miércoles, 18 de febrero de 2015

ANTONIO CISNEROS: EL POETA DE LA VIDA

La calificación exacta de su desempeño intelectual  lindó con precisión en ser, definitivamente, un personaje completamente  especial. Enteramente vibrante, singular y, sobre todo, brillante en cuanto a capacidades se refiere.  Por eso mismo, un poeta de los más destacados  de mediados del siglo XX para adelante, perteneciente a la famosa e irrepetible “Generación del 60” de la Literatura peruana integrada por indiscutibles vates  como: César Calvo, Javier Heraud, Reynaldo Naranjo, Mario Razzeto, entre otros. Multifacético, entretenido, bohemio empedernido.  Ganador de infinidad de premios a nivel nacional e internacional. Talentoso profesor universitario. Un mérito impecable e inigualable hasta ahora sin haber sido superado: el que más ha publicado y uno de los más reconocidos y renombrados de este grupo realmente excepcional. (En el archivo de este mismo blog pueden ver las semblanzas biográficas de Calvo, Heraud y Razzeto de fechas 23 de Agosto del 2012, 13 de Octubre del 2011 y 26 de Diciembre del 2012, respectivamente).
 Los grandes hombres nunca son olvidados y por eso, precisamente, Antonio Alfonso Cisneros Campoy, más conocido por  sus  familiares y amigos como “Toño”, vive para siempre en la inmensidad de su obra de gran valor. Lo llamaron,  con precisión y justicia, “el poeta  que amaba la vida”. No obstante de que se fue de este mundo, por una penosa enfermedad de cáncer pulmonar casi al cumplir los 70 años, un  6 de Octubre de 1912.

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Antonio Cisneros poeta de la generacion del 60.

ADJETIVOS QUE CALZAN
 Tenía una dicharachera bondad. Bebedor de cerveza y “whisky doble para que parezca triple”, como decía socarronamente, a cada rato y en toda ocasión. La  fama literaria le importaba un pepino.  Lo dijo, con desparpajo, infinidad de veces. Si  le interesaba por entero su esposa, “la negra” Nora  Luna, sus hijos: Diego, Soledad y Alejandra. Especialmente, sus nietos que se convirtieron en los más admirados y engreídos por el corazón grande del abuelo con babero. Amante del futbol, hincha acérrimo del Sporting Cristal y de la gastronomía cuando no estaba de moda como ahora.
 Hombre de humor imbatible y grandes carcajadas. Lo veían constantemente en los bares limeños, o en los pasillos de las universidades,  presto a dictar clases. Pero también en las redacciones de los periódicos donde, evidentemente,  tuvo nombre propio.
Muchísimos adjetivos le caen como anillo al dedo y lo definen exactamente. Extrovertido, divertido, curioso, cariñoso, generoso, riguroso, religioso, amistoso, familiar, pragmático, intuitivo, sensitivo, báquico, tabáquico, incansable, elegante y, si era el caso, punzante. Además de cosmopolita y peruanísimo. Pues conocía bien el ancho mundo y el diverso Perú.
Muy sentimental, no sensiblero. Había pasado de las ilusiones de la “década prodigiosa” a las desilusiones posteriores, con un estricto sentido de la realidad, ángel, como diría Martín Adán, que lo guiaba de continuo.
CATEDRATICO
Figura alta y esmirriada. Se le observaba, en su juventud, en la Plaza Francia, en el Patio de Letras de la Católica. En los cines Clubes, en Punta Negra, el balneario  frente al mar intensamente azul y de oleaje persistente. También en el Bar “Juanito” de Barranco. En el “Wantán” y “El Palermo” del centro de Lima hablando, bebiendo, armando despelotes. De esos, que al día siguiente, ninguno se acuerda por la cantidad exuberante  de determinado líquido elemento.
 Nadie, absolutamente nadie lo cambió a Cisneros y así fue durante su fructífera vida, mezclada con trabajo intenso y responsable. No es paradójico, pura realidad. Tan sólo que vivió con intensidad plena.
Nació en Lima el 27 de Diciembre de 1942. Poeta, periodista, cronista, guionista, catedrático y traductor. Estudió en las universidades Católica y en la de San Marcos. Se doctoró en Letras en 1974. Hizo sus estudios de postgrado en Gran Bretaña y ejerció posteriormente la cátedra en las universidades de Huamanga y la última del Perú que es la más antigua de América, con sede en Lima.
También en prestigiados centros superiores de afuera en Budapest, Hungría, Berkeley y Virginia,  Estados Unidos, Southampton de Inglaterra y Niza en Italia. Simultáneamente  desarrolló una ardua labor periodística, habiendo dirigido varias revistas y suplementos, entre ellos,” El Caballo Rojo” del diario de “Marka”, “30 días” y “El Buho”.

