martes, 30 de julio de 2013

AUGUSTO DURAND: EL CORAJE EN PERSONA

Comprobado completamente por la historia. Entre el siglo XIX y más de las dos primeras décadas del XX se convirtió, definitivamente, en un icono permanente de la rebeldía.  Liberal por convicción y hasta formó  un partido con ese nombre de cierta significación en la vida nacional de  un Perú, por aquellas épocas, en constante emergencia y  ebullición. Evidentemente,  un personaje de agallas totales. Efectivo luchador de esos que se dieron, con fuerza total, a ejercer sus convicciones enteras por causas que creía justas y necesarias para el Perú de sus entrañas y de sus más profundos afectos. Qué tal hombre. Sin exageración, el coraje en persona.
 Montonero, por valentía firme y decidida, que ingresó a Lima por Santa Ana de Barrios Altos en las afueras de la capital aliado a Piérola que lo hizo por Cocharcas  para capturar el poder y sacar al Presidente Andrés Avelino Cáceres, en su etapa de entera impopularidad. Conspirador de aquellos que ponían firmemente el pecho  con miras a traer abajo, a como de lugar, a sus contrincantes que, según su parecer, estaban en la equivocación total.
 Como simples ejemplos: lo hizo, convencido de que tenía la razón, contra el héroe de la Guerra con Chile y se enfrentó, sin titubear, desde el  inicio hasta el final a otro mandatario, Augusto B.  Leguía, durante su primer gobierno y los tres primeros años de su nefasto oncenio.  Entre muchísimas otras oposiciones de fuerza, de renombre y de consecuencias.

Augusto Durand (1870-1923)

CAUDILLO
La insurgencia estaba  en el alma y  en el cuerpo de Augusto Durand Fernández Maldonado, un eminente caudillo seguido y apoyado muchas veces por multitudes impresionantes  de peruanos que lo aclamaban, apoyándolo y que fue abogado de profesión. Conspirador por naturaleza.
Además de dueño de varias haciendas ubicadas en el centro del país. Dos de ellas en el rico y bello valle que circunda la ciudad de Huánuco, su tierra natal, Andabamba y Vichaycoto. Los otros fundos, entre  los cuales había uno de nombre  Éxito, en la inmensidad de la ceja de selva de ese mismo departamento. La denominada montaña, como dicen los huanuqueños.
Lo que si no está comprobado son todas las ignominias y barbaridades que se dijeron en su contra por su condición de agricultor y dueño de tierras.  Desde latifundista, explotador, abusivo y asesino.  Hasta se sacó una novela en su contra con nombre cambiado por dos letras. El  personaje principal del libro detractor  era Morand, en vez de Durand, con un modo de ser muy parecido a él.  Pero completamente  distorsionado en sus pensamientos y modo de vida.
 La historia no ha dado ningún momento cabida a tales barbaridades, obviamente, por ser una falsedad de  falsedades.  Posible, exclusivamente, en la ficción. Nada más que allí y allí se quedaron los infundios. 
BASADRE
 Incluso Jorge  Basadre, el gran auscultador de nuestro pasado, ni siquiera nombra  cualquier hecho  de este tipo  igual, parecido o semejante. Tan sólo habla en unas líneas de lo que decían sus detractores, sin darle importancia trascendental. Si nombra, relata y subraya, copiosamente y a  cada rato en páginas de páginas,  las hazañas del insigne político y  sus  actos  como líder de polendas, en la época que le tocó vivir.
Lo cierto es que esta fue una vida con infinidad de peligros constantes y teniendo de por medio intentos de asesinato, la posibilidad  y realidad de ir preso injustamente a cada rato y, por supuesto, las deportaciones como  medio cotidiano de existencia.
En  una oportunidad, por esos líos exclusivamente de rivalidades y discrepancias llevadas con extremada y criticable pasión, sus enemigos  decidieron acabar con su vida. Lo iban a matar en la carretera de Huánuco rumbo a la montaña, la selva.  Los sicarios, pagados por manos desconocidas, prepararon la emboscada y la consigna era  disparar al jinete del caballo blanco.
Lo que ocurrió si fue inesperado y completamente injusto. Los delincuentes  escondidos a los extremos de esa vía, aprovechando las quebradas y los recovecos del referido lugar, asesinaron a la persona que apareció por allí. Pero no era Durand.
 La víctima fue otro agricultor que se dirigía a su fundo, llamado Jancao, de apellido Atard y de origen primigenio español. La asonada en contra del líder liberal se llegó a descubrir con infinidad de detalles.


