martes, 26 de mayo de 2015

TATAN: TODA UNA LEYENDA DEL HAMPA

Casi siempre andaba por las calles bien vestido  evidentemente  al margen de la ley que vulneraba, con constancia repetida y de forma audaz.  Como contradicción, educado a carta cabal y alegre luciendo, tras hablar y sonreír,  su famoso diente de diamante que le daba una connotación especial.  Muchas mujeres lo consideraban buen mozo y atractivo. Para ellas,  el hombre tenía su pinta característica. Pero ni por asomo la de un delincuente. Eran los años de una Lima relativamente pequeña allá por los 40, 50 y 60 del mismísimo siglo XX. Un recordado delincuente capaz de matar a mansalva y autor de innumerables robos y asaltos, como experto en abrir y forzar cerraduras, que marcaron, evidentemente, una época e el mundo de la delincuencia. Definitivamente, toda una leyenda popular del hampa pocas veces vista, cuyo protagonista se hizo famoso por sus innumerables y, por supuesto, nada ejemplares fechorías.
Luis Dunián Dulanto (a) Tatán se convirtió en el personaje favorito de la prensa policial de aquellos años, con sus innumerables atropellos a la ley. Pero con una imagen, que dicho sea de paso nunca se supo si fue efectivamente cierta o no, de un buen corazón para ayudar a los demás, a pesar de sus andanzas delictivas de por sí rechazables. Una especie de Robin Hood criollo.
Nació, en la calle de las Carrozas de los Barrios Altos, el 4 de Marzo de 1925. Su figura oscilaba entre blancón cruzado con mestizo, cabello ondulado y buena presencia. Lo conocieron, cuando fue pequeño, con el apelativo de “Niño  Dios”  En el hablar, un gran defecto de tartamudo lo acompañó. Por eso mismo cambio su alias. No podía pronunciar, correctamente, la palabra  Tarzán.


Luis Dunian Dulanto (a) Tatán

EL ALIAS
 El pequeño balbuceaba  tatán, tatán. Cuando se refería a ese personaje de las revistas de niños y de las películas. Así se le llamó gran parte de su  vida. Dijeron por allí-tampoco se probó fehacientemente- que era  hijo de un afamado médico francés que terminó alcohólico. Y de una belleza limeña que tenia ciertos antecedentes familiares aristocráticos. Parece ser que ello fue parte también de las mentiras convencionales que lo acompañaron para hacerlo más famoso
A los tres años, era el más  travieso de los chiquillos del barrio. Corría, jugaba, se golpeaba el pecho y afirmaba a cada rato, con innata alegría infantil, que era Tatán de los monos, en vez de pronunciar el verdadero nombre del  famoso personaje, Tarzán con todas sus letras. Posteriormente, aficionado al juego de futbol en la calle. Lo conocían, en su calidad de deportista de la pelota, como rápido y dribleador.
Conforme creció, aprendió nuevas formas de convivencia.  Pero no las buenas. Sino, precisamente, las reprochables. Entre ellas: la pelea a puño limpio enseñada por otros hombres de mal vivir. El más macho era el rey y él, en el fondo de su ser, quería serlo a como de lugar. Sin pensar en la forma como se conseguía ello. 
LADRON
Era atlético y podía levantar los pies hasta la cabeza del rival. Los más audaces, perdidos y pervertidos, sin principios morales y con conducta violenta, le enseñaron a manejar la chaveta o cuchillo, con agilidad inusitada. Cambiando el arma con las manos, de una forma veloz y precisa. Ya desde jovencito, resultó un personajillo maligno y peligroso
 A los 15 años, comandaba una banda de su barrio que robaba en los sectores residenciales  y las tiendas de Miraflores y San Isidro. Continuamente el botín era numeroso: radios, relojes, platería, ropa y todo lo que se le cruzaba con un valor económico determinado. Lo que hacía era vender lo que robaba.
A golpes y amenazas se imponía sobre los demás muchachos perdidos de las calles de Barrios Altos. Implantó una disciplina en ese sector popular, la que se cumplió a la perfección y que consistía en una premisa falsa,  que no se cansaba en repetir con cierto cinismo: el pleito era con los ricos. A ellos les sobra y a nosotros nos falta. Nada de chavetear por gusto”
Una anécdota se cuenta al respecto. Una vez el negro Caliche,  peligroso hampón, se opuso a la ley de Tatán y trato de asaltar a los  vecinos de la zona. El hombre era corpulento y tenía marcas en la piel por las riñas, a chavetazo limpio, que había protagonizado.
VIOLENCIA
Entonces una señora fue en busca de Tatán y le contó lo que pasaba. El se dio cuenta que se jugaba su liderazgo del mal cuando tan sólo tenía 17 años. Así se lanzó en busca del malhechor.
Lo primero que hizo es subirse las mangas de la camisa y fue a enfrentarlo. Lo encontró, avanzó entre lisuras y con el pie derecho le botó la chaveta de la mano a su contrincante. Le metió un cabezazo y le rompió la nariz. Le siguió dándole puñetes furiosamente, en distintas partes del cuerpo. Hasta que el agredido cayó al suelo, mientras Tatán esperaba que se levante. El delincuente derrotado sólo atinó a pedir perdón.
Luis, que era vivo y perspicaz, se había dado cuenta que, para protagonizar todo lo que hacía, necesitaba del apoyo del vecindario para que lo cubran cuando sea requerido. Eso lo buscó y lo consiguió porque compensaba, constantemente, a  los vecinos dándoles vivieres y regalos, sobre todo  a las familias más pobres, en las navidades. De allí el título ganado de Robin Hood.
Comenzó  como un consumado y  efectivo carterista, hasta llegar a ser un experto en robar cajas fuertes de los establecimientos comerciales y de las casas particulares. Uno de sus maestros fue el hampón Ernesto Jaramillo Arteaga (a)  Guta.


