martes, 11 de septiembre de 2012

RICARDO PALMA, EL TRADICIONALISTA

Escritor que retrató por completo, con ingenio y picardia, las costumbres eminentemente peruanas. Bibliotecario de fuste llamado mendigo porque de la nada reconstruyó la Biblioteca Nacional, tras el inconcebible saqueo chileno. Figura indiscutible de la Literatura Hispanoamericana, donde consiguió galardones indiscutibles.
Así se puede sintetizar y resumir la valiosa vida de Manuel Ricardo Palma Soriano, que vivió entre 1833 y 1919, convertido en intelectual y ensayista de cuentos. Celebre, evidentemente. Sobre todo, por ser el autor de Las “Tradiciones Peruanas”: la obra cuyos terrenos e incidentes fueron, en su mayor parte, derivados de la gran riqueza de la Historia y la Literatura nacional.
Nació en Lima el 7 de febrero de dicho año. En el seno de una familia humilde. Su madre era una mestiza con raíces africanas, oriunda de Cañete. Sus padres, Gregorio y Dominga, se separaron cuando él todavia era pequeño. Célebres son sus famosas frases: “Hijo soy de mis obras, pobre cuna. El año 33 meció mi infancia. Pero así, no la cambió por ninguna”
 Creció en medio de turbulentos acontecimientos políticos y llegó a la adolescencia cuando la tradición romántica en el Perú alcanzaba su  mejor momento, de acuerdo a las investigaciones que hicieron a profundidad sus biógrafos, como el eminente historiador Raúl Porras Barrenechea y el prestigiado periodista, César Miró.

