viernes, 27 de agosto de 2010

MORAVIA, ESCRITOR POR EXCELENCIA

Muy joven aún a los 22 años saltó a la fama con una novela de denuncia pero la consagración vino después de la gran conflagración mundial en que se convirtió en el escritor por excelencia de la Italia que renacía de los estragos malignos del fascismo.
Alberto Pincherle, verdadero nombre de Alberto Moravia, luchó decididamente con la pluma contra ese flagelo de concepción política equivocada al pintar con crudeza, una generación de especies desilusionadas con apatía categórica que se oponían al optimismo fofo y falaz que representó el régimen nefasto de Mussolini.
Cabe explicar que en su obra contó con fidelidad admirable qiue se plasman en sus relatos, la conducta humana convertida en pesimista, aproblemada y sin ningún rumbo para el futuro. Lo hizo inigualablemente.
Moravia nació en Roma el 28 de noviembre de 1907. Cuando era joven y se recuperaba de una tuberculosis, comenzó a escribir sobre las dificultades morales de las personas socialmente alienadas y atrapadas por las circunstancias.


Alberto Moravia

Sus obras se caracterizaron por un estilo austero y realista presente ya en su primera novela “Los indiferentes”, aparecida en 1929. Aquí hay un relato amargo pero fascinante por la lucidez en que se relata el tedio de los seres humanos.
En efecto, "Los indiferentes" refleja el destino de una generación que asistió a la ascensión del fascismo con disgusto pero su lucha está resguardada en la conciencia de la impotencia. Se nota a las claras una inefable certeza para caracterizar situaciones, ambientes, psicologías de seres realmente desgarrados.
Otra novela del escritor, "La Mascarada", es una sátira sobre los dirigentes fascistas de la segunda guerra mundial que fue prohibida por las autoridades de su país. Moravia tuvo que esconderse para escapar de la prisión.
Entre las obras que publicó después de la guerra se cuentan: "Agostino", sobre las tribulaciones de la adolescencia. "La Romana", una novela cuya protagonista es una prostituta. La colección de narraciones breves "El amor conyugal y otros cuentos", en los que lleva a cabo una profunda prospección psicológica.
Muchos críticos señalan con precisión que con "La Romana", Moravia llega a la maestría y a una pródiga difusión internacional. La vida de esta cortesana es contada por ella misma y es prueba de una calidad maciza con detalles prodigiosos, mezclados con una crudeza exterior admirable y narrada con mucha naturalidad.
El escritor también cosechó éxitos con "La campesina" en 1957, utilizando sus propias experiencias para relatar la historia de dos refugiados italianos. "El aburrimiento" (1960), en cambio, trata de la desesperación que demuestra consigo la humanidad en nuestros tiempos.
Esta última obra es la historia de un pintor que deja de crear en el primer renglón del primer capítulo en medio de una relación amorosa llevada a los extremos de la desesperación.
La producción literaria de Moravia incluye a "La mentira" (1965) que es una reflexión sobre la condición del novelista. Encontramos en sus últimas obras un gran contenido teórico con un estilo que busca una novela de debate ideológico como "El hombre que mira" y "1934", que relata el encuentro entre un joven antifascista italiano y otra alemana
A la misma época pertenecen además "Cuentos romanos" (1983), una colección de 20 narraciones cortas.
Muchas de sus obras fueron convertidas en películas. Tal es el caso de "El conformista", filmada por el famoso director Bernardo Bertolucci en 1970. Lo mismo hizo Vittorio de Sica con "Cuentos romanos" y "La campesina". "La Romana" apareció cinematográficamente dirigida por Luigi Zampa. Otros cineastas de renombre como, Dacia Maraini, Mauro Bolognini y Tinto Brass, también convirtieron en películas varias de sus obras literarias.
El origen familiar del destacado escritor es el seno de la burguesía acomodada italiana. Su padre Carlo era judio no practicante, arquitecto y pintor. Mientras que su madre, Gina de Marsanich, mujer de su casa que practicaba la religión católica.


"La Romana": una de sus más destacadas obras.

Moravia no estudió mucho sobre todo por su salud precaria. A duras penas terminó la secundaria. Pero si fue un lector empedernido. La lectura lo formó profundamente. Entre sus lectores predilectos destacaron: Shakespeare, Moliere, Dostoyevski y James Joyce. Aprendió francés y alemán y empezó a escribir.
Hay una etapa de la vida del escritor que se dedica al periodismo. Colabora con "La Stampa" dirigida por Curzio Malaparte y en 1933 funda las revistas "Caratteri" y "Oggi". Escribió para la "Gazzetta del Popolo", pero sus artículos son censurados por el régimen fascista. Posteriormente en el "Corriere della Sera" publicó reportajes, críticas y relatos hasta su muerte ocurrida en Roma el 26 de setiembre de 1990.
Primero se casó en 1941 con la escritora Elsa Morante. La pareja literaria del momento. Mucho se comentó en el sentido de que ella contrajo el matrimonio por interés para aprovechar la fama y la posición económica del cónyuge. Eran famosas sus peleas que se exteriorizaban en público. Hasta que se separaron en 1962. El se fue a los brazos de una joven dedicada a la intelectualidad, Dacia Maraini. La última mujer con quien se casó fue Carmen Llera. Vida afectiva con fuerza e intercambios profundos.
Fundó la revista literaria "Nouvi Argomenti", conjuntamente con el cineasta Pier Paolo Pasolini y representó a Italia ante el Parlamento Europeo, con la brillantez de siempre desde 1984 hasta 1990. Viajó a la Unión
Soviética en apoyó a la apertura. Lo mismo hizo por Hiroshima y escribió sus experiencias.


Su escritorio y biblioteca.

La capacidad para contar historias, la vigencia y oportunidad de los argumentos y la visión del mundo en la que se insertaban, hicieron de su literatura una representación verosímil de la realidad del país. Moravia fue un narrador excelente.
El intelectual no fue por tanto un escritor moderno, en el sentido experimental de la palabra, pero construyó relatos eficaces con las herramientas intelectuales apreciadas por su generación: y el concepto de alienación, plenamente vigentes hacia mediados de siglo. Vale el saber y la capacidad.

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