sábado, 11 de agosto de 2012

PAVLETICH, LITERATURA Y POLITICA

La literatura y la política se juntaron, implacablemente, en su vida. Por la primera, se convirtió en un agudo y denunciante intelectual, autor de cuentos, novelas y ensayos memorables. Por la segunda, el corajudo hombre destacó con ideologia propia como un revolucionario marxista que se jugó la vida y el pellejo al lado de nada más y nada menos que  Augusto César Sandino, del cual fue su secretario en la Nicaragua convulsionada y alzada contra Estados Unidos, allá por los años 20 del siglo pasado. En ese mismísimo país centroamericano que buscaba con fiereza y dureza, su identidad nacional. Sin  ningun tipo de invasiones. Por supuesto, de por sí injustas, de por sí deplorables.
Esteban Pavletich Trujillo, nacido en Huánuco el 13 de Mayo de 1906,  escribió infinidad de libros con un estilo apropiado y muy detallista. Casi siempre inclinado hacia el indigenismo y las costumbres de la sierra central del Perú que, dicho sea de paso, las retrató de cuerpo entero.
 Haber vivido allí, haber crecido y ser natural de estas tierras ricas en paisajes, de gigantescos cultivos, de contrastante riqueza y miseria al mismo tiempo, cuyos campesinos vivieron en la explotación permanente, lo marcó para siempre en su producción literaria.


Neruda y Pavletich en Machupicchu.

INDIGENISTA
Inclusive, muchos de los criticos y entendidos en estas lides, lo comparan por sus obras, que evidentemente tienen sitial propio, con insignes escritores que practicaron a la perfección el indigenismo. Como Ciro Alegría y José María Arguedas. Alli está Pavletich al lado de ellos, sin ninguna exageración. Con el mismo valor intelectual.
Una de sus novelas, “No se Suicidan los Muertos”, ganó en 1959 el Premio Nacional de Novela. Esta es la historia desgarrante de un  terrateniente, dueño de varias haciendas tanto en la sierra como en la selva de Huánuco llamado Anibal Morand, quien comete infinidad de tropelías. Desde explotación a los campesinos que trabajaban  en sus tierras, hasta cruentos asesinatos de la peor especie.
Mucho se dijo y se comentó, aunque no se comprobó fehacientemente, que el principal protagonista de esta obra laureada fue el famoso lider liberal Augusto Durand: abogado, politico y montonero  dueño en Huánuco de las haciendas Andabamba, Vichaycoto y Éxito. Este último fundo ubicado en la  inmensidad de la selva. Lo que los huanuqueños llaman “la montaña”. 
Tales comparaciones ocurrieron porque habia mucha similitud en lo que narraba Pavletich con la vida de ese hacendado. Incluso entre Morand, el personaje de la novela y Durand, a quien lo sindicarían como el denunciado, hay dos letras de diferencia.
No obstante de que, jamás, a Durand se le comprobó cualquier acto delictual o ser explotador. Menos criminal. Si se dijo que fue asesinado por la dictadura de Leguia. Pero tampoco, eso enteramente rechazable, tuvo pruebas.
Tan sólo supuestas acusaciones públicas de parte de su hermano Juan Durand, compañero de sus avatares políticos y también valiente parlamentario. De lo cual da cuenta Basadre en “La Historia de la República del Perú”. Ni una sola linea, por supuesto, de lo que denuncia Pavletich.
La historia, pues,  recuerda a Augusto Durand como un rudo y decidido politico, amante de las montoneras y las rebeliones que ingresó con Piérola por Cocharcas en 1895, enfrentando al militarismo de Cáceres en el poder y Presidente de la Cámara de Diputados, a los 25 años. Entre muchas otras hazañas.

Augusto Durand Maldonado
Augusto Durand.

