viernes, 18 de octubre de 2013

LAS PARADOJAS DE JOSE DE LA MAR

Completamente paradójico. Hombre serio, honrado, sencillo, afable. Una brillante foja de servicios castrenses y de guerra. Pero, íntimamente, enemigo del militarismo. Como del caudillaje, los personalismos y del mismísimo presidencialismo. Sin embargo, Presidente de la República del Perú en dos oportunidades: de 1822 a 1823 y entre 1827 a 1829. Nunca buscó el poder. Lo llevaron a él de la mano de otros. Con el apoyo de los liberales de aquella época. No parecía político, ni le gustaba esta actividad.  Los que lo admiraban lo calificaban de tenaz. Nada más y nada menos que Bolívar se lo dijo. Sin embargo, sus enemigos le insultaban como cobarde total. Capaz de encontrar todo lo grande y lo bello. Así consideraba a la nacionalidad peruana de nacimiento, ganada a pulso y batallas de por medio en que se jugó por entero la existencia. Un ser de intensos sufrimientos a lo largo de parte de su convulsionada vida. Eso sí siempre: sin ambición, sin astucia y sin insidia. Paradójico, definitivamente, en los extremos de sus vivencias totales.
Para la elección del primer mandatario del Perú de aquella época de la república primigenia, el Presidente de la Constituyente de 1828, Francisco Javier de  Luna Pizarro, presentó la candidatura del Mariscal José Domingo de La Mar y Cortázar, cuyos partidarios se hicieron notar porque usaban un distintivo colorado. El militar estaba ausente y fuera del país. Nada había hecho para conseguir tal distinción. Tan sólo lo escogieron por méritos propios. Por el ejemplo que acumuló.
El oficial de alta graduación resultó favorecido por el Congreso al acumularse 58 votos a su favor. Su rival, Andrés de Santa Cruz, obtuvo 29 adhesiones. En carta particular a Antonio Gutiérrez de la la Fuente, el candidato vencido calificó la elección de “brusco y sorpresivo ataque igual al que pueden hacer a un
caminante desarmado unos bandoleros de oficio”.


José de la Mar con la banda presidencial.

SAN MARTIN
Por su parte, el Libertador José de San Martin envió sus mejores deseos al nuevo Presidente y ofreció sus servicios si alguna vez la independencia  es amenazada. Fue elegido Vicepresidente de la República, Manuel Salazar y Baquijano, quien como La Mar había integrado la Junta Gubernativa de 1822, disuelta por el motín de Santa Cruz.
 Esta designación parlamentaria de corte enteramente democrático resultó, desde 1821 liberados del yugo español, la cuarta elección presidencial. Propiamente, la segunda  hecha por el Congreso Nacional.
Al escogerlo, Luna Pizarro fue leal a un viejo afecto. Leal a su doctrina liberal y leal a su temperamento. Con el alto oficial en el gobierno se alejaban por completo los peligros del caudillaje, del personalismo y del presidencialismo.
Pero debe considerarse, según Basadre, como negativo que el boliviano no  fuera elegido. Había en Santa Cruz aptitudes administrativas singulares y eran convenientes. Pero el hecho concreto es que quedó postergado. 
RIVALES
No era su único rival. El Prefecto del Cusco, Agustín Gamarra, aliado al  de Arequipa, Gutiérrez de La Fuente, no vio con agrado esta elección. Urubamba y Quispicanchis, provincias del Cusco, se negaron a prestar el juramento de obediencia al Congreso.
La Mar  ejercía el cargo de Jefe Político y Militar de Guayaquil. Cuando fue sorprendido con la  noticia de que se le había conferido la Primera Magistratura del Perú. El designado se dirigió al Congreso por medio de una carta para agradecer esta distinción y subrayó que se embarcaba para viajar a Lima, con el fin de hacer ver las razones que le asistían para no aceptarla.
El Congreso, en sesión del 7 de  de Agosto de 1827, acordó, a pedido de Luna Pizarro, nombrar una comisión de su seno que debía dirigirse al Callao el día de su arribo, con la misión de manifestarle que no aceptaba la dimisión y que debía prestar el juramento respectivo. Vencidos ya sus escrúpulos, entró a Lima de incognito y se hizo  cargo del Gobierno, después de desembarcar en el puerto de Chancay y así huir de los festejos que  prepararon  su llegada.
El día que tomó posesión del poder, 22 de Agosto, fueron estentóreas las manifestaciones públicas y, según relató un periódico, una serie interminable  de danzas nacionales no cesaban de recorrer las calles de Lima.  Los balcones  estaban entapizados, ondeando  banderas con los colores nacionales en las azoteas y las puertas de infinidad de casas capitalinas.
Cabe destacar que,  en actitud honesta y desinteresada, pagó de su peculio los gastos del baile en Palacio de Gobierno para celebrar este acontecimiento y no permitió que los abone el erario nacional.
PERUANO
 Por otro lado, mucho se dijo, sobre todo sus adversarios, que no era auténticamente peruano. En efecto, había nacido en  Cuenca, territorio actual del Ecuador. Sus padres: Marcos de la Mar,  funcionario español administrador de las Cajas Reales y la criolla Josefa Cortázar, quienes residían en Guayaquil y estaban muy ligados a la aristocracia de esa ciudad.
Según ley del Congreso del 12 de Febrero de 1825, a todos los individuos que habían servido en la campaña del Perú desde el 6 de Febrero de 1824 hasta el día de la victoria de Ayacucho,  se les  otorgó la calidad de peruanos de nacimiento.
Una resolución legislativa especial, del 15 de Febrero, mencionó su nombre entre los comprendidos en ese honor. Estuvo a partir de ese momento  en condiciones legítimas y constitucionales de ser elegido como presidente. No había vuelta que darle.



