viernes, 31 de mayo de 2019

EL ODIO NECESARIO

La declaración de dos ministros franceses en el Congreso Socialista de Londres, en momentos de ¡unión sagrada”, es de mal gusto y de una táctica deplorable. Otra vez Viviani ha debido asegurar en el Parlamento que Francia “irá hasta el fin”. Así queda reparada la indiscreción… Censurar indirectamente a Rusia, declarar que no se quiere agobiar a Alemania cuando la fraternidad con el adversario es actualmente casi un delito de lesa patria.
Se lucha a muerte. Pero en esta tierra de ideólogos, algunos empiezan a perdonar. No veamos allí sino una convulsión, tal vez la última, de ese idealismo generoso y peligroso que la Gran Revolución dejó como un fermento de inquietud humanitaria y mística.
“No es la Alemania de Goethe la que nos odia”, se murmuraba aquí al principio. Pero la Alemania intelectual se asociaba pronto al bombardeo de Reims. Antoine ha contado hace poco una frase de Hauptman que fue su cordial amigo en los tiempos del Teatro Libre. El dramaturgo alemán que iba más tarde a renegar de su mesaniasmo, decíale entonces como un fariseo sentimental
Un alba de fraternidad se levantará y habremos sido como soldados que se abrazan en el valle nocturno antes del sol. Antoine creyó. Francia también. ¡Como dudar! Desde la revolución, con breves pausas, esta es la fábrica mundial de ideas avanzadas y de explosivos, la patria del “evangelio tricolor”, decía Heine.
El anarquista español, el nihilista ruso, el polaco soñador de la ideal Varsovia, todos tuvieron aquí su hogar. Cerebro del mundo, presidio suelto del mundo, casa de todos, fue Paris. Era su gloria. Vimos a rusos enflaquecidos por Siberia y el amor al prójimo: vimos a mujeres con gorrito de astrakán y ojos soberbios que preparaban dulcemente, evangélicamente, la explosión de la Santa Rusia.


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Escenas de la guerra.

RESTAURACION
En humildes fondas del barrio latino, en torno de un pilar sabroso, algunos hombres cetrinos organizaban la caída de un tirano rojo, mientras los reyes desterrados de Alphonse Daudet disponían, por el contrario, una restauración desde París.
Y no puedo olvidar a esos asiáticos silenciosos de mi barrio con americana y oliendo a opio, un poco ridículos, un poco santos, que iban a ser, en Pekín, los mártires de una República sin coletas. Se infiltraba así un amor de redención universal que tuvo en Zola su quinto evangelista.
París era Jerusalén y era Cosmópolis. Los soñadores, los desesperados, los perseguidos vinieron aquí a beber Ajenjo y fue la hora en que Juáres aconsejaba a los hombres el abrazo y a las naciones el desarme. Tanta belleza no podía ser verdad ni predicada sin incidentes.
¿Recordáis el asunto Dreyfus? Salieron a luz, crispadamente, los dos semblantes de Francia. Ambas actitudes eran sinceras hasta el odio, hasta la muerte. Conflicto de tragedia antigua y perenne, el más hondo problema de conciencia que un pueblo se planteara jamás.


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Alphonse Daudet creía en la resauracion de Paris.

PREGUNTA
¿Vale más que para salvarse de una guerra probable se condene a un hombre, aunque puede ser inocente o que perezca un mundo, pero que triunfe la justicia? Para algunos el rencor a Dreyfus fue sobre todo aversión a la raza nómade, peligrosa que bajo ningún cielo quiso instalar su definitivo campamento.
Para los otros, el comandante era también un símbolo. Un partidario le llamo seriamente “el nuevo Cristo”. Hombres sinceros como ese ardiente Péguy que tan católica y soberbiamente ha muerto, eran frenéticos partidarios del reo. Lo más singular es que casi todos los soñadores cosmopolitas estuvieran del lado de Dreyfus, y casi todos los patriotas en contra de él.
Por primera vez, estos veían el peligro de amar. A favor del evangelismo, de la misión libertadora, se desquiciaba el ejército, se abdicaba en favor de Alemania, se convertía a Francia en una encrucijada universal donde podría elevarse un Calvario. ¿No ha dicho un utópico exasperado que este pueblo debiera ser el Cristo de las naciones, morir para propagar eternamente la abolición generosa de las fronteras?

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La gente de París en los años 40.

ILUMINADOS
La guerra actual parece dar una respuesta acerba a estas candideces del iluminado. Pero los iluminados continúan. Romain Rolland con el grupo barcelonés de Los amigos de la unidad moral de Europa declara hoy que “ningún país debiera pasar de un gobierno a otro sin el consentimiento explícito desu pueblo” Esto quiere decir-y así lo interpretan ya los buenos entendedores de Francia- que para acercarse Alsacia y Lorena, después de una vitoria, es necesario un plebiscito en donde la prolífica Alemania vencería.
¡ A esto se llega Dios Santo!. Es hermoso que Buda conceda por sobrehumana caridad un brazo al tigre que tiene hambre. Pero en los pueblos del budismo se llama “hacer el primo”. “En general-ha dicho un gran español- una nación simpática es una nación que marcha mal”. Antes que ser simpática, Francia debiera procurar la fortaleza en tierra y mar.
El símbolo de Grecia-de Grecia que pereció por desprecio a las armas- es oportuno aún. La cordura, la suprema razón necesitan como Minerva, caso y lanza. Y por esto, los más republicanos de los hombres deben alabar a los actuales reaccionarios de Francia qaue, enfrente de los perdones apresurados, de las generosidades suicidas, más allá del bien y del socialismo, están creando la doctrina del odio. (Editado, resumido y condensado del libro “Obras Escogidas de Ventura García Calderón”, destacado intelectual peruano que, con sus estudios, rescata los orígenes culturales de este país. Nació por un azar patriótico en Paris, retornó al Perú donde estudió. Posteriormente volvió a Francia en 1905 salvo cortos intervalos por aquí, Rio de Janeiro y Bruselas hasta 1959 en que murió, siempre habitante de la ciudad luz)

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