jueves, 20 de septiembre de 2012

EL ASESINATO DE LOS MIRO QUESADA

A continuación un polémico artículo de Federico More sobre un hecho enteramente rechazable como fue el asesinato a balazos y por la espalda del Director del diario El Comercio, Antonio Miró Quesada de la Guerra.
 Lo mismo ocurrió con su esposa, Maria Laos de Miró  Quesada, valerosa dama que incluso se defendió con su cartera. Frente a frente y cara a cara, con el criminal. Desafortunadamente y a cambio,  ella recibió otro balazo que acabó con su valerosa vida 
 El doble crimen ocurrió en la Plaza San Martín de Lima, en la esquina del Teatro Colón y cerca a las instalaciones del Club Nacional, el 15 de Mayo de 1935, a las 1.40 de la tarde.
 El autor de los asesinatos fue el joven aprista en ese entonces menor de edad y de oficio desconocido, Carlos Steer Lafont, que a los pocos minutos incluso quiso suicidarse sin lograr su cometido. A quien una corte marcial militar lo condenó, por el execrable delito que cometió, a la pena de 25 años de internamiento.
RIVALIDAD Y TRAGEDIA
Una época violenta y turbulenta que vivió el país en tiempos del gobierno dictatorial de Benavides, enfrentado por completo al Apra en posiciones de progresismo y de izquierda. A su vez “El Comercio”, uno de los diarios de mayor influencia en el Perú como hasta ahora es, era rotundo e implacable en criticar permanetemente, a  esta organización política. Siniestra rivalidad, tremenda tragedia
Evidentemente, el crimen dejó huellas políticas profundas y Federico More, aunque crítico de los Miró Quesada y su diario, escribió uno de sus artículos que se convirtió en enteramente memorable, bajo el título de: “Vida y Muerte de Antonio Miro Quesada”.
La nota de opinión totalmente controvertida. Sobre todo por su crítica a diestra y siniestra. Pero con una calidad y claridad innegable. El estilo impactante y las fuerzas de las ideas enteramente contundentes. La forma directa y sobre todo original.
Tales características eran el valor inigualable del periodista. Criticable, si claro que si. Nada es perfecto en la vida. Menos en el periodismo. Había, se nota a las claras, cierto ensañamiento en contra del Apra, a quien More no le perdonaba nada. Obviamente drástico. Dejando de lado ello, la pluma del comunicador brillante por sus cuatro costados. Leamos el artículo y cada uno saque sus propias conclusiones.
“Así como en la vida de Cristo, María, la madre del salvador, figura sólo por instantes y aparece, resplandeciente, definitiva y heroica, en el minuto del tránsito, en el Gólgota mismo y luego es recompensada con la Asunción, para ir en los cielos, a sentarse al lado de su hijo, así al historiar a Antonio Miró Quesada ni señor, ni doctor, ni don, porque la posteridad no usa tratamientos, en su vida no tiene por qué aparecer su compañera, su esposa, su mujer. La señora María Laos de Miró Quesada surge, resplandeciente, definitiva y heroica, en el momento de tránsito, cuando una bala cobarde hiere al que la acompañó desde los umbrales rosados de la juventud hasta el pórtico severo de la ancianidad.                                                                                                                                                                     
     Antonio Miró Quesada.

Afirma un clásico español que nadie debe decir ni “mi señora”, ni “mi esposa”, sino “mi mujer”. Palabra dulce y singularmente poseedora y única. Mi señora-dice más o menos el clásico- puede ser cualquiera, incluso mi amante. Mi esposa es la que me acompaña por virtud del sacramento. Acaso puede ser de otro. Mi mujer es sólo mía; es lo íntimo. Lo infinitivamente tierno, lo intransferible, la madre de los hijos; la que, a nuestro lado, recorre un largo sendero.

Carlos Steer Lafont

Ahora después de que una mano aleve y miserable, indigna de ser peruana, mató arteramente a Antonio Miró Quesada, comprendo que la enemistad tiene sus fueros, su emoción y su ternura. Es tan entrañable como la amistad. Desde la iniciación de mi carrera periodística, allá en 1910- ya Antonio Miró Quesada era Director de “El Comercio-me sentí adversamente opuesto a cuando hiciera el decano de la prensa en el Perú, Me disgustaron siempre sus desprecios por las inteligencias literarias, su desmedido afán por la política, su ansia de poder y el excesivo uso que hacía de su influencia. Nunca fui amigo ni de “El Comercio, ni de sus gentes.
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Primer ejemplar de "El Comercio"

