lunes, 29 de agosto de 2016

HUMOS HISTORICOS (V)

La turbulenta época que siguió al año 1835. Las luchas entre Salaverry y Santa Cruz que terminaron tan trágicamente para el gallardo y audaz militar peruano. La subsecuente formación del partido nacionalista que a todo trance combatía la Confederación, crearon una situación difícil y caótica para la administración pública que no permitió que las medidas preconizadas por Salaverry para la planificación de un Estanco plasmaran en la realidad.
Vencido Santa Cruz en Yungay y elevado a la suprema magistratura Gamarra, se convocó, como se sabe, a una Constituyente para que organizara el país y en 1830 en Huancayo se dictó una Carta Magna.
En el tomo tercero e “El Peruano”, bajo el N° 14 pueden encontrar los curiosos el Decreto que dio la Convención de Huancayo, con el objeto de garantizar la amortización de la deuda interior y extranjera.
Por el artículo 1° se autorizó al Ejecutivo para que planifique el Estanco de tabacos, naipes, pólvora y brea, ya sea con fondos del Estado o por contrata con especuladores peruanos. Por el artículo 2° se dispuso que la utilidad se aplicaría exclusivamente la amortización de las deudas interior y extranjera, distribuyéndose por mitad en una y otra.
Por aquella ley se creó una caja de arbitrios que unida con el Tribunal del Consulado debía administrar los fondos. Se dispuso también que la dotación de los empleados debería ser proporcionada de modo que nunca costase al Estado más de cuatro por ciento en relación con los ingresos.

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Facciones irreconciliables entre Santa Cruz y Salaverry.

AMBICIONES
Dicha ley se promulgó por Gamarra el 28 de Noviembre de 1839 en Huancayo, siendo Ministro de Hacienda el General Castilla. La titulada caja de arbitrios fue reglamentada el 31 de Julio de 1840.
Como había ocurrido con tantas otras, esta ley no fue derogada, pero no llegó a tener efecto. Ni el Estado planificó el Estanco, ni empresa alguna llegó a solicitar la concesión, aprovechando de la opción que daba la ley. El reglamento de comercio de 1840 establece los derechos fijos o específicos del tabaco en rama, en polvo o labrado en cigarros, lo que demuestra que la situación en realidad no se modificó.
El gobierno de Gamarra que parecía que iba a llevar al país por sendas de organización, después de las turbulencias y agitaciones que desde la Independencia lo habían sacudido, tuvo la más trágica y ruidosa caída con la desgraciada campaña sobre Bolivia que terminó con el desastre de Ingavi, tras del cual, la anarquía militar se enseñoreo en el país, con leves intentos de organización que no pudieron asentarse, como el del decorativo directorio de Vivanco, hasta el primer gobierno de Castilla en que pareció evidentemente calmarse un tanto la desordenada balumba de las ambiciones.
ORGANIZACION
El primer gobierno de Castilla que tuvo el tino de rodearse de hombres bien preparados fue de organización. Díganlo: elk primer presupuesto que tuvo la Repúiblica, los primeros barcos a vapor de la armada nacional, los primeros ferrocarriles y¡cosa ciertamente admirable! La primera vez que se terminaba un periodo presidencial sin que hubiese la situación de continuidad de un alzamiento.
En aquella época se plantearon muchos problemas económicos y no pocas empresas se formaron. Pero en cuanto al tabaco la situación quedó idéntica porque no había Estanco y una tolerancia relativa presidía el tráfico de ese producto. La industria de los cigarros continuaba siendo muy pequeña y la importación de tabacos extranjeros, muy especialmente el de La Habana bastaba para satisfacer el consumo.
Después de la revolución liberal contra Echenique, de las que tan buen partido sacó para el General Castilla, la Convención reunida el 55 planteó las bases de una nueva Constitución que significó un ensayo liberal que se creyó excesivo pero que en realidad, salvó alguna que otra exaltación romántica, es de los esfuerzos organizadores mas doctrinario y serios que hayamos realizado.
El segundo periodo de Castilla no innovó en cuanto al tabaco y la industria continuó su vida lánguida, como lo demuestra  el hecho de que en 1858 sólo había en Lima 151 talleres de cigarrerías con 225 laboreros, según aparece en la Estadística de Fuentes.

