jueves, 20 de mayo de 2010

SAN MARTIN, EL SANTO DE LA ESPADA

Muy niño aún agarró, por primera vez, una espada mientras jugaba en el patio de su casona ubicada en una pequeña población argentina. Sus inocentes manos no temblaron. Muy por el contrario se tranquilizaron, se pusieron fuertes, decididas a luchar.
Al menos eso es lo que contó antes de dormirse a sus familiares y seres queridos más cercanos, en la tranquilidad de una clara noche de intensa luna allá por el año 1783. Tenía tan sólo 5 años de edad.
La espada fue encontrada en un cuarto lleno de cachivaches y cosas viejas. Estaba escondida en una caja de madera vistosa y de colores con abundante paja y algodón y al lado de algunas herramientas que servían para otros menesteres. Le pertenecía en sus años mozos a su padre, muy conocido en la localidad por su desprendimiento y espiritu de colaboración.
El pequeño al jugar inclusive con un arma verdadera y contar sus vivencias no se había equivocado. Selló en un acto tan infantil, su vida para siempre: sería de todas maneras guerrero de los que pasa las fronteras y la era de los tiempos para convertirse en famoso.
Luego de recibir una férrea y profunda educación humanística en un colegio de élite de España luchará al lado de este pueblo europeo por muchos años. Hasta que llegaron las ideas de avanzada.
En el lado de los patriotas casi pierde la vida pero fue salvado por la mano milagrosa de un desconocido. En aquella época se hablaba en todas partes de América, por influencia de Europa, de la igualdad, la justicia, la fraternidad. Habían logias secretas. El lo asimiló todo.
No vaciló en romper el orden establecido porque cada vez veía a España más lejana y poco convincente. No dejaba el ideal forjado por los grandes pensadores y en todo momento maduraba en su mente la idea de conseguir ese objetivo tan noble que significa tanto y que nunca debe perderse: la libertad.
SOLDADO A LOS ONCE AÑOS
A los 11 años ya era soldado y posteriormente se convirtió en el “Santo de la Espada” al liberar a tres pueblos del yugo español y transformarse para beneplácito de la historia en general de generales, tribuno del pueblo y padre de América.
Don José Francisco de San Martín y Matorras-el libertador de Argentina, Chile y Perú- fue forjador de ejércitos victoriosos y al mismo tiempo una figura criticada por sus contemporáneos.


José de San Martín

“Un hombre envuelto en el misterio”, dijo de él el historiador Gervinus, mientras que otros lo consideraron ambicioso cuando asumió con el título de Protector escondiendo sus concepciones monárquicas: quería un rey para el Perú.
Se dijo que con ello claudicó y no dispuso la creación de un gobierno democrático, pero la historia también nos recuerda que convocó al Congreso y le entregó el mando.
Lo cierto-y esto si es una verdad contundente- es que San Martín estará en el recuerdo del mundo por su ingenio militar y su contagioso espíritu libertario. Una figura que, evidentemente, trasciende fronteras.
Nació en el año 1778 en Yapeyú, Argentina, pueblo fundado por los jesuitas en 1506 y ubicado en la margen derecha del río Uruguay, donde su padre-don Julio de San Martín- se desempeñó como Gobernador.
Fue un hombre de estatura mediana aunque imponente por su estampa natural. La nariz aguileña con ojos negros y cejas expresivas. Usaba largas patillas que peinaba hacia adelante. No había leído mucho, aunque sí lo necesario para hablar sobre Filosofía y Pintura aparte de sus tareas de soldado.
Tras estudiar en el Seminario de Nobles de Madrid, colegio aristocrático fundado por Felipe V, San Martín se enroló en el ejército español donde sirvió por espacio de 20 años.
Su primera jornada militar se registra en el Africa de los moros y la segunda en el Rosellón. En 1795 fue ascendido a Subteniente. Entonces tenía l7 años. Combatió contra los ingleses en el Mediterráneo y se enfrentó a las legiones napoleónicas. Era Teniente Coronel a los 30 años.
REGRESO A AMERICA
A fines de 1810, San Martín conoció lo sucesos ocurridos en Buenos Aires donde se había constituido una junta popular en nombre de Fernando VII. En 1811, los caracteres separatistas de la revolución argentina se perfilaban un poco más. En vista de ello, San Martín decidió cortar con España y regresó a América, a los 33 años.
Antes actuó en organizaciones de tipo masónico convertidas en centros de la libertad y de nuevos ideales para lograr la independencia de los pueblos americanos. Allí también intervinieron en distintas épocas Simón Bolívar, el venezolano Francisco de Miranda y el prócer arequipeño Juan Pablo Vizcardo y Guzmán.
En Buenos Aires ofreció al gobierno su concurso a favor de la causa libertadora, ayudando a los ideales políticos que iban desarrollándose contra la dominación española. Se le reconoció el grado de Teniente Coronel y se le encomendó la organización del ejército independiente.
Cabe destacar ka intervención militar ocurrida el 7 de octubre de 1812 cuando al frente de sus granaderos y como intérprete del unánime sentir del pueblo, exigió el derrocamiento de las autoridades españolas y el nombramiento de otras, hechos que aceptó a regañadientes el gobierno.


