viernes, 18 de octubre de 2013

GUIMOYE: EL QUE APOSTO POR EL PERU

Anciano, encorvado, lento ya de brazos y piernas, Emilio Guimoye Hernández, Don Emilio, recorrió sin cesar oficinas públicas, visitó amigos influyentes, escribió cartas, envió peticiones, pidió que le entreguen lo que alguna vez fue suyo. Tenía 96 años, y no buscó el dinero o el poder, sino la justicia. Durante la segunda gestión de Belaúnde el Estado decretó, para él, un pago indemnizatorio, pues ese mismo Estado, en la década anterior, lo había despojado de su pequeña fortuna durante la Reforma Agraria. Guimoye esperó, con paciencia pero con igual firmeza, que el decreto se cumpla. Lo último que muere, decía, es la esperanza.
La suya es, sin duda, una historia singular. Guimoye apostó por el Estado, como pocos. Invirtió en nuestra tierra, tiro los dados en Bagua y, cuando estaba contemplando el espléndido resultado, un contrincante imprevisto le pateó el tablero y lo mando a casita. Solo que su casa estaba, precisamente, en Bagua y lo perdió con todo.
Don Emilio nació en el Callao en Octubre de 1891. Su padre, llamado igual que él, era conocido comerciante de abarrotes al menudeo y lo dejó huérfano cuando solamente contaba con tres años de edad. En 1903 falleció la madre, doña Rosa, y el muchacho pasa al cuidado de su padrino, Antonio del Rosario. A los 15 años, tras cursar apresuradamente estudios secundarios, empezó a trabajar.



CHINCHA
Diez años más tarde animado por el padrino, Guimoye se instaló en Chincha. Allí se empleó como dependiente contable en un establecimiento comercial, y luego montó su propio negocio, un comercio de géneros y novedades. Chincha era por entonces una próspera ciudad de hacendados y el joven empresario vio crecer en ella, prontamente su fortuna
Como el negocio era de telas importadas, muchas mercaderías subieron de precio cuando la guerra del 14. Además obtuvo la concesión del Estanco del Tabaco para la venta de cigarrillos y la Casa Milne de Lima, lo hizo representante de sus harinas y sus fideos. Con lo que iba ganando adquirió la mayoría de la acciones de la recién fundada empresa de teléfonos de Ica y fundó la empresa de luz eléctrica en Chincha.
Más tarde, don Emilio tomó en arrendamiento el fundo “Mencía”, vecino a las tierras de Fermín Tangüis. Sembrando los algodoneros desarrollados por el investigador, hizo dinero suficiente para adquirir el fundo de San Jacinto en el valle de Pisco. Debido a los rigores de la Guerra Mundial, los precios del algodón ascendían vertiginosamente y los chacareros de la localidad obtenían pingües ganancias con la exportación. Don Emilio convertía, con inusual rapidez, estas ganancias en nuevas tierras de cultivo, ampliando constantemente sus rubros de producción y expandiendo considerablemente su propiedad.


Una pequeña foto de Guimoye al lado de los sembríos.

