miércoles, 12 de marzo de 2014

LA CONQUISTA DE MALASIA

La decisión de Japón a atacar en dirección Sur, a través de Tailandia y de Malasia, cristalizó  uno de los mayores triunfos militares de su historia. Al invadir Malasia los japoneses privaron de toda iniciativa a los defensores ingleses, desorganizados y desmoralizados. Con incontenible furia las fuerzas del ejército nipón empujaron al enemigo hacia el Sur y su triunfo se vio finalmente coronado por la caída de Singapur, el famoso baluarte del poderío británico en el  Extremo Oriente.
La tarde del 2 de Diciembre de 1941 los oficiales del Estado Mayor del Ejército 25 japonés y el Teniente Coronel Kera, responsable del transporte de tropas por vía marítima, escrutaban el horizonte desde su puesto de mando en Samah, puerto de la isla de Hainán. Esperaban la llegada de 20 transportes destinados a embarcar las tropas que habían de tomar parte en la invasión de Tailandia y de Malasia.
A las 12 de la mañana del día 3, todos los barcos estaban ya en el puerto y pudo empezar la operación de embarque de las unidades del Ejército 25 y de la 3° División aérea. El día 4, tras algunos pequeños contratiempos, quedó embarcado y colocado en perfecto orden: hombres, equipo, armas, municiones y víveres. La operación podía comenzar.
En aquellos momentos, Japón todavía no había declarado la guerra a Inglaterra ni a Estados Unidos. Sin embargo a menos que los americanos hicieran algunas concesiones in extremis, ya se sabía que las hostilidades comenzarían a primeras horas del  8 de Diciembre.

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El General Percival y sus oficiales antes de rendirse.

SIN DECLARACION
Los comandantes  de las grandes unidades tenían libertad absoluta en cuanto a decidir el momento oportuno para lanzar sus fuerzas al ataque: lo importante era que los objetivos se alcanzasen en la fecha señalada. Por ello Yamashita, Comandante del Ejército, embarcó sus tropas el 4 de Septiembre, mientras las restantes fuerzas partían entre el 5 y el 6. No era necesaria ninguna declaración de guerra oficial.
Yamashita recibió órdenes definitivas la tarde del día 2 de Diciembre. Eran las siguientes
·         Queda establecido de antemano que todas las operaciones militares se iniciaran el día 8 de Diciembre.
·         El Ejército 25 deberá cooperar con la Marina de Guerra en la fase inicial de las operaciones militares, cuyo objetivo principal será la ocupación de Malasia.
·         El Comandante del Ejército 25 dará comienzo a las operaciones, siguiendo las órdenes recibidas con anterioridad. Sin embargo, si las negociaciones en curso con Estados Unidos terminaran con buen éxito antes de la fecha indicada, el ataque quedaría automáticamente en suspenso. 
MALASIA
En aquellos momentos, cuando el bloqueo americano se había  hecho más intenso, Malasia constituía para el Japón la meta más ambicionada. No sólo por su importantísima producción de caucho y de estaño, sino también porque en el extremo meridional de la provincia se encontraba la isla de Singapur, base naval de Gran Bretaña y punto clave de su poderío en el Extremo Oriente.
Por extraño que pueda parecer hacía tres meses que el Alto Mando japonés se ocupaba de los nuevos planes para la conquista de Singapur y sólo en Enero de1941 empezó el Ejército a estudiar los problemas relacionados con una guerra tropical y con la lucha en la jungla.
Por aquel entonces había en Formosa una pequeña organización llamada “Sociedad de Investigación del Ejército de Taiwán”, a cuyo frente se encontraba el Coronel Masanobu Tsuji, un hombrecillo prepotente y entrometido, que les era antipático a la mayoría de oficiales que estaban a sus órdenes porque lo consideraban un “activista”.
Tras una consulta con sus oficiales, Tsuji llegó a tres conclusiones principales en relación con los objetivos:
·       La plaza fuerte de Singapur era sólida y resistente frente al mar. Pero estaba prácticamente indefensa por tierra, hacia la provincia de Johore
     Las noticias dadas por los periódicos referente al potencial bélico de la RAF en aviones de caza no respondían a una realidad objetiva, sino que habían sido exageradas con miras a una simple propaganda
·    El Ejército inglés de Malasia disponía de cinco o seis divisiones, con un total de unos 80 mil hombres. Probablemente el  porcentaje de tropas europeas era inferior a un 50%.
DIVERGENCIAS
En cuanto a la modalidad táctica adecuada, existían grandes divergencias de opinión. El Estado Mayor de la Marina proponía que los desembarcos fueran precedidos por un intenso bombardeo de las defensas costeras y por duros ataques contra las bases aéreas, afirmando que de no seguirse este procedimiento sus unidades de guerra estarían expuestas al ataque de los aviones enemigos.
El Ejército,  por su parte, se inclinaba más por el factor sorpresa. Los altos jefes estaban convencidos de que los ingleses no moverían un dedo antes de la declaración oficial de guerra, lo que significaba que no se lanzarían a ninguna operación aérea en gran escala antes del amanecer del 8 de Diciembre. Y en aquellos momentos la 3° División japonesa estaría ya en plena acción.  Gracias a la superioridad numérica de aviones y a su calidad, asegurarse el control absoluto del espacio aéreo sería cuestión de horas.