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MONOPOLIOS
La Constituyente que dictó la Constitución liberal suprimió los monopolios consonando así con la de 1823 que prohibió toda clase de estancos. Fue esa Constitución del 56 la que suprimió la contribución  personal, supresión que muchos atribuyen a Castilla porque se realizó en su época, pero cuyo mantenimiento defendió por los órganos oficiales y oficiosos del periodismo de entonces y por la actitud de su ministro que fue a la Constituyente a oponerse a dicha supresión.
Al quedar ese tributo, la provincia de Jaén, que según ley de octubre de 1839, lo pagaba en tabaco, quedó, como el resto de la República libre de tributación. El dato es curioso porque revela cuánta era la importancia de la industria tabacalera en esa provincia.
No cambió la situación del tabaco en cuanto a las rentas públicas hasta el acontecimiento trascendental y tremendo de nuestra vida republicana: la Guerra con Chile. El guano, el salitre, la consolidación, las concesiones de las nuevas empresas, fueron las preocupaciones de los financistas.
Los reglamentos de comercio diversos que hemos consultado revelan que se continuaba por el sistema de imponer un impuesto al tabaco como a cualquier otro artículo por tratarse de una industria libre.
CORBATONES
Las gentes principales continuaban fumando cigarrillos de La Habana y la clase media y el pueblo se contentaba con los corbatones de factura manual y deficiente, pero que muy recargados de tabaco y baratísimos satisfacían las aspiraciones de los fumadores de estos tiempos.
Aún venía algún rapé en polvo como lo revelan los datos aduaneros y aún se daban el lujo ciertos elegantes de usar las enjoyadas cajitas. Uno de los más famosos tomadores de tabaco en polvo fue el General La Puerta que tuvo una bellísima colección de cajas para rapé, a las que solía poner nombres y las que dejaba en las casas que visitaba, manía que llegó a ser proverbial en Lima, pues era sabido que cada vez que visitaba el General se dejaba seguro alguna caja en la casa visitada. Particularidad verdaderamente curiosa en la  que el General ponía nombres a sus cajitas. Tuvo una muy famosa a la que llamaba “Cleopatra”.
En 1875, según aparece del Almanaque del Comercio que editó Holtig, había en Lima muchas cigarrerías. Entre las que fueron famosas las de Aaron, Sueyras, que perduró hasta después de la guerra, Cohen Bresani, Arce, Ramírez, Vergata, Joseph Feeymann.
Pero una de las fábricas más importantes, sin duda, fue la que implantaron Ponchoy y Compañía que se anunciaba con gran pompa. La fábrica, que muchas personas que todavía fuman en Lima alcanzaron, estaba en la calle del Espíritu Santo y daba trabajo a buen número de cigarreros. Tenía dos sucursales en Bodegones en la Cigarrería de Maury y en Plateros.

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ARTICULO
De muy poco tiempo antes de la guerra debe ser el artículo que Ricardo Palma dedicó a las glorias del  cigarro. Allí hace un elogio del tabaco en la forma de una charla con quien el llama “El  Leónidas de los Termopilas limeñas”
Leónidas Ballén muy distinguida persona y médico culto abrió un establecimiento en la esquina de Mercaderes y Plateros donde hoy está la Casa Welsch, en el que se conseguían  las mejores regalías, vegueros, cabañas y aún los chorrillanos, flor de Lima o chalacos, marcas que por la traza de los  nombres barruntamos que fueron obra y gracia de cigarreros nacionales
En ese artículo que está en el tomo V de las tradiciones, donde Palma toca el asunto de las mujeres fumadoras y les dedica el siguiente secreto por el que las famosas panquitas o foloches como también se les llamaba parece que eran las preferidas por las damas.
Burla y escarnio de los hombres sea/eternamente el ángel hechicero/que fuma como fuma un granadero/y echa más humo que una chimenea./Quede ese vicio tal para la fea/que no tiene noviazgo en candelero/y que con el cigarro y el faldero/su doncellez impávida pasea/Esto no es sostener que no me incite/el contemplar, golpeando una panquita,/ a una muchacha de gentil  palmito/ y poderla decir: Si usted permite/que le pida limosna señorita/cuando acabe…regálame el  puchito…
TRADICION
En el mismo tomo hay una tradición referente a la Guerra con Chile, en la que resplandece la belleza de un estoicismo elegante. Refiere Palma que el 7 de Junio de 1880 un capitán García después de haber hecho estallar una mina, se encontró rodeado  por un grupo de 30 chilenos mandados por el Teniente Luján que recibió la orden de que el Capitán García y los 4 valientes soldados que lo acompañaban fueran fusilados inmediatamente en la falda del morro
El oficial encargado de la orden “que tenía aspecto de buen muchacho” fue solicitado por García para que le permitiese fumar. Accedió el chileno y el peruano que iba a morir le ofreció un pitillo que fue aceptado.
Camino a la muerte iba el peruano y de pronto, dijo a Luján: “así como así, siendo el último que he de  fumar, hago a usted heredero de los 12 o 15 que aún quedan en la cajetilla y fúmelos en mi nombre”
Dice don Ricardo que el chileno se sintió conmovido y aceptó el legado. Llegaban ya a la siniestra falda cuando una contra orden del Coronel, que reflexionó sobre la ferocidad de su disposición, detuvo a la fúnebre comitiva.