SENADOR Y MINISTRO
Guimoye, hombre parco y de modesta vida social, nunca tuvo ambiciones políticas. Sin embargo, fue elegido Senador de la República en 1945 en representación del departamento de Ica. Más tarde, en 1954,  ocupó la cartera de Hacienda bajo el régimen de Odría. Se acercaba una grave crisis económica y puso como condición para aceptar la cartera que se aplique una severa política de austeridad fiscal, de moralización, de reducción del gasto público y que no se aumentara los impuestos. Su principal preocupación era no devaluar la moneda. En 1955 se apartó del gobierno al advertir que se propiciaban prioridades y gastos vinculados con el interés político, pues se acercaban las elecciones. Renunció irrevocablemente.
Con el descubrimiento del Paso de Porculla se hizo posible construir una carretera entre Olmos y Marañón. Esta nueva posibilidad permitió que el nor-oriente peruano fuera considerado como un lugar de ingentes reservas agrícolas, listas para ser explotadas por quien tuviera la voluntad suficiente. Guimoye la tenía. Fueron dos militares los que le animaron a invertir en la región, el General José del Carmen Marín, fundador del CAEM y notable geopolítico, y el General Roberto Dianderas, ingeniero militar que había trabajado allí.
En 1950 Guimoye adquirió la totalidad de las acciones de la Sociedad Ganadera y Agrícola Perú-Brasilera, recién constituida, con lo que pasaron a sus manos los fundos “Morerilla”, “Mineral” y Misquillacu” en Bagua. Don Emilio, a quien en la localidad se conoció como “El chino Guimoye”, se asentó entonces en aquella difícil zona de nuestra selva, acompañado e dos de sus hijos y dos hijos políticos. Puso su centro de operaciones y comenzó a trabajar.
VIA
Todo lo invirtió en ese proyecto. Solamente el 2% de las tierras por él adquiridas habían sido trabajadas ya, con relativo éxito. El resto era territorio aún virgen para la faena agrícola. Para hacer viables sus ambiciones, Guimoye colaboró  con la construcción de la carretera de Corral Quemado a Chachapoyas, mejorando la infraestructura general de los fundos de la zona.
Los cultivos usuales en Bagua eran el cacao, el café y los cítricos. Guimoye llevó desde Ica, semillas de algodón. Para que esta planta prendiera se hacían necesario largos trabajos de aclimatación y asentamiento. Don Emilio los emprendió, convencido de que al final del camino lo aguardaba un éxito sin precedentes. Cuantiosas inversiones realizadas en la zona rendirían beneficios recién al cabo de diez o doce años de intensa labor. Es decir, alrededor de 1970, precisamente cuando se iniciaba la reforma agraria.
En aquellos momentos se había hecho ya óptimo cultivos de arroz y se estaba robusteciendo un ambicioso proyecto ganadero. Eran días de incipiente prosperidad, tras temporadas integras de trabajo.



Tierras en Bagua que pertenecieron al ilustre personaje.

DESPOJO
 En un principio, Emilio Guimoye creyó que la Reforma Agraria no lo afectaría, pues las llamadas zonas bajas de la selva no estaban contempladas en la ley. Inesperadamente, sin embargo, se presentaron en Morilla los funcionarios del gobierno, acompañados de un notario público y de fuertes contingentes policiales, quienes comunicaron a Guimoye que no era más el propietario de aquellas paradisiacas aunque rebeldes tierras.
Le mostraron solamente una resolución ministerial que bastaba para hacer efectivo el desalojo. No le permitieron sacar de la casa ni una silla. Había puesto allí toda su fortuna y se quedó, de pronto, sin medio real. Guimoye no tenía dinero en bancos del exterior, ni otra propiedades que las agrícolas. En efecto, había apostado, como inversionista, por el Perú y su partida había terminado abruptamente, con pérdida para todos.
La región de Bagua tuvo siempre la mala fama de ser poco apta para la producción agropecuaria. Se dice de ella que es un mito, un sueño, un embuste. Emilio Guimoye mostró la falsedad de semejantes asertos, haciendo de sus fundos prósperas empresas de muy alta competitividad. La tan necesaria expansión de nuestras fronteras productivas se iniciaba apenas cuando el activo hombre de  empresa e industria fue despojado de sus pertenencias. Casos como este, fruto de la aplicación indiscriminada de la leyes concebidas en la teoría, siempre resultan de lamentar. (Jorge Donayre Belaúnde)

3 comentarios:

  1. Hola, que excelente haber podido leer este blog.
    Qué bueno poder conocer la historia desde otro punto y sobre todo objetivo.
    Éxitos!

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    1. Agradezco este Blog, Interesante en todos sus extremos, en lo que no concuerda es que Don Emilio Guimoye, hasta sus últimos días, nunca estuvo encorvado, muy por el contrario siempre mostro una fortaleza sin igual y la entereza de andar solo. Tuve la fortuna de almorzar con él muy seguido en los días que antecedieron a su muerte y no se pudo notar ningún mal de salud que presagiara su partida.
      Hombres como Don Emilio hacen tanta falta en nuestro Perú.
      ATTE.
      Marco Guimoye

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