No soy vanidoso y supongo que los señores de “El Comercio” jamás se sintieron enemigos míos. Pero soy orgulloso y nunca me importó lo que respecto a mi sintieran. Por múltiples y variadas referencias supe que Antonio Miró Quesada fue hombre de gran inteligencia política, de poderosa simpatía personal, de mucho mundo y de vida aristocráticamente irreprochable. Por desgracia, todo esto no me parece bastante para seducir. No formulo cargo alguno. Ni siquiera emito un juicio actual. Sencillamente puntualizo un pasado. Si hoy revisase, despacio, mi lucha contra “El Comercio”, quizá encontrara mucho que rectificar. Pero seguramente hallaría mucho que recrudecer. A “El Comercio” le hallé, siempre, dos tendencias que chocaban con mi dirección y con mi propensión literaria. Era un periódico hecho por reporteros y dirigido por diplomáticos. Nunca fue un periódico que dijese lo que era preciso, necesario, inevitable y doloroso decir. Era un periódico que decía convenientemente, lo que era conveniente decir.
CALLAR…
 Y que callaba, oportunamente, lo que era oportuno callar. Además, era el periódico de los adinerados, de los grandes duques de la oligarquía. Jamás estuvo cerca del corazón del pueblo y cuando habló de las urgencias  y de las penas de los humildes lo hizo en tono de magnate que protege, de millonario que otorga y no de ciudadano que se solidariza. Yo habría querido que “El Comercio” tuviera más cordialidad y más franqueza. Angulo cordial más abierto. Habría querido, por ejemplo, que el dia en que asesinaron a Antonio Miró Quesada y a la señora Maria Laos no saliese la edición de la tarde con su Tarzán, con sus avisos judiciales y con otras quisicosas frívolas. Habría querido que, en ese día  luctuoso, rompiese su implacable regularidad y que, en el porvenir, pudiera decirse: el dia que asesinaron a Antonio Miró Quesada y a la señora María Láos, su mujer, “El Comercio” no dio edición de la tarde.
Sería imperdonable que yo diga que hablo como amigo; pero sería estrafalario de mal gusto que dijera que hablo como enemigo. Tampoco me atrevo a decir que hablo como colega ¿Quién soy yo para llamarme colega del señor doctor don Antonio Miró Quesada, ex Presidente del Senado y, por tanto ex Senador; ex Presidente de la Cámara de Diputados; ex Ministro Plenipotenciario y ex director de vastos movimientos políticos? Yo soy un franco tirador del periodismo. Camino por mi cuenta y no me acompañan sino algunos hombres de pluma clara y corazón transido.
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  Miró Quesada presidió el Congreso

ENEMIGO
Quiso el destino que yo fuese enemigo de “El Comercio”. No puedo conducir esta positiva condición espiritual. Pero quiso, también, que, a despecho de todo y de todos, fuese periodista y me hallase en la obligación de vivir como tal. Hablaré, pues, desde mi trinchera solitaria, como periodista.
Literariamente, desciendo de González Prada y he heredado sus animadversiones y sus simpatías. Por fortuna, no he heredado su intolorancia. Y, asi, puedo decir que Antonio Miró Quesada me pareció un hombre eminente. No gustó ni de lo convencional ni de lo indelicado. Por eso no lo llamare egregio, ilustre, magno, ínclito. Digo Antonio Miró Quesada fue un hombre eminente. Y lo digo con la timidad y sincera emoción con que un jefe de regimiento, de los ejércitos de Wellington, podía decir hablando de Napoleón: es un magnífico guerre           
 More aseguraba que descendía de González Prada

Siempre he odiado el crimen. Mi vida se ha fundado en la palabra. Mis combates han sido verbales. Con la pluma-y nada más que con la pluma- combatí a “El Comercio”. Casi siempre lo hice un poco, risueñamente, sin amargura y sin encono. Para mi la aplicación legal de la pena de muerte equivale a un asesinato. Afirmo que la vida humana sólo está en manos de Dios, del destino o de los dioses. Jamás en manos de los hombres. Y si esto opino de la muerte, legalmente aplicada como pena, fácil es deducir de lo que opinaré del asesinato. Para mi, el asesinato de Antonio Miró Quesada y el de Manuel Pardo son los actos más cobardes, más salvajes, más infames que hay en la Historia del Perú.
Manuel Pardo y Lavalle
  Manuel Pardo: otra víctima de la violencia

