viernes, 27 de febrero de 2015

DIEZ CANSECO, EL IMPULSOR DEL REALISMO

Allá por el año 1934, es decir hace más de 80 años, apareció una novela escrita de forma impecable  con evidente narrativa  ágil y acumulativa que se convertía en una denuncia satírica y corrosiva de carácter social, tratando dos temas puntuales : las costumbres de la oligarquía limeña y la situación de la burguesía capitalina en aquellos lejanos tiempos controversiales. Llenos de convencionalismos y proclives a una vida enteramente conservadora  de prejuicios y también de valores falsos. Mucho más y con más fuerza desbordante, evidentemente, que ahora en la actualidad del mismísimo siglo XXI
En la obra de por si novedosa había de por medio un lenguaje sencillo, la descripción exacta del  mundo de las drogas como peligro eminente. Mucho  sexo del fuerte y truculento, como realidad  desgarrante y atractiva . A manera de regalo singular, la trama novelística  incluía asuntos directos que estaban relacionadas a distintos asuntos controvertidos de la existencia diaria.
Por ejemplo: las relaciones íntimas y homosexuales del novio con el padre de la novia. La novia, a pesar del  compromiso sentimental con cama de por medio, con el mejor amigo de su pretendiente.
 La madre, de la misma forma, con el intimo compañero del hijo. Un culebrón largo de perversiones muy bien escritas que llamaron la atención por completo de los lectores. En buena cuenta, todo un best seller que se convirtió, realmente, en un libro precursor de la época.

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José Diez Canseco: figura eminente de la Literatura

EL AUTOR
La novela, cuyo título era “Duque” y el autor un escritor de polendas llamado José Diez Canseco, salió bajo el sello prestigioso de la Editorial Ercilla de Santiago de Chile, con prólogo de un intelectual por sus cuatro costados y famoso político: Luis Alberto Sánchez.
Para los entendidos y los críticos literarios,  esta obra trascendió su época de referente histórico para captar el interés de los lectores contemporáneos y lo logró porque tenía una prosa eminentemente artística 
Por eso es que, precisamente, se afirmaba  que no era un best seller cualquiera, por si caso. Sino que lograba trascender el chisme, lo efímero y el facilismo. Es decir, una pieza literaria de valor intrínseco que había logrado convertirse, con su aparición, en la novela inicial del realismo peruano. Nada más pero tampoco nada menos.
Hasta se dijo que la obra trascendió su época de referente histórico donde la lectura es un placer, un goce que nos remiten a configurar imágenes muy realistas. Tan realistas como sentir auténticamente el perfume de una rosa en un día matinal soleado de una Lima eterna. Un vanguardismo total con un mundo de variedades artísticas. 
PIONERA
 Los críticos concluyeron que “Duque” era parte fundamental de la Literatura peruana que debe reconocérsele como pionera de la narración moderna que posteriormente desarrollaron autores de la talla de Julio Ramón Ribeyro y el propio Mario Vargas Llosa, el único peruano que ostenta el título de Nobel en este campo de la creatividad plena.
Sin embargo, Diez Canseco dedicó casi toda su vida al periodismo llegando a convertirse, a partir de 1940, en el  columnista más leído del desaparecido diario “La Prensa”. Al momento de su temprana muerte, el 6 de Marzo de 1949, sólo había publicado dos libros de narrativa: “Estampas Mulatas” y “Duque”, dejando material inédito o disperso en muchos periódicos y revistas. Con motivo de su centenario, celebrado el 2014, la Universidad Católica reunió toda su obra en dos tomos bajo el titulo: “José Diez Canseco”. Narrativa Completa”.
Antes de cumplir los 20 años, el autor comenzó a publicar una serie de cuentos en la revista “Variedades” y  a frecuentar a los principales intelectuales y artistas de la Lima de entonces: César Vallejo, José Gálvez, Luis Alberto Sánchez, José Carlos Mariátegui, José Sabogal y muchos otros más.
Como la mayoría de escritores de su generación- la de Martin Adán y Carlos Oquendo de Amat- publicó su primera obra importante, el cuento  “El Gaviota”, pieza corta que algunos consideran de temática genial, en la revista Amauta dirigida por Mariátegui. Este relato y otro similar titulado “El Kilómetro 83” conformarían la primera entrega de sus “Estampas Mulatas”.

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El libro de la Universidad Católica.

NUEVE ESTAMPAS
A estas dos estampas iniciales, Diez Canseco iría sumando otras a lo largo de su vida. En la edición de la Católica se han reunido nueve de ellas. Las que en conjunto han sido consideradas como referentes primordiales del realismo urbano en el país.
Mucho tienen de la vocación descriptiva y del lenguaje de los cuentos criollos de Abraham Valdelomar.  Lo diferencia porque en sus páginas se aborda una temática novedosa para la época, la azarosa vida de los limeños más pobres y hasta marginales
Por eso como señala Valentino Giannuzi, en el prólogo de la edición de la Católica, “las Estampas Mulatas” están signadas por lo violento, en lenguaje de la calle, la aventura y el afianzamiento de la identidad masculina. Los títulos como “Jijuna” y “Gaína que come huevo” resultan bastante expresivos.
Hay  muchos relatos de Diez Canseco ambientados en Barranco donde el autor vivió su infancia y adolescencia. Ahí suceden “Las Acciones de Lucy”, escrita en 1930, novela corta que cuenta la experiencia del primer amor entre dos niños. 
NACIMIENTO
También hay otras novelas destacados del autor “El Mirador de los Angeles”, una aproximación al universo femenino y “Las Urrutia”, una historia de relato fácil y ameno. Ambas quedaron inconclusas y recién fueron publicadas en 1974 por el crítico Tomás Escajadillo, el más empeñoso investigador y difusor del autor.
Gianuzzi, responsable de la edición de la Católica, ha incluido una sección de primeros cuentos escritos en la década del 20 y otra de relatos de la década del 40, además de las primeras ediciones de algunas estampas y otros textos testimoniales. Como complemento se incluyó una cronología del autor y una galería de fotos, retratos y reproducciones de las primeras ediciones de sus trabajos
Nació en Lima el 6 de Octubre de 1904. Se educó en el Colegio San José de Cluny y después donde los  padres jesuitas de la Inmaculada, plantel que abandonó antes de terminar sus estudios secundarios. Inició su carrera literaria en Barranco, ciudad donde vivió varios años trabajando como empleado de la oficina All American Cables, ubicada en ese balneario.
Comenzó a  colaborar como periodista en la publicación “La Provincia”, insertando artículos bajo el seudónimo de Edmundo de Rienzi. También trabajó en las afamadas y prestigiosas revistas "Variedades", "Mundial" y "Amauta".