En la hacienda Andabamba con su esposa y sus hermanos.

ATENTADO
Tanto Atard como el montonero tenían corceles blancos. Como el primero apareció por allí, lo confundieron con el segundo y, desafortunadamente, perdió la vida. Esta versión pertenece y es contada por los miembros de la familia Durand en sus distintas ramas.
Los intentos criminales persistieron e incluso una vez, el 19 de Abril de 1919 en el sector conocido como la Punta de la Esperanza en Huánuco, le dispararon hiriéndolo cerca del estómago. Felizmente salvó de morir.  La recuperación no se dejó esperar.  Pero  el balazo dejó huella y se dijo posteriormente que, por sus  efectos, casi cuatro años después falleció. Aunque también se habló de asesinato. Pero nunca se probó esto último
Según los rumores de la época y lo que se aseguró en dicha ciudad  es que en el atentado actuó como autor intelectual  un oscuro y pícaro abogado que ejerció la profesión hasta los años 60, casi siempre falsificando documentos. Le tenía una rivalidad y un odio inconcebible al líder liberal.
En otra oportunidad, en versión de sus parientes, la gendarmería del gobierno de turno abusivo allanó la casa situada en  Huánuco  donde se decía estaba. Como en efecto era así.  Sus familiares lo habían escondido en  un baúl puesto en una de las habitaciones.
FUSILES
En ese lugar había otro igualito lleno de copas y cristales muy finos.  Los custodios policiales incrustaron, a la mala, sus fusiles y bayonetas en uno de los cofres, destrozando por completo el contenido de vidrio.
Al  otro, donde precisamente estaba el líder liberal, ni siquiera le hicieron caso por esos azares del destino. No pudieron apresarlo y, felizmente, ni siquiera lo tocaron con las armas. Si lo hubiesen hecho, muy probamente era que el cantar de la muerte hubiese estado presente.
 Otro hecho que ocurrió que demuestra  la vida agitada del líder político liberal. La orden fue dada con precisión por la gendarmería que escuchaba mandos directos del gobierno de turno: había que capturar de todas maneras al caudillo. Ello lo obligó a salir, de un momento a otro y con prisa total, rumbo a esconderse en un lugar donde no lo puedan encontrar.
 Montó su brioso caballo blanco con rumbo desconocido.  Así  llegó a la Oroya e ingresó al campamento minero de la Cerro de Pasco Corporation de capitales norteamericanos. Por su posición nacionalista, el era enemigo de los gringos.
No quedaba otra que esconderse donde sea porque muy cerca estaban sus perseguidores. En esa situación dramática y de urgencia, entró, sin pedir permiso a alguien,  a esconderse en una de las casas de los funcionarios, a quien no conocía y ni siquiera sabía quién era.
CAJA FUERTE
Lo que hizo, en esos momentos sobrecogedores, fue meterse al interior de una caja fuerte que estaba en la vivienda del desconocido que era de regular tamaño, sin por supuesto cerrar la puerta para poder respirar.
Con el objeto de despistar, estaba vestido de campesino con sombrero, poncho e incluso ojotas.  Durand, en su vida de conspirador, era  el especialista de los disfraces para pasar desapercibido y superar las persecuciones.
Al rato llegó e ingresó el residente de la vivienda, un servidor de la minera nacido en el Callao de origen griego, Alfredo N. Mastrókalo  Pardo  Figueroa, quien observó que la puerta del armatoste de seguridad se movía.
 Al acercarse, obviamente, cuando se vio frente y cara a cara con el escondido se pegó el mayor  de los sustos. Lo interrogó de inmediato, entre sorprendido y temeroso. Pero no halló una respuesta coherente.
Lo que más le llamó la atención al dueño de casa es la vestimenta del hombre escondido y, por eso  mismo, lo increpó y le dijo con seguridad: “usted  no es campesino ni tampoco  indígena”. El color muy blanco de la piel  lo delataba al mismo tiempo que lucía, en su mano izquierda, un finísimo  reloj de  oro que, como ahora, no es accesible a estos humildes peruanos. De ello, que lo delataba por completo, Mastrókalo se había dado cuenta inmediatamente.
SE IDENTIFICA
Al verse  en tales aprietos, el caudillo tomó el toro por las astas y se identificó plenamente, con valentía evidente  Le contó que estaba perseguido. Su interlocutor de inmediato, jugándose hasta el puesto en dicha compañía y en actitud de entera solidaridad, le dio posada durante varios días. Cuando pudo salir sin correr peligro, el político lo hizo.
 Pero antes se despidió de su protector  dándole a conocer, efusivamente, su agradecimiento e iniciando una amistad perdurable en el tiempo. Por eso es que, años después, el  entonces minero de origen griego trabajó con él mucho tiempo en sus negocios agrícolas.
 Lo hizo hasta después que murió el líder liberal, habiéndose casado antes con una de sus sobrinas carnales predilectas de nombre Amalia, la hija mayor de su hermano Gregorio Durand Fernández Maldonado y una de las mujeres más dulces y bondadosas que ha pasado por la faz de la tierra.

