jueves, 25 de abril de 2019

CLARO...CLARISIMO

Un gran sector del país, conformado por grupos de peruanos evidentemente significativos en número, crujió de sorpresa, desasosiego y dolor luego de enterarse que había muerto por voluntad propia Alan García Pérez, el Presidente Constitucional del Perú en dos oportunidades: de 1985 a 1990 y del 2006 al 2011. Una cara de la moneda.
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La otra parte de la población, que también merece destacarse por representar efectivas corrientes de opinión, insistió en vejarlo y sentenció, sin tapujos ni consideración alguna: “Ha muerto un ladrón, en momentos que la justicia lo iba a capturar”. La otra cara de la moneda.
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Lo afirmado es la prueba obvia de la tremenda polarización que sobre el tema existe en el Perú, en estos tiempos de corrupción incesante y maligna. Dentro de este contexto, lo acertado y recomendable es que se continúe, a como dé lugar, en la lucha contra este flagelo y lacra, en la que están comprometidos una buena cantidad de personas sin escrúpulos.
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Ello en términos normales y sin exageraciones. Por ejemplo, las detenciones provisionales son poco convincentes y, muchísimas veces, completamente injustas. Lo oportuno es tener un debido proceso, investigar, condenar e ir a la cárcel, si uno es culpable. De ninguna manera al revés.
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Entonces, como hecho concreto, lo del encarcelamiento a Pedro Pablo Kuczynski es una barbaridad de tomo y lomo. Los 80 años que tiene y la enfermedad cardiaca que sufre lo impiden por completo. Si pueden auscultar legalmente que hay y, si encuentran algo ilícito, evidentemente condenar. Esto último es lo correcto. Lo otro, una aberración total.
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No hagan sufrir a un personaje que ha servido al país y está al final de la vida, queriendo ponerle grilletes en la cama de la Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica Americana o, lo que es peor, mandándolo 36 meses a la cárcel. ¡Qué siniestras son estas actitudes! De entrada y de salida, completamente inhumanas.
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Evitemos los barrotes, cuando ni siquiera se ha escudriñado plenamente. Nos estamos refiriendo al proceso y al campo penal donde la investigación es una necesidad primordial. Precisamente, esto es lo que también quisieron hacer con Alan García. No hay derecho, bajo ningún punto de vista. 
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Muchos definen al suicidio como la suprema cobardía. Pero otros, por el contrario, afirman que es la suprema valentía. Evidentemente que para García fue un acto de coraje. La decisión de morir de pie, sin derrota alguna. Ni menos grilletes en las manos. Un encuentro con la libertad para evitar que lo vejen.
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A nosotros los peruanos que, el acto en sí, nos sirva de reflexión verdadera. Recordemos que son necesarios los partidos políticos para la consolidación de la democracia y la salvación del país. Qué bueno sería que el Apra vuelva a florecer en olor a multitud.
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Que haya diversas agrupaciones de este tipo, de variados pensamientos y doctrinas. Con miras a que los ciudadanos escojamos quienes nos gobiernen Que el Poder Judicial y el Ministerio Público efectivamente administren justicia, sin trampa alguna. No regresemos al pasado oscuro de las dictaduras y los extremos. Ni menos a los abusos permanentes y consuetudinarios.
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 Lo que está ocurriendo en el Perú es una situación insana que causa serios daños y que debe acabar, a como dé lugar, para que vuelva a imperar en el suelo patrio la normalidad. La misma que efectivamente nos lleve al progreso y bienestar que necesitamos a gritos. Tarea a realizarse. Meta que, de todas maneras, debe alcanzarse.
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Mientras tanto, hay verdades por decir. En primer lugar, lamentamos la muerte de García que, efectivamente, fue uno de los más hábiles políticos de los últimos tiempos. Con una oratoria impecable y de polendas. Al mismo tiempo, una habilidad indiscutible para manejar este tipo de actividades de índole pública. Todo esto ni siquiera puede ponerse en duda.
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Cierto es también que García Pérez vivió, casi siempre, alejado de la ética y la moral. Su honestidad y honradez han sido vulnerables y dicen, como hemos visto sin pruebas concretas, que es uno de los más grandes pillos de la Historia del Perú.
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Hay criticas implacables en contra de la forma que escogió para fallecer. Nadie en su sano juicio recurre al suicidio. Efectivamente que los enjuiciamientos son de valor.  El problema está que la forma de expresar tal desacuerdo por parte de la gente sí que vulnera, por completo, los sentimientos humanos que tienen la obligación, por donde se le vea, de ser apropiados. Lo contrario, de ninguna manera, se debe permitir. 
