo que ella, muy anhelosa y enteramente admirada, le contestaba “Aquí tienes Señor a tu humilde esclava”.
En Argentina y Uruguay, por el mes de Agosto, ocurre lo que se denomina “La Torrente de Santa Rosa”. La tradición religiosa atribuye a la santa este fenómeno natural que logró la huída de los enemigos de tierras peruanas.
Mientras que en Filipinas también la veneran por completo. Allí existe un nicho con su nombre ubicado en el frontis de una iglesia principal de ese país al lado de la Virgen María, San José y los cuatro evangelistas.
En esta nación, la más católica del sudeste asiático y el tercero más creyente en el mundo que siguen al Papa bajo el rito romano con una cifra impresionante de 72.9 millones de fieles, la conocen bajo el nombre de Santa Rosa de Lagunas.
OTRO MILAGRO
La santa limeña tiene una parroquia que es uno de los principales puntos turísticos de una  ciudadela que tiene 54 metros cuadrados y una población de 284.670 habitantes. En Filipinas todos saben que Rosa es milagrosa. Varios episodios lo confirman. Son historias que, entre rezos y alabanzas, han ido pasando de generación tras generación.
Resulta que, durante la ocupación japonesa de Filipinas en la Segunda Guerra Mundial, las batallas entre el Ejército Imperial y la resistencia filipina avanzaban lentamente a través del campo y las ciudades hasta llegar a las inmediaciones de Santa Rosa de Lagunas, que en ese tiempo era una población cuyo nombre era  Bucol
Cientos de personas  evocaban sus casas sin tener donde ir y, en su huída, muchos aseguraron que una hermosa dama vestida de blanco y negro les indicaba que fuesen a la parroquia de Santa Rosa, donde el pescado y el arroz son abundantes y no pasarían hambre. 
VENERACION
Cuando llegaban a la Iglesia, los desplazados caían de rodillas envueltos en llanto al reconocer a la dama en la imagen que era, precisamente, la que presidía el altar. No pasó mucho tiempo antes de de que los estragos de la guerra se sientan en Bucol y la propia parroquia, que fue visitada por las tropas japonesas. Pero los oficiales, montados en briosos caballos, nunca pudieron ingresar a la iglesia sobre su cabalgadura.
Según la  creencia religiosa, los animales se plantaban en la puerta y no avanzaban, por más que los japoneses le clavaban con todas sus fuerzas, las espuelas para que entraran en el santo recinto. Nunca lo lograron.
Hoy los restos de Santa Rosa  se veneran en la Basílica Nuestra Señora del Rosario de la Iglesia de Santo Domingo  ubicada cerca de la Plaza Mayor en pleno centro de Lima, siendo notable la devoción del pueblo peruano.
Su casa, el Santuario, situada en  el centro de Lima conserva los lineamientos que tuvo en el siglo XVI, la  época que vivió Rosa. Anualmente es visitada por  centenares de miles de devotos, peregrinos y turistas, quienes recorren los ambientes que estuvieron directamente ligados a su vida y la  caridad para el prójimo.
Exactamente se conserva como  sitio religioso la  ermita donde Rosa  oraba. Cerca del lugar hay un pozo de 20 metros de profundidad y ahí los devotos depositan, en papeles, sus deseos escritos. También está idéntica la habitación  en que dormía. El cuarto donde nació y la enfermería para el bien y servicio de sus hermanos necesitados.

Claustro de Santa Rosa de Lima.

BASILICA
La Basílica-Santuario que lleva su nombre fue empezada a construir, luego de su canonización con posteriores restauraciones. La  inauguraron, finalmente, el 24 de Agosto de 1922. Tal lugar sagrado es el principal punto de peregrinación de todo el Perú y su arraigo popular es comparable a la Virgen de Guadalupe de México.
Actualmente hay más de mil rostros en lienzos, estampas y esculturas hechos entre otros por renombrados artistas como: Francisco de Zurbarán, Claudio Coello, Daniel Hernández, Teófilo Castillo, Francisco González y Sérvulo Gutiérrez.
A partir de las reformas del calendario litúrgico, introducidas en el Concilio Vaticano II, la fiesta de Santa Rosa de Lima se cumple el 23 de Agosto, fecha en que se celebra. Anteriormente se le recordaba el 30 de Agosto y esa es la data que se mantiene en el Perú y otros países latinoamericanos y en el rito romano tradicional. Aquí en este  país es un día feriado y su imagen recorre, en procesión, las calles de Lima. 

La tradición católica relata que cuando el pontífice Clemente X, luego de oír los argumentos de su canonización dijo: “Hum: ¡Patrona y Santa!  ¿Y Rosa? Que lluevan flores sobre mi escritorio si es verdad.  La  respuesta fue una fragante lluvia de pétalos  diferenciados y de variados colores sobre la mesa del Papa. Como prueba fehaciente de que la peruana admirable era y es enteramente  milagrosa. (Edgardo de Noriega)

11 comentarios:

  1. Santa Rosa de Lima..gracias po tu servcio

    ResponderEliminar
  2. te amo santa rosa de lima

    ResponderEliminar
  3. gracias....me sirvio mucho para mi trabajo de religión

    ResponderEliminar
  4. linda su vida y historia

    ResponderEliminar
  5. me saq un 20 con este reporte

    ResponderEliminar
  6. Señor editor. Santa Rosa nunca fue monja.Corrija por favor.

    ResponderEliminar
  7. Muchas gracias por la colaboración. Consultamos la bibliografía correspondiente y, efectivamente, Santa Rosa de Lima no fue monja. Si laica terciaria dominica. Incluso usaba el habito. Las religiosas en aquella época eran de clausura, viviendo-sin salir a la calle- en los conventos. Ella lo hizo en su casa toda la vida. Corrección hecha a plenitud.

    ResponderEliminar
  8. me ayuda en mi tarea jajaja

    ResponderEliminar