Amalia Durand con su hija Lita.

 Esta versión que acabamos de contar también es de la familia y la escribe, con cariño y afecto entero, el nieto mayor  de Amalia y Alfredo. Merece explicarse que las versiones relatadas las escuchamos de boca de ellos cuando aún eramos muy niños y las recordamos perfectamente, no obstante el paso de los años.  Más de medio siglo ha transcurrido, con la sensación de un triz y velozmente,  desde aquel  entonces. ¡Oh niñez y juventud, divino tesoro!
NACIMIENTO
Augusto Durand nació en la hacienda Huancahupa ubicada a unos cuantos kilómetros de la ciudad de Huánuco  el 6 de Setiembre de 1870, hijo de Gregorio Asisclo Durand Crespo y Castillo y de Amalia Fernández Maldonado Ingunza. El apellido es de origen francés.  Para ser  exactos, el primero de esta familia  llegó al Perú, procedente de París, en  la época borbónica y se radicó en dicha ciudad de la serranía y ceja de selva peruana. Era el abuelo del montonero de nombre, Jorge.
Los hermanos  Durand  Fernández Maldonado, descendientes del prócer de la Independencia Juan José Crespo y Castillo, conformaban un núcleo consanguíneo enteramente  unido y fraternal.  Todos  agricultores y dueños de tierras que las heredaron y, en algunos casos, las adquirieron de forma enteramente normal y sobre todo licita, sin ningún tipo de explotación de por medio en el desarrollo de sus actividades agrícolas. Una familia de ética y moral con sólidos principios cristianos.
Ellos, además de Augusto, fueron: Jorge (1865-1918) que trabajó la hacienda Colpa de su propiedad, cercana a la provincia de Ambo,  contrajo matrimonio con una dama  muy bella, Rosa de la Puente. Ellos procrearon los siguientes hijos: Jorge, Abner, Luz, Noemí, Dina,  Lucio, Rosa, Hilda y Eber.


El ingreso a Lima de Piérola, Durand y sus huestes.

HERMANOS
Asimismo Gregorio (1867-1925) que se casó con la dama limeña Rebeca Arrieta Zuloaga y era el propietario de las haciendas Huancachupa y Pitumama, ubicadas casi al final de la carretera de Lima a Huánuco. Sus vástagos, además de Amalia, fueron: Rebeca, Grover, Sadí, Ulises, Nelly, Olga y Violeta
Otro de los hermanos fue Guillermo (1876-1932) casado con María “Maruja” Flores Gutiérrez de Quintanilla, habiendo procreado cinco varones: Gregorio, Médico, Guillermo, muchos años Director del Archivo Nacional, Ricardo, sacerdote jesuita y Arzobispo del Cusco y del Callao, Luis, Periodista y Director del diario “El Pueblo de Arequipa y José, famoso intelectual y experto en folklore peruano que llegó a ser Profesor de Literatura Hispanoamericana en diferentes universidades  extranjeras, como la norteamericana de Berkeley.
 La hacienda de Guillermo padre era Quiqacán, ubicada también al finalizar la vía troncal que comunicaba  la capital con la ciudad de los caballeros del León. Este fundo lo vendió a la familia Thorne y se fue a vivir a España
También Juan (1873-1930) que compartió las aficiones políticas de su hermano y fue un rudo y aguerrido parlamentario que se casó con una dama chilena, sin tener descendencia con ella. Si tuvo una hija llamada Imelda Durand Taboada y otra que  no reconoció que después contrajo nupcias con un señor Rosales. El menor de ellos fue Mario (1879-1929) que con su esposa Maximina Arteta tuvo a sus hijos: Víctor, Luis, Nilo, Elena  Marina y Julia. Fue padre, además de Mario y Zoraida Durand Lázaro.