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En plena juventud.

PREMIO
Cuando apenas tuvo 26 años y su obra la formaban sólo tres libros de poesía, “Destierro”,“David” y Comentarios Reales, recibió uno de los más preciados galardones en lengua castellana, el Premio Casa de las Américas de Cuba, por su publicación “Canto Ceremonial contra un Oso Hormiguero” en 1968. A partir de ese hecho, su difusión internacional y la consiguiente fama. De allí para acá su obra creció a la par que su importancia literaria.
A continuación el poema  de dicho canto sobre “Jonás y los Desalineados”: Si los hombres viven en la barriga de una ballena/ sólo pueden sentir frio y hablar/de las manadas periódicas de peces y de murallas/oscuras como una boca abierta y de manadas/periódicas de peces y de murallas/oscuras como una boca abierta/y sentir mucho frío.
Pero si los hombres no quieren hablar siempre de lo mismo/trataran de construir un periscopio para saber/ como se desordenan las islas del mar/ y las demás ballenas- si es que existe todo eso/ Y el aparato ha de fabricarse con las cosas/que tenemos en la mano y entonces se producen/ las molestias, por ejemplo/ si a nuestra casa le arrancamos unas costillas/perderemos para siempre su amistad/ y si el hígado o las barbas es capaz de matarnos/ Y estoy por creer que vivo en la barriga de alguna ballena/ con mi mujer, Diego y todos mis abuelos.
BECARIO
Fue becario de la Fundación Guggenheim de Nueva York. Ganó el Premio Nacional de Poesía del Perú “José Santos Chocano”.  Además el denominado “Rubén Darío” (Nicaragua, 1980), el  “Parra del Riego” (Montevideo, 1990), el de COSAPI de Lima Perú a la Innovación (1997).
Asimismo el “Gabriela Mistral”, otorgado por la Organización de Estados Americanos (2000), el Iberoamericano de Letras “José Donoso” (Chile, 2004) y el de Poetas del Mundo Latino “Víctor Sandoval” (2009). El de Southern a poco de morir. Fue distinguido con el grado de Caballero de la Orden de la Artes y las Letras de la República Francesa (2004).
Sus obras  publicadas en inglés, francés, alemán, holandés y húngaro. Un gran número de sus poemas  traducidos al italiano, portugués, sueco, danés, finlandés, rumano, turco, griego, japonés, serbio, chino y ruso. Hizo periodismo en prensa escrita, radio y televisión. Hasta que falleció  Director del Centro Cultural Inca Garcilaso del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú.
Las Salinas: Yo nunca vi la nieve y sin embargo he vivido entre la nieve toda mi juventud/ En las salinas donde el mar no termina nunca y las olas eran dunas de sal/ en las salinas donde el mar no moja pero pinta./Nieve de mi juventud prometedora como un árbol de mango/Veinte varas de sal para cada familia de cristianos. Y aún más./ Sal que los arrieros nos cambiaban por el agua de lluvia. Y aún más/ Sal que los arrieros nos cambiaban por el agua de lluvia/ Y aún más/ Ni sólidos ni líquidos los blanquísimos bordes de ese mar/Bajo el sol de Febrero destellaban más que el flanco de plata del lenguado/
HUAMANGA
 (Y quemaban las niñas de los ojos)/ A veces las mareas-hora de sol hora de la luna- se alzaban como lomos de caballo/Más siempre se volvían/Hasta que un mal verano y un invierno las aguas afincaron para tiempos/Y ni rezos ni llantos/pudieron apartarlos de los campos de sal/ Y ahora levanto techo. Ahora que ya enterré a mi padre y a mi hermano mayor y mis hijos están pronto a enterrarme/han vuelto las salinas altas y deslumbrantes bajo el sol/ Hay también unas grúas y unas torres que  separan los ácidos del cloro/ (ya nada es del común).
Y yo salgo muy poco pero Luis el hijo de Julián me cuenta que los perros no dejan acercarse./ Si parece mentira/Mala leche tuvieron los hijos de los hijos de la sal/Puta madre/ Que de perros habrá para cuidar los blanquísimos, los blanquísimos campos donde el mar/no termina y la tierra tampoco/ Que de perros, Señor, que oscuridad.
Enseñó en la Universidad San Cristóbal de Huamanga, reabierta en 1959, después de 80 años de clausura total. La reapertura del centro estudiantil fue un verdadero acontecimiento cultural, social, político.