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Tenemos que comprender que se ha quitado la vida un hombre enteramente polémico, el mismo que cosechaba, con suma facilidad, simpatías implacables y antipatías totales. No poseemos ningún derecho de interpretar que se trató de un hecho cobarde o de un acto heroico. Si recordar que esta persona, tan especial, fue dos veces mandatario de la nación elegido por el pueblo.
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Tampoco se puede afirmar, sin prueba alguna de por medio, que este político se escapó de la justicia y por eso se mató. Garcia estuvo, hasta el final, sin delito de por medio comprobado. Lo acusaron, sin pruebas fehacientes, ni condena de por medio.
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Cabe recordar que la investigación del Ministerio Pública recién había comenzado.  Era acusado por supuestos delitos de lavado de activos, tráfico de influencias y colusión. Mientras tanto, sí que sobraban- a montones- los comentarios morbosos, los excesos continuos, los chismes y las suposiciones, de un modo u otro, que a ningún buen camino conducen.
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En efecto, después del balazo en la sien derecha en las redes sociales y los WhatsApp, circularon fotos de un Alan con el torso desnudo postrado en una camilla con tubos y otros implementos médicos vulnerando, por completo, la privacidad a que tiene cualquier persona. Respetemos el pudor de las gentes y el dolor de la familia García. Verdaderamente, como colectivo humano, no seamos tan salvajes.
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Mito, genialidad y realidad. Eso es lo que fue este personaje a lo largo de su vida. Sus últimos días los pasó mal. En una de sus peores crisis de aceptación. La opinión pública con las consabidas encuestas y los entendidos en estas lides, lo registraron con la popularidad en el suelo y muy pero muy baja. Contraste total de su variada vida política.
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Completamente diferente a sus épocas de triunfador nato. Como cuando fue elegido Constituyente con una alta votación en 1978. Luego diputado por Lima hacia 1980 y. cinco años después, mandatario de la nación con una popularidad total, superando la valla del 50% del total de los votos emitidos.
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A tal punto de apoyo que su rival, el representante de la izquierda, Alfonso Barrantes Lingán, renunció a disputar la segunda vuelta que exigía la Constitución y así el líder fue declarado ganador inobjetable. El candidato, cuando ocurrió esto, tenía tan sólo 35 años y se convirtió en el primer presidente aprista, desde la fundación de su partido. 
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Ahora bien, su primer gobierno sí que fue catastrófico. Nos dejó peor que la guerra con Chile, con una inflación anual galopante de más del 6 mil%, hipotecados por nuestros cuatro costados y debiéndole a Pedro, Juancho, Martin, la banca internacional y al chino de la esquina. Además de otras veleidades llenas de fracaso. En el segundo, entre el 2006 y el 2011, se reivindicó e hizo una gestión normal y aceptable.
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De 1985 a 1990, un recrudecimiento de los embates del terrorismo se registró de forma desmesurada. También ocurrieron actos de corrupción que involucraron a gentes del régimen. Esto dio lugar a un gran descontento social, en todas las capas de la sociedad peruana. A la caída del régimen fujimorista, García retornó al país para postular en el 2001. Sin embargo, fue derrotado por Alejandro Toledo. En este gobierno, del 2001 al 2006, fue el líder de la oposición.
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Triunfó en las elecciones del 2006 al derrotar a Ollanta Humala, representante en esa oportunidad de la Unión por el Perú (UPP), durante la segunda vuelta de los comicios. Su segundo periodo se caracterizó por el inicio de importantes obras económicas y la reestructuración de las relaciones económicas con los Tratados de Libre Comercio (TLC). No obstante, también fue acusado por actos de corrupción.
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Pero si mantenía su popularidad.  A escasos días de culminar su mandato constitucional, En julio del 2011, su segunda gestión era aprobada por el 42% de los peruanos, recuperándose de su nivel más bajo-19%-, alcanzado en setiembre del 2008. Muchos años antes, la Corte Suprema de la República declaró prescritos los delitos que se le imputaron al final de su primer mandato, Todos relacionados con el robo, las manos en movimiento y las uñas largas…
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Mucho antes, hacia 1973 se casó con Carla Francisca Buscaglia Castellano con quien, dos a años después, tuvo su primera hija: Carla García Buscaglia, hoy periodista y comentarista de medios. Intima de Humberto “Beto” Ortiz Pajuelo: el conductor de televisión y columnista de periódicos.
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Una segunda hija, Josefina, tuvo con Pilar Nores, pariente directa de prominentes profesores de la Universidad de Córdova de Argentina, con quien-dicho sea de paso- contraería matrimonio en 1983. Hasta su separación el año 2008. Antes tuvo un hijo, Federico Dantón, que ahora tiene 14 años, con  su pareja hasta su muerte: la economista Roxanne “Cuqui” Cheesman Rajkovic. Los otros hijos son: Alan Raúl Simón, Luciana Victoria y Gabriela del Pilar García Nores.