LOS VAGOS
Pavletich fue alumno del Seminario San Teodoro y del Colegio Nacional de Minería (hoy Leoncio Prado) en su tierra natal. Realizó sus estudios superiores, en Lima, en la Universidad  Católica y en San Marcos. Hijo de  un inmigrante yugoslavo Esteban Pavletich Stiglich y la dama huanuqueña, Josefa Melida Trujillo Vega.
Cuando se desempeñaba como Secretario del Exterior de la Federación  de Estudiantes del Perú (FEP), fue deportado del país a Centroamérica. La drástica medida la tomó el Gobierno, luego de prepararse un paro general contra la Ley de Vagancia.
Ese dispositivo lo promulgó el Presidente Leguia con el principal objetivo de reprimir, en tal condición de simples vagos, a los opositores y dirigentes políticos. Además de sindicales. Cayó detenido  en esa oportunidad con  Luis Bustamante, Presidente de la FEP. Corria el año 1925.  
En junio, ambos dirigentes salieron al destierro. Los enviaron a Panamá donde participaron en uno de los movimientos sociales más recios que se haya registrado en América, el famoso paro inquilinario.
El movimiento de rechazo fue tan grande que el Presidente panameño, Eduardo  Chiari, abandonó Palacio de Gobierno y se refugió en el Hotel Tivoli, ubicado en la exclusiva y lujosa zona norteamericana. 
 Una infatigable lucha popular donde las tropas norteamericanas acamparon en los parques y, para colmo de contradicciones, muchos de los miembros de la Guardia Nacional de ese país se unieron a los rebeldes. El descontento era general.
En esos días de convulsión, a Bustamante lo deportaron de Panamá a Cuba y a Pavletich, del mismo país hacia Guatemala. En esta última nación centroamericana, el escritor se dedicó a actividades políticas en contra de la United Fruit, empresa transnacional estaunidense. Por lo que lo sacaron, otra vez a la fuerza, de ese territorio. Llegando a los pocos dias a México.
En la tierra de Madero y Zapata, el escritor intervino en un mitin contra Estados Unidos, teniendo como tribunas a los balcones de la propia embajada de ese pais. Luego vino una implacable persecusión, en contra de los organizadores entre los que estaba el fundador del Partido Comunista cubano, Julio Antonio Mella, quien fue asesinado a los 26 años de edad.
Pavletich huyó a Cuba, juntándose allí con otros revolucionarios como Juan Marinello y el que posteriormente fue Canciller de Fidel Castro, Raúl Roa. Además de varios grupos de intelectuales que trabajaban en la Universidad Popular “José Marti”. Por esos tiempos fue Secretario de Redacción de la Revista “America Libre”, cuya dirección estaba a cargo de Rubén Martí Villena.
LA CARTA
 Desde el extranjero, el escritor siempre se comunicaba por cartas con sus camaradas, los dirigentes sindicales de Lima. A uno de ellos al trabajador gráfico, Manuel Serpa, le envió una misiva donde le hablaba de la necesidad de infiltrarse en el Ejército.
Para colmo de males, los documentos cayeron en manos de la policía y el hecho en sí fue dado a conocer por la Revista “Mundial”. La reacción no se dejó esperar y resultó una de las víctimas, José Carlos Mariátegui, a quien apresaron y le clausuraron la publicación que dirigia: “Amauta”.
La situación del intelectual en Cuba no era segura ni nada que se le parezca. Ahí gobernaba el tirano Gerardo Machado, quien por presión del propio gobierno del Perú, al mando de Leguia, lo mandó preso a él y a Bustamante.
 La redada  desatada incluyó a decenas de personas. Entre ellas: a Alejo Carpentier cuando todavia no era novelista. La detención del escritor peruano duró tres meses y luego fue expulsado a México. Era el año 1928. 


Pavletich al medio. A la derecha, Pablo  Neruda.

