lunes, 1 de febrero de 2016

EL DESTINO DE UNA SORTIJA

Esta información podría comenzar como un cuento de leyenda. “Esta era una vez una sortija”… ¿Quién la hizo? Un joyero imperial seguramente. Su historia es sólo conocida desde el día en que María Luisa la obsequió a Napoleón, el grande, como amuleto. Tallada primorosamente en oro tiene un zafiro de Ceylán, pálido y grande.
Napoleón la llevó en su dedo meñique once años. Cuando la hija de su hermano Luciano, Leticia, caso con sir Thomas Wise, se la envió como un regalo de boda. ¡Ya la muerte rondaba al Emperador!
Leticia la regaló a su hija María Leticia Studolmina Bonaparte Wyse, quien la dio a su segundo esposo, Urbano Ratazzi, como una defensa contra el mal. Después esta princesa, viuda por segunda vez, la obsequió a un apuesto y elegante militar peruano.
Toda una novela maravillosa podría tejerse en torno de este anillo que fue una simbólica muestra de superstición. Pero, antes de divagar, quiere el cronista presentar en una nota corta biográfica de diccionario.
Maria Leticia Stuldomina Bonaparte Wyse Princesa de Solms, después condesa de Ratazzi y en último lugar Señora de Wyse, escritora francesa, nació en Waterdorf (Inglaterra) en 1831 o 1833 y murió en París en 1902.


Maria Leticia: la princesa de la sortija.

SUS PADRES
Fue hija de sir Thomas Wyse miembro del Parlamento inglés, Ministro de la Gran Bretaña en Atenas y de Leticia Bonaparte, hija de Luciano Bonaparte. Casó en 1849 con Federico de Solms. El príncipe Luis Napoleón no la miraba bien dentro de la familia y entonces ella se alejó de Francia después del golpe de estado.
Vuelve en 1852, pero sufre una expulsión en 1853. Se retira a Italia y luego a Aix Bains. Logra volver a Francia y muerto de Solms casa con Ratazzi, el noble hombre de estado italiano, compañero de Gioberti y de Cavour, en varios ministerios, sabio jurisconsulto, hombre importante, muerto en 1873.
En 1864 escribe su novela “Les Mariages de une creole” lo que le cuesta expulsión. En 1864 otra novela sobre Florencia, “Biecheville”, obliga a su marido a tener varios duelos. Muerto Ratazzi en 1873 permanece viuda hasta 1877 en que se casa Luis de Suté, ingeniero, político y literato, antiguo diputado y sub secretario de estado español que murió en 1899.
Sus obras, no son muy numerosas. “Le piege aux maris (1867), “Si j’etais reine”, “España Moderna”,. “El Portugal a vuelo de Pajaro” y sobre todo “Ratzzi y su tiempo”. Dirigió dos periódicos Les matinees d’Aix, “Les Matinees espagnoles en unión de Ruté y la “Revue Internacional.


El Príncipe Luis Napoleón la rechazaba.

EL PERUANO
Llegó a Francia desde esta América un arrogante militar peruano, hijo de un presidente de la república. El oficial era hermoso, culto, fino, madrigalizador y rumboso como un romántico tenorio.
Vivió largos años en Europa y supo ser un gran señor, que conoció la pompa de las cortes reales y que paseó su noble figura castellana bajo el artesonado clásico de los grandes palacios. Militar y poeta, poseía un admirable y atractivo don de gentes. Algún gesto superior tendría, cuando logró ser noble y amigo de las gentes más nobles.
Amante de la literatura y del arte, conoció a las grandes personalidades de su tiempo, fue amigo de poetas y de artistas, derrochó sus dineros, en días de opulencias, con sencillez hidalga, sin ostentación de rastacuero y naturalmente fue un conquistador de simpatías y un cortesano afable de linajudas damas.
¿Cómo conoció a la originalísima y sugestiva María Leticia?. Lo ignoro, habría sido extraordinario que no la conociera. La nota biográfica de la princesa y los rasgos de este personaje bastan para explicar el por qué de esa amistad  que tuvo necesariamente que florecer.
Se comprendieron, La Bonaparte, viuda ya de Ratazzi, divagaba en sus literaturas y el bizarro oficial peruano, era un guapo mozo que unía a su figura versallesca, el exótico prestigio de haber nacido en la tierra legendaria que dio vida a la frase: “Vale un Perú”. La dama era culta y conocía seguramente la fábula incaica, la colonia, la Perricholi y el Virrey Amat.

Imperial Coat of Arms of France (1804-1815).svg
Escudo de la distinguida dama.

CARTA
Todo pasó tan dolorosamente como un sueño. Un día inevitable el militar tenía que retornar a su país, y la princesa le envió como buen augurio y despedida un anillo tallado primorosamente en oro con un zafiro de Ceylan, pálido y grande. La carta cuya reproducción ven mis lectores dice, traducida así:
Mi querido señor:
Me siento feliz el poder ofrecer a usted, puesto que es coleccionista de reliquias, como me lo dijo usted ayer, la sortija de zafiro  que el Emperador Napoleón le envió a mi madre, su sobrina, dos meses antes de su muerte, en 1821, con ocasión de su compromiso con mi padre, sir Thomas Wyse. Esta sortija fue llevada por el Emperador, como las relaciones de Mr. Mansande y del General Monthollon lo constatan, durante el periodo de la última enfermedad.
No quitándosela nunca durante once años a  pesar de que el dedo meñique adelgazara mucho. La sortija le fue dada por María Luisa como un “porte bonheur”. Yo la pedí a mi madre al llevar a mi hijo a la pila bautismal, y mas tarde le di a mi marido, Mr. Ratazzi, en la época de su ministerio en 1867, para preservarlo de las asonadas que se producían cada día después del arresto de Garibaldi. 
Yo quiero ofrecer a usted como una prueba de simpatía y de mi amistad, un recuerdo que tiene para mí un valor moral muy grande y una supersticiosa influencia de toda suerte. Ojalá pueda preservarlo de los peligros y riesgos que usted encontrará en los azares de su vida accidentada. María  Leticia Bonaparte Wyse. Viuda de Urbano Ratazzi. 25 de Mayo de 1874.  (Páginas seleccionadas de las "Obras Completas" que pertenecen como autor al consagrado escritor y político, José Gálvez Barrenechea).

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