Antonio Miró Quesada habíase esforzado siempre en servir a su país. A juicio de sus adversarios no acertó siempre. Pero no nos olvidemos de que se trata del juicio de sus adversarios. Quién sabe quién tiene la razón. Lo cierto es que dedicó su vida al servicio del país. Acaso le faltaron romanticismo y heroísmo; pero su muerte viene a probarnos que no cuidaba de su persona y que puso su obra y su vida en las manos ineluctables del sino.
No era, Antonio Miró Quesada un periodista. Era un diplomático y un político inteligente y culto que supo estar al frente de la dirección de “El Comercio” cuando razones familiares lo obligaron a ello. Pero no era un periodista. La pasión de su vida fue la política. Como político dirigió el periódico de los poderosos. Cuando tuvo, político al fin, la sensación de que Leguía se quedaba en el poder por largo tiempo tomo la actitud política de callar. Cuando cayó Leguía se puso al frente de la política. “El Comercio” es el puntal de los dieciseis meses (El Gobierno de Sánchez Cerro). Esto me separó definitiva y absolutamente del decano.
Pero yo, que repruebo el  fusilamiento de los ocho marineros, que condeno el crimen del hipódromo y que a traves de largas horas de ciego apasionamiento, he conseguido algunos instantes de transparente serenidad; yo no puedo quedarme callado cuando veo que Antonio Miró Quesada cae asesinado                                              
El crimen ocurrió entre el Club Nacional y la Plaza San Martín

Para comprender el horror del Apra, basta enunciar estos tres hechos: el Apra existe políticamente, en el Perú, desde 1931. Cuatro años y meses. Y bien: durante periodo tan corto, se han consumado tres atentados políticos: el de Miraflores (Sánchez Cerro) el del Hipódromo (Sánchez Cerro) y el de la Plaza San Martin (los Miró Quesada) y hemos visto tres cadáveres (Sánchez Cerro, Antonio Miró Quesada y  Maria Laos). Esto es suficiente para demostrar que se trata de una banda de asesinos, de un clan de delincuentes, de una turba de energúmenos. Jamás había ocurrido algo semejante en el Perú.

   Sánchez Cerro también murió asesinado.