Ricardo Palma

OPINION DE RUBEN DARIO
El intelectual se casó con Cristina Román Olivier, con quien tuvo varios hijos Uno de ellos, Clemente Palma, fue un destacado escritor de cuentos fantásticos, generalmente historias de terror influenciado  por el creador norteamericano, Edgar Allan Poe. Su  hija Angélica también ejerció el oficio de las letras, integrante del inicial movimiento feminista del Perú.
Mientras que sus amigos cercanos fueron intelectuales de la talla de Arnaldo Márquez, Clemente Althaus, Luciano Benjamín Cisneros, Carlos Augusto Salaverry, José Antonio de Lavalle y tantos otros poetas, novelistas y dramaturgos.
El famoso poeta nicaraguense Ruben Dario, cuando visitó Lima, fue a saludarlo a la sede directoral de la Biblioteca Nacional. Lo describe física e intelectualmente  de la siguiente manera: “Una figura simpática e interesante de a verdad, de mediano cuerpo, con sus espesos y canosos bigotes retorcidos. Ojos brillantes que hablan y párpados movibles que subrayan. Conversador entretenido, de palabra fácil y amena… Un viejo amable cargado de años, buen amigo, glorioso principe del ingenio”. 
Con respecto a su origen y sus padres, una de las impulsoras de su obra y fundadora del Movimiento Cultural que lleva su nombre, Luz Samanez, asegura que Palma no nació en una casa del centro de Lima como se decía, sino en Talavera de la Reina, comprensión de la provincia de Andahuaylas en el departamento de Apurimac.
Lo que es más: esta investigadora sostiene, basándose en los estudios que realizó su padre David Samanez Florez, que el escritor no se llamó Ricardo. Ni se apellidó Palma. Su verdadero nombre sería Felipe Cusi Mena. Hijo de Manuel Cusi, descendiente de la nobleza inca y de Francisca Mena, quien habría cambiado su nombre cuando decidió llevar el apellido de su padrastro, Gregorio Palma.
Lo habrían llevado a Lima antes de cumplir los cinco años y entregado a unos sacerdotes por los vejámenes que le inflingía la familia, transformándose inclusive el nombre, omitiendo su orígen y la verdadera fecha de su nacimiento. Todos estos datos por supuesto son parte de una hipótesis que no ha sido comprobada  fehacientemente.
Lo que si se sabe con exactitud es que a los 15 años publicó sus primeros versos y se convirtió en el editor de un periódico político y satírico llamado “El Diablo”. Se educó en un colegio jesuita y pasó al Convictorio de San Carlos, donde sus estudios fueron interrumpidos por un período de 6 años de servicio voluntario en la Marina de Guerra del Perú.
Creador de un género intermedio entre el relato y la crónica, especialidad que manejaba con bríos y renovó la prosa castellana. Aunque se le considera integrante de la escuela romántica, su obra no obedece del todo a tales características. Salvo por algunos matices estilísticos que empleó como soporte formal.
Cierto es que en su juventud hizo una apasionada defensa del romanticismo Pero, en su momento de madurez,  lo juzgó con gran severidad y trazó su propio derrotero artístico.
En 1848 empezó su carrera literaria, según propia confesión, formando parte del grupo que después él mismo denominó "La bohemia de mi tiempo". Comenzó escribiendo poesía, a la vez que ejerció el periodismo en diversas publicaciones periódicas, como redactor o crítico de espectáculos. Para lo cual usó múltiples seudónimos. 
TRADICIONES PERUANAS
Su obra más conocida y por la que ganó celebridad: las “Tradiciones Peruanas”, traducidas al inglés y al francés, como relatos construidos a partir de hechos históricos o anécdotas populares de carácter ligero y burlesco y que constituyen un género literario particular.
Aunque  escribió las primeras de estas crónicas antes de su destierro a Santiago de Chile, sólo varios años más tarde, editó la primera serie de sus Tradiciones, en 1872.
A este volumen le siguió Tradiciones, segunda serie dos años después. La tercera salió en 1875. La cuarta en 1877 y la quinta al pasar un año. De allí siguió la sexta. Para cerrar el ciclo con “Ropa Vieja” y “Ropa Apolillada”, entre 1889 y 1891.
Después de publicar, en Buenos Aires, la primera edición extranjera de estos relatos (1890), publicó una edición en  España con el título, desde entonces célebre, de Tradiciones Peruanas que constaba de 4 volumenes.
Posterior a esta edición aparecieron “Tradiciones y Artículos Históricos”, “Cachivaches”, “Mis Ultimas Tradiciones Peruanas y Cachivachería”, “Apéndice a Mis Ultimas Tradiciones Peruanas” y una edición póstuma con el título “El Palma de la Juventud”, que data de1921.
Tras su muerte, las hijas del escritor llevaron a cabo una edición definitiva de las Tradiciones Peruanas, obra que contó con el auspicio del Gobierno del Perú. Seis volúmenes que salieron entre los años 1923 y 1925.
El conjunto de la obra es de una evidente grandiosidad. Si bien entre estos artículos críticos hay un cierto desorden provocado por repeticiones, remansos fatigosos y temas muy dispares. Mitad historia y ficción, domina un fondo socarrón. Intercalado con emotivas referencias al mundo americano.
En las “Tradiciones Peruanas” desfilan tres siglos. Primero los conquistadores: fieros de pelea y heroicos en el infortunio. Codiciosos y místicos. Sensuales y devotos. Despues los virreyes, desde Toledo que fue al Perú a servir principes y mató a reyes, hasta el letrado Esquilache. Desde el tronado y fastuoso Superunda hasta el aparente rigido Amat, con su caprichosa Perricholi, quien dio a Dios sus huesos y al diablo la carne. 
Asimismo,  el recto O Higgins hasta el enigmático Virrey La Serna vencido en Ayacucho. Eran papeles más o menos principales, los quisquillosos obispos y sus frailes de manga ancha. Los doctos y secos oidores, cuya ciencia y sequedad claudicaban lastimosamente ante la sonrisa burlesca o la mirada llameante de alguna tapada, más o menos flaca de virtudes.
No pudieron faltar los nobles elegantes y vanidosos que sabían luchar bravamente con los piratas. Los comerciantes adinerados que cambiaban sus talegas por un yerno de pergaminos. Los médicos de jeringas y sanguijuelas. Por encima de todo, la mujer de Lima, fina y graciosa, inteligente y audaz, enamorada y creyente. Asi fuera linajuda criolla, descendiente de conquistador, o modesta mulata de sangre alegre.
Todo ese mundo limeño, trágico y pintoresco, severo y cómico, jerarquizado y sin prejuicios, lo hizo revivir Palma con sus tradiciones sobre un fondo de positiva verdad histórica. Para los criticos y entendidos, quizás sea este el mérito primordial de su obra fundamental.
El libro “Palma, Tradiciones en Salsa Verde” fue publicado póstumamente. Estas historias son similares a las tradiciones. Pero con un lenguaje más picante y si se quiere obsceno No se publicaron, durante la vida de Palma, según se cuenta, por miedo al escándalo y la reacción adversa.
 En el dilatado proceso de su composición, Palma fue poco a poco desligándose de la leyenda romántica española y perfilando un característico y personalísimo mundo. Hasta madurar artísticamente en una especie narrativa, la tradición, en la que supo genialmente enlazar rasgos románticos.