Busto del insigne peruano.

RECOMPENSADO
En la ceremonia del juramento de la nueva Constitución, ocho meses después de haber iniciado su nuevo gobierno, consideró ser “el peruano más feliz y altamente recompensado”. Al tomar posesión de su cargo dirigió una circular a los prefectos para pedirles sus ideas y autorizarles a que suspendieran la ejecución de cualquier providencia que les pareciera perjudicial, exponiendo francamente sus necesidades. Un nuevo estilo de gobierno.
Como Gamarra y Santa Cruz, fue un militar español en su juventud. A corta edad viajó a Madrid en compañía de su tío, Ignacio Cortázar, después Oidor de la Audiencia de Bogotá y Regente de la de Quito. Había nacido el 12 de Mayo de 1778.
Ingresó al Colegio de Nobles y, rotas las hostilidades entre España y Francia, participó en la campaña del Rosellón, llegando al grado de Capitán. Al empezar la guerra de la Independencia española,  tenía el grado de coronel. Le tocó combatir en el sitio de Zaragoza.  Luego luchó a las órdenes del General Black en Valencia, hasta la rendición de este ejército en 1812.
Prisionero en la ciudad de Dijón,  pudo fugarse a Suiza, gracias a la protección de un noble  francés. Pasó más tarde a Italia y de allí a España, a donde llegó  en Junio de 1814. Tres años después, fue enviado al Perú como Subinspector del Virreinato y Gobernador del Callao.
Actuó en la primera etapa de la guerra de la Independencia peruana en las filas del Ejército Realista. Pero al rendirse los castillos del Callao, no obstante de ostentar el grado de Brigadier, juzgó terminados sus compromisos con España y aceptó el despacho de General  que le dio San Martin.
GRATITUD
 Tal era la confianza ganada en el bando patriota que presidió la Junta Gubernativa creada al instalarse el primer Congreso Constituyente. Como premio a sus campañas de guerra,  le regalaron la hacienda Ocucaje, ubicada en el valle de Ica, que la devolvió a su dueño  de nacionalidad española.
El verdadero problema que el Gobierno de La Mar afrontó fue de carácter internacional. Ya uno de sus actos iniciales había sido la orden para que volvieran al escalafón los militares peruanos destituidos por Bolívar.
En ese momento, el Libertador representaba para el Perú problemas en el norte y en el sur. Ello no obstante, el Congreso, al disponer que le fuera  comunicada por el Poder Ejecutivo la noticia de su instalación y las del acuerdo adoptado a cerca de la Constitución boliviana y las elecciones de Presidente y Vicepresidente, expresó la gratitud nacional por los servicios que el Libertador prestó a la causa de la independencia nacional. 
GUAYAQUIL
Convenientemente decidido por la causa patriota y por convicción propia, el militar viajó a Guayaquil. Allí en esta ciudad lo designaron en 1822 Comandante General de dicha provincia. Consiguió la capitulación del comandante realista Villegas y la entrega para el Perú de tres buques: las fragatas “Prueba” y “Venganza. Además de la corbeta Alejandro. En premio a tales servicios, el Supremo Delegado Torre Tagle lo reconoció como Gran Mariscal, el 22 de marzo de 1822.
Elegido diputado por la provincia de Huaylas, concurrió a la instalación del Primer Congreso Constituyente del Perú y fue elevado a la Presidencia de la Suprema Junta Gubernativa del Perú, cuerpo colegiado creado por los diputados para suceder al Protectorado de San Martín. Los otros integrantes del flamante organismo fueron: Felipe Antonio Alvarado y Manuel Salazar y Baquijano.