En el caso de Antonio Miró Quesada, el crimen asume  proporciones desconocidas. El asesino es un niño y cae victimada una mujer. El niño, asesino de la mujer, es la última palabra en materia de delincuencia. A los 19 años, aún queda en la boca sabor de leche materna; aún pensamos en la Mamá-más que en la madre y en la mujer- y pese a cualquier precodidad sexual, nos inspira un respeto parecido al que sentimos por nuestra madre, por aquella mujer de corazón humilde y acogedizo, por aquella mujer que se asusta cuando tenemos fiebre. Para el hombre que mata a una mujer, hay una palabra: mounstruo. Para el niño que mata a una mujer, no hay palabra alguna.
Se encoge el corazón y el cerebro se enfría cuando reconstruímos la escena de la Plaza San Martín. Un matrimonio-dos personas honradas- se dirige a almorzar a su lugar predilecto. El asesino, un niño, avanza sigiloso evalentonado por el miedo mismo y a espaldas de la pareja, dispara contra el esposo y lo hiere en la nuca. El herido cae fulminado. Cae ya muerto. La esposa, entonces, le da cara al asesino y con inocente y valeroso gesto femenino, lo ataca con su bolsa y, en vez de huir o de gritar, se le enfrenta. Cualquier hombre, ante la belleza fisica y moral de esa actitud habría bajado el arma. Quizá le habría pedido perdón a esa mujer tan resuelta, tan fiel, tan abnegada. Tan mujer. El asesino aprista, no sólo no sintió la varonil necesidad sentimental de arrodillarse ante aquella esposa de tan sombría y hermosa bravura, sino que disparo contra ella y la victimó también.                                                    
¿Qué nos importa que la señora doña Maria Laos de Miró Quesada fuese como era una gran dama? Su fortuna, su opulenta situación, su linaje, nada importa. Importa su magnífica actitud de la que siempre podrán enorgullecerse las madres y las esposas del Perú. Solo un aprista es capaz de permanecer impasible ante la arrogancia elegantísima de una mujer que se juega la vida por su esposo. Nunca las mujeres les importaron a los apristas.
El crímen de la Plaza San Martín no sólo carece de atenuantes sino que ya no tiene agravantes. Es el crimen electrolítico, el crimen puro, el crimen parnasiano. Está más allá de la sensibilidad y de la conciencia. Nada lo atenúa. Nada lo agrava.  Es tan horrendo, tan pavoroso, tan escalofriante, que ni siquiera existe la posibilidad moral y jurídica de que el asesimo tenga abogado defensor. Aunque extrememos, en concepto de defensa, no hay defensa para el asesinato perpretado en la Plaza San Martín.
DOLIENTE POESIA
Dentro de su horror y su injusticia, la muerte de Antonio Miró Quesada tiene una doliente y encantadora poesía. Muere al lado de su mujer, por él se sacrifica, unidos  en la vida, entran juntos en la muerte. Ella la compañera acaso sabía muy poco de política y temblaba siempre ante las peripecias del esposo. Madre de numerosos hijos, ignoraba todo lo que la política tiene de terrible. Su vida al lado de su marido, paso apacible como un regato. Pero en la hora del tránsito, supo ser fiel con fidelidad de apoteosis, al juramento de amor que prestó en su juventud.
Antonio Miró Quesada no era un hombre popular. No estaba en su carácter ni en sus inclinaciones cultivar a la multitud. Era hombre de gabinete. Era gran figura en el mundo oficial y en el gran mundo. Y sin embargo, en su entierro ha estado presente el pueblo. A él que no era caudillo, sino un sutíl y avisado consejero, que gustaba ser superior de los Jesuitas más que de ser Papa, lo han acompañado cuando sus restos iban al seno de la tierra, innumerables gentes que no lo conocían. Muchos de los que fuímos sus detractores nos situamos, al paso del cortejo fúnebre, para saludar, dolidos, al ataúd donde iban los restos del político y, doblemente dolidos, a la carroza donde dormían los despojos de aquella mujer que, si fue gran dama en su vida, fue dama de damas en la muerte, heroína ejemplar, digna del luminoso camino de los cielos.
En cuanto al Apra, todos sabemos  que es una banda de fascinerosos, todos afirmamos que es una horda de forajidos. “El Comercio” lo ha dicho con larga y empecinada insistencia. Pero nadie sabe qué es lo que hay que hacer frente al Apra. Se habla de las derechas. Pero reconozcamos si el Apra es locura y crimen, las derechas son torpeza, parasitismo, pereza mental, incapacidad.
ACIERTO Y EQUIVOCACION
 Tiene cien presidenciables. El Apra tiene uno. Carece de dinamismo y organización. El Apra es fanática y organizada hasta el crimen. Lo estamos viendo. Cuando Antonio Miró Quesada atacó al Apra estuvo en lo cierto  y tuvo exacta y prolongada visión de estadista; pero cuando  defendió el regimen de los 16 meses (Sánchez Cerro) y los grupos nacidos a su amparo se equivocó. Y se equivocó como se equivocan los hombres de elevada inteligencia: bien y  a fondo.
Lo que necesitamos en el Perú es la supresión del jacobinismo, venga de donde venga.No se nos ocurre la ñoñez de hablar de un centrismo que no está dentro de la sensibilidad del mundo actual. Pero sí queremos hablar de un partido de derecha firme, conexo, articulado con enhiesta y robusta columna vertebral capaz de soportar punciones. Tal es el problema que nos plantea Antonio Miró Quesada.
Ante el cadáver de Antonio Miró Quesada, víctima inocente del odio, de la estupidez y de la demencia, sería injusto o zafio dedicarse al ditirambo y al plañido sentimental. Si él murió como un hombre, con muerte de gran político, víctima de sus ideas y de su conducta, merece que todos pensemos como  hombres y que, si llega el caso también nos preparemos a morir. Miró Quesada asesinado es una dura lección para las derechas fofas y lánguidas. Hay que organizarse férreamente, duramente, inexorablemente. Si es verdad  que las derechas detestan el crimen, no respondan con el crimen. Crean en la ley, busquen el amparo de la justicia. El cadáver de Miró Quesada es el fruto del crimen. Antes que llorarlo infantilmente demosle majestad a la ley, imaginemos instituciones arrogantes y seguras, sepamos luchar. Las derechas estan enfrascadas en una aniñada jugarreta presidencial. Y eso no debe ser.
POLITICO, DIPLOMATICO
Si, en vida, Antonio Miró Quesada fue, por su situación y por su talento, uno de nuestros primeros políticos, uno de nuestros mejores diplomáticos y el más visible de nuestros periodistas, que su recuerdo sirva para cohesionarnos. El mejor homenaje que podemos rendir a su memoria es lograr la extinción del Apra. Pero no la extinción mediante el crimen, que tanto condenamos, sino la extinción mediante la inteligencia y la imaginación. Antonio Miró Quesada supo, como todos los grandes políticos, que en la política, como en el arte y como en la ciencia, la imaginación es la musa primaria y el hada madrina.
Si algo puedo decir como periodista, afirmo que la muerte de Antonio Miró Quesada debe ser para todos que ejercemos este castigado oficio, un doloroso orgullo. Debe enseñarnos el amor a la justicia y el horror al delito. Debe persuadirnos de que la inteligencia vale más que las pasiones y que los tontos y los atrabiliarios son indignos de subsistir.
Antonio Miró Quesada, que fue un hombre de bien y que nunca manejó el insulto, sírvanos para que, en el periodismo peruano, el insulto quede cancelado y proscrito el denuesto.
Comprendemos el dolor de quienes quedan al frente de “El Comercio”, pero les pedimos serenidad y visión política. El asesinato del que fue Director de “El Comercio” plantea problemas tan enrevesados y de tan agitada solución, que solamente un espíritu lúcido y tranquilo puede abordarlos.
El Gobierno (Benavides) a quien han acusado de infames ambiciones y sórdidos intereses y apetitos, se ha puesto a la altura de la situación y le ha rendido a Antonio Miró Quesada merecidos homenajes. El Gobierno nos ha probado que sabe interpretar las más recónditas urgencias nacionales. El Gobierno es el primer herido con la muerte de Antonio Miró Quesada                                                     
     Presidente del Perú
      