Liberó infinidad de pueblos americanos.

El primer triunfo en tierras americanas se produjo cuando atacó a las tropas del general español Zavala, que acababa de desembarcar en San Lorenzo, sobre las márgenes del río Paraná.
En esta acción, el caballo cayó arrastrando a San Martín y cuando un español iba a alcanzarle el cuerpo de un bayonetazo, se interpuso el soldado Juan Bautista Cabral, salvándole la vida a costa de la suya.
Posteriormente, el Santo de la Espada se encargó de la reorganización del ejército argentino vencido por las tropas realistas del General Pezuela. Comenzó a imponer a todos una férrea disciplina e hizo valer el principio de autoridad.
Por razones de estrategia, el Libertador se retiró y hasta renunció al mando del Ejército. Pretextó una grave dolencia y después volvió a ocupar cargos de importancia. Fue gobernador de Cuyo, donde fomenta el desarrollo del ejército, la educación, la salud y la industria.
En ese pueblo, precisamente, San Martín con la cooperación de los emigrados chilenos, organiza el famoso Ejército de los Andes que llevó a cabo triunfalmente las jornadas de Chacabuco y Maipú. Así ocurrió la liberación de Chile: los españoles perdieron su ejército. Brillaron el Santo de la Espada y O’Higgins.
En Santiago de Chile, el General de Generales fue proclamado como gobernador del estado y cuando se le ofreció dinero lo aceptó con el único objeto de entregarlo para una biblioteca para el pueblo.
Terminadas las acciones guerreras en Chile, San Martín decidió iniciar la campaña libertadora en el Perú con el objeto de destruir el núcleo del poderío español.
Zarpó de Valparaíso rumbo a este último país con un ejército compuesto de 20 velas,4,430 soldados, 35 piezas de batalla, repuestos de armamento, equipos y uniformes para quince mil hombres.
LIBERACION DEL PERU
Los tripulantes de la escuadra libertadora llegaron al puerto de Paracas el 8 de septiembre de 1820 y ocuparon el pueblo de Pisco. Lo primero que hicieron los españoles fue entrar en negociaciones con San Martín, sin lograr resultados positivos. Mientras tanto, el General Arenales penetró en la sierra y el Libertador fijó su cuartel general en Huaura, a unos 163 kilómetros de Lima.
La campaña del Perú dio buenos resultados en las jornadas de Icanasca, Acasé y Huancayo, hechos que se refuerzan cuando las tropas al mando de Arenales vencen a los realistas en la batalla de Pasco y se apoderaron de la ciudad de Huamanga.
Los éxitos de los patriotas ocasionaron serios trastornos en el ejército español que depuso al Virrey Pezuela y confirmó el mando a La Serna.
Prosiguieron las acciones militares hasta que San Martín ocupa Lima luego que los españoles abandonan la capital, agobiados por el hambre y las hostilizaciones.
La Jura de la Independencia ocurre en la Plaza Mayor de Lima cuando San Martín reúne al pueblo y pronuncia sus históricas palabras a los cuatro vientos: “El Perú es libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende”.
Luego asumió el gobierno. Sus ministros fueron don Hipólito Unanue, patriota peruano; Juan García del Río, amigo a quien conoció en Cádiz; y Bernardo Monteagudo, cuya dramática personalidad halló en Lima el poder, la adversidad y la muerte.


"...El Perú es libre e independiente"...

El gobierno tan solo duró meses con una absoluta libertad de imprenta, el fomento de la educación y la abolición de tributos que pesaban sobre los indios.
El Santo de la Espada fijó su residencia en Boulogne Sur Mer, Francia, donde pasó sus últimos años, Al morir legó al Perú el estandarte que le regalaron de Pizarro. Sus restos reposan en la Catedral de Buenos Aires, pero su espíritu vive en el mundo entero.

2 comentarios:

  1. San Martín casi muere y es salvado por un soldado desconocido. Que buen dato este. Gustan este tipo de crónicas. Sigan por favor con esta linea

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  2. Nuestra línea esta definida. Siempre daremos a conocer personajes con datos novedosos. La promesa se cumplirá de todas maneras. Sino revisen el archivo y,porsupuesto, esperen los próximos números. Miscelanea tiene un compromiso con los personajes.

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