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Soldados británicos en Malasia.

PRONOSTICOS
En esta discusión estaban también otros factores. Nishimura, el oficial encargado de la previsión meteorológica  había pronosticado que del 6 a 7 de Diciembre soplarían vientos moderados. Pero que a partir del día 8, el monzón del Nordeste aumentaría en tal forma que el mar estaría cada vez más encrespado a lo largo de toda la costa.
Pese a todos estos argumentos, el Estado Mayor de la Marina no cedía. Continuaba afirmando que sus unidades de guerra estarían expuestas a riesgos inútiles y que había que llegar a una solución de compromiso. Cuando la discusión parecía haber llegado a  un punto muerto, pidió la palabra el Almirante Jisaburo Ozawa, Comandante de la fuerza combinada: “Creo que la Marina debe aceptar la proposición del Ejército, aún a riesgo de ser aniquilada. Con ello quedó zanjada la discusión.
Pero el Ejército 25 carecía todavía de Comandante y hasta el 5 de Noviembre no fue nombrado el Teniente General  Yamashita, militar de gran prestigio en el Ejército (muchos oficiales lo consideraban el mejor soldado de Japón), pero que tenía también muchos enemigos.
 No obstante y por fortuna para él, Yamashita estaba en buenas relaciones con dos de sus tres comandantes de división: con el Teniente General Matsui, Jefe de la División 5 y con el –Teniente General  Renya Mutaguchi, Jefe de la División 18. La División 5 era una unidad muy experimentada que en el transcurso de la guerra con China había adquirido mucha práctica en las operaciones de desembarco y se la consideraba una de las mejores divisiones del Ejército japonés. La División 18 aunque con menos experiencia y no disponiendo apenas de medios de transporte, gozaba asimismo de una insólita reputación.
APOYOS
La tercera unidad era la división de Guardia Imperiales compuesta por hombres cuya estatura era superior a la talla media del Ejército y que se lucían en todas las ceremonias oficiales. Pero no tenía experiencia en el combate.
Las tres divisiones de infantería estaban apoyadas por dos regimientos de artillería pesada (además de la propia artillería orgánica) y por la 3° Brigada de carros de combate. En total, los efectivos del Ejército 25 sumaban 60 mil hombres.  La 3ra División Aérea disponía de 459 aviones, a los que se sumaron otros 159 de la marina. La fuerza naval del sector  meridional, del Vicealmirante Ozawa, comprendía un crucero de batalla, 10 destructores y 5 submarinos
El Ejército se puso en marcha la madrugada del día 4 de Diciembre.
Desde 1931, año de la invasión de Manchuria, los ingleses contaban con la posibilidad de una ofensiva japonesa contra Malasia. Y si bien las defensas de Singapur fueron reforzadas al año siguiente, no fue hasta 1937 que los altos jefes militares s dieron cuenta de que el destino de la base estaba estrechamente vinculado al de la citada península.
DOBBIE
Este año el General W.G.S Dobbie a la sazón Comandante de Malasia, empezó a estudiar el problema de las defensas desde este nuevo punto de vista, considerando la posibilidad de desembarcos enemigos en la costa oriental.
Dobbie preparó una valoración de la situación desde el punto de vista japonés, expresando su opinión de que, como movimiento preliminar, el Japón trataría de apoderarse de algunas bases aéreas en Tailandia. Señaló, incluso, como posibles puntos de desembarco, Sengora, Pattani y Kota Bharu.
 De todo ello se desprendía claramente que la seguridad de Singapur dependía en gran parte de Malasia septentrional y de Johorwe y que, por lo tanto, debía ser este sector el que tuviera prioridad en el envío de refuerzos. Más, después de largas discusiones, el Gobierno inglés se limitó a reforzar la guarnición de Malasia con el envío de un batallón y a destinar 60 mil libras esterlinas para la realización de obras defensivas
Estos trabajos se iniciaron en 1939 cuando ya el Japón había extendido su actividad bélica  a la China meridional y mucho antes de que hubieran terminado Gran Bretaña ya estaba en guerra con Alemania. Ante esta nueva y peligrosa situación, los comandantes de las fuerzas de Tierra, Mar y Aire de Singapur, a requerimiento de los jefes de Estado Mayor de Londres, presentaron su primera valoración conjunta. Su  hipótesis de fondo era que, a falta de una eficaz fuerza naval, el elemento primordial de la defensa debía ser la fuerza aérea.