No hay amistad política y personal que valgan. No hay discrepancia que justifique. Ha llegado la hora de concluir con el Apra y con el crimen.
Para satisfacción de justas necesidades sentimentales, que a todos nos dominan, pensemos en colocar los restos de quienes fueron en vida Antonio Miró Quesada y María Laos de Miró Quesada bajo un mausoleo que tenga majestad cívica y gracia heroíca. Un mausoleo en el cual la ternura femenina ungida de arrojo troyano preste decoro y encanto a la firmeza hombruna revestida de dignidad patricia y de altivez consular”. (Federico More)                                                      












10 comentarios:

  1. Excelente información, muchas gracias.
    Esto debería estar presente en la memoria de todos los peruanos.

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  2. gracias por esta información sabia de la muerte de Miro Quezada pero no de esta manera todo no lo sabemos pero con esto me quede impactado

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  3. Estos acontecimientos son parte de la historia de Lima y del Perú.

    Pero tambien hay q admirar la pluma del Sr. Periodista, calidad q nos hace falta hoy en día.

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  4. Hay otro crimen ó mejor dicho martirio mucho mas salvaje que el de Miroquesada (enemigo de Leguia, por que dejo de recibir los privilegios y goyerias acostumbradas por los otros gobernantes aristócratas del Partido Civil), me refiero al crimen contra don Augusto B. Leguia, el "Presidente Martir" y "Mejor presidente del Peru".
    Invito a los jovenes que vean el legado de Leguia que lo pueden pareciar en las principales leyes actuales, reformas, edificaciones. Por citar solo una "EL Gran Proyecto Olmos". El odio animal de los Miroquesada, Prado y demas del partido civil quisieron eliminar.

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  5. Alberto Martinez Llanos3 de octubre de 2013, 13:23

    Realmente extraordinario artículo con que propiedad resalta la calidad humana de los esposos Miroquezada, la actitud de la esposa, impresionante frase: "Dentro del horror y su injusticia la muerte de Antonio Miroquezada tiene una doliente y encantadora poesía, muere al lado de su mujer, por él se sacrifica, unidos en la vida, entran juntos a la muerte" y como no, su rechazo a este horrendo crimen.

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  6. Lamentablemente el asesinato de Antonio Miroquezada, sólo fue un reflejo de la violencia politica desatada en esa epoca en el Perú; no hay que ser ciegos, cuantos cientos de "apristas" eran torturados y/o masacrados, en las carceles y "otros" lugares, por la represión del gobierno de turno; y todo esto con la anuencia y el rerspaldo de las oligarquías que co-gobernaban con las dictaduras militares de la epoca y de los posteriores gobiernos; claro, como mataaron un "pituco", y no lo digo, despectivamente, sino para ahorrar palabras, duele, pero y las otras muertes, por ellos no hay un federico Moore, que hable o escriba bonito; y si lo hubiera, o bien lo marginarian o simplemente desapareceria, en un "accidente" o víctima de la "inseguridad ciudadana", no digo má, pues me van a rastrear y tambien me van a desaparecer. chao.