Juan Durand Fernández Maldonado

HACIENDAS
Por su parte, Augusto se casó con una distinguida y hermosa señorita huanuqueña de carácter muy fuerte y dominante que imponía, a como de lugar y a los que la rodeaban, sus decisiones e intervenciones sean las que fueran en los  actos de su vida donde destacó con luz propia, llamada Emilia Dyer Figueroa.
 Las hijas de ambos fueron: Aída, que formó hogar con el ingeniero cajamarquino Octavio Bernal Alzamora, Iris que se unió matrimonialmente con el millonario y magnate minero, Eulogio Fernardini Clotet.
El último de los vástagos  resultó  Augusto de nombre como su padre, nacido en 1908 y unido en matrimonio con Amelia Palacios Moreyra, que llegó a ser Diputado por Huánuco en dos oportunidades: de 1939 a 1945 y de 1956 a 1962, representando a las fuerzas que apoyaban al Presidente Manuel Prado Ugarteche. Los esposos Durand Dyer tuvieron dos hijos más, Augusto y Haydeé Emilia, quienes fallecieron a muy temprana edad
Las haciendas ubicadas en el valle de su tierra natal, Andabamba y Vichaycoto cercanas a las de todos sus hermanos , llamaban la atención por ser  de una efectiva hermosura arquitectónica, sobre todo la primera.
SUBTERRANEOS
 Una casa muy bella rodeada de verdor por todos los costados y en el gigantesco patio  una pileta antiquísima colonial al centro y al costado un zaguán que cuando se abría se veía infinidad de plantaciones. En las de la montaña (ceja de selva) se sembraba coca en grandes cantidades de hectáreas.
 La gente decía que en los fundos, los cercanos a Huánuco, se comunicaban por intermedio de subterráneos y que habían construido infinidad de compartimentos secretos que servían para que Durand escape con éxito cuando era perseguido, por efecto de sus actividades políticas de conspiración tan habituales.
Muy joven el que sería líder liberal viajó a Lima y, después de perder a sus padres, fue pupilo del maestro José Jorge Loayza. Hizo sus estudios de secundaria en el plantel denominado Convictorio Carolino que dirigía Pedro Manuel Rodríguez.
Ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1866 para cursar las materias de Jurisprudencia y Ciencias Políticas. Al finalizar sus estudios presentó una tesis, para graduarse de abogado como lo hizo, sobre el Derecho de Insurrección en 1890. Conservamos copia de este valioso documento hecho de puño y letra por el autor. Una letra inclinada hacia la derecha muy pero muy clara.

Guillermo Durand: dueño de Quicacán

TESIS
En la tesis se puede leer conceptos acertados e incluso vigentes entre los que destacan el siguiente: “El hombre que nace bajo el imperio de instituciones libres tiene el consuelo de respirar las brisas de la libertad, a cuyo amparo da expansión a su inteligencia y a sus sentimientos”.
Claro es su pensamiento cuando dice:  “No podemos permitir que el pueblo esté bajo el peso de una injusta tiranía; sobre todo, cuando el gobierno sustituyendo la voluntad nacional por la suya, suprime las libertades públicas dando interpretación antojadiza a las leyes que no las cumplen y convirtiendo así  a un pueblo de hombres libres en un pueblo de esclavos”.
Sostiene que “hay un derecho inalienable, imprescriptible y sagrado que asegura la conservación de los derechos del hombre. Ese es el Derecho de Insurrección  recurso que, conforme a los principios de la justicia, pueden emplear los ciudadanos para existir libremente por lo que sin hipérbole, puede llamárseles la válvula de seguridad de los derechos del hombre”.
Asimismo subraya  que en casos de la vacancia presidencial o abusos del poder por parte del primer mandatario, “los pueblos tienen el camino de la insurrección, como una manera enteramente licita de actuar”
VIAJE
Por ello mismo es que dice respecto a la resistencia ésta debe “declararse o establecerse como un derecho en igualdad de condiciones a los demás  que garantizan los principios constitucionales”, tras analizar cartas magnas de Inglaterra, Bélgica y Austria.
“El combate por el derecho es la lucha por la existencia como condición principal. El hombre necesita hacer lo mismo para sostener lo que cree. Nunca la injusticia puede quedar impune porque  la justicia siempre tiene que ser salvada, incluso con la fuerza y, sin duda, respetando las leyes. Las constituciones, por obligación, deben garantizar el derecho de insurgencia y por eso abogo por una soberanía popular”, dice la tesis de Durand.
Explicó ante sus profesores que lo que propone de ninguna manera, es subversivo de todo orden y un ultraje a las leyes. Por el contrario, la expresión de los mandatos de proporcionalidad y justicia que todos los seres humanos anhelamos. “Que el poder nunca se traspase y se entregue a actos arbitrarios. No propugnamos el abuso con el derecho. Separémolos. Autoridad que se extravía en sus funciones, hay que sacarla por mandato preciso de la ley”.


