martes, 19 de enero de 2016

FIESTA DEL CENTENARIO DE MAYO

El acontecimiento cumbre de 1910 fue la celebración del  Centenario de la Revolución de Mayo. Llegaron a Buenos Aires representaciones diplomáticas de todo el mundo. Ningún país dejó de asociarse al júbilo de los argentinos en una fecha memorable. SE organizaron, como es natural, recepciones de gala, funciones teatrales extraordinarias en honor de los huéspedes. En una muestra internacional expusieron la mayoría de los países del mundo.
La colectividades extranjeras se hicieron presentes en la celebración con obsequios que quedaron como recuerdos perennes, tales como el Monumento de los Españoles, el de Ferancia y muchos otros que la capital lucwe con legítimo orgullo.
Ese año de 1910 se inauguró, con la asistencia del primer mandatario, José Figueroa Alcorta,, el Presidente de Chile y el Embajador de los Estados Unidos, el  Monumento al Ejército de los Andes, base del  recuerdo del mismo tipo al Libertador San Martín.
Ese día se exaltaron los viejos recuerdos nacidos al calor sde la gesta emancipadora y mantenidos invariablemente por los pueblos representados por sus respectivos mandatarios en el solemne acto.
Puede decirse que los festejos duraron todo el año. El desfile militar del 25 de Mayo se realizó ante la presencia de trabajadores de 50 países. Pdero un hubo un hecho que quedó en el recuerdo de los argentinos como un verdadero acontecimiento: la visita de la Infanta Isabel de Borbón, hermana del  ex Rey de España Alfonso XIII, a la sazón soberana reinante de la Madre Patria.

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Uno de los actos conmemorativos.

RECIBIMIENTO
Fue la única mujer que en esa oportunidad invistió el carácter de embajadora. España nos enviaba su  más elevada y gentil representación. Se le hizo un recibimiento apoteósico. La nave, Alfonso XII en que viajó la ilustre visitante fue recibida en el puerto por una enorme y entusiasta multitud, que vitoreaba ruidosamente a la Argentina y a España.  Las naves de la Marina ancladas en el puerto con su tripulación y enarbolando el pabellón nacional.
La Infanta Isabel descendió del barco del brazo del intendente municipal. Al pie de la planchada esperaban el Presidente de la Nación, sus ministros y los miembros del  Cuerpo Duplomátrico. Sobre el puerto, el pueblo.
Puede decirse que todo el pueblo de Buenos Aires se había volcado allí para darle la bienvenida a la ilustre dama. Las avalanchas rompieron los cordones policiales. Aquello era la apoteosis. Se organizaron numerosos actos en su honor.
Pero a la Infanta Isabel le interesaban las fiestas criollas. Quería conocerlas. Le dio la oportunidad la visita a una estancia, en cuya entrada la esperaban 100 gauchos a caballo con sus mejores aperos de lujo y prendas de plata.

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Buenos Aires de noche en aquella época.

DESFILE
Sus bailes típicos entusiasmaron a la Infanta. Uno de los actos más simpáticos y que más emocionó a la visitante fue el desfile de españoles por la calle donde estaba ubicada su residencia. Desde los balcones, ella presenció emocionada aquel imponente desfile de sus compatriotas. Para ella, un espectáculo inolvidable.
Andando los años, recordaría con cariño y emoción aquellos agasajos y las reiteradas pruebas de afecto que recogiera durante su estadía en la Argentina. De ese manera, se unieron en el Centenario las naciones protagonistas del acontecimiento secular, para reafirmar una amistad que, sin olvido de pasadas glorias para ninguna de ellas, se hizo firme y perdurable.

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