CON SANDINO
Sandino se habia levantado en Nicaragua y Pavletich consideró consecuente incorporarse a las huestes revolucionarias. Por eso mismo viajó a ese país  poniéndose en contacto, antes y en Honduras, con el poeta Froilán Turcios que era el representante  del sandinismo y editaba la revista “Riel”, de franco apoyo a los rebeldes.
El viaje lo hizo con pasaporte falso e incluso caminando a pie  por las montañas de Honduras y gran parte de Nicaragua, con la ayuda de los guías que reportaban a los revolucionarios. Todo esto ocurrió los días de Semana Santa de 1928.
Hasta que llegó a donde estaba ubicada la primera columna sandinista, comandada por el coronel Gregorio Colina, quien lo llevó donde Sandino. Un dia antes, el peruano habia cumplido los 22 años de edad. El general nicaraguense estaba rodeado de su estado mayor. Todos sentados en el suelo. Su ejército, en su mayoría, estaba conformado por campesinos y mineros.
Pavletich quedó mirando fijamente y con mucho interés a Sandino, quien no demostraba ni daba la impresión del carácter que tenía. Menos del valor y la tenacidad que poseía.
Era un hombre pequeño de raza mestiza tirando a blanco, que se peinaba el pelo con raya al medio. Ojillos vivaces. Nariz prominente y ancha en las bases. La boca de los labios muy finos
No alcanzaba ni siquiera el metro sesenta de estatura. Calzaba unas botas de minero. Llevaba pantalón de montar, camisa kaki y de su cintura colgaba una pistola 44, cuya funda estaba amarrada a una pierna para que no le molestara al caminar.
Por aquel entonces,  un combate se desató entre las huestes sandinistas contra los norteamericanos, comandadas por el jefe de su estado mayor, el general  guatematelco Isidro Ruano, en la ciudad de Bocay, cerca de la frontera con Honduras. El final de este sandinista fue trágico: lo capturaron, le amarraron el cuerpo con cadenas y lo fusilaron.
Pavletich, en calidad de secretario de Sandino, estuvo en México cuando el lider nicarguense visitó ese pais. Le daba al peruano toda clase de apoyo para su trabajo e incluso le pedía que, en los actos públicos, hablase en nombre de él, conforme lo hizo varias veces.
 Para el intelectual, el jefe de la guerrilla nicaraguense no era comunista. Aunque tenía una gran inclinación hacia la izquierda. Su propósito exclusivo consistía en mantener un frente único amplio.


Augusto César Sandino.

 NERUDA
El jerarca rebelde nicaraguense fue ametrallado y asesinado  en el aeropuerto de Managua. Lo mismo ocurrió con su hermano Sócrates y dos de sus generales, Francisco Estrada y Juan Pablo Urmanzor. Sus cadáveres desaparecieron para siempre. La orden la dio Anastasio Somoza, quien era el Jefe de la Guardia Nacional. En tiempos del Presidente liberal, Federico Sacasa.
 En 1930, el escritor retornó al país. Había  militado un tiempo en el Apra. Pero alli no cuajó. Nuevamente fue deportado rumbo a Guayaquil. Con pericia y destreza, jugándose el todo por el todo, logró fugar en Huacho del barco que lo conducía. Sin embargo, a los pocos dias, las fuerzas del orden lo detuvieron otra vez y lo internaron en la isla de prisión de “El Frontón", ubicada en el Callao.
Se le desterró nuevamente. Esta vez a Chile donde se encontró con la intelectualidad mapochina, realizando constantemente amplias y diversas actividades relacionadas con la cultura. No dejando, en ningún momento, la política
 Muy amigo se hizo del gran poeta Pablo Neruda, a quien, posteriormente, acompañó al Cusco. Los dos visitaron las ruinas de Macchu Picchu. Ese viaje le sirvió al vate mapochino para escribir el famoso poema de recuerdo a dicho lugar historico del Perú.
Fue director del Diario Oficial "El Peruano". Años más tarde, le amputaron ambas piernas por problemas circulatorios aparecidos, de un momento a otro, cuando iba a viajar a Cuba como miembro del jurado de los premios literarios de la Casa de las Américas.
Vivió, a partir de ese momento, retirado en su casa ubicada en la calle Comandante Jiménez del distrito de Magdalena del Mar, postrado en cama, acompañado de su esposa Lucia Silva de nacionalidad colombiana y sus descendientes. Entre ellos: Iván y Sergio Pavletich. El primero, hace unos años, falleció.
Era su tercer matrimonio. Antes se habia casado, en primeras nupcias, con la huanuqueña Dina Blengeri. Con quien tuvo dos hijos: Aldo y José. El segundo compromiso fue con una dama de procedencia rusa.
Murió en Lima el 8 de febrero de 1981, a los 74 años. Intelectualmente, incursionó, además, en la poesía, la  historia, el folklore, la crítica literaria, el análisis político, con una pluma suelta que demostraba a las claras un amplio nivel cultural. Pese a sus excesos de índole doctrinario.
Ahora bien, la vida politica tan agitada del intelectual no interfirió en nada para su produccion literaria. Variada y prolífica. En 1927, aparecieron los poemas revolucionarios y, tres años después, una afiatada biografia novelada del héroe de Huamachuco, paisano del autor, cuyo titulo fue: “Leoncio Prado, Una vida al Servicio de la Libertad”.


