jueves, 10 de julio de 2014

EN LA CARCEL, EL ABUELO DE BELAUNDE

Un hecho singular de la Historia del Perú poco conocido que, en su momento, causó revuelo e incluso indignación. Lo positivo del tremebundo escándalo es que al final se probó la inocencia total del  implicado que era Mariano Belaúnde de la Torre, abuelo del posterior  Presidente del Perú, Fernando Belaúnde Terry, quien cayó preso por su actuación como Ministro de Hacienda del Gobierno de Romaña, acusado por los supuestos  delitos de defraudación de fondos públicos y enriquecimiento ilícito, luego de lo que se denominó una imprudente operación crediticia.
Belaúnde, abogado y parlamentario pierolista, se había convertido a punta de trabajo en un acaudalado comerciante arequipeño que poseía además una casa importadora y exportadora con sucursales en Puno y algunos fundos agrícolas en los valles de Vítor y Majes. Como prueba de su éxito económico, contaba, en el primer lugar, con una pequeña línea férrea de vía ancha que instaló con su propio peculio y entregó, desinteresadamente, al servicio público.
Patrocinó un vasto plan de irrigaciones hasta Camaná. Era titular de  derechos auríferos de oro en las provincias puneñas de Carabaya y Sandia. Explotaba varios yacimientos de bórax y exportaba el caucho de sus plantaciones gomeras, ubicadas en Madre de Dios.
Gracias a sus florecientes vínculos con las grandes casas comerciales de Londres, Paris, Berlín, Leipzig y Hamburgo, Belaúnde negociaba frecuentemente sus cheques, letras y pagarés en los bancos de Arequipa y Lima.


Mariano A. Belaunde.jpg
 Belaunde protagonizó menudo escándalo.

REMESAS
Cuando a inicios de 1900, el Consejo de Ministros acordó una remisión de fondos a los representantes peruanos para la compra de armamento se decidió-para mantener la operación en la debida reserva- realizar las remesas por la adquisición a través del Ministerio de Hacienda y no, como correspondía, por intermedio del Ministerio de Guerra.
Mientras la operación se llevaba a cabo, Belaúnde vendió a la Dirección del Tesoro algunas letras suyas por cobrarse contra la Casa de Manuel Enrique Puertas de París, con la que el Ministro mantenía una larga relación comercial.
Con esa finalidad, entre los meses de Enero y Setiembre de 1900, Belaúnde envió remesas a su corresponsal parisino por poco más de un millón de francos.  Más tarde el hombre de negocios arequipeño alegó que las letras representaron valores reales y confiables, respaldados por varios años de negocios exitosos y seguros.
Lamentablemente, a fines de septiembre de 1900,  la Casa Puertas comunicó al Estado peruano que existía un sobregiro en las obligaciones del Ministro Belaúnde para con dicha entidad y exigía una inmediata satisfacción en efectivo, por la diferencia del monto reportado de las letras vencidas. 
PRISION
Ante la zozobra generada, el Presidente Romaña, no obstante de que el implicado puso a disposición todo su patrimonio en garantía e intentó un arregló privado con los acreedores, convocó inmediatamente a Consejo de Ministros.
Apresuradamente el 28 de Septiembre de 1900, por encargo del propio Romaña, el pleno ministerial encabezado por Enrique Coronel Zegarra, elevó un informe acusatorio a la Cámara de Diputados a la que pertenecía Belaúnde.
Al día siguiente al amparo del art. 55 de la Constitución, el Congreso emitió la resolución legislativa que autorizaba la prisión y enjuiciamiento del Ministro, a la que el Presidente Romaña  puso el cúmplase, el 26 de Octubre de 1900.
Entre los cargos figuraron: haber vendido Belaúnde sus títulos personales al Estado, siendo Ministro de Estado.  No haber efectuado, regularmente, las respectivas provisiones de fondos. El infortunado político, en medio de la ira del pueblo, que no entendía la trama de una simple transferencia comercial,  intentó asilarse en la Embajada de Bolivia. Pero luego se entregó a las autoridades y, públicamente, fue conducido esposado a la cárcel de Guadalupe.Sus hijos Víctor Andrés y Rafael, padre del posterior Presidente, se turnaban para acompañarlo en la prisión, .
Fue acusado por la Cámara de Diputados ante el Senado por el delito de defraudación de fondos públicos. En un antejuicio que tenía todos los visos de hostilidad política, el Senado formuló acusación el 22 de Octubre de 1900. El único que se opuso salvando su voto fue el Senador y jurista, Francisco García Calderón.


