miércoles, 10 de diciembre de 2014

LA VALENTIA TENAZ DE SALAVERRY

Rebelde por naturaleza innata y por decisión valiente. Lo demostró firmemente a lo largo de su agitada vida que estuvo, casi siempre, al filo de la navaja. Llegó al poder  y ejerció una dictadura  breve pero efectiva como Presidente de la República peruana, cargo que le duró escasamente un año, de  1835 a 1836. Murió trágica y violentamente fusilado, tras un juicio sumario en la bella e histórica Plaza de Armas de Arequipa. Militar muy ilustrado, aficionado a la lectura y con talento para le escritura. Era, en buena cuenta, la tenacidad en persona que se la jugó por sus ideales, sus ambiciones y por el  país. A su particular manera, de forma contundente e implacable.
A Felipe Santiago Salaverry del Solar,  la juventud- que le resultó definitivamente rutilante, total y precisa- lo acompañó a borbotones de manera abrupta, durante los desempeños importantes de su variada actuación pública. Como muestra bastan dos botones característicos: a los 14 años, siendo un muchacho intrépido y decidido, se enroló en el Ejército Patriota donde demostró arrojo y mucha audacia y fue, posteriormente, el jefe de estado de facto más joven de la Historia del Perú. Record que, hasta ahora, no ha podido ser  superado.
Esto último, obviamente, no es un mérito descollante. La vigencia  tiene su razón de ser y de haber quedado así porque en los casos de elección presidencial democrática, las constituciones anteriores prohibían tal posibilidad y exigían 35 abriles para poder desempeñar la primera magistratura de la nación. Con la actual de 1993 pasa lo mismo. En la otra posibilidad, de golpes y dictaduras, cada día son más lejanos felizmente y, cuando ocurrieron en el pasado, los protagonistas, por regla general, fueron  militares ya entrados en adultez total.

Salaverry y su rubrica.

EXCEPCIONES
En Salaverry, hay otros logros definitivos que son también las excepciones.  A los 28 ya ostentaba el grado de General del Ejército y se ponía en una posición expectante, dentro de las altas esferas castrenses. A los 29, el mandatario peruano por la fuerza de las armas. Vida fugaz, muerte truculenta. Con una circunstancia final muy  especial. En efecto, se fue de este mundo, fusilado por su rebeldía,  muy joven sin superar las tres décadas: 29 años. 9 meses y 15 días. Toda una promesa de por medio.
Cercano colaborador del Gobierno del General Luis José de Orbegoso (1833-1835), quien precisamente lo nombró Inspector General Ejército, cargo de mucha importancia porque aseguraba la estabilidad del régimen y podía controlar cualquier tipo  de sublevaciones.
Salvo, evidentemente, si la protagonizaba él. Y eso es lo que, cabalmente, ocurrió cuando aprovechó el clima profundo de guerra civil que vivía el país  por el enfrentamiento entre Orbegoso y Bermúdez, el mismo que con atisbos de destrucción se desarrollaba implacablemente en el sur.
Salaverry, representando a las huestes orbegosistas y separándose de ellas, se dirigió a la zona norte peruana y se rebeló en Trujillo el 23 de Febrero de 1835, autoproclamándose Legislador Supremo del Perú. 
OCUPACION
Tal hecho de facto evidentemente causó la inmediata reacción de Orbegoso, quien una vez vencido Bermúdez, fue hacia Lima para enfrentarse a Salaverry. Contaba con el apoyo de Andrés de Santa Cruz, que a la sazón era el Presidente de Bolivia.
Tras lanzar contra Santa Cruz su famoso decreto de “Guerra a Muerte” y ofrecer premios a quien matase a un boliviano, el joven general dio inicio a una audaz campaña militar que se inició con el asalto al puerto de Cobija, donde se arrastró, por los suelos, la bandera boliviana en ceremonia pública. Luego se dirigió al sur del Perú con el grueso de sus tropas.
Su aliado, el General Agustín Gamarra, fue vencido en Yanacocha el 12 de Agosto de 1835 y tuvo que retirarse de la escena bélica, acaso aguardando una mejor oportunidad de recuperar el poder. Lo que motivo que Salaverry precipitara sus acciones y vaya en pos de las fuerzas altiplánicas.
El problema vital consistía en que el rebelde, perdía terreno en la sierra sur, donde tanto cusqueños como arequipeños se sumaban a las huestes de los confederacionistas. Las mismas que tomaron Cusco y Ayacucho. A finales de 1835, estas fuerzas lograron el control de Lima. Hecho que dejó en el aislamiento al ejército nacionalista de Salaverry.
El joven militar ocupó la ciudad de Arequipa. Más se vio obligado a salir de la capital mistiana, ante la hostilidad de sus habitantes. Ellos apoyaban abiertamente los planes federacionistas de Santa Cruz y Orbegoso, en vista de que una eventual unión con Bolivia los favorecería económicamente, sobre todo en el campo del comercio.