Acorazados atacados por bombarderos japoneses

SENGORA
Respecto a la RAF, su misión debía consistir en rechazar a las fuerzas de asalto que llegasen por mar, impidiendo todo intento de desembarco y destruyéndolas en el caso de que lo realizasen. La RAF dispondría de 200 aviones, número que se iría incrementando hasta reunir 31 escuadrones con un total de 566 aparatos. Se suponía que una fuerza de esta envergadura podría hacer frente, no sólo a cualquier ataque eventual en Tailandia, sino incluso a los desembarcos. Por lo tanto el Ejército podía quedar reducido a 23 batallones.
Pero, antes de que esta valoración se pudiera poner en práctica o fuese simplemente asimilada, el Teniente General de Aviación, sir Robert Brooke-Popham, asumió el cargo de comandante en jefe del extremo oriente y el 7 de Diciembre envió su propio informe a  los jefes de Estado Mayor. En su opinión, la política más oportuna  sería la de potenciar de tal forma las defensas inglesas, que los japoneses  comprendieran la inutilidad de una agresión.
Una de las cosas que más preocupaba a Brooke-Popham y a Percival, aparte del escaso número de fuerzas de que disponían, era la situación en Sengora. Si  realmente se quería arrebatar la iniciativa al enemigo, debería ocuparse aquel punto antes de que los japoneses llegasen a él. 
“MATADOR”
 Con este fin se elaboró un nuevo plan que fue denominado “Matador”. Pero el 17 de Septiembre, el Estado Mayor arguyó que su política era la de evitar a toda costa, la guerra con Japón y que, por lo tanto, la idea de entrar en Tailandia antes de que esta hubiese sido atacada, no podía tomarse en consideración. La situación general no podía ser más desconsoladora para el mando del Extremo  Oriente.}
El 6 de Diciembre, a las doce del mediodía, un Hudson de la base de Katha Baru avistó el primer convoy japonés. Doce horas más tarde, y pese a que el reconocimiento aéreo se vio obstaculizado por un violento temporal, nuevos vuelos confirmaron que un convoy de 22 buques, fuertemente escoltado, navegaba hacia el Oeste. La ruta del convoy daba a entender que se adentraría en el golfo de Siam, alejándose de este modo del sector vigilado por los ingleses.
Durante toda la noche del 6 al 7 la visibilidad fue nula y sólo a las 17.30 del día 7, casi 30 horas después de la primera localización, los aviones ingleses logaron avistar un buque de transporte, escoltado por un crucero que navegaba rumbo a Sengora. Una hora más tarde, cuatro unidades de guerra navegaban hacia el sur, paralelamente a la costa.
Tres transportes habían fondeado a dos millas de la costa y varias unidades estaban desembarcando. El mando aéreo ingles ordenó  que los aviones atacasen sin demora y que los torpederos despegaran. La guerra de Malasia había comenzado.
BOMBARDEOS
Los aviones de la RAF bombardearon el convoy japonés. El buque en que se encontraba Takumi-el Awajisam Maru- fue alcanzado por una bomba que mató a 560 hombres e inició un incendio a bordo.
Takumi se vio obligado a abandonar la averiada nave y trasbordar su puesto de mando a una lancha. Mientras se iba alejando, su barco fue presa de las llamas. Dándose cuenta de que si permanecían allí más tiempo serían exterminados hasta el último hombre, dio la orden de avanzar. Los oficiales se lanzaron hacia adelante seguidos por sus soldados. Pronto las tropas atacantes comenzaron a rodear las posiciones enemigas y a excavar un paso en la arena con el fin de cruzar la alambrada de espinas. Lanzaban también granadas de manos
La unidad de combate inglesa Dogras se batió  bien e infringió a los japoneses graves pérdidas. Pero dos de sus posiciones centrales cayeron en poder del enemigo. Durante todo el día la situación en la costa  se fue haciendo más crítica. Un contraataque lanzado por los fusileros de la Frontier Force fracaso.  El aeródromo fue bombardeado y ametrallado por los aviones japoneses que causaron graves daños a las instalaciones y los aparatos. Los ingleses habían perdido el 15% de sus efectivos, unos 8,560 hombres. Los japoneses habían alcanzado su primer objetivo.