El escritor con su familia.

OPINIONES
Entre ellos la leyenda, la novela histórica y costumbrista con humor, espíritu crítico de los usos y tomando en cuenta las instituciones nacionales, el habla popular. Los enriqueció con las lecciones de los grandes satíricos y novelistas picarescos del Siglo de Oro español, con Fancisco de  Quevedo a la cabeza. Así  como de los irónicos de la Ilustración y el Liberalismo. Voltaire, sobre todo.
Mucho se ha escrito sobre las “Tradiciones Peruanas” y la pretendida ideología que subyace detrás de la obra.  Algunos han querido ver en el escritor un nostálgico del pasado colonial. Mientras que otros sostuvieron que la ironía con la que describe dicho pasado esconde, efectivamente, una crítica social.
Al respecto el ensayista Luis Loayza afirmó, en su libro “El Sol de Lima” aparecido en1974, que: "Al leer las Tradiciones se advierte que el autor era un hombre de su tiempo... El mundo de la colonia era, o pretendía ser, jerárquico: en las obras hay un sentimiento democrático, igualitario. Se festeja el irrespeto ante la autoridad".
 En la actualidad, aún cuando sus méritos literarios sean materia de discusión, no se deja de reconocer el enorme impacto que tuvieron dentro de la narrativa hispanoamericana, gozando todavía de gran popularidad.
Ya la primera reunión de sus tradiciones  gozó, en efecto, de un éxito inmediato, refrendado por la enorme acogida que alcanzó dentro y fuera del Perú. Estuardo Núñez estudió su influencia decisiva en la narrativa hispanoamericana entre 1872 y 1940, como género que adelanta componentes del cuento y la novela del siglo XX.
 Fusionar el costumbrismo y el romanticismo era una tarea crucial, que se verificó en dos manifestaciones artísticas sobresalientes: la poesía gauchesca y la tradición palmista.
 No deja de ser sintomático, más que casual, que las dos obras representativas de ambos procesos creadores, Martín Fierro,del argentino José Hernández, y Tradiciones Peruanas, aparecieron el mismo año, 1872.
 En ellas palpitan ya rasgos de lo que serán la poesía novomundista y la narrativa del realismo "mágico" o "maravilloso". Así como la reelaboración de la oralidad y de la óptica del pueblo, tan significativos en las letras hispanoamericanas del siglo XX.
La trascendencia de la obra de  Palma ha sido justamente destacada por la crítica. Luis Leal lo considera el mejor "cuentista" hispanoamericano de dicha centuria. Para Estuardo Núñez fue el narrador hispanoamericano de mayor influencia, a fines del siglo XIX y comienzos del  XX.
PRIMER DRAMA
Tal envergadura se vincula con la capacidad de Palma para asumir una tarea pendiente en las letras americanas: efectuar el tránsito de una literatura centrada en la tradición oral a una literatura que va a ir privilegiando la modalidad escrita y la ficción.
En 1849 escribió su primer drama,  El  Hijo del Sol”, que no se llegó a representar, y aunque obtuvo algún éxito en el  medio limeño, alrededor de 1858 dejó de escribir teatro.
 En la actualidad sólo conocemos de su producción teatral la obra “Rodil” (1851), redescubierto cien años después de su publicación y la comedia “El Santo de Panchita”, escrita en colaboración con Manuel Ascensio Segura e incluida en la recopilación de obras de este último publicada con el título de Teatro (1869).
 Tras probar el género histórico con el libro “Corona Patriótica” (1853), empezó a componer relatos breves de diversa índole, desde el ensayo costumbrista al romance histórico, que serían el germen de sus posteriores Tradiciones Peruanas.
Pasó a formar parte del Cuerpo Político de la Armada Peruana como oficial tercero, correspondiéndole prestar servicio en la goleta Libertad, el bergantín Almirante Guisse, el vapor Loa y el transporte Rímac, donde estuvo a punto de morir a consecuencia del naufragio de la nave.
Fue separado momentáneamente del ejercicio de su cargo por haber secundado la sublevación del general Manuel Ignacio de Vivanco, contra el gobierno de Castilla.