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  7. Que tal pluma. Valió la pena leerlo. Felicitaciones por publicar este articulo que cuenta un momento dramático de la historia del Perú. Federuiico Hernani

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  8. El Comercio dedicó portadas y muchas ediciones contra elAprismo. Lo que hiso Carlos Steer es un hecho que los Apristas conocen. en los 90 Carlos Steer asistió a un evento de la Juventud Aprista, viejo y lento escuchó el discurso de los jóvenes y nunca más se le volvió a ver en el Partido sin embargo los compañeros que conocieron a Carlos afirman su aprismo puro en defensa de sus militantes que siempre eran víctimas de las líneas editoriales de EL COMERCIO. mal final de Don OSCAR y su esposa. BYE

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  9. Noto que usted es un enemigo furibundo del Apra, he podido leer "El año de la barbarie" (Guillermo Thonrdike) y he comprobado que diferentes gobernantes con sus entornos se ensañaron con este partido y le mataron a mucha gente inocente, solo por el hecho de ser apristas, aparte de los encarcelamientos, deportaciones,etc,etc. Claro al que no lee ni conoce la historia lo pueden engañar facilmente y seguir generando odio hacia este partido que a pesar de todo persiste, que decepción me causa su publicación señor De Noriega.

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  10. De frentón y directamente con la mano de la verdad, le tengo que decir a Diana Piscoya Oyarce que, de ninguna manera, somos enemigos del Apra. Ni de otra agrupación de este tipo. Aquí en el blog que dirijo y escribo se ejerce, en todo su esplendor y amplitud, la independencia de pareceres ideológicos. Pero ello tampoco significa que no se alabe o censure, a quienes ejercen funciones públicas o representan al electorado. Los políticos son tratados conforme se portan. En lo que si creemos, con convicción y fervor, es en el sistema democrático y en la transformación del país para bien de todos los peruanos. Enemigos si somos de las dictaduras, las tiranías y la corrupción. Lacras que laceran a la nación. Todo esto como premisa primordial.
    Prueba de que en este periódico electrónico no practicamos los antis, que son malignos y dañinos de por sí, es que, en diferentes oportunidades, hemos escrito sobre el aprismo, con objetividad y sin distorsiones de ningún tipo. En el archivo correspondiente se pueden leer, con amplitud, las semblanzas biográficas de los principales líderes de ese partido. Comenzando, entre otros, por su jefe fundador, Víctor Raúl Haya de la Torre, Manuel Seoane Corrales, Manuel Arévalo, Armando Villanueva del Campo y Luis Alberto Sánchez.
    Consideramos que el Apra, para bien de sus seguidores y para mal de sus detractores, forma parte de la historia política del Perú y tiene un lugar preponderante. No se le puede ignorar. Ni menos dejar de reconocerle sus virtudes. Pero también criticar sus defectos. Eso es, precisamente, lo que hemos hecho, de forma amplia y sin ninguna distorsión, como férrea política de información de la cual nos vanagloriamos y por lo tanto, en ningún momento, nos retractamos
    Ahora bien, lo que ha leído la lectora, sobre el asesinato de los esposos Miró Quesada, es un artículo que fue escrito, hace muchos años, por un famoso periodista: Federico More. Entonces, la nota ni siquiera es de mi autoría. Las opiniones le pertenecen y son responsabilidad de tan insigne comunicador. No se crea que con lo afirmado me estoy lavando las manos, cual Pilatos. Nada de eso. Si tengo entero compromiso en su publicación.
    Lo escogimos y lo lanzamos, en una de nuestras ediciones, porque creíamos-y creemos- que la crónica es realmente ejemplar y de una brillantez singular. Hasta se podría decir que insuperable, por las cualidades que tiene en su forma y fondo. Con una originalidad impresionante. Lo que hay que explicar que no fue hecha por un aprista. Sino por un rival de ese partido de forma tajante, impecable. Pero también conflictiva. Nadie lo niega.
    Evidentemente si un aprista o alguien que piense como tal, quiere explicar, a su manera, este episodio tan violento de nuestro pasado tiene las puertas abiertas de “Miscelánea” para hacerlo. La publicación será una realidad, como si dos y dos son cuatro, sin quitarle una coma. Como prueba de que respetamos al máximo la libertad de expresión y la pluralidad de los lados en conflicto. Lo mismo pueden hacer los señores Miró Quesada. Las puertas están abiertas para todos los cibernautas.

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