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Trabajadores en plena cosecha.

LUJAN
Luján comunicó a García con evidente satisfacción que ya no tenía que fusilarlo y García le contestó con amable imperturbabilidad: “Entonces mi amigo, se queda usted sin herencia. Devuélvame mi cajetilla de cigarros”. Para un hombre en campaña y más aún un prisionero, aquello de quedarse sin los cigarrillos de la marca preferida, debe ser cosa muy seria.
La gran calamidad de la guerra, suceso dorsal de nuestra vida independiente, dolorosa y sangrante laguna que detiene el curso de nuestra evolución y aquieta el movimiento del progreso haciéndonos retroceder, pasó dañándonos material y moralmente hasta la raíz  misma de nuestra vida y de nuestra alma.
Triste convalecencia en medio de la anemia fiscal y de la pobreza privada la de este país detenido y recortado por la mano  imperiosa de un destino fatal. Después de la paz duramente impuesta, la guerra civil inevitable.
Luego la esperanza en un  resurgimiento que, inevitablemente, también tenía que tardar muchísimo. Ilusiones falsas en los que una  terrible inexperiencia no supo sacar su ugo en el escarmiento por la imprevisión en que ilusos y ciegos habíamos vivido.
El primer gobierno de Cáceres, a quien rodearon muchos de los más lúcidos sobrevivientes de la catástrofe nacional, se  ocupó en  mejorar la vid fiscal y un fugaz desslumbramiento hizo crecer a todos en la posibilidad retoñadora. 
LEY
El 25 de Octubre de 1886 se dio una ley sobre el tabaco, la misma que promulgada el 4 de Noviembre, estableció un impuesto al consumo además de los derechos de importación. En las páginas 43 y 118 de la Colección de Leyes de Aranda esta ley  dispuso que el cobro se adjudicase por remate público,
También se aumentó en un 50%  los derechos de importación. Esta ley debería entrar en vigencia el 1° de Enero de 1893. El objeto fue arbitrar recursos para el pago de las anualidades del contrato cancelatorio de la deuda externa. Pero por otra ley se exceptuó de tal gravamen a los tabacos de Chanchamayo y Vítor
Ya en esa  época el malestar del país era terrible. Una difícil posición política puso al partido de Cáceres en camino de daño. El descontento fue creciendo cuando el General Morales Bermúdez murió y el General Borgoño asumió el mando y convocó a elecciones, eliminando el derecho del doctor Solar.
La rebelión ya latente estalló trayendo con el régimen de 1895 la posibilidad efectiva de una  renovación que hoy todos reconocen como punto final de la convalecencia nacional después de la Guerra con Chile.

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Fabrica comercializadora de tabaco.