Carlos Enrique Melgar, el abogado del delincuente.

DETENCION
Allá por 1943 lo acusaron por robo y fue detenido con su supuesto cómplice que negó conocerlo. Todo esto en la Comisaria correspondiente. Allí llegó un policía con pruebas y testimonios de gente que aseguraba que no había sido Tatán el que había cometido el delito. Entonces, salió libre el mismo día que lo apresaron. En el barrio, todos hicieron una fiesta. Celebrando indebidamente el acontecimiento. Cuestiones y costumbres de rateros.
Por las noches era un ladrón muy sutil y con gran estilo, mientras que en el día caminaba con tal elegancia que parecía un famoso actor o un político consumado. Hablaba con elocuencia y facilidad, a pesar de la tartamudez. Pero algunas veces fallaba garrafalmente.
Era una de las razones que conquistaba a damas de todo nivel social y su forma de vestir consistía siempre en un terno elegante con un clavel en el ojal y zapatos relucientes. Casi siempre estaba acompañado de guardaespaldas, a pesar de la buena defensa personal que manejaba.
Cayó otra vez detenido y cuando la policía le preguntó de dónde sacaba dinero para ternos tan finos, el  facineroso decía: mi novia, una actriz argentina, me los regala cuyo nombre por decencia no puedo revelar.
El hecho es que la coartada estaba lista y se desarrollo por completo. En efecto, llegó un carro lujoso con chofer, que era un cómplice suyo, con una bella joven que preguntó por él. Así, con el engaño de por medio, salió libre. Los custodios del orden fueron sorprendidos  y creyeron, por completo, el cuento armado a la perfección.
ASALTO
Casos parecidos ocurrían a cada rato y muy seguido. Siempre se salía con la suya. Era conocido también por su gran habilidad para robar billeteras y lo probaba en las mismas comisarías quitándoselas a los guardias y luego devolviéndoselas, con una gran sonrisa. Durante su vida delincuencial, su abogado fue el connotado penalista de la época, líder del Apra e incluso senador varias veces, Carlos Enrique Melgar.
A los 30 años acaparó las primeras planas de los diarios por asaltar la Caja de Depósitos y Consignaciones, ubicada en la avenida Abancay y en  pleno centro de Lima. Llevándose consigo  la suma de dos millones de soles. Una cantidad muy significativa para la época en que se cometió el robo.
No sólo se dedicaba al robo. Una de sus pasiones era el futbol. Tanto le gustaba que fue tentado por el famoso club uruguayo Peñarol, para que forme parte de su equipo profesional. Pero la suerte no lo acompañó esta vez, porque fue detenido y trasladado a la cárcel de El Sexto. La gente acudió en masa para verlo como galán de cine, cuando ingresó al indicado penal.

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Recorte de periódico con su foto

