martes, 16 de abril de 2013

CHURCHILL ASUME EL PODER

Cualquiera que sea vuestros reconocimientos, habéis permanecido demasiado tiempo sentados aquí. Idos, os lo ruego, y acabemos de una vez. En nombre de Dios, idos”. Estas famosas palabras -la imperiosa petición de Oliverio Cronwell al “Parlamento Largo”- resonaron de nuevo en la Cámara de los Comunes el día 7 de Mayo de 1940. Esta vez fueron dirigidas por Leo Amery al Primer Ministro Neville Chamberlain, en el curso del debate que había solicitado la oposición después de la desastrosa campaña de Noruega y que estaba destinado, por las críticas suscitadas en ambos sectores del Parlamento, a derribar el prestigio del Gobierno. Chamberlain fue atacado duramente no sólo por los laboristas y liberales, sino también por los miembros de su propio partido.
El debate continuó al día siguiente y Chamberlain se vio obligado a aceptar lo que en realidad constituía un voto de censura. Herbert Morrinson declaró que la oposición estaba dispuesta a recurrir al voto y el Primer Ministro aceptó el desafío, rogando a sus amigos que se pusieran de su parte. Pero aquellos amigos no podían persistir indefinidamente en una actitud de lealtad que se había desarrollado en un periodo de paz y prosperidad-ahora estaban en guerra-, pues lo primordial era que el Gobierno contase con los hombres más capacitados de todos los partidos políticos. Incluso sus amigos no podían hacer otra cosa que dar su voto a los hombres que  estuvieran más a la altura de la situación.


Sir Winston Churchill con su inseparable puro

ANIMO
Contestando a la débil apelación de Chamberlaín, Lloyd George resumió con estas palabras el estado de ánimo de todo el Parlamento: ”No se trata de determinar quiénes son los amigos del Primer Ministro. Lo que se pone en juego es algo mucho más importante. El ha apelado al espíritu de sacrificio. El país está dispuesto a aceptar cualquier sacrificio mientras tenga verdaderos jefes, mientras el gobierno muestre claramente cuáles son sus objetivos y mientras el país esté seguro de que quienes le guían están haciendo todo cuanto pueden… Yo sostengo solamente que el Primer Ministro debería dar ejemplo de espíritu de sacrificio, pues nada puede contribuir tanto a la victoria en esta guerra como su renuncia al cargo que ocupa”. La propuesta de que Chamberlain abandonase el cargo fue el primer discurso inflamado que pronuncio Lloyd en el Parlamento.
Winston Churchill a la sazón primer Lord del Almirantazgo, se había ofrecido para cerrar el debate “no solo por lealtad hacia el jefe… sino también por el papel extraordinariamente importante que he desempeñado en el empleo de nuestros inadecuados recursos durante el desdichado encuentro de socorrer a Noruega. Churchill declaró estar de acuerdo con las críticas que había levantado la oposición contra el gobierno, pero dijo también que estaba convencido de que solamente él y unos pocos más que habían luchado contra el pacifismo prebélico, tenían derecho a censurar al Primer Ministro. El, pues, le defendió y atacó a la oposición desencadenadlo un tumulto mayor aún. Más de 30 conservadores se pusieron al lado de la oposición laborista y liberal en la votación, mientras que los restantes 60 se abstuvieron. Por lo tanto, el Gobierno que tenía un margen de 81 votos, fue vencido.

CHAMBERLAIN
Ahora a Neville Chamberlain le correspondía  actuar de acuerdo con las intenciones del Parlamento y, sensatamente, consideró oportuno que el país tuviese un gobierno de unidad nacional, con la participación de todas las fuerzas llamadas al servicio de la causa común. El 9 de Mayo convocó en Downing Street a Churchill, a Lord Halifax y a los jefes de la oposición laboralista, Attlee y Greenwood. Después de exponerles esquemáticamente su proyecto para la constitución de un gobierno de unidad nacional, Chamberlain solicitó ser aceptado por los laboristas como jefe de la coalición. Attlee y Greenwood declararon que no podían comprometerse a dar una respuesta precisa, pero dieron a entender que la decisión- que se tomaría en el Congreso del partido- sería desfavorable. Chamberlain se dio cuenta entonces de que, para hacer posible la formación de un gobierno de unidad nacional, el debía quedar al margen del mismo. A su juicio únicamente había dos hombres que, por sus cualidades, merecerían el respeto de todos los partidos. Winston Churchill y Lord Halifax.