Los poetas Cisneros, Sologuren, Sanchez Leon, Blanca Varela y otros,

PROFESORES
Contratados catedráticos de primer nivel, tanto nacionales como extranjeros. Todas las provincias ayacuchanas y buena parte de estudiantes provincianos radicados en Lima, volvían a ver con mucha atención a Ayacucho.
Pasaron por sus aulas, entre otros, Julio Ramón Ribeyro (escritor), Juan José Vega (historiador), Luis Guillermo Lumbreras (arqueólogo), Oswaldo Reynoso (escritor), Miguel Gutiérrez (escritor), Luis Millones Santa Gadea (sociólogo), Manuel Baquerizo (escritor) Josafat Roel (etnomusicólogo), Hernando Cortés (director de teatro), Marco Martos (poeta), Enrique Moya Bendezú (ingeniero), Jorge Acuña Paredes (mimo), Maynor Freyre Bustamante (escritor periodista).
Asimismo Tom Zuidema (historiador, antropólogo holandés), John Earls (científico, antropólogo, lingüista australiano, gran guitarrista, cantor de huaynos en quechua que se acompañaba en sus clases con un reloj despertador para no “perder ni ganar un segundo” y vivía en una iglesia abandonada.
Cisneros llegó a Ayacucho en 1964 junto con sus amigos del alma, Javier Montori y Hernando Núñez Carvallo,  para conocer la ciudad y admirar la famosa Semana Santa. Enterados de la llegada del joven poeta limeño, algunos catedráticos lo invitaron a la universidad y después de una amplia conversación lo convencieron para enseñar en ella.
Después del Domingo de Resurrección, el vate retornó a Lima para arreglar papeles e iniciar la actividad académica. Regresó a  Ayacucho y durante dos años enseñó en la Universidad, con mucho ahínco.
DIVINIDAD
El dramaturgo, Hernando Cortés, contó haber dirigido una pequeña obra de teatro escrita en esa ciudad por el insigne visitante. El sainete estaba ambientado en Huamanga, la ciudad que lo acogió con entero cariño de parte de sus habitantes.
En  “El Libro de Dios y de los Húngaros” (1978), torna  sus pasos desde la simplicidad cotidiana a un abrupto encuentro con la divinidad. En su poesía se trenzan grandes interrogantes y las más elementales situaciones mundanas. Así lo señalan los conocedores y entendidos.
1974. Llueve sobre Budapest. El poeta, con los ojos alfilereteados por la humedad, debe optar entre una cantina y el magnífico templo que asoma a la distancia. Por alguna extraña razón que no logra precisar, penetra en el recinto sagrado.
La misa es oficiada en húngaro. El escritor no la entiende y no necesita entenderla porque, insospechadamente, advierte de la presencia de Dios que lo invade como una iluminación sin palabras.