En la Batalla de Ayacucho comandó la División Peruana.

Continuando con el plan que dejó San Martín, organizó la primera expedición a puertos intermedios contra los realistas que aun resistían en el sur. Pero dicha campaña fracasó y se  le culpó por ello.
Todo ello hizo que el descontento contra la Junta fuera general y por eso se consideró necesario establecer un gobierno unitario con un solo mandatario. El 26 de Febrero de 1823, los generales del Ejército acantonados en las cercanías de Lima tomaron prisionero a La Mar y obligaron al Congreso a designar como Presidente de la República a José de la Riva Agüero. En la práctica, lo que ocurrió fue el primer golpe militar en la Historia del Perú.
MATRIMONIO
Puesto en libertad, La Mar se dirigió a Chile y después a Guayaquil donde contrajo matrimonio con Josefa Rocafuerte de familias guayaquileñas cuyo hermano, Vicente Rocafuerte, llegó a ser Presidente de Ecuador.
 Bolívar lo nombró General en Jefe de la División Peruana del Ejercito Unido Libertador del Perú, el 26 de Enero de 1824, con la finalidad de reorganizar las fuerzas patriotas en Trujillo. Lo hizo a cabalidad
Luchó en  las Batallas de Junín y Ayacucho con una división especial peruana en este último enfrentamiento.  Convenció a Sucre de vencer a los realistas en Ayacucho, el 9 de Diciembre de 1824, donde su división, la Legión Peruana, sufrió el más rudo ataque del enemigo. Sin embargo, el grupo, con valentía  y decisión indomable, reaccionó a  tiempo  y finalmente fue el factor determinante para el triunfo contra los españoles.
Integró el Consejo de Gobierno instituido por Bolívar que se hizo cargo del Poder Ejecutivo peruano, durante la estadía del Libertador en el Alto Perú. La investidura la asumió el 5 de Enero de 1826.  Por estos tiempos falleció su esposa Josefa. No habían  hijos de por medio. 
PRESUPUESTO
Un hecho saltante  de su  segundo gobierno fue el primer esbozo de presupuesto presentado al Congreso por el Ministro de Hacienda, José de Morales y Ugalde, con una relación de ingresos y egresos durante el año 1827. Los gastos sobrepasaron los cinco millones de pesos. Mientras que los sectores de Guerra y Marina  absorbieron casi dos millones y medio
Durante este periodo gubernamental, la Constitución Liberal de 1828 se aprobó en reemplazo de la Vitalicia de Bolívar. La Carta Magna terminó con ciertos rezagos colonialistas como empleos hereditarios, mayorazgos, vinculaciones y privilegios.
Asimismo se abolió la tortura, las penas infamantes y sólo hubo pena de muerte en los casos de homicidio calificado.  Estableció la elección indirecta del Presidente y el Vicepresidente de la República para un periodo de cuatro años, inmediatamente renovable. Cámaras de Diputados y de Senadores, cuya renovación se haría cada dos años por tercios y mitades.
Una realidad  resultó el Consejo del Estado al que se le encargó la misión de observar y asesorar al Poder Ejecutivo. Igualmente la creación de las juntas departamentales, como medio de atenuar las tendencias federalistas.

Retrato a carbón y tinta del Presidente.

