martes, 30 de julio de 2013

PESAR POR MUERTE DE SANTILLAN

Muy lamentable la reciente muerte del  Periodista,  Luis Santillán Pareja, víctima de una penosa enfermedad que en los últimos tiempos lo fue minando día a día. Un comunicador serio que trabajó, entre otros, en los diarios "El Comercio" y "Ojo". Muy dedicado al movimiento gremial de la profesión, habiendo ocupado diferentes cargos. Incluso en el Colegio de Periodistas.
Fue uno de los entusiastas animadores del Club de Periodistas: un gran forjador institucional de la organización, un convencido de impulsarla para que cumpla fines grandes que hasta ahora están  pendientes.
Formó parte como miembro con el que escribe estas líneas de Presidente y con Tulio Cusman de integrante, de un Comité Electoral que luchó, a como de lugar, por respetar las decisiones electorales de los periodistas. Santillán  aportó mucho. Quiero en esta oportunidad dar fe en ello y reconocer sus contribuciones que, como subrayo, fueron trascendentales.
El periodista que se ha ido al cielo de la gran eternidad laboró duramente y contribuyó, con decencia, para el recambio de la directiva que presidió Domingo Tamariz Lucar en términos enteramente democráticos, sin dejar la identidad profesional que estaba a punto de perderse.
SERIEDAD
Lucho hizo un trabajo que permitió las nuevas elecciones donde el colega y maestro, Juan Gargurevich Regal, resultó elegido presidente del Club, por decisión del voto de los periodistas. Sin sus aportes, institucionalmente, hubiésemos estado manejados por los “pasteleros” de siempre que destruyen, por su pillería comprobada y reconocida, las instituciones.
Sus nombres los  guardamos  por decencia total, aunque sabemos-efectivamente- quienes son: el excremento del denominado indebidamente periodismo nacional, cuyos elementos nefastos querían dominar el Club y después, dicho sea de paso, nunca aparecieron en las actividades cotidianas de la institución. Felizmente y para bien, ellos brillan por su ausencia.
Eso sí había dentro de este grupo nefasto pocas y determinadas excepciones, si se quiere ser justos y proporcionales. La muerte de Santillán ha servido para contar, por primera vez, los entretelones de este entuerto electoral cuyos efectos negativos se cortaron con las decisiones tomadas, encuadradas enteramente dentro de la ética y la moral. Pero hay que decir que mucho costó. Cuánto costó. Santillán lo sabía y frente a la adversidad ilógica estuvo presente, Que descanse en paz. Lo mejor para él en la vida eterna. (EdeN)

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