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Con una de sus hijas.

INQUIETUD
En apariencia y con los modos y giros propios, Cisneros fue objeto, a confesión propia, de una suerte de arrobamiento sobrecogedor. A distancias de la simbología y la experiencia religiosa de Teresa de Avila y de San Juan de la Cruz, el poeta, sin las cumbres de la devoción de aquellos, tocó el tema religioso como una inquietud.
En dicho libro nos aproxima a aquel viejo encuentro en la Budapest de su reconversión: Toño describe el ambiente de aquella noche y los goterones que lo asaltan en medio de una calzada: “Llueve entre los duraznos y las peras/ las cáscaras brillantes sobre el río/ como cascos romanos en sus jabas/ Las frutas son la ofrenda que el extraño recoge para su consagración religiosa y la lluvia el elemento purificador que lo lava”.
Luego es determinado a ir tras aquella sutil luminiscencia que lo llama. En realidad, el poeta, confundido entre vocablos extraños que lo perturban, ha abandonado por entonces la escritura. Escribe apenas versos en los boletos de tranvías y en papeles menudos.
Sólo cuatro años más tarde, recordando aquella “revelación” en Hungría trazará los siguientes versos: “El sacerdote lleva el verde de Adviento y un micrófono/ignoro su lenguaje como ignoro/ el siglo en que fundaron este templo/Pero sé que el Señor está en su boca”.
PRETEXTO
Varios años después, Cisneros dirá que su fe no era la del carbonero ni la del religioso deslumbrado, “sino un pretexto para expresar su relación con el mundo”. Sin embargo, el poema rebasa tales explicaciones ulteriores, pues el poeta rompe el cerco de la incomunicación y el anonadamiento, bate el idioma y torna aquel instante en una experiencia trascendental, mística, única. Quebrada la barrera lingüística percibe a la divinidad en la boca del sacerdote. La alusión al pentecostés sobresalta hasta al menos crédulo.
La súbita exaltación de aquel día de 1974 operó en unos versos que lindan con la oración más concentrada: “Porque fui muerto y soy resucitado,/ loado sea el nombre del Señor/sea, el nombre que sea bajo esta lluvia buena”.
En “Las Inmensas Preguntas Celestes”, según los entendidos y críticos literarios, Cisneros se detiene en una atmosfera que le es familiar, desciende desde las encumbradas certidumbres hasta las más elementales dudas y los más disimulados “quites”, a aquellas exploraciones que le resulten incomodas.

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Tapa de uno de sus famosos libros.

METAFISICA
No se crispa, evade:   “A las inmensas preguntas celestes/ no tengo más respuesta/que comentarios simples y sin gracia/sobre las muchachas/que viven por mi casa/cerca del faro y el malecón Cisneros./ Y no pretendan ver/ en la cháchara tonta esa humildad/ de los antiguos griegos. Ocurre apenas/ que las inmensas preguntas celestes/ sacan a flote/ mi desencanto y mis aburrimientos […]”.
  El poeta  se percibe  al final, ante la descomunal metafísica religiosa, no más que como “el zancudo  en las postrimerías de la tarde, haciendo tiempo mientras “llega la hora de oficiar sus pompas funerarias”. Cisneros cede, abierta y confesamente, ante los abrumadores enigmas.
Más adelante, en “Un Crucero a las islas Galápagos”, el poeta tiene algunas exaltaciones marianas, ávido de una vejez “sabia y serena repleta de gaviotas” clama, con expresión terrestre, a la madre del crucificado: “Tan sólo que te fuiste en cuerpo y alma al reino de los cielos/. Muerto tu hijo Jesús, la historia dejó de registrarte/. La gárgola, que todo lo devora,/ te cobra media entrada en los teatros/ y te concede algunos privilegios en el bar”.
El artista tocó la sencillez de lo rústico y lo sublime de las alturas de una inefable devoción. Su poesía estaba emparentaba con la vida que le tocó, una diversidad de perspectivas, voces y aspiraciones terrenas y no terrenas.