 Pero su participación política más importante se produjo en 1860, con motivo del frustrado asalto ejecutado  a la casa de este último. Con la intervención de un grupo de civiles y militares de tendencia liberal, liderados por José Gálvez.
Tras el fracaso del intento golpista, Palma se embarcó rumbo a Chile y llegó a Valparaíso los últimos días de 1860. Durante su permanencia en esta ciudad, el escritor frecuentó los salones literarios y perteneció a la Sociedad Amigos de la Ilustración, colaborando en la Revista del Pacífico y la de Sudamérica, de la cual llegó a ser redactor principal. En agosto de 1863, luego de ser amnistiado,  regresó al Perú.
Lo nombraron Cónsul en el Pará, Brasil, pero el rigor del clima lo obligó a volver a Lima. Se fue a  vivir a Europa, por un tiempo. En 1865, regresó al Perú para ponerse a órdenes del Gobierno, que se encontraba en conflicto con España.  Ahí  participó en el Combate del Callao del 2 de Mayo de 1866, como asistente de José Gálvez.
SECRETARIO DE BALTA
 Al año siguiente, intervino en la sublevación del coronel José Balta y, cuando a éste  lo eligieron Presidente, se desempeñó como su secretario particular. Fue además  Senador por  Loreto. Tras el asesinato de Balta, el escitor se retiró de la política para dedicarse exclusivamente a la Literatura. Por esta época publicó la primera serie de las Tradiciones Peruanas.
Cuando se declaró la guerra con Chile, ya era uno de los literatos más reconocidos del continente americano y colaborador frecuente de las principales publicaciones literarias. Durante el conflicto del Pacífico participó en la defensa de la capital peruana.
 Las tropas de ocupación incendiaron su casa ubicada en el balneario de Miraflores, con lo que perdió su biblioteca personal, el manuscrito de su novela “Los Marañones” y sus memorias del gobierno de Balta.
 Decepcionado, pensó aceptar el ofrecimiento que en 1833 le hizo el dueño del diario “La Prensa” de Buenos Aires para que se trasladase con su familia a esa ciudad y ejercer de redactor literario del periódico.
Pero el Presidente de la República, Miguel Iglesias, lo convenció para que aceptase la dirección de la Biblioteca Nacional del Perú que se encontraba destruida, como consecuencia de la guerra. Su labor al frente de esta institución, donde contó con un presupuesto exiguo, fue verdaderamente encomiable.
No dudó en utilizar su prestigio literario para solicitar a personalidades, de diversas partes del mundo, la donación de libros. Por eso y por infinidad de actividades que realizó con poquísimo dinero, se  ganó el apelativo de “El Bibliotecario Mendigo”.
PUGNA CON PRADA
Por la amistad personal con el Presidentre  de Chile, Domingo Santa Maria, recuperó unos diez mil libros robados por las manos de los mapochinos durante la invasión de Lima. El establecimiento cultural llegó a ser reconocido, una vez más, como uno de los  más importantes de América del Sur
El 28 de julio de 1884, logró inaugurar la nueva Biblioteca Nacional del Perú. Siguió ocupándose de su dirección, labor momentáneamente interrumpida por su viaje a España como representante del Perú al Noveno Congreso Internacional de Americanistas, celebrado con ocasión del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América, entre 1892 y 1893.
En ese certamen internacional tan pretigiado luego de ser designado por unanimidad, habló a nombre de la América española. Propuso a la Real Academia de la Lengua de España, la incorporación en el diccionario de varios centenares de americanismos y peruanismos. El organismo pertinente apenas aceptó algunos de ellos. Posteriormente y tras haber pasado muchos años,  si tuvieron cabida casi todas las voces que seleccionó.
En febrero de 1912, renunció al cargo por discrepancias con el gobierno, que nombró en su lugar al escritor y lider radical, Manuel González Prada, su antiguo adversario.  Este último atacó la gestión de su predecesor en una nota informativa acerca de la Biblioteca Nacional. Lo que motivó la respuesta de Palma en su folleto “Apuntes Para la Historia”, donde hace un recuento de su labor al frente de la institución.