MODIFICACIONES
Fueron modificadas las leyes del 4 de Noviembre de 1886 y del 18 de Noviembre de 1892, se aumentaron los impuestos del consumo y la renta fiscal por concepto del tabaco. Estas son las épocas de las marcas famosas de las figuritas, de las adivinanzas, de las calcomanías que tanto encantaron a los chicos de esos tiempos.
Nuevas fábricas ya más importantes se forman. El Sol de Oro introduce el grabado finísimo y reparte a sus favorecedores las imágenes de los personajes epónimos de nuestra historia. Los chiquillos tienen para hacer una menuda galería. Grau, Bolognesi, Cáceres, Palacios, Rodríguez, Carbajal, Gálvez, Ugarte, Ferré y tantos otros formaban la sección heroica
Nicolás de Piérola, José Jorge Loayza, García Calderón, Monseñor Tovar, Francisco Rosas, Luis Carranza, Ricardo Palma, González Prada eran la variada representación civil y eclesiástica del país. Los escolares coleccionistas cambiaban un héroe por un canónigo, un canónigo por un presidente, un almirante por un banquero, pero con eso preguntaban nombres, lugares, episodios y burla burlando iban familiarizándose  con la historia nacional.
A partir de 12895 en que las marcas nacionales más famosas eran las de Garibaldi, Almirante Grau, La Lidia, el Chino, el Bicolor del Perú y en que las cigarrerías de Roldán, Oliva, Abrahamson eran las más conocidas, la industria del tabaco comienza a crecer como en sus  mejores tiempos. 
FABRICAS
Duany establece una fábrica de tabacos, los hermanos Gutiérrez otra, surgen Arboccó, Roldán y la competencia hace nacer y morir marcas con una vertiginosidad extraordinaria. Es de esos días la anécdota del negro ocurrente yc guaragüero que ante la frecuencia con que aparecían como nombres de cigarrillos de papel “El negro bueno”, “El negro malo” y otros “negros” por ese estilo, se amostaza y amenazante anuncia que va a poner su fábrica y a sacar su marca “el blanco de mierda.
A pesar de que ya había maquinas picadoras y cortadoras, la industria era esencialmente manual. Los torcederos hacían esos corbatones que añadían al fumador de esos días la voluptuosidad un poco infantil pero efectiva de liar el cigarrillo, operación que formaba parte  de la fruición fumística.
El mataperro sobre todo, aprendía mil formas pintorescas, entre las que el cartucho era una de las más difíciles y socorridas porque llevaba consigo la imposibilidad casi automática de ceder el sargento o puchito que los muchachos pobres pedían al compañero afortunado, que por un centavo chico había conseguido tres corbatones, los que, bien liados, dejaban todavía un remanente que podía guardarse para hacer un cigarrillo un poco flaco, pero no por eso menos sabroso, en el bolsillo tabaquero que, desde que se usaba pantalón largo, el sastrecito del barrio ponía en la americana o para emplear el término precisamente criollo, en el saquito más o menos rabicortón que la moda del tiempo imponía.
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Una planta de procesamiento

EVOCACION
Es de estos últimos  días, no tan lontanos, pero me traen una romántica fragancia de evocación, el versecillo claudicante, de  sabor entre popular e infantil en el que se jactaban de saber tragarse el humo y devolverlo-golpear como hasta hoy se dice- los fumadores noveles
Aquel versecillo que se decía después de aspirar una oscura y espesa humada, para devolverla en un halito blanquecino y tenue al terminar de declamarlo: Me fui al bosque, corte leña/ con la leña hice carbón/y para mí mas seña/ traigo el humo en el corazón.
Y ¡zas! Se devolvía parte de la profunda humada en oes levísimas que perezosamente se mecían en el aire, con lo que el golpe estaba dado y el muchacho se sentía más hombre como si un humo caliente de coraje y varonía le abombara el pecho.
En 1900, poco más o menos, la Fabrica de Roldán y  Compañía que acreditó extraordinariamente las marcas “El Perú”, Garibaldi” y la “Mascota” introduce verdadera máquina, la que trae ciertas molestias porque los cigarreros protestan de que se les escamotee un medio de vida. Comienza el tiempo de los cigarrillos engargolados y las maquinas que si mal no recordamos se llamaba Bonzac dan un impulso enorme a la industria.

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El producto final empaquetado

NUEVA ERA
Por fin, en 1904 se dio la Ley del Estanco que está en la colección de leyes de Ricardo Ríos correspondiente a  ese año en la página 66, así como el Decreto Supremo Reglamentario del 25 de Febrero del mismo año.
En 1910 se aplica la ley y comienza la era del Estanco que ha producido al Fisco sumas considerables de dinero. Se expropian las  fábricas de Roldan y Compañía, de “La Mutua”, se abonan las existencias de tabacos  extranjeros que estaban en poder de Welsch,  Méndez y otros. También se implantan definitivamente el sistema que hoy nos rige.
Y así volanderamente entre pitada y pitada, nos hemos atrevido a atravesar con humos de historiadores, desde los días del palillo que usaban los caciques de la Española, pasando por el rapé, por el limpión y la panquita, hasta estos del habano y del inglÉs, del turco, del egipcio y del paisano en que hombres y mujeres están tan fachendosos que golpean y echan humo a todas horas.  Final. (Páginas seleccionadas de las "Obras Completas" que pertenecen como autor al consagrado escritor y político, José Gálvez Barrenechea.)

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