Copia de la tesis de Durand que data de 1890.

Después de recibirse de abogado, se dedicó en Huánuco a la agricultura y especialmente a la explotación industrial de la coca. Hizo un viaje a Estados Unidos y Europa para regresar al Perú en 1894.
A  partir de ese momento se inclinó por completo a la política y llegó a conquistar  gran popularidad entre las masas ese año y en 1895. El paso siguiente que dio fue el sublevarse en su tierra natal, apoyado por los peones de sus haciendas.
MONTONERAS
Improvisó un pequeño ejército de montoneros y  salió rumbo a Lima luego de atacar Huánuco y poner en fuga a sus autoridades. Fue entonces cuando se proclamó “jefe superior y político de los departamentos del centro”. Luego atacó Cerro de Pasco y dispersó a sus adversarios de Yanahuanca.
Cuenta Basadre que bajó a la costa y asaltó Huacho, ocupando el puerto a viva fuerza y decidió la incorporación de todo el centro de la república al bando coalicionista Civil-Demócrata encabezado por  Nicolás de Piérola. Pero antes regresó a la sierra venciendo en Izcuchca a las fuerzas gobiernistas de Cáceres. Avanzó hasta  Ayacucho. Para, finalmente, unirse en Cieneguiilla con las montoneras del Califa
A la cabeza de las tropas por él organizadas, auxilió al que resultaría Presidente de la República otra vez, en el asalto a Lima el 17 de Marzo de 1895. Sus partidarios repitieron orgullosamente que sólo Felipe Santiago Salaverry logró en el Perú los éxitos militares de Durand, antes de llegar a los 30 años. 
GUERRA CIVIL
La guerra civil capitalina fue sangrienta y violenta, contándose que se perdieron unas dos mil vidas y se registraron la misma cantidad de heridos en los hospitales. Los cadáveres yacían insepultos en las polvorientas calles de Lima, después de dos días de ardorosa lucha.
En medio de este dramático panorama, el Presidente  Cáceres tuvo que renunciar y entregó el poder a una Junta de Gobierno presidida por Manuel Candamo e integrada por Luis Felipe Villarán, Ricardo Espinoza, Enrique Bustamante  Salazar y Elías Malpartida, que convocó a elecciones generales. Las ganó el único candidato, Piérola
Tal era la popularidad del joven huanuqueño que fue incluido en las canciones populares que surgieron en la guerra civil de 1895. Una de las coplas llevaba la música del vals de "La Reina de España".
La letra era la siguiente:: "Si ese tuerto bandido muriera ( ataque artero directo a Cáceres)/ y muriese también  la melón (Malas vibras contra doña Antonia Moreno de Cáceres)/ el Perú levantará la frente que le cubre ignominia y baldón/Pero ven hay veras/ya verás/ ya verás y verás, prenda mía, el gobierno de don Nicolás/ Viva Piérola, gritan los pueblos con Oré Seminario y Durand/ se han unido el Civil y el Demócrata por la patria y por la libertad/ Pero ven etc.
Apareció una marinera, también usada como resbalosa que decía: “Cuando la Coalición entró por Cocharcas /iba a la cabeza el guapo Durand / Y don Nicolás y don Nicolás /Avancen muchachos/ avancen nada más.
Triunfante la revolución pierolista, lo eligieron Diputado por Lima en 1895 y presidió la cámara baja, muy joven a a los 25 años.  Los corrillos políticos dijeron entonces que Piérola, con la elección a tan alto cargo de un poder del estado, quería desgastarlo políticamente en vista de que se perfilaba como un peligroso rival.
ROCES
No tardó  en tener roces con Piérola y convertirse en  su más tenaz opositor desde el parlamento. Hasta llegó a pronunciar un virulento discurso en que, en síntesis el 27 de Julio vísperas de Fiestas Patrias, dijo lo siguiente:  “Es preciso decir las cosas alguna vez con claridad. Un plan legicida, salido de ese fétido fango de Palacio de Gobierno, donde hoy, como nunca se combinan las tramas más inicuas para el escarmiento de la ley, es la causa de lo que actualmente pasa".
Al salir de la sesión,  el montonero  y sus amigos fueron hostilizados por una turba que los siguió hasta la Plaza de Armas ante la pasividad de la policía. La lista por él encabezada para la junta directiva de su Cámara fue derrotada por la de Carlos de Piérola, con una diferencia de 45 votos contra 37.