Escultura de Palma.

OBRAS
 Alejado de su labor como bibliotecario y convertido en el patriarca de las letras peruanas, Palma se retiró a vivir al balneario de Miraflores, donde pasó los últimos años de su vida. Cuando murió fue enterrado con honras fúnebres correspondientes a Ministro de Estado y se declaró duelo nacional. Era el  6 de Octubre de 1919. Habia cumplido 86 años
Como poeta siguió la corriente  europea de Zorrilla, Heine, Victor Hugo y Byron. Dentro del género lírico publicó “Poesias” (1855), “Armonías, el Libro de un Desterrado”, “Pasionarias”, “Verbos y Gerundios” y “Enrique Heine. Taducciones”.
Reeditó gran parte de su obra poética en el libro Poesías (1887), que llevó como introducción el estudio "La bohemia limeña de 1848 a 1860. Confidencias Literarias". Posteriormente publicó su poema A San Martín (1890), que originó una protesta del gobierno chileno por considerarlo ofensivo a ese país. Su último libro de versos fue “Filigranas. Aguinaldo a mis amigos” (1892). Fue también compilador de “Lira Americana”, colección de poesías de los mejores vates del Perú, Chile y Bolivia (1865).
Entre sus trabajos históricos “Anales de la Inquisición de Lima” (1863), el polémico Monteagudo y Sánchez Carrión. Páginas de la historia de la Independencia (1877) y la Refutación a un compendio de historia del Perú (1886), cuyo ataque a los jesuitas motivó que el Congreso peruano declare la prohibición del establecimiento de esta orden religiosa en el país.
 Su labor como principal gestor y presidente de la Academia Peruana de la Lengua está representada por los Anales de la Academia correspondiente de la Real Española en el Perú.
 Especialmente por sus valiosas sugerencias a favor de la admisión de nuevos vocablos contenidas en sus libros Neologismos y Americanismos  y Papeletas Lexicográficas. Publicó además Recuerdos de España, sobre su viaje a ese país en 1892, que después sería reeditado con el mismo título  precedido de “La bohemia de Mi Tiempo”.


El billete que recordaba al tradicionalista (1985).

ACADEMIA DE LA LENGUA
A Palma se le debe la instalación en el Perú de la Real Academia de la Lengua que con gran solemnidad se inauguró en Lima el 30 de Agosto de 1887. En esa oporunidad eminentemente histórica, él pronunció el discurso de orden, pieza muy importante porque contiene noticias valiosas y curiosas sobre la historia de las letras en el país.
En 1999, una casa de subastas de Londres anunció la venta de un lote de 50 cartas que escribió a un amigo argentino. El Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú convenció a la Biblioteca Nacional del Perú para participar en la compra.
 Hacía más de 50 años desde que el Perú había comprado patrimonio cultural en el exterior. Hoy en día estas cartas se conservan en la Biblioteca Nacional del Perú. Mientras que la Universidad Ricardo Palma  publicó las cartas en tres volúmenes.
De reconocido prestigio en el mundo cultural hispanoamericano, Palma es una figura  significativa y uno de los escritores mejor dotados del siglo XIX americano. Polifacético, espíritu renovador y progresista  Su actividad literaria sí que dio frutos. (EDENM)

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