Un portaaviones se hunde.

SUPERIORIDAD
Los japoneses habían desembarcado en Tailandia, Sengora y Pattani y se preparaban para avanzar hacia el Sur.  Desde Sengora lanzó ataques aéreos contra Malasia septentrional. Encontró una débil resistencia por parte de los cazas y  de la artillería antiaérea inglesa. Sus aviones fueron  sorprendidos en tierra y destruidos. Habían quedado reducidos de 110 a 50 aparatos. La superioridad de los japoneses era evidente.
Las derrotas de los ingleses continuaban en Jitra y en otros lugares. El Coronel  Saeki se batía impecablemente con sus hombres y los carros de combate. Los soldados europeos se refugiaron bajo los árboles de caucho existentes como negligencia  que le costó una aplastante derrota, de acuerdo a la versión prestada por los combatientes japoneses.
La batalla de Jitra supuso para los ingleses un desastre de grandes proporciones y un deshonor. Según los japoneses sólo emplearon en la acción, aparte de los carros de combate, 581 soldados y sus pérdidas no llegaron a los 50 hombres mientras que la del rival se contaban en millares
Un combate se libró en Gürün a favor de los nipones. Sus enemigos tuvieron que retirarse perdiendo  la cobertura aérea y toda esperanza de ver llegar carros de combate para auxiliarlos. Había que contener el avance japonés pero para eso se necesitan refuerzos complementarios. Los combates continuaron ininterrumpidamente. El repliegue de los ingleses era una realidad
La ofensiva japonesa iba adquiriendo más fuerza cada día. Cierto es que luego ocurrieron emboscadas propiciadas por los ingleses que dieron  resultados. Pero los japoneses continuaron acumulando nuevas fuerzas.
DESEMBARCOS
El General Matsui asumió personalmente el mando de las operaciones. Comenzó a avanzar a lo largo de la costa con sus huestes efectuando nuevos desembarcos, Por su parte el General Nishimura cruzó sin dificultad el Sungei Muar y entonces la West Force no tuvo más remedio que retirarse.
Los ingleses recibieron refuerzos. Primero 7 mil hombres y después casi dos mil australianos. Estos soldados, sin embargo, no constituyeron un esfuerzo muy eficaz. En su mayoría no estaban suficientemente instruidos y por añadidura, al llegar a tierra se vieron envueltos en una atmósfera tan densa de confusionismo y desesperación que desanimó al más intrépido. Los desembarcos japoneses continuaban. Cada vez con mayores proporciones.
Los ingleses tuvieron que retroceder hacia la ciudad de Singapur en la cual un millón de personas de la población civil estaban sufriendo bombardeos ininterrumpidos mientas empezaba a manifestarse cierta preocupación por las reservas de víveres y de agua. Las fuerzas inglesas estaban tan desorganizadas que no sólo fallaron sus planes de contra ataque sino que incluso quedaron aislados por completo, perdiendo posiciones en medio de la confusion.


Japoneses disparan al enemigo.