En su fino automóvil "Fiat" de la época: Alfredo Mastrókalo, su esposa Amalia y sus hijas Lita, Anita y Graciela . Foto de finales de 1929.

PARTIDO LIBERAL
Durand se separó del partido Demócrata y en 1899 inició una revolución contra el Califa, en protesta por el apoyo que éste dio a la candidatura presidencial del civilista Eduardo López de Romaña.  Entonces organizó nuevamente montoneras. Pero fue vencido en Huaraz, debiendo partir al exilio.
Luego de regresar al Perú, el caudillo fundó el Partido Liberal el 5 de Octubre de 1902. La primera directiva de esta nueva organización estaba presidida por el mismo e integrada, entre otros, por  Teodomiro Gadea, Germán Leguía y Martínez, Orestes Ferro, Elías  Malpartida, Wenceslao Valera y Ricardo L Flores. Fue elegido, en 1904, nuevamente diputado
A los pocos años, ni siquiera dudó un momento en organizar una nueva revolución en contra de Leguía al más viejo estilo de los montoneros para evitar que sea candidato presidencial . Era el año 1908.
Su plan abortó cuando un maquinista del ferrocarril central, que por la fuerza conducía a los golpistas a la sierra, aprovechó un alto para desenganchar la maquina y poner en  aviso a las autoridades. Adicionalmente, varios grupos de montoneros fueron derrotados en diferentes combates. El caudillo logró escapar y se escondió en sus haciendas de Huánuco.
Las elecciones siguieron su curso y Leguía consiguió ser presidente, inaugurando su primer gobierno. Tras ocurrir la intentona golpista en contra del mismo personaje, el 29 de Mayo de 1909 dirigida por los Piérola, fue arbitrariamente involucrado en ella encarcelándolo durante dos largos años. Luego consiguió su ansiada libertad, superando la injusticia con la que se actuó.
APOYO
A renglón seguido viajó  a diversos países de América y Europa. A su retorno volvió a ser elegido Diputado por Lima en 1912. Ese mismo año apoyó a Guillermo Billinghurst que fue elegido Presidente del Perú.
Pero no tardó en oponerse al mandatario que denominaron “Pan Grande” cuando quiso cerrar el Congreso. Indignado por completo apoyó el golpe de estado que encabezó Benavides, ocurrido el  4 de Febrero de 1914. Por aquel entonces se perfilaba como candidato presidencial, por su eminente arraigo popular. Pero el Gobierno Militar lo involucró en una conspiración y lo mandaron, otra vez, al destierro.
En 1915, nuevamente viviendo en el país, compró el diario “La Prensa”, del cual se desempeñó como Director. A través de este histórico medio escrito apoyó la candidatura de  José  Pardo y Barreda, que tomó el poder por segunda vez entre 1915 y 1919. En esta oportunidad, logró ser  otra vez  Diputado. Por aquella época, se desempeñó como diplomático en Buenos Aires, Argentina, donde tuvo el cargo de Ministro Plenipotenciario en ese país. 
DE GUAYAQUIL A PAITA
Al producirse el golpe de estado de Leguía contra Pardo, anunció su retiró de la política. En el intermedio, el gobierno le expropió su  periódico y el fue mandado al exilio. Sin embargo al poco tiempo, por enésima vez volvió a conspirar y organizar una revolución.
Según publicó en 1923 el diario La Prensa, Augusto Durand, acompañado por Rómulo Guidino, salió furtivamente de Guayaquil en una lancha en el curso del mes de marzo de aquel año. Arribó por Zarumilla a Tumbes.
De allí emprendió  una marcha a caballo para luego seguir hasta Paita. Guidino le escribó a Carlos Seminario Arámburu en la que le pedía, desde la ciudad de Amotape, que diera hospedaje al caudillo en Paita.  Este último accedió a la solicitud
Durand le manifestó a Seminario que había llegado con la intención de poner en práctica un plan revolucionario, con la cooperación de algunos jefes de la Armada. Le explicó que dicho propósito se evidenció, en Noviembre de 1922, cuando él vivía en Antofagasta.
Al trasladarse a Guayaquil, hubo una pérdida e interceptación de cartas que lo dejó por algún tiempo desorientado. Pero recibió comunicaciones indicándole que podía continuar sus proyectos y se le avisó que la escuadra llegaría pronto a Paita y con ella una barca, a cuyo bordo estaba uno de sus agentes.
El caudillo se entrevistó con varias personalidades civiles que le ofrecieron su colaboración. Para luego no hacerla efectiva. Entonces, mudó su refugio a casa de Alejandro García Cortez por creerla más segura y mandó llamar al Comandante de Marina,  Federico C. Taboada, para lo cual utilizó de nuevo la amistad de Seminario.
BUSQUEDA
Concertó una entrevista con aquel jefe pero luego fue, según parece, denunciado por el mismo. Seminario, García Cortez, el Comandante Oscar Ordoñez y su hijo cayeron presos y comenzó la búsqueda de Durand.
Según ” La  Prensa”, el Prefecto, Coronel  Agustín Zapatel que llegó de su  sede de Piura, ordenó la clausura absoluta de Paita y procedió a hacer registrar todas las casas. Manzana por manzana con fuerzas de infantería, gendarmería y marina.
Hasta  el 29 de Marzo, según el mismo diario, las pesquisas resultaron infructuosas. Pero continuaron con creciente intensidad. De pronto y de un momento a otro, un contramaestre del crucero Almirante Grau distinguió en el techo de una casita, situada en los extramuros, una ancha grieta que le llamó la atención porque allí se movían dos personas.
MUERTE
 El militar  veía desde muy lejos con la ayuda de un largavista. Cuando penetró en la vivienda encontró agazapados  a Durand y a Guidino. Ambos fueron conducidos a la Capitanía de Puerto, convertida en despacho del Prefecto.
Durand llegó enfermo al local de la Capitanía. Trasladado a bordo del Grau fue instalado en la cámara del Comandante Pizarro. Por su parte, el Comandante del buque era  Augusto Loayza. El médico César Valdéz lo atendió.  Es más, hubo una junta de galenos. El citado profesional le inyectó aceite alcanforado y morfina.
El Grau zarpó de Paita el 27 de Marzo, mientras que Durand continuó postrado con agudos dolores, calmados con inyecciones frecuentemente aplicadas. Su estado fue agravándose hasta que, el 31 de de ese mes del año 1923, falleció a las 8.30 de la noche más o menos
El Grau entró en el Callao en la tarde del 1° de Abril con el Pabellón Nacional a media asta. Inmediatamente después de anclar el crucero subieron a bordo el representante del Gobierno doctor Belisario Sosa Artola, los médicos legistas José M. Olivencia y Julio Muñoz, el Juez Instructor y un escribano.
El cadáver fue desembarcado por el muelle de guerra y trasladado a la morgue de Lima donde se efectuó  su autopsia a cargo de los médicos Leónidas Avendaño,  Guillermo Fernández Dávila y otros. Lo que diagnosticaron fue una hernia diafragmática, originada por el balazo de 1919.