Lucho valientamente en las batallas de Junín y Ayacucho.

FUSILADO
Aún con estas desventajas tácticas, Salaverry persiguió con fervor al ejército boliviano hasta alcanzar su retaguardia en el Puente de Uchumayo, el 4 de Febrero de 1836, donde libró una victoriosa contienda que lo animó a proseguir y, de algún modo, confiar en un rápido triunfo sobre el resto de las fuerzas de Santa Cruz.
Ambos ejércitos chocaron en la Batalla de Socabaya donde el joven caudillo fue completamente derrotado. Tras ser apresado, el paso siguiente fue su fusilamiento al lado de sus principales oficiales, consolidándose a partir de ese momento la Confederación Peru-Boliviana que duraría hasta 1839.
Tras ser condenado a muerte, su último deseo consistió en pedir  una pluma y papeles en los que escribió tres documentos: su testamento, una carta a su esposa Juana Pérez,  y una protesta  dirigida a los pueblos de América por su ejecución.
La historia cuenta que cuando los soldados, con sus fusiles, ejecutaron los primeros balazos Salaverry logró pararse, dio un paso para atrás y dijo claramente y a viva voz: “La Ley me ampara”. Una nueva descarga acabó con su vida, el 18 de Febrero de 1836. 
CADETE
Hijo de Felipe Santiago Salaverry Ayerdi y de la dama limeña Micaela del Solar Duque de Estrada. Había nacido en Lima el 3 de Mayo de 1806. Estudio Gramática  en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Retorica y Latín en el Real Convictorio de San Carlos. Matemáticas, Lógica y Música en el Colegio San Fernando. Un joven, con variados conocimientos, que poseía una amplia y profunda cultura.
A finales de 1820 se escapó de la casa de sus padres y se presentó ante el Libertador San Martín en el Cuartel General de Huaura, junto con Juan Antonio Pezet que después sería Presidente del Perú.  Ambos  prometieron pelear por la patria en  contra del yugo español. Lo destacable es que lo cumplieron a cabalidad.
Ingresó como cadete en el Batallón Numancia y sirvió bajo las órdenes del  General Juan Antonio Alvarez de Arenales, en la segunda campaña de la sierra central contra los realistas. Luego lo destacaron en el primer sitio del Callao. Peleó en las batallas de Torata y Moquegua durante la Segunda Expedición de Intermedios. Era el año 1823.
Participó, decidido y triunfante, en las batallas de Junín y Ayacucho que sellaron definitivamente la Independencia nacional y, al poco tiempo, estuvo entre los luchadores al lado del Mariscal Antonio José de Sucre. Logrando la toma de Potosí.

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Luciendo la banda presidencial