FACULTADES
La Carta Magna autorizó al Presidente  la posibilidad de suspender las garantías constitucionales e investirse de facultades extraordinarias por un tiempo determinado, con cargo de informar al Congreso a cerca de las medidas  tomadas. También se  fomentó  la industria, la educación, la realización de estadísticas, la civilización de los indígenas y  el apoyo a la inmigración.
La guerra a que se lanzó no tuvo éxito. Sin embargo al lado de las turbulencias y pecados que después imperaron, purificada por el infortunio y el destierro, resultó engrandecida. Su gloria ha quedado sin fervores y sin envidias, sin apasionados detractores, gloria pálida que sugiere respeto y quizás también piedad, según Basadre.
Antimilitarista de alma, depuesto ya una vez por la guarnición de Lima, hubo de apelar al ejército para solventar las querellas surgidas con la Gran Colombia. En el proceso de definición de la nacionalidad peruana, constreñida antes dentro de los vastos planes del Libertador Bolívar.
Las relaciones del Perú con la Gran Colombia se deterioraron debido en parte a las diferencias fronterizas. La Mar reclamaba Guayaquil. Mientras que Bolívar pretendía las provincias enteramente peruanas de Tumbes, Jaén y Maynas.
Los hechos se agravaron por razones políticas. Estaba por finalizar la influencia bolivariana. Lo mismo que la Constitución Vitalicia. Hechos que enfurecían a Bolívar, pues veía que su proyecto federativo se desmoronaba. Más aún cuando se hizo efectiva la ocupación peruana de Bolivia en 1828, tras  la expulsión de Antonio José de Sucre. 
LA GUERRA
El conflicto con la Gran Colombia comenzó con una guerra de papel entre ambos estados. Por intermedio de la prensa se hicieron mutuas provocaciones e injurias. El Perú expulsó de Lima al diplomático colombiano Cristóbal Armero, mientras que en Bogotá no se recibió al similar peruano, Jose Villa, alcanzándole  su pasaporte para que se retire
Bolívar declaró la guerra al Perú el 3 de Julio de 1828. La Mar aceptó el reto y movilizó el Ejército y  la Marina peruana contra el enemigo. Hubo un bloqueo de la costa del Océano Pacífico gran colombiano y se ocupó el puerto de Guayaquil. Además de la provincia de Loja en el sur.
Otra división del Ejército peruano, al mando del mariscal Agustín Gamarra, marchó desde el sur con el propósito de auxiliar a la Mar. Ambos mariscales, con 4 mil 500 hombres, planearon ocupar la  ciudad de Cuenca.
Mientras que el Libertador no pudo ir en persona al escenario de los hechos debido a la rebelión de los generales José Maria Obando e Hilario López, por lo que ordenó al Mariscal Sucre organice la defensa del sur de Colombia.
 El vencedor de Ayacucho, que hasta hace poco había sido Presidente de Bolivia, organizó un ejército con veteranos de la Independencia. Entre ellos contó con el General Juan José Flores, futuro presidente del Ecuador.
TARQUI
La Mar y Gamarra no coordinaron bien sus movimientos. Por su parte Sucre, actuando con habilidad en la madrugada del 13 de Febrero de 1829, sorprendió al parque de artillería peruano en el pueblo de Saraguro y lo destrozó por completo.
A continuación, el mismo Sucre, al frente de un ejército de 4 mil 500 hombres, acorraló y derrotó a una división de vanguardia del ejército peruano, integrada por unos mil soldados, en el lugar denominado Portete de Tarqui, cerca de Cuenca, el 27 de Febrero de 1829.
Dicha división se hallaba aislada del grueso de su ejército y pese a que poco después acudieron en su auxilio fuerzas al mando de La Mar y Gamarra, éstas no pudieron restablecer la batalla y optaron por retirarse en posiciones defensivas. Por su parte, los  colombianos fueron rechazados por los Húsares del Perú.
Tarqui fue un revés para el Perú, pero no una derrota decisiva. Cada ejército quedó dueño de su terreno y esperaban que al día siguiente se reinicie la lucha y se libre la batalla definitiva. No obstante, el imaginario  ecuatoriano considera a la batalla Portete de Tarqui como un definitivo triunfo y se ha consagrado el 27 de Febrero como el Día del Ejército de ese país. Nada congruente. Si poco real, desde el punto de vista histórico.


Mariscal Agustín Gamarra.