Capillo de oración por su muerte.
PENA
Ello no convenció a la familia Durand que estaba muy acongojada por la muerte de tan ilustre personaje. Desde Antofagasta el 10 de Julio de 1923, Juan Durand, hermano del caudillo liberal, se dirigió al Tribunal Correccional de Lima y pidió que se abra instrucción sobre el asesinato de éste, con las circunstancias agravantes de alevosía, traición y sobre seguro.
Recordó, para sustentar su demanda, el homicidio frustrado de Punta de la Esperanza y los vínculos entre sus autores y el partido leguiista, una serie de atentados, los daños y depredaciones contra  las propiedades de la víctima, el secuestro de “La Prensa”, el envío a La Paz  de mercenarios   y la fumigación practicada en el barco Urubamba porque se creía que estaba escondido allí y se pretendía hacerlo morir asfixiado.
Sostuvo que su hermano estaba en perfecto estado de salud al salir del Ecuador y que sufrió un cólico toxico, por efectos de un envenenamiento: que en vez de someterlo a una intervención quirúrgica inmediata, se optó por hacer zarpar la nave para el Callao.
Insinuó que el mal de Augusto Durand habría empezado cuando se encontraba en el local que ocupaba el Prefecto Zapatel en Paita, a consecuencia  de algo que almorzó o que se le hizo beber junto con el agua o soda para mitigar el calor tropical de esa costa. En síntesis, refutó, por completo, el contenido de la autopsia.
RESPUESTA
También en sentido acusatorio enviaron comunicaciones la viuda, Emilia Dyer de Durand y sus hijos Aída, Iris y Augusto.  Estas actitudes tenían razones muy explicables porque, evidentemente, había mucho dolor de por medio.
Cuando estaba preso, Carlos Seminario y Arámburu, recibió una tarjeta de la viuda del  político, suplicándole por lo más sagrado que le dijera la verdad sobre los últimos días de su esposo. Su respuesta fue: “Con toda la verdad que es posible en un caballero, le digo a usted que en la muerte nadie fue culpable. Así estaba dispuesto por el destino. No hubo complicidad absoluta en su desaparición”. Este testimonio trajo abajo la tesis del asesinato, no obstante de que la familia dudaba y sostenía ello.
 Basadre,  en su Historia de la República del Perú, define a  Durand como un hombre de espíritu combativo infatigable de una energía y un valor innegables, con una fe pertinaz en su legendaria aptitud para burlar persecuciones y prisiones. Pero tampoco se inclina a sostener lo del crimen.
Lo que si afirma es que el líder político se creyó obligado a cumplir sus deberes cívicos de caudillo, actuando siempre de frente sin intermediarios ni agentes “Fue al Ecuador, entró por la frontera del norte con el brío de un recluta, afrontó el hambre, la sed y muchas penalidades hasta que cayó, casi simultáneamente, en poder de sus enemigos  y de la muerte”
Las ideas y conceptos de tan distinguido investigador, uno de los mas renombrados de todos los tiempos y por no decir el mejor en asuntos de lo que pasó exactamente en el Perú del pasado tan interesante y glorioso, confirman completamente que Durand, el famoso montonero, tuvo una vida al lado de su pueblo. Sin tacha alguna. Vida decidida. Vida propia de valientes para servir de ejemplo. (Edgardo de Noriega)