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Chamberlain

A la mañana siguiente se produjo un cambio total en la política. El Ejército alemán atravesó por diversos puntos las fronteras holandesa y belga. Las alarmantes noticias indujeron a Chamberlain a creer que su deber era permanecer en el puesto, pero su mejor amigo, sir Kingsley Wood, le convenció de que, ante los rápidos cambios de la situación bélica, era más necesario que nunca un gobierno de unión nacional. Entonces Chamberlain convocó de nuevo a Churchill y a Lord  Halifax en Downing Street.
COLOQUIO
Para Churchill se trataba de una gran ocasión y en efecto, luego describiría aquel coloquio como uno de los más importantes de su vida. Silencioso y tenso escuchó al Primer Ministro mientras exponía la situación. Chamberlain se mostraba favorable a Lord Halifax, considerando que la áspera polémica sostenida dos noches antes con los laboristas privaría a Churchill del apoyo de éstos. Pero Halifax consideraba que un par no podía desempeñar de modo satisfactorio las funciones de Primer Ministro y, por consiguiente, se ofreció el cargo a Churchill. Este aceptó, pero con la condición de no establecer contacto con los partidos de oposición antes de haber recibido del Rey el encargo de formar un gobierno como líder de su partido. Después como Primer Ministro conservador, llamaría a los laboristas y liberales para que formasen parte del gobierno.

Los periodicos informan sobre la conflagración

Cuando EL Rey pidió a Churchill que formase un nuevo gobierno, no especificó que fuese de unión nacional. En sus memorias, Churchill escribió: “Tuve la impresión de que formalmente el cargo que me habían confiado no dependía de este punto. Pero teniendo en cuenta lo que había sucedido y las circunstancias que llevaron a la dimisión a Chamberlain, la situación requería claramente un gobierno de unión nacional. Si me hubiera sido imposible llegar a un acuerdo con los partidos de la oposición, nada me habría impedido, desde un punto de vista constitucional, intentar constituir un gobierno lo más fuerte posible, llamando a formar parte del mismo a todos aquellos que en la hora del peligro demostrasen querer ayudar al país. Dije al Rey que consultaría inmediatamente a los partidos Laborista y Liberal y que pretendía formar un gabinete de guerra de cinco o seis ministros y esperaba presentarle al menos cinco nombres antes de medianoche. Después de lo cual me despedí y regresé al Almirantazgo”.
UNION
No había transcurrido una hora desde que Churchill dejara al Rey cuando los partidos de la oposición le comunicaron que aceptaban su designación. Los partidos Laborista y Liberal participarían en el Gobierno y Churchill propuso que se les asignase más de un tercio de los puestos disponibles, con dos ministros en el Gabinete de Guerra. En su mente ya tenía los nombres de aquellos a quien confiaría los diversos cargos-Bevin, Alexander, Morrison y Dalton- y pensaba además que debía incluir a Lord Halifax quien conservaría su cargo de Ministro de Asuntos Exteriores. Decidió asimismo nombrar Service Ministers (Ministros de las Fuerzas Armadas), cargos que consideraba absolutamente indispensables: Eden, en el Ministerio de Guerra, Alexander en el Almirantazgo y sir Archibald Sinclair, jefe del partido Liberal, en el Ministerio del Aire. Churchill asumió el cargo de Ministro de Defensa “pero sin intentar definir el ámbito de competencia o los poderes“. Aquella noche Chamberlain comunicó por radio que había entregado su dimisión y pidió al pueblo que apoyara a su sucesor.


La Batalla de Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial

Así, el día en que los alemanes, repitiendo de un modo más esmerado el viejo plan de von Schlieffen de la Primera Guerra Mundial, invadían los Países Bajos, iniciando su avance hacia la costa francesa, era nombrado Primer Ministro uno de los pocos hombres que habían previsto en Inglaterra esta eventualidad.
ALIVIO
Después de los acontecimientos de aquel día, Churchill escribió: “Experimentaba una profunda sensación de alivio. Finalmente tenía autoridad para dirigir toda la escena. Sentía como si estuviese caminando con el destino, como si toda una vida anterior no hubiera sido otra cosa que una preparación para aquella hora y aquella prueba. Diez años de vida política, en el curso de los cuales nadie había escuchado consejos, me liberaron del  habitual  antagonismo de partido. Las advertencias que había lanzado en los últimos seis años eran tan numerosas y detalladas y su fundamento estaba tan terriblemente demostrado por los hechos, que nadie podía contradecirme. No podían acusarme  ni  de hacer la guerra ni de haber aconsejado que el país se preparase para ello. Creía saber muchas cosas al respecto y estaba seguro de triunfar. Así, aunque esperase con impaciencia la mañana, dormí profundamente y no tuve necesidad de sueños reconfortantes. La realidad es mejor que el sueño. (Sacado, editado, resumido y condensado de la Revista "Asi fue la Segunda Guerra Mundial")

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