En distintas épocas y años.

BUENA GENTE
 Era tal como, hace algunas décadas manifestó que esperaba que lo recuerden: “una persona buena gente que sabía hacer un poco de todo”. Para quien, desde algunas generaciones detrás, esculpe versos disparando ciegamente al mañana. Por eso es que los críticos sostienen, con precisión, que Cisneros fue aquel vate magistral que marcó la ruta a seguir, entre el lauro del poeta y el Olimpo literario.
En una oportunidad afirmó sin ambages: Yo siempre fui una persona religiosa. En una época tuve escepticismo, fui agnóstico, pero de pronto quise volver. Pero nunca tuve tampoco vocación mística ni de catequesis.
En cuanto a política, el poeta jamás ocultó sus apreciaciones de izquierda, definiciones  e inclinaciones de este tipo. Sin embargo, no vaciló en decir, con claridad meridiana, lo siguiente en una oportunidad  sobre un hecho de por sí controvertido: “ El caso con Cuba no sé si llamarlo ruptura, salvo que digamos que es ruptura cuestionar que una persona permanezca 50 años en el gobierno, que sus publicaciones solo sean “Juventud Rebelde” y “Gramma”, que da vergüenza. Yo no rompí con Cuba. Lo que pasó fue que no pude mentirme a mí mismo.
POESIA
Hizo periodismo de calidad en prensa escrita, radio y televisión. Cabe recordar que e RPP tenía un espacio diario muy sintonizado, el mismo que se transmitía al medio día con sus sesudos comentarios.
Otra de sus apreciaciones de carácter literario dadas por él mismo: “La poesía es uno de los pocos géneros en donde el objeto y el sujeto son el propio autor (…) En la narrativa tú puedes esconderte detrás de cualquier personaje.
 Por ejemplo, en “Pantaleón y las Visitadoras,tú no crees que Mario Vargas Llosa es Pantaleón, ni que es una visitadora, pero si tú lees “Poemas Humanos” de Vallejo no vas a decir: “es un señor que escribe sobre un señor que sufre”. Objeto y sujeto son lo mismo en la poesía y es esa intensidad la que me hizo descartar los otros géneros a los que yo, desde niño, pretendía ingresar. Y me quedé con la poesía”.
Para recordarlo intensamente, leamos, a manera de colofón y final, Requiem que también es de su intensa inspiración: A las inmensas preguntas celestes/ no tengo más respuesta que comentarios simples y sin gracia/ sobre las muchachas que viven por mi casa cerca del faro y el malecón Cisneros./ Y no pretendan ver en la cháchara tonta esa humildad de los antiguos griegos/. Ocurre apenas que las inmensas preguntas celestes sacan a flote mi desencanto y mis aburrimientos/. Que a la larga me tienen dando vueltas como un zancudo/ al final de la tarde/. Haciendo tiempo, mientras llega la hora de oficiar mis pompas funerarias,/ que no serán gran cosa por supuesto. En estos tiempos malos bastará con una mula vieja y un ánfora de palo brillante/ y negra como el lomo mojado de un delfín. ¡Ah las preguntas celestes!/ Las inmensas. (Edgardo de Noriega)

1 comentario:

  1. Poeta de los sabios. Poeta de multidudes. Honra del Peru. Antonio Cisneros tiene su lugar: el de los mejores escritores del Peru. ¡Cuanto se le extraña!. Arnoldo Juárez

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