SACERDOTE
Le dice a todo el mundo que de ahora en adelante será otro hombre, aunque dentro de la cárcel seguía siendo un líder maligno caminando por los pasillos con su guardaespaldas y tramando maldades con otros delincuentes, quienes le tenían mucho respeto escondido de envidia.
El R. P Madraza, sacerdote de sólidos principios, comenzó a visitarlo muy seguido. Tatán hace uso de su fluidez de palabras, sin tartamudear esta vez.  Lo convence de su cambio para el bien con las siguientes palabras: “Padrecito, cada día estoy peor. El alimento aquí en la cárcel es  pésimo y la tuberculosis que sufro me está matando.
Luego añadió: “Tiene que ayudarme de todas maneras, para que pueda recuperarme y ser un hombre útil a la sociedad. Usted me comprende, denme una oportunidad a fin de salir adelante. No me condene Padre, ahora que lo necesito más que nunca”.
Para ello le pidió que le lleve leche evaporada y justo por casualidad por ahí alguien ofrecía el producto, a bajo precio y era conocido de Tatán. El sacerdote adquirió los envases y se los regaló. Así, con las donaciones de por medio, se pasaron varias semanas
Pero un día determinado, uno de los funcionarios de la cárcel decidió quedarse con uno de los tarros, lo abre y al verter la leche en una taza notó un líquido cristalino. Cuando lo probó sintió que tenía alcohol. Lo que probaba, a las claras, que existía el tráfico de bebidas espirituosas en el penal en las narices de los guardias y, por supuesto, que Dunián formaba parte de la banda correspondiente.
LOS HUEVOS
El sacerdote indignado llegó donde el preso y lo recriminó acremente. Este se tiró a sus pies  y le dijo: “Ya sé que usted piensa lo peor. No lo culpo. Este es un complot de las autoridades que quiere hundirme porque me tienen envidia. Creen que tengo dinero y, como no les doy nada, quieren que se pelee conmigo. Usted es mi amigo. Anhelo el perdón”.
El sacerdote le creyó cada una de las palabras. Por lo que Tatán, osado, le pidió que le llevase huevos para obtener el calcio que necesitaba para su cuerpo enfermo. Accedió a su ruego. Pero esta vez rompió uno de ellos y comprobó que también contenían alcohol. El líquido se le inyectaba el delincuente luego de extraerse la clara y la yerma con una hipodérmica. El religioso nunca más volvió a visitar al delincuente. Había sido burlado con premeditación, alevosía y ventaja.
Posteriormente, cambió su forma de pensar y resaltó por ser pacifista. Empezó a culturizarse y a leer libros de Derecho para organizar su propia defensa. Logró ser absuelto y salió en libertad. Una multitud en la calle del penal, en la Avenida Alfonso Ugarte del centro de Lima, lo aclamó entre aplausos y hasta le pidió autógrafos. Ante ellos, el truhán volvió a reiterar que cambiaba de vida, por completo, muy lejos de la delincuencia.

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Elegante con corbata michi.

CARPINTERO
Puso una carpintería frente  a su vivienda de Barrios Altos, conjuntamente con unos amigos. Pero el negocio no le salió con ganancias. Entonces trabajó como guachimán de seguridad, en un lugar denominado Monterrey. Más sólo estuvo tres días, debido a que la gente se aglomeraba en el lugar para verlo y le impedía sus labores.
Una de las propuestas más interesantes fue la de trabajar en una novela que trasmitía Radio Excélsior de Lima. Sin embargo, el delincuente, que se decía arrepentido y regenerado, no pasó la prueba porque, al leer los textos de los personajes, tartamudeo constantemente.  Los nervios lo traicionaron.
Sus idas y venidas de la cárcel comenzaron y nunca acabaron. Lo detuvieron por primera vez en enero de 1943 acusado de apropiación ilícita agravada y robo. Luego volvió a caer en Mayo de 1944. Al año siguiente paso nuevamente a la cárcel y de allí a la Isla Penal de El Frontón ubicada en el  Callao, tipificado como delincuente peligroso.
Lo acusaron de quemar vivo a un delincuente apodado “La Zamba”, pero salió absuelto por falta de pruebas. Esto traería posteriormente consecuencias letales. Regresó a la cárcel por una serie de delitos que cometió relacionados con el hurto. En una oportunidad, el Fiscal pidió una larga condena para él. Sin embargo, nada pasó y se fue fuera del país rumbo a Chile.
Inquilino consuetudinario  de las prisiones, lugares donde transcurría sus horas de amargura y de pillerías totales. Allí adquirió la aureola de éxito que por poco lo lleva a ser artista de novelas transmitidas por radio. Un gran ajedrecista, según se cuenta, capaz de jugar a ciegas y conversar con sus amigos.

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El hampon nació en Barrios Altos.

MUERTE
La mañana del 16 de Julio de 1962, Dunián, en la cárcel, salía de darse un duchazo de agua intensamente fría. Lo esperaba Javier Peralta  ( a) “La China” que quería vengar la muerte de Victor Pizarro (a) la Zamba quien, según se aseguraba, había sido asesinado a mansalva y cruelmente por Tatán. Este último negó siempre este delito. Nunca lo aceptó. Ni tampoco lo reconoció.
“La China” espero un descuido del otro hampón y, por detrás, lo acuchilló varias veces, causándole de inmediato la muerte.  Este asesinato,  donde no hubo enfrentamiento cara a cara, ocurrió al interior del penal El Sexto.
 El victimario había tenido relaciones homosexuales con el que se dice mató Tatán. La decisión, en consecuencia y según se probó, fue tomada por venganza. Tu mataste salvajemente, entonces yo hago lo mismo se dijo asimismo y cometió, sin ninguna duda, su crimen. 
 Tal fue el final trágico de este feroz delincuente que, indiscutiblemente, no fue ni es es ejemplo para la sociedad. Quien a hierro mata, a hierro muere. Lo hemos dejado enteramente comprobado. Sin embargo, la leyenda persiste  y vive latente hasta nuestros días. Ladrones en Lima evidentemente que hay por doquier. Pero este uno de los más elegantes, pícaro, cínico y generoso a la vez. (Noé)

3 comentarios:

  1. Hola! sabe los nombres de los miembros de su banda, o como los puedo obtener? Le agradeceria bastante esta informaciion.

    luchorossi1951@gmail.com

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