CONVENIO
Los peruanos recuerdan legítimamente el valor desplegado por sus soldados, que en número reducido en una proporción de uno a cuatro, resistieron vigorosamente el ataque masivo del ejército colombiano  hasta sucumbir gloriosamente.
La Mar, viendo que su situación era insostenible porque se le acababan las municiones y  no podía maniobrar en ese territorio tan accidentado, aceptó negociar con el adversario. El 28 de Febrero se firmó el Convenio de Girón por el cual se estableció el retiro de las tropas peruanas del territorio colombiano que ocupó. A su vez, los rivales reconocieron implícitamente como peruanas a las provincias de Tumbes, Jaén y Maynas
Pero sucedió que Sucre, inexplicablemente, redactó el parte de guerra y el decreto de premios expedido para los vencedores de Tarqui, teniendo expresiones que fueron consideradas falsas y ofensivas.
Por ejemplo, mandó que en el campo de combate se erigiera una columna en la que se leía en letras de oro lo siguiente: “El ejército peruano de ocho mil soldados que invadió la tierra de sus libertadores fue vencido por cuatro mil bravos de Colombia, el 27 de Febrero de 1829”.
La Mar protestó en carta que dirigió a Sucre. Aclaró que el ejército peruano sólo sumaba cuatro mil quinientos hombres y no esa cifra notoriamente abultada. Que en Tarqui sólo fue derrotada  una parte del Ejército. Que en vano se esperó el ataque final de los colombianos, el mismo que nunca vino ni ocurrió.
CONTRIBUCION
También señaló la valiosa y decisiva contribución peruana en las batallas de Junín y Ayacucho como respuesta al reproche de que el Perú se mostraba desagradecido a sus libertadores. Remarcó que los colombianos actuaron con salvajismo y fusilando a buen número de los prisioneros, enrolando a la fuerza a otro grupo de cautivos.
Por las razones expuestas, La Mar decidió suspender el Convenio de Girón hasta que se retiraran los agravios y corrigieran los excesos. Aunque Bolívar calificó de “quejas de vieja” las observaciones.
Para cualquier testigo neutral, era innegable que le asistía toda la razón al Presidente del Perú que estaba dispuesto a continuar la guerra. Pero fue depuesto y tuvo que salir del país. Gamarra, ya asentado en el poder, arregló un armisticio con la Gran Colombia y finalmente firmó el Tratado de Paz con aquel país.
En la noche del 7 de Junio de 1829, una comisión de jefes fue a las habitaciones de La Mar con una carta de Gamarra en que le pedía su dimisión. Ellos lo despertaron y a renglón seguido el agraviado mandó a llamar al golpista.


Recuerdo al mandatario en una estampilla.

PAITA
El cusqueño se negó a ir y el Presidente fue obligado a montar inmediatamente en una mula que lo arrojó de la silla una vez. Lo obligaron, por la fuerza, a irse rumbo al norte. Exactamente al puerto piurano de Paita. Casi enfermo, andando toda la noche y al día siguiente hasta ocultarse por completo el sol. Sin probar ningún alimento.
Gamarra lo derrocó aduciendo que el artículo 85 de la Constitución, según el cual el Presidente del Perú debe ser peruano de nacimiento y como no era su caso, tenía que dimitir. Craso error. Por completo se olvidaba que si poseía, de acuerdo a ley, la condición de peruano que se exigía por haber peleado en la Batalla de Ayacucho. Lo de Gamarra  era un pretexto y un ardid de la peor especie.
La frase entonces usada por Gamarra en una proclama: “No más extranjeros”, no más”, expresó su afán  por representar un espíritu peruanista que, a sus ojos,  no contrastaba con su actitud antiguerrera.
En la madrugada del 9, La Mar, el Coronel Pedro Bermúdez, Jefe del Estado Mayor del Ejército y un pequeño número de esclavos, fueron embarcados en Paita con una escolta de cazadores del batallón Pichincha, en una pequeña goleta aunque en el puerto existía un barco grande norteamericano pronto a darse a la vela a Chile.
El 23 de Junio llegaron a Punta Arenas en Costa Rica, tras un viaje casi sin provisiones. Tan sólo con  arroz, galletas y camotes. Cuenta, en carta a Luna Pizarro, que los sencillos habitantes del puerto de Paita vertían lágrimas, viendo en qué condiciones se fue el Presidente. Ahora bien, felizmente en este golpe de estado no se derramó una gota de sangre ni se persiguió a nadie más.


Cuando presidió la Junta Gubernativa.