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El lapiz a carbon artístico lo retrata perfectamente.

COMO ERA
Luis Alberto Sánchez lo recordó en una oportunidad de la siguiente manera: “Un joven bohemio, aristocrático pero sin dinero. Mezcla de dandy y de bohemio, de hombre de bar y de academia, lleno de inquietud social, aunque sometido a gustos sibaríticos”.
Involucrado en  conspiraciones políticas, viajó a Europa donde hizo un periplo de aprendizaje por diversas ciudades del viejo continente. Regresó al país e ingresó a la redacción del diario “El Tiempo”, donde destacó por tener una pluma fina.
En 1929 logró viajar en el crucero de verano de un barco de la Armada, experiencia que lo puso en contacto con los hombres de mar. De este viaje nació su famoso personaje “Gaviota”, hermoso relato costumbrista cuya publicación lo situó entre los más veraces escritores de su generación.
A la caída de Leguía viajó a Europa donde residió tres años. En diciembre de 1932 lo sorprendió en París la noticia de que el diario “La Prensa” de Buenos Aires premió uno de sus cuentos, “Jijuna”, entre 13 mil concursantes.
Póstumamente apareció un libro del autor, “Lima Coplas y Guitarras”, publicado por su viuda el 6 de Octubre de 1949, el día que cumplía 49 años. Son artículos y poemas de diversas fechas que antes habían aparecido en diversos periódicos. 
APRISTA
Las notas impecables están dedicadas a diversos personajes de la historia como Santa Rosa de Lima, Fray Martín de Porres, José de San Martín y Ricardo Palma. Hay uno interesante titulado “Clérigos Ideas y Aventuras”, donde hace un recuento de las ideas libertarias del Perú. Allí, precisamente, hace una adhesión al socialismo de José Carlos Mariátegui.
“El último que agitó su pensamiento fue  Mariátegui el grande, el querido, el fraterno amigo. El apóstol auténtico de una aspiración y una idea. No transigió nunca y afirmó contra todas las amarguras y todas las calumnias su fe como escritor proletario. Su revista Amauta fue el faro de América”, sentenció
En este libro se puede leer las andanzas de Alejandro Ayarza, más conocido como “Karamanduka”, a quien le dedicó unas líneas por su cumpleaños como representante genuino de la vieja ciudad. Aquí se encuentran reflexiones propias sobre el criollismo como reconocimiento del saber popular. El intelectual Cesar Miró lo calificó como “el gran señor del buen vivir criollo”.
Militó por una época en el Apra, situado por esos tiempos a la izquierda del espectro político. Fue redactor del diario de ese partido, “La Tribuna”. Cuando arreció la persecución a los militantes de dicha agrupación, viajó otra vez a Europa donde residió un buen tiempo.En esta oportunidad. acogido por el prestigiado diario “ABC” de Madrid. Por sus interesantes artículos publicados en ese  periódico, ganó el premio periodístico Antonio Zozaya.

Estampas mulatas
Otro de sus libros impecables.

PERIODISTA
Regresó al Perú en 1935 y participó vehemente en el periodismo, acaso con perjuicio de su verdadera vocación novelística. Fue hijo de Alfredo Diez Canseco Coloma y de María Pereyra Patrón. Entre 1940 y 1945 estudió Letras y Derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pero no logró graduarse.
En el campo periodístico hizo famosa varias secciones, destacando por su lenguaje criollo lleno de picardía y colorido. Corresponsal del diario “La Prensa” en Colombia y de “El Universal” en Santiago de Chile. Fue también fundador de “Jornada”, el seminario de propiedad de los hermanos Benavides, que apoyó la candidatura presidencial de José Luis Bustamante y Rivero, en tiempos del “Frente Democrático” de 1945.
Por tercera vez viajó a Francia, de octubre a diciembre de 1945, y a otros países europeos. De regreso al Perú se sumó a la redacción del diario “La Prensa” de Lima, donde su sección se convirtió en la más leída del público. Ya dominaba los elementos de una técnica  simple, pero vigorosa y planeaba sus verdaderas obras. A mitad de su libro “El Mirador de los Angeles”, la muerte lo sorprendió una mañana de verano en 1949. Tenía tan sólo 45 años. 
 La Literatura y el periodismo habían perdido, definitivamente, a uno de sus más grandes puntales, cuya obra merece recordársele por su evidente calidad irradiada y dada a conocer con ahínco y con fuerza inagotable. Valoremos, en su verdadera dimensión, a Diez Canseco. (Noé)

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