Tapa del libro sobre el héroe huanuqueño.

Este libro, con prólogo del famoso  poeta y político José Gálvez, fue todo un suceso editorial. Para el connotado escritor, Enrique López Albujar, impulsor del indigenismo como corriente literaria en el país, el mérito de la obra es haber humanizado en tal forma al héroe que incluso se dio a conocer, por primera vez, muchos asuntos enteramente inéditos de su vida.  El talento del autor  fue puesto al servicio de la historia.
La crítica literaria celebró, con comentarios favorables, la aparición de otra de sus novelas denominada “Estraño Caso de Amor”, libro que salió a luz con un  corte enteramente psicológico donde se narran los amores llenos de pasión, contradicciones e incluso de morbosidad, de una rara pareja de ascendencia europea.
 La relación  terminó trágicamente y aquí el escritor se luce en los recursos de carácter técnico que utiliza, con una claridad impresionante. Sobre todo,  un dominio de las interioridades de las personas cuando tienen problemas de indole terapéutico.
Por otro lado, lo que si  nunca consiguió Pavletich es llegar al Congreso de la Republica como parlamentario. No obstante de que tenía cualidades para ocupar tal cargo y que lo tentó repetidas veces, como candidato a diputado por Huánuco.
CONTRADICCION
 Apareció inclusive y contradictoriamente en listas del conservadurimo mientras él era un eminente hombre de la izquierda peruana, como fue en 1956 que acompañó a la candidatura oficialista de Hernando de Lavalle, la misma que era apoyada, por nada más y nada menos, que por el gobierno dictatorial del General Odría. Sus enemigos y detractores, lo llamaron inclusive el candidato “repetitivo y crónico”. Por no haber ganado ninguna elección.
En lo que si fue persistente y triunfador fue en su obra literaria porque, durante todas las épocas de su vida, escribió copiosamente. Aparecieron, con éxito editorial, 398 versos distribuidos en poemas de extensión variable. Asimismo, el cuento Tres Relatos en 1959 y La Revelación de Kotosh en 1964.
Entre sus  ensayos, en los que demostraba conocimiento y profundidad, figuraron: El Mensaje de México (1934), Autopsia de Huánuco (1937), Emiliano Zapata, Precursor del Agrarismo Americano (1959), Bolivar Periodista (1960) “Un tal Gabriel Aguilar”, quien es el prócer huanuqueño de la Independencia nacional (1959).
Además, “La Picaresca y la Ascética en la Conquista de América”, el  cuento,La Verruga”  y “La Antología de los Negritos” (1973), en autoría con Javier Pulgar Vidal y Nicolás Vizcaya, de corte folklórico sobre esta antigua danza de alegoría a la libertad y la emancipación que se baila por las calles de su pueblo natal en Pascua y Año Nuevo y la celebración de los Reyes Magos, el 6 de enero.
Los protagonistas salen con vistosas máscaras irradiando alegria. Allí están  los negritos que de esclavos han roto sus cadenas y ahora son libres con máscaras de cuero, elegantemente vestidos con trajes de bordados. Incluso con hilos de oro y plata, cintas de cristal y en los hombros, portando charreteras doradas.
Mientras que los  corochanos, miembros de la nobleza española, de tongo, camisa blanca y corbata. Luciendo un terno peculiar de saco largo cortado por atrás a la mitad, quienes hacen sonar sus matracas en una mano y en la otra llevan el látigo con el que asustan, sobre todo, a los niños. Mientras que la banda de musicos interpreta infinidad de canciones.
Aparecen el turco y la dama, representando a los propietarios de las haciendas y El Abanderado, personaje importantísimo sale a la vista, como signo de la libertad. Todos ellos visitan los templos y nacimientos de las casas, donde le rinden homenaje bailando al niño Jesús  que ha nacido recién. Este acto  se conoce como la adoración. Los dueños de las viviendas, en recompensa, les invitan huarapo, aguadiente (shacta) y un plato de locro de gallina.