EN CARTAGO
El escaso vecindario de Punta Arenas vio, con sorpresa, llegar a la goleta peruana Mercedes, conduciendo al Presidente y su comitiva. El Gobierno de Costa Rica se esforzó en atender a su inesperado huésped. Los diputados cedieron sus dietas para la recepción de bienvenida que se cumplió en San José.
Después de su festejado arribo,  radicó en Cartago que quizá le recordó su tierra natal, Cuenca, por su relativa altura y sus añejas costumbres. Su vida fue allí de recogimiento y de amargura. Viudo y  sin hijos envió  poder a Lima para casarse con su sobrina carnal,  Angela Elizalde. Pero nunca, por una razón u otra, pudo hacerlo. Ella murió en olor a santidad. La amortajaron como a las vírgenes: de blanco y con palmas.
El Presidente no tuvo, pues, cerca a nadie de su familia. El abatimiento más que la edad fue minando su salud. Aparte de sus seis esclavos, no contó sino con la asistencia del Coronel Bermúdez. Falleció el 11 o 12 de octubre de 1830. Poco tiempo antes había sido asesinado Sucre. Y poco tiempo después, moría Bolívar. 
ENTIERRO
La ceremonia de su entierro  conmovió a Cartago y el ataúd fue llevado en hombros de los seis esclavos. Lo que excitaba mayor curiosidad, por no decir admiración, era  no solamente el nunca visto aparato militar, sino también el soberbio caballo de batalla que el general había traído del Perú, ataviado con brillantes arreos e insignias militares del finado y conducido ante el féretro por vistosos jinetes.
Para aumento de novedad y formando parte del numeroso acompañamiento, el inseparable compañero de La Mar cuando salía a pie o a caballo y que siempre estaba a su lado: el chivo del Cuzco.  Lo llamaban así al carnero  traído desde tierras lejanas por el general. Hermoso ejemplar de raza que no se sabe por qué razón o capricho formaba parte de la  comitiva del célebre personaje.
Su acompañante Bermúdez se casó en Costa Rica y volvió al Perú gracias a una ley de amnistía en 1831. No pasó mucho tiempo y fue nombrado Ministro de Guerra de su enemigo y perseguidor, Gamarra.
 Con lo cual, según algunos, violó toda lealtad póstuma para con su jefe y compañero de destierro. Este hecho contribuyó a la debilidad de su candidatura presidencial posteriormente. Junto con Gutiérrez de La Fuente volvió a Costa Rica en 1835 y permaneció allí hasta dos años después.
CODICIA
El cadáver de La Mar fue exhumado por orden del Presidente centroamericano Morazán que había recibido ese encargo de Bermúdez en Lima en 1841. El historiador costarricense Iglesias, que lo vio entonces, halló restos descarnados y en confusa mezcla con los destrozos del rico uniforme y bordados de oro  afiligranado.
Una sublevación popular derribó a Morazán y el cadáver quedó en poder de un oficial salvadoreño, siendo objeto de la codicia de otros interesados porque era guardado en una urna de oro.
Gracias a las gestiones de la señora Francisca Otoya, vecina de Paita y esposa de un alemán avecinado en Costa Rica, salieron los restos del territorio de esa república en 1844. Muy posible es que la señora Otoya los habría guardado tres años, pues al Cementerio de Lima llegaron el 4 de Marzo de 1834. Fueron repatriados después de una curiosa controversia entre el gobierno peruano y el ecuatoriano que quiso recogerlos.
Resultó  un hombre serio, sencillo y afable. Poseía una brillante foja de servicios que se iniciaba con las campañas hechas en España contra la invasión napoleónica y con el grado de Mariscal de Campo que obtuvo en el ejército español. Incluida la Batalla de Ayacucho, en cuyo comando tuvo intervención eficaz.
CARACTERISTICAS
Pero íntimamente no era militarista. Por eso, precisamente, los liberales lo llevaron dos veces al poder que obtuvo así por la falta de las características que en otros se convirtió en la única justificación para alcanzarlo. Incluso se decía que aceptó la alta magistratura con repugnancia. “Hasta el nombre de Presidente me asusta”, había escrito en 1826.
Sus enemigos afirmaron que era un cobarde denodado. Bolívar lo definió mejor que nadie al llamarlo “el más tenaz y el más tímido de los hombres, capaz de todo lo grande y lo bello y al mismo tiempo incapaz de quererlo hacer”.
Al lado de su falta de ambición, de astucia y de insidia, había quizá  una enfermedad crónica.  Acaso su rostro alimonado y sus ojos color caramelo claro ocultaban una afección hepática y una tenaz depresión nerviosa.
Representó dos cosas paradojales: un Ejecutivo de base parlamentaria y moderado en lo interno, con una ilusión expansionista en la frontera norte. En la convulsión de la política peruana, sus virtudes resultaron  defectos. Sus enemigos pudieron capturarlo en su alcoba gracias a la sencillez de su vida. Los consejeros lo dominaron merced a su tolerancia.  Resultó un privilegio tenerlo como contenedor o contrincante. Un hombre descollante de la Historia del Perú. No obstante sus paradojas en todo orden de cosas. (Edgardo de Noriega)

1 comentario:

  1. Muy interesante y precisa semblanza. Gracias por compartirlo. También instituyó que mi región Tacna sea considerada como Ciudad Heroica de Tacna, con fecha 26 de mayo de 1828. Fdo. José de La Mar Presidente del Perú

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