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En 1995, el Congreso del Perú volvió a acusar al ex presidente de haber recibido sobornos de parte del consorcio italiano Tralima, para la construcción del Tren Eléctrico de la capital. Esto no prosperó y Alan con su familia se trasladó a vivir de Colombia a Paris (Francia).

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Durante los años de 1991 al 2000, el líder aprista dejó de participar en la política peruana, salvo en la publicación de algunas obras sobre su primer gobierno y denunciando, según decía, las violaciones de los derechos humanos que cometió el gobierno de Fujimori. No regresó al país hasta el 2001, cuando ya habían prescrito los delitos relacionados a las denuncias por corrupción de su gobierno.
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Su llegada se registró, exactamente, el 27 de enero del 2001. Postuló a la Presidencia de la República el mismo año, cuya elección se dio el 8 de abril. Comenzó con 2% de aceptación, pero día a día fue aumentado hacia arriba. Hasta que pasó, en segundo lugar, a la segunda vuelta para disputar el poder con Alejandro Toledo.
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Había logrado 2 millones 732 mil 857 votos (25.78%) frente a los 3 millones 871 mil 167 del hombre de la chacana que ocupó el primer lugar con el 36.51. En el ballotage, ganó este último que obtuvo más del 53%.
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Durante el gobierno de Toledo, García se dedicó a la enseñanza en la Universidad San Martin, ayudado por su amigo el Rector, José Antonio Chang Escobedo. El líder aprista participó en el paro organizado por la CGTP, llevado a cabo el 14 de Julio del 2004. Allí en la concentración pateó, por la espalda, al ciudadano Jesús Lora. El hecho fue registrado por la prensa y se desató un escándalo político sin precedentes.
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García siguió persiguiendo, por segunda vez, la Presidencia de la República. La ambición era permanente y el objetivo lo consiguió, en los comicios del 2006, cuando presentó una plancha presidencial encabezada por él y conformada por el Almirante Luis Giampietri Rojas (Primera Vicepresidencia) y por la arequipeña Lourdes Mendoza del Solar ({Segunda Vicepresidente). Ambos vicepresidentes consiguieron escaños parlamentarios.
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Los comicios fueron ganados, en segunda vuelta, a Ollanta Humala. En la primera dejaron de lado a Lourdes Flores Nano, a quien Alan bautizó como la candidata de los ricos. A la ceremonia de transferencia del poder asistieron nueve mandatarios de países amigos.
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La gestión de García comenzó el 28 de Julio del 2006. presentando numerosos proyectos de ley y decretos supremos que reducían el salario de los cargos políticos. Se anunció que se reanudaría la homologación de gastos militares con Chile.
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La política económica de su segundo gobierno fue de corte enteramente liberal, sin cometer los errores del primer periodo. Así se continuó con la política de este tipo iniciada por Fujimori, allá por 1990.  Las medidas de austeridad emprendidas permitieron un importante ahorro fiscal. Las reservas internacionales del Perú alcanzaron un record histórico.

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El incremento del Producto Bruto Interno (PBI), en el 2006, fue de casi el 8% y para los dos años siguientes, bordeó el 9%. El 2009 se creció en 1,12% y el 2010 se elevó a 8,78%., según las cifras del Banco Central de Reserva (BCR)
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 En promedio, el PBI creció, durante los cinco años, en 7,2%. A pesar de la proyección inicial de 5,3%. Indudablemente, los precios internacionales de los metales fueron los principales responsables de ese crecimiento. En buena cuenta, Garcia aquí se afianzó. Todo lo contrario, a lo que hizo en su primer gobierno.
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La caída de popularidad vino después y se agravó en las elecciones del 2016 cuando registro, como candidato presidencial, votos que llegaron a un mínimo del 5.8%. Exactamente por la pata de los caballos. De allí volvieron a venir las acusaciones, las idas y vueltas de España al Perú, la prohibición de salir del país, y el fracasado pedido de asilo en la Embajada de la Republica del Uruguay. 
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 El comienzo del fin. Hasta que llegó el suicidio con el balazo en la sien. Lo habían ido a buscar, a su casa de Miraflores, las autoridades para hacer efectiva la prisión preventiva. Había de por medio desembolsos de Odebrecht a sus amigos Luis Nava, César Atala y los hijos de ambos. Se decía, sin prueba alguna, que esa plata mal habida, más de 4 millones de dólares, era para el político aprista.

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Con todo lo expuesto se prueba que este gobernante, el que hace poco se quitó la vida, tuvo grandes logros de gobierno. También errores garrafales y tremendos. Pero, además, le atribuyeron actos ilícitos nunca comprobados. Creemos que, si pasará a la historia con lo bueno, lo malo y lo feo que hizo (Noé)

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