DESESPERACION
Wavell se dirigió por última vez a la isla y aquella misma noche de regreso a Jaba, informó a Churchill: “La batalla de Singapur no marcha bien. La moral de los soldados no es buena. He dado  la orden categórica de no rendirse y de que los soldados sigan combatiendo hasta el último aliento”.
Las órdenes no impidieron en que en Singapur se empezara a pensar en la posibilidad  de una rendición. Los bombardeos habían dañado los depósitos de agua, la red hidráulica y no había esperanza de ponerla nuevamente en funcionamiento. Los ingleses, desesperados, seguían resistiendo.
Los japoneses tenían sus problemas de reservas de municiones y de vivieres que estaban por agotarse. Pero ellos hacían creer que estaban e lo mas bien y  mediante este ardid inducir a los ingleses a pedir la rendición. El truco dio buen resultado. Un centinela comunicó que a  través de los árboles se veía una bandera blanca ondeando sobre el edificio de una radio.
Un poco más tarde salía de la ciudad un coche con pabellón de parlamento y el Teniente Coronel Sugita, salió al encuentro. Tras un breve coloquio que tuvo lugar en la carretera, los parlamentarios declararon estar dispuestos a negociar las condiciones de la rendición.
La noticia llegó a a Yamashita y exigió que el propio comandante ingles se apersonara ante él. Llegó Percival acompañado por dos oficiales de su estado mayor y de un intérprete. Los dos comandantes se encontraron frente a frente. Y después de las expresiones de rigor se estrecharon la mano y se sentaron cada uno a un lado de la mesa.
DIALOGO
Según una versión japonesa, la escena se desarrollo así:
-Respóndame concisamente ¿Desea rendirse usted sin condiciones?
Si.
-Tienen  prisioneros de guerra japoneses?
-Ninguno.
¿Y civiles japoneses?
No. Todos han sido evacuados a la India.
-Muy bien Ahora, sírvase firmar esta declaratoria de rendición.
Percival leyó casi la mitad del documento, luego pregunto:
-¿Están dispuestos a esperar hasta mañana por la mañana?
RENDICION
Yamashita respondió impacientemente:
-Si no firma ahora, seguiremos combatiendo. Lo que quiero saber es: ¿Se rinde sin condiciones, si o no?
Percival palideció y empezó a hablar en voz baja con el intérprete. Pero Yamashita le interrumpió y señalándole con el dedo repitió:
-¿Sí o no?
Percival miró al intérprete. Luego dijo:
-Si
-Muy bien. Las hostilidades cesaran a las 22 horas, hora japonesa.
Percival solicitó entonces que las fuerzas japonesas no entraran a la ciudad antes de la mañana del día siguiente, ya que necesitaba algún tiempo para comunicar a sus unidades y a la población civil la noticia de la rendición. Yamashita aceptó. Entonces se desarrolló este diálogo.
-Cuál será la suerte de los paisanos y de los soldados ingleses?  ¿Puede garantizarme su integridad?
-Sí. Puede estar tranquilo. Se lo garantizo.
La rendición se firmó, poniendo fin a una de las más desastrosas campañas de la historia militar inglesa. Había durado 73 días.



La caminata interminable de los soldados en plena guerra.

PERDIDAS
Las pérdidas inglesas, australianas e hindúes sumaron casi 9 mil muertos o heridos y 130 mil prisioneros. Las perdidas japonesas ascendieron a 9,824, de las cuales 3 mil fueron muertos. Percival pasó tres años prisionero en los campos de concentración japoneses.
Yamashita fue llamado inmediatamente después  de la victoriosa campaña. Pero la amenaza de Tojo no se cumplió y al final de la guerra se hallaba al frente e de las tropas japonesas que operaban en Filipinas.
En Febrero de 1946 fue juzgado por un un tribunal militar aliado por sus “crímenes de guerra” y condenado a muerte, siendo ejecutado el 23 de Febrero. Poco antes de morir escribió:
“Creo haber cumplido con mi deber lo mejor que he sabido durante el curso de toda la guerra. Ahora cuando estoy a punto de morir, afirmo que no he cometido ningún acto del que pueda avergonzarme ante Dios. Ruego a los oficiales americanos que me han defendido, que me recuerden”. 
Hoy día los historiadores militares japoneses atribuyen la fácil conquista de Malasia y de Singapur a la temeridad que más tarde demostraron los jefes japoneses en Imphal y Kohuma, durante la ofensiva de Birmania en 1940. Estaban convencidos de  que las fuerzas inglesas en el Extremo Oriente eran débiles y no podrían hacer frente a las japonesas.

Más adelante, sin embargo, deberían sufrir una dura lección. (Editado, resumido  y condensado de la Revista “Así fue la Segunda Guerra Mundial”)

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