Los negritos de Huánuco: danza típica.

Hay, pues, una constante de Pavletich que merece destacarse. Su persistente inclinación a escribir sobre Huánuco, a quien tanto quiso y por el que se dio enteramente. Pero con sus posiciones, incluso fue más allá y rompió fronteras nacionales e internacionales.
De lo uno se le admira porque efectivamente se convirtió en un excelso escritor. Pero de lo otro, su posición política, muchos la respetan democráticamente. Sin compartir lo que él llamaba insistentemente sus ideales  puros y acertados. Otros, que no dejan de ser significativos, lo rechazan por completo. Pero lo rescatable es que esta es una vida que valió. Una vida que, para bien o para mal, dejó profunda huella. (Noé)

11 comentarios:

  1. Me parece impecable esta semblanza de un escritor que para la gran mayoría es poco conocido. No obstante, su valía y capacidad. En Huánuco mismo su tierra natal, como la mía, ni siquiera difunden su obra o le rinden homenaje. En la tierra de los Caballeros del León, debería haber una calle con su nombre. Esto es un pedido directo que hago a la Municipal Provincial.Javier Mercado

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  2. Esteban Pavletich, definitivamente fue una figura de las letras peruanos. Pero también muchos años ejerció la labor del periodismo. Como se dice aquí en la nota fue Director del diario El Peruano. Cuando ejerció ese cargo escribió sobre Bolívar Periodista. Una crónica de investigación profunda que da a conocer a las claras la inclinación del Libertador a esta profesión. Marco Pajuelo

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  3. Pavletich fue del grupo de ese connotado periodista que fue Francisco "Paco" Igartua y de la Directora de Caretas Doris Gibson. El primero lo nombra varias veces en sus memorias donde destaca su capacidad creativa. Una vida interesante. en lo político se jugó por entero. En la Literatura tuvo lugar y nombre propio.Que bien que se le recuerde Gerardo Armas

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  4. Soy huanuqueña y obviamente esta nota me ha gustado. No solo por Pavletich sino por leer sobre una de las danzas tan antiguas y peculiares de la zona. La de los Negritos. Realmente me hizo acordar mi infancia. Las navidades cuando era niño. Que lindos son los negritos. Su música, su adoración. Me ha enternecido plenamente. Herminia Jara.