MATRIMONIO
Regresó a Lima y lo destacaron al cuartel del Batallón de Granaderos N° 9, donde le tocó conjurar un motín encabezado por el Teniente Coronel Alejandro Huavique.  El mismo se batió a sable con el oficial conjurado y le ocasionó la muerte, ante el asombro de su tropa.
Lo nombraron Ayudante de Campo del Presidente José de la Mar, acompañándole durante la Guerra contra Colombia. Peleó en las batallas de Saraguro y del Portete de Tarqui. Destacado a Piura, fue hecho prisionero al ser derrotado su jefe.
Liberado  permaneció en Piura y se hizo notar como partidario del depuesto mandatario. Luego viajó a Lima donde Gamarra le ofreció la Subprefectura y la Comandancia Militar de Tacna, cargos que aceptó sin dudar en ningún momento.
En dicha ciudad contrajo matrimonio con Juana Pérez Palza de Infantas, con quien procreó un hijo llamado Felipe Alejandro. El poeta romántico Carlos Augusto Salaverry fue su otro vástago mayor, producto de la relación amorosa que tuvo con  María Vicenta  Ramírez Duarte.
Pasado algún tiempo, retornó a Lima a solicitar su retiro de la carrera militar. Su deseo era dedicarse de lleno a la agricultura. Pero sus enemigos lo acusaron de conspiración. Lo apresaron y condenaron a la pena de confinación que la cumplió en la aldea del Huallaga, cerca del Marañón, en el departamento de Amazonas. 
LIBRE
No tardó en convencer a sus guardianes y lo dejaron libre. Junto con un puñado de partidarios marchó a Chachapoyas, donde depuso al Prefecto desconociendo así al Gobierno de Gamarra. Ante la aproximación de las fuerzas gobiernistas, fue abandonado por sus partidarios y capturado, siendo llevado encadenado a Cajamarca donde purgó prisión.
Nuevamente convenció a sus captores y lo liberaron. Marchó a Trujillo y en la garita de Moche, actual Puerto de Salaverry, se enfrentó a las fuerzas gobiernistas comandadas por el General Francisco de Vidal. Lo derrotaron y huyó rumbo a Piura.
El militar se refugió en la hacienda Suipiro, ubicada en el puerto de Paita. Lo reconocieron y entregaron a Vidal, quien lo deportó rumbo a Guayaquil. Con habilidad, hizo que la nave se desviara y desembarcó en Lambayeque, pasando inmediatamente a Trujillo.
Por aquel entonces, se restableció el gobierno provisorio de Orbegoso.  Salaverry apoyó al mandatario, asumiendo el cargo de Comandante General del departamento de La Libertad y luego se unió a las fuerzas orbegosistas que se enfrentaron a los rebeldes en Junín.
Ya en Bolivia conspiraba Santa Cruz, aliado con Gamarra, con miras a proclamar la Confederación. Lo que obligo a Orbegoso a dirigirse al sur y dejar en el gobierno de Lima a  Manuel Salazar y Baquíjano.


Su tumba en el Cementerio Presbitero Maestro.

TRIBUNAL
Los sargentos y soldados impagos, que conformaban la guarnición de la Fortaleza del Real Felipe ubicada en el Callao, se sublevaron. Salaverry sofocó el levantamiento y se hizo gobernador de dicha plaza. A renglón seguido desconoció a Salazar y  tomó el poder.
El Gobierno de Salaverry fue autoritario por donde se le juzgue. Uno de sus colaboradores firmes  el famoso poeta e intelectual Felipe Pardo y Aliaga. Estableció un Consejo de Estado  compuesto por personas brillantes, como uno de los requisitos del flamante organismo.
Entre ellos estuvieron: el prócer  Francisco  Javier de Luna y Pizarro, Manuel Salazar y Baquíjano con quien se amistó  y José Ignacio Moreno. Los tres ilustres hombres, con pensamiento ideológico liberal
Restableció la Dirección General de Aduanas y reglamentó el cobro de los derechos de importación, imponiendo severas penas contra el contrabando. Fomentó el desarrollo del comercio y la industria. Así abolió el impuesto de patente y fijó en uno por ciento mensual  el interés máximo de los préstamos de dinero. 
PENA DE MUERTE A LOS LADRONES
También volvió a tener vigencia el Tribunal del Consulado  y así evitar la morosidad en la tramitación de los litigios mercantiles.  Declaró que los vales, pagarés y otros documentos de deudas entre comerciantes tengan la misma fuerza que las escrituras públicas.
Impuso el castigo de la pena de muerte para los ladrones que eran funcionarios del Estado. Mientras que los demás delincuentes, de otros delitos, comenzaron a ser juzgados de manera muy rápida. Luego se amplió a esta jurisdicción los casos de sedición, traición a la patria, contrabando y homicidio.
Abolió las penas infamantes del azote y la horca, restableció el tráfico de esclavos procedentes de otros países de América y reglamentó la práctica de doblar las campañas de las parroquias y conventos que no debían exceder los cinco minutos.
Asimismo impuso otra vez el uso de las togas para los magistrados del Poder Judicial, mejoró las relaciones con España y Chile, eliminó la contribución de castas y dejó sin efecto en el contrato para el ferrocarril entre Lima y el Callao. Esta obra fue retomada después, bajo el gobierno de Castilla.
Político de sublevaciones que marco la hora de las decisiones rápidas y que creía a pie juntillas en la imposición del principio de la autoridad, como elemental forma de gobernar. La guerra era parte de su vida. Sus medidas gubernamentales fueron drásticas como lo fue él: autoritario valiente y de los, para bien o para mal, había que admirar. Porque, si se le juzga, algo dejó de ejemplo. A pesas de sus grandes contradicciones y errores. (Noé)

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