10 comentarios:

  1. Durand pertenece a una generacion de rebeldes y corajudos montoneros que se entregaron a la causa del Perú. A muy temprana edad fue abogado y con una tesis de insurgencia. La que cultivo toda su vida. Vida agitada y accidentada. Pero llevada con altura para ejemplo de las generaciones posteriores. Durand honra al Perú (Violeta Jaramillo)

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  2. Soy huanuqueño y Durand es la gloria de mi departamento. Un hombre valiente a carta cabal. Merece que la historia lo conozca mas. Este tipo de crónicas ayudan a eso y da gusto leerlas. Renan Trujillo

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  3. Apreciado Sr. D. Edgardo de Noriega:

    Muy interesante la semblanza de don Augusto Durand Fernández-Maldonado, que he leído con especial dedicación.

    Mucho me gustaría establecer contacto directo con usted.

    Atentamente,

    Ricardo E. Mateo Durand
    ricardomateo1945@yahoo.com

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  4. Sr, Edgardo de Noriega me parece muy interesante la semblanza a la familia Durand ya que no solo soy huanuqueña sino soy descendiente de Guillermo Durand mi bizabuela fue hija de Guillermo pero en otra esposa mi bizabuela se llamaba Aurora Durand Castillo quisiera saber de donde obtubo las fotos porque estan muy bonitas.

    Atentamente,

    Carla Lopez Ramirez
    ariana.29.2015@gmail.com

    Espero su pronta respuesta muy emocionada.

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  5. Si fuera tan amable Carla, escribame a la siguiente dirección electrónica: edgardodenoriega@speedy.com.pe

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  6. Interesante los datos de Edgardo de Noriega... se hace necesario investigar su vida como impulsor de la industria más representativa del fines del siglo XIX e inicios del XX

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  7. Amigo muy interesante y ilustrativo quiero enlazar con ud para contarle como se encuentra en estos instantes su hacienda de Vichaycoto andabamba yo soy de Vichaycoto y para contarle y al público que la hacienda estan desmantelandolo las tierras lo estan traficando y mas gracias

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  8. Estimado Sr. Huaranga: Me interesa el tema de sobremanera. Escríbame a este mismo blog que yo le responderé de inmediato. Me gustaría hacer un informe periodístico sobre el tema. Pero necesito infinidad de datos sobre el tema. Estoy seguro que me los puede dar. Más aún cuando es oriundo de la zona Anticipadamente, muchas gracias por su colaboración

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  9. Sr. Huaranga: Mándame por aquí su correo electrónico que yo, inmediatamente, me pondré en contacto con usted para tratar lo que usted considere interesante y denunciable. Muchas gracias

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  10. interesante historia de la familia Durand, fueron dueños de la mayor parte cultivable del valle del Huallaga. Ahora la Casa Hacienda Quicacán está en ruinas. Requiere reconstrucción. Los terrenos de cultivo en su mayoría han sido parcelados y dados a una cooperativa para que lo produzcan. En fin, es otra historia.

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