viernes, 18 de octubre de 2013

CONTROVERTIDA VALIA DE JUAN DE ARONA

Intelectual peruano de grandes alcances y especialidades que vivió entre 1839 y 1895. Satírico y feroz critico de otros escritores. Maestro universitario y profesor de griego en San Marcos.  Poeta, historiador, amante del criollismo. Diplomático consistente y de tareas de negociación complicadas que lograba éxitos. Viajero empedernido y estudioso de la lengua castellana, con grandes alcances en la búsqueda infatigable del fortalecimiento de la cultura universal.
Todo y esto y mucho más fue parte de la controvertida personalidad de Pedro Paz Soldán y Unanue más conocido por su seudónimo Juan de Arona. Era nieto del prócer de la Independencia y destacado médico Hipólito Unanue, quien llegó a ser toda una figura de la República. El descendiente, un exponente valioso del humanismo peruano durante la consolidación del Siglo XIX.
Hijo de Pedro Paz Soldán Ureta y de Francisca Unanue. De su antepasado el galeno, heredó la hacienda San Juan de Arona y de aquí sacó el apelativo por el cual lo conocieron todos, haciéndose evidentemente famoso. Lo mismo ocurrió con la biblioteca del abuelo que pasó a sus manos y la utilizó al máximo como instrumento de consulta. Por su parte el fundo, de gran producción agrícola, está ubicado hasta ahora intacto y conservado a la usanza de la época pasada en el valle limeño de Cañete.
Formó parte de una familia erudita. En efecto su tío Mateo Paz Soldán,  gran conocedor del suelo nacional, escribió un libro valioso  como parte de un concienzudo estudio titulado “Geografía del Perú”, publicado en 1860 por otro estudioso notable como fue el otro pariente suyo del mismo grado de consanguinidad llamado Mariano Felipe Paz Soldán.

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Juan de Arona.

HISTORIADOR
Este último un famoso historiador autor de diversas obras de importancia como la primera historia peruana de la Guerra del Pacífico y  el Atlas del Perú, también el primero en su género. Fue Canciller de la República (1857) y Ministro de Justicia dos veces. Entre 1869-1870 y 1878-1879
Juan de Arona estudió en el convictorio carolino donde precisamente se educaron una pléyade de jóvenes de  origen aristocrático. Por aquel entonces, su familia se trasladó a Cañete por las convulsiones políticas de la capital.
 Allí el joven se nutrió de  valiosas lecturas, sobre todo de los clásicos. La etapa más tranquila de su vida, según sus biógrafos como Jorge Villarán Pasquél que lo estudió a profundidad e incluso hizo, sobre su existencia, una tesis doctoral de Letras.
En la citada provincia limeña permaneció un buen tiempo, salvo esporádicos viajes a Arequipa de donde eran oriundos sus parientes e Iquique, hasta que a los 18 años residió 12 meses en el puerto chileno de Valparaíso. En abril de 1859 se embarcó hacia Europa, la más larga y provechosa de sus travesías que siempre recordó por  sus inefables funciones e inagotables enseñanzas.
EN EUROPA
Llegó a Londres y se dirigió a París. Luego ingresó por vía terrestre a España visitando San Sebastián, Bilbao, Valladolid y Madrid. En este país estuvo seis meses y, por encargo del escritor Felipe Pardo y Aliaga, alternó con literatos reconocidos como Bretón de los Herreros y Ventura de la Vega, antiguos compañeros del colegio San Mateo donde estudió el famoso autor costumbrista.
Arona, en esta oportunidad, tuvo su primer contacto con la Real Academia de la Lengua Española donde, a instancias de los Herreros, Pardo y Aliaga es designado miembro correspondiente de la institución madrileña.
Posteriormente, siguió un extenso periplo por otras tierras extranjeras que lo lleva por Francia e Italia. De allí partió hacia Egipto, logrando visitar Alejandría, el Cairo, Damasco y Estambul. Asimismo pasó por Grecia, nuevamente a Italia y recaló otra vez en Francia. Retornó al Perú a comienzos de 1863, año que publicó su primer libro de poemas románticos bajo el título de “Ruinas”.
Creó una serie de poesías descriptivas que sacó a luz en 1867 como “Cuadros y Episodios Peruanos”, donde defiende el uso de los peruanismos. Incluso los tachados de chabacanos. Era enemigo de introducir los hispanismos que los consideraba de muy mal gusto. Incluyó en su publicación un índice de los términos nacionales. Con la advertencia de publicar un repertorio lexicográfico completo que, dicho de paso, fue una realidad años después.
AMARGURA
Arona resultó ser hombre de carácter atrabiliario y díscolo con una constante de mostrar interés por los temas del lenguaje. Por eso es que en varios de sus poemas satíricos destiló una buena proporción de amargura con respecto a la situación que, según él, estaba el idioma castellano.
A pesar de los excesos, el merito del estudioso de la lengua es haber encontrado una posición de estudio de los peruanismos de la época. Los entendía como aquellas voces que realmente lo son por ser derivadas del quechua o, como decía él, corrompidas del español o inventadas por los criollos.
 Consideraba como propias aquellas muy castizas que aluden a objetos o costumbres tan generales entre nosotros y tan poco comunes en España. Todo esto es parte de los peruanismos, según Arona. Dentro de este contexto de conceptos publicó su diccionario que, realmente, contribuyó al idioma.
Para un experto en estas lides como Enrique Carrión Ordoñez, esta obra de Arona es  más bien un conjunto de cuadros literarios que una verdadera colección lexicográfica, si bien abunda la  información filológica y es innegable que fue el precursor del análisis de los americanismos.