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  5. ¿Que hacia un hombre de izquierda en las listas de la derecha. Lavalle, en 1956, era eso. Más aún como se dice en esta crónica, aliado a la dictadura de Odria. la que representaba a los exportadores y los sectores recalcitrantes. Error grande del escritor. El pueblo debió darse cuenta y por eso no salio elegido diputado. Juan Véliz

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  6. La pluma de Pavletich es ágil, punzante y directa para la denuncia. Pero también se inclina por la historia. Lo hizo con Leoncio Prado logrando una biografía completa del héroe. Pero en lo que no puedo estar de acuerdo en sus concepciones políticas. Allí si que se equivoco por completo. Fernando Calderón

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  7. Siempre es lindo encontrar notas sobre mi abuelo! Saludos, Ericka

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  8. Estoy en Canada y tengo una firma de Esteban Pavletich muy linda que siempre la leo para levantarme el espiritu. Fue hermano de parte de madre del hermano de mi mama , Andres Pavletich Ingunza de Huanuco. estudie con su tercera esposa en la Universidad de IG de la Vega, ella era mayor y yo una quinceñera. Linda dama de colombia. Que hermosos recuerdos, A los dos besos dulces desde la tierra al cielo. ManuelaRamirezNeyra.

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  9. Por lo que se narra obviamente se trata de un aventurero de las letras y oportunista de la politica.Se dice que escribio sobre Leoncio Prado a pedido del Presidente Manuel Prado a fin de ensalzar a la familia y contrarrestrar la negra historia de su padre Mariano Ignacio Prado calificado como traidor por haberse fugado en plena guerra y haberse enriquecido con las Joyas que donaron damas peruanas para comprar armas y mantener en plena guerra negocios con los Chilenos, comprando propiedades alli,etc. etc. Como compensacion por dicho trabajo Pavletich fue nombrado Director del Diario El Peruano y sus hijos favorecidos con contratos de obras publicas.
    En su novela " no se suicidan los muertos", cometio una garrafal falla narrativa : transcribe un diario como base de la historia,donde hay una verborrea con el mismo estilo suyo,como si el mismo que narra la historia fuera el que escribio "el diario", el cual tiene otro error garrafal: un diario de una persona que vive como prisionero no podria nunca escribirse floridamente, tendria que haberse escrito casi sinteticamente, como escribia por ejemplo el Che Guevara.

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  10. El juzgamiento a Pavletich hecho por Osmal, definitivamente, es muy pero muy duro. Pareciera que la semblanza hecha por el suscrito habría sido mal interpretada. Llegar a tales extremos de apreciación nos parece, por donde se le mire, injusto. El escritor tuvo un lugar preponderante en la Literatura peruana que merece destacarse. Políticamente fue de izquierda definida. Ello no lo negaba, ni tampoco lo escondía. Más allá de los defectos que cometió por efectos de su ideología. Si nos ponemos en el punto medio de la crítica que podamos hacerle, encontramos, de nuestra parte, que más son los aportes que sus imperfecciones. Afirmar contundentemente que “ se vendió al Presidente Prado” podría ser una temeridad. Muy difícil de probarlo fehacientemente. Lo importante y primordial es que la vida de Leoncio Prado que escribió es impecable, según la opinión de los críticos literarios. El cibernauta le ha encontrado errores a su relato “No se Suicidan los Muertos”. Bueno nosotros también, empezando por su personaje principal, Anibal Morand. Pero nadie puede negar que ganó el Premio Nacional de Novela con esta misma obra. Hombre con virtudes y defectos, buen escritor y político de ideas marxistas. Eso es lo que fue, resumidamente, Pavletich. Que valió, claro que valió.

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  11. Lamentablemente E. Pavletich está quedando paulatinamente en el estigma del olvido. Hoy en su ciudad natal, solo queda de él la denominación de un puente que necesita ser reconstruido y que se erige sobre el río Huallaga, aquello único que se mueve en la ciudad y que denunció en su ensayo "Autopsia de Huánuco". Este es un buen artículo que intenta rescatarlo.

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