Víctor A.  Belaunde defiende al padre en un libro.

FOLLETO
El 26 de Julio de 1901, Belaúnde con el patrocinio de su abogado expuso sus descargos ante la Corte Suprema y poco después publicó un folleto con su  posición. En su alegato resaltó el aspecto jurídico, comercial de  varias  letras de cambio, que la malignidad de sus perseguidores se empeñaron en convertir en actos delictuosos.
Esgrimió que se le acusó de un acto, practicado durante seis meses como lícito y como bueno  a vista y paciencia de innumerables testigos, sin que a nadie se le ocurriera acudir al Presidente y, menos aún, que se impulsase una denuncia ante el Congreso.
Manifestó asimismo que viendo sobrevivir la temporal interrupción del servicio de sus letras había sido el mismo el primero en comunicar su preocupación al Presidente Romaña.  Salvo ese percance, la operación se venía llevando con la debida cautela y sin mayores sobresaltos.
Explicó que la emisión era perfectamente natural, dadas las circunstancias que rodeaban a las remesas y que, por lo demás, esos títulos valores constituían “buenas, corrientes y descontables letras de cambio”. 
LARGO PROCESO
No resultaba comprensible tampoco que, siendo él un cliente habitual y privilegiado de los grandes bancos y  casas comerciales europeas, sucumbiese a la tentación de una defraudación burda. Además la operación, lejos de acarrearle beneficio alguno, le había acarreado el mayor de los perjuicios.
El largo proceso continuó en medio de la animosidad de algunos sectores de la opinión pública, principalmente civilistas que recusaban un acercamiento con el partido de Piérola. Pero también radicales que aprovecharon para convertir al hombre público, católico militante, en el blanco de sus ataques.
Para su defensor, el doctor Manuel Augusto Olaechea, la causa emanaba de un error de apreciación fruto del apasionamiento político “que había hecho caer la acción penal sobre un asunto que corresponde exclusivamente a la ley mercantil. Se trataba de una mera irregularidad de este tipo, aunque ésta-dicho sea de paso- tampoco aparecía demostrada. Lo que es peor: el pago de la letra se cumplió y ni siquiera hubo el protesto  correspondiente.
 La Primera Sala Privativa de la Corte Suprema, el 20 de Abril de 1903, se  pronunció absolviendo de conducta dolosa a Belaúnde. Este triunfo, empero, fue parcial, pues en el mismo fallo se le declaró ”reo del delito de malversación de caudales públicos por imprudencia temeraria” y le impuso la pena de reclusión en primer grado-es decir un año- que sería compurgada con los meses de carcelería transcurridos.


Romaña actuó apresuradamente en el caso.

LIBRE
El fallo era previsible: de los 16 jueces que vieron la dilatada causa, ocho había sido nombrados por el Presidente Romaña o por el Parlamento civilista, así que una absolución total era impensable.
Rodeado del escándalo público y tras un proceso insensato que un prurito de transparencia del propio Presidente Romaña alentó, Mariano Belaúnde fue puesto discretamente en libertad, mientras que la cárcel limeña era desalojada con el pretexto de una epidemia de peste.
La sentencia fue impugnada por el ex ministro el 21 de Abril de 1903 y el asunto pasó a conocimiento de la Segunda Sala Privativa de la Suprema, donde siguió su trámite. Belaúnde continuó defendiéndose a capa y espada, mostrando, a cada rato sus descargos.
 Sin embargo los subsiguientes fallos del 3 de Julio de 1903 y del 24 de Diciembre de 1904, si bien reconocían no haber dolo en la conducta del ex ministro, insistieron en la condena por malversación culposa.
Durante el dilatado proceso de más de cuatro años, había sobrevenido la quiebra de la otrora próspera casa comercial arequipeña de Belaúnde, sin contar con el descredito personal y el ensañamiento ciudadano fomentado por intereses políticos coyunturales.
REHABILITACION
En torno de esa