POETA
En sus poemas hay dolor y desesperación no obstante de que no había razones para ello, como dice el estudioso Villarán. Sobre todo porque su vida se desenvolvía en un hogar feliz con  una economía solida y estable, en un ambiente rural cañetano de plena belleza y sobre todo de tranquilidad.
Arona contrajo matrimonio en 1867 con Cipriana Valle Riestra y dos años después publicó el semanario “Saeta”, periódico de tan sólo dos meses de duración. Como parte de su producción literaria, estrenó la obra de su creación denominada “Más Menos y Ni Más Ni Menos”, sainete cómico en verso en un acto sobre las vivencias de la Lima de aquel entonces.
Colaboró con una serie de revistas literarias y siguió escribiendo poesía copiosamente. Sus actividades las alternaba como profesor de la Facultad de Letras de San Marcos y en el Colegio Nacional “Nuestra Señora de Guadalupe”.
Con el correr de los años, Arona tenía una numerosa familia por mantener y pasó por una fuerte crisis económica, en vista de que perdió la propiedad de la hacienda del mismo nombre y se vio envuelto en una serie de deudas por dinero que gastó desordenadamente.
AGRESIVIDAD
Para palear el temporal y cubrir sus necesidades y las de su prole, ingresó al Cuerpo Diplomático de la Cancillería del Perú. En 1879, año que precisamente se desató la Guerra con Chile, se desempeñó como  Encargado de Negocios en ese país. Lo comisionaron asimismo, con el mismo cargo, en Buenos Aires (Argentina). En ambos puestos se caracterizó por ser un agudo negociador y un profundo conocedor del  Perú, sus problemas y posibilidades.
En este último país comenzó a editar su  “Diccionario de Peruanismos” que completó en Lima en 1883. Siguió por completo dedicado a escribir poemas de diversa índole. Dejo de hacerlo a propósito de la muerte de su esposa en 1886. Lo afectó por completo. Pero felizmente, a los pocos meses, se recuperó y continuó en el ejercicio de las letras.
La agresividad de su carácter aumentó de un momento a otro, según señala su biógrafo Villarán. Lo que lo ofuscó por entero y lo hizo cometer una serie de desaciertos. Uno de ellos está relacionado a un hecho en sí importante cuando se inauguró la Academia Peruana de la Lengua correspondiente a la española
En efecto, el escritor se negó por un buen tiempo a participar en cualquier reunión de esta índole empecinado por la cólera, pero sin decir razones específicas. Tan sólo se oponía a rajatabla e pesar de que podía aportar. Capricho total. 
OPOSICION
 Cuando le dio la gana de intervenir y lo hizo irresponsablemente, tan sólo se dedicó a atacar  a figuras consagradas de la Literatura peruana. Como  Ricardo Palma y Clorinda Matto de Turner. Arona se hacía de enemigos con mucha facilidad y hallaba, por sus actitudes incoherentes, rechazos implacables. Hasta se dijo de él que era el conflicto en persona.
El primer Director de la Academia de la Lengua, prestigiada desde sus inicios, fue Francisco García Calderón. El tradicionalista Palma deseaba que tal cargo sea ocupado por Monseñor José Antonio Roca y Boloña.
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Ricardo Palma.

Arona armó un escándalo de padre y señor mío, oponiéndose tajantemente a tal nombramiento No le perdonaba al sacerdote que, en un concurso literario, éste había considerado un poema suyo en segundo lugar. Sus odios eran más importantes que la razón y la propia realidad. Lo cierto es que Roca y Boloña no pudo ser designado. El escritor satisfecho, indebidamente, de haberse impuesto.
 Sin embargo según los críticos de su obra, como Alberto Tauro del Pino, el intelectual era leal a la verdad en cuanto se refiere a su país y sus gentes. No dejando de destacar su profundo nacionalismo. Hay, eso sí, otros que incluso ni siquiera le dan valor específico de pensador.
 Pero lo que sí reconocen tirios y troyanos es su vena satírica en su producción literaria como reconocida aptitud limeña, aunque el autor refunfuñaba constantemente, en voz baja, de diversos aspectos de la vida. Nada le satisfacía y ello que era anormal formaba parte de su pasivo y sus defectos.
 En el fondo lo que tenía, quién lo creyese, era una inseguridad de su propia valía. Con ello y con su consabido malgenio se la pasó atacando hasta el final de su vida a sus colegas, muriendo el 3  de Enero de 1895. Genio y figura hasta la sepultura. (Noé)

1 comentario:

  1. Una bien estructurada biografía del primer autor de un Diccionario de Peruanismos con el seudónimo de Juan de Arona, aunque su verdero nombre fuera el de Pedro Paz Soldán y Unánue, como bien señala Noé.

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