martes, 28 de febrero de 2017

EL ALMA PARADOJICA DE LIMA

Nunca como ahora se podría revelar el espíritu de esta ciudad, por cuanto la transformación cumplida, permite percibir, desde la cambiante y atrevida actualidad, el fondo evocativo. Su mejor decoro y su color más peculiar. Hasta hace poco tiempo Lima conservaba una fisonomía abiertamente colonial y en sus hábitos apacibles, señoriales y lentos, perduraban los aromas lontanos de jazmín y de sahumerio que le hicieron, en medidas peores, una ciudad conventual y galante.
Pero desde hace unos lustros un vertiginoso anhelo de mudanza le roba al discreto reposo de otros días y, precisamente por la contraposición, el observador curioso puede admirar,  como una antigua joya resaltante en una vitrina sin carácter, el pintoresco matriz sobreviviente.
Es por eso tan interesante la antítesis espiritual de esta ciudad alocada por modernizarse, y en ella domina sin embargo, una vieja alma la cual no quiere irse y la ronda. Felizmente la urbe tiene una leyenda y, para sus compromisos con el futuro, el blasonado abolengo dejado en miniaturas coloridas en las “Tradiciones” de ese mago cordial y amable llamado en la vida don Ricardo  Palma.
El, como un duende familiar, asoma en todos los rincones legendarios de la ciudad, cuyas consejas, canciones, refranes y donairosos decires recogió y fijó en inmortales azulejos, en días en los cuales, tal vez, por conservarse más pura la raigambre de lo arcaico, sólo el fue capaz de sorprender la veta áurea y fina ligadora del pasado.

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MERITO
Como la vida colonial persistía, la impresión poetizadora de lo ido, no era fácilmente perceptible para todos. De ahí el gran mérito del tradicionalista. No necesitó se esfumara el cantando ambiente para sentirlo y lleno de gracia, revelarlo.
Tuvo, como para el grande y verdadero poeta lo quería Emerson, el don insigne de adivinar la poesía de lo actual. Porque en los días de Palma estaba presente y actuante, pese a la forma y ropajes republicanos, el alma entera de la Colonia
Pero hoy, con el Tradicionalista han comenzado a irse, para no volver, seguramente, aquellas pintorescas costumbres, Hoy en vórtices de modernidad se ahogan los recuerdos y ya no hay casi tiempo para la divagación de los romanticismos y es mucho más fácil, por razón del contraste, advertir el desnivel y desequilibrio entre lo venido y lo fugado.
Parece, pues, llegada la hora de recoger lo limpio de prosaísmos y reforzado por el tiempo, lo que queda vibrando de aquella alma obsoleta perviviente y rondadora. Así creen entenderlo todos los capaces de traer alguna misión entre nosotros. Y éste con la pluma, ése con los pinceles, aquel con el lápiz, van rehaciendo los contornos y relieves de la fisonomía, entre pacata y tenoriesca, entre monjil y pícara, de la ciudad virreinal.

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Belleza evidente pocas veces vista

MOMENTO
Es tal vez, este momento,  el más típicamente restaurador de nuestra  vida. Mientras se hacen caer viejas casonas y descampar callejuelas retorcidas, se urbanizan huertas y a las armoniosas mansiones de laboradas rejas y balcones tallados suceden presuntuosas y desgarbadas armazones de varios pisos-como si a menudas majas reemplazaran secas y lasgas Misses.
Mientras el vértigo mercantilista cunde y destrozan y derrumban los signos materiales de la leyenda, damas y caballeros de buen gusto rehacen los interiores hogareños a la anchurosa manera antigua, regalándose las gentes con las sabrosas de la antañona  repostería y hombres de corazón hurgan en los escombros, escudriñan en los papeles de los empolvados archivos.
Con todo comienza a forjarse una literatura y un arte buscadores de autonomía y su modalidad específica en los tonificadores  zumos de los más viejos parrales. Pero hay algo más interesante. Paralelamente a la antinomia urbana, también se advierte una paradójica convivencia espiritual entre los apresurados atisbamientos de  vanguardia de los modernistas y las excursiones al pasado de los neorrománticos, quienes sin dar las espaldas al mundo de hoy, procuran una obra de reconstrucción en la cual quieren-novecentistas a su manera- hacer intervenir la documentación positiva de un lado y el sentido poético de la resurrección, de otro.
Nunca como ahora, se han marcado tan vivamente las oposiciones espirituales en nuestro medio. Porque nunca, con más acusado realce, ha podido observarse una mayor suma de curiosidad y de aventura. A unos lanza a inquirir la revelación en el ayer y a otros deriva hacia las interrogaciones angustiadoras del porvenir.

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La capital en la antiguedad.

POSTURA
Esta antagónica postura de nuestro espíritu en la cual, sin controversia ostensible todavía, contienden dos expresiones de inquietud juvenil, no se ha manifestado aún en organizaciones delimitadas ni tiene caracteres muy sectarios.
No todos lo han visto así y por eso, tal vez, no han chocado en debates caldeados aunque ya, y en agrio tono por desgracia, comienzan luchas y divisiones en las cuales se marcan netas posturas discrepantes. Hasta se da el tipo eclético.
Quizás sin saberlo, realiza en sí propio, la armonía de sus contradicciones, pues cogido por la poesía del medio, reconstruye el ayer y, contagiado a la vez por las anunciaciones augurales, comulga en las capillas discordantes y hurañas, donde sin expresados responsos todavía, hay el tácito acuerdo de desdeñar el pasado.
Pero, por lo mismo, aunque no tienen tonalidades dogmáticas de secta, los parvos agrupamientos intelectuales, van signándose por una inhospitalaria actitud individualista, la percepción de este estado no ha llegado a la conciencia colectiva y son pocos quienes ahondando en ella, la han advertido.

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Aires republicanos en la construcción limeña.

OPOSICION
Sin embargo, esa oposición puede servir al propósito generoso de una amplia labor reconstructiva. Nunca como hoy se ha sentido más agudamente la influencia del ayer y su penetrante poesía. Cuando adquieren forma los dispersos anhelos y entre nosotros pueda canalizarse la obra de organización restauradora.
Ello implicará que aparezcan los férvidos afanes renovadores en la caracterización del conjunto. El alma misma de la ciudad y del país conservará, con las más atrevidas y revolucionarias perspectivas, como seguro y venerable fondo de cuadro, el sentido nacional genuino-hijo de la naturaleza y de la historia. El cual dará color, aroma y personalidad a nuestra cultura. (Páginas seleccionadas de las "Obras Completas" que pertenecen como autor al consagrado escritor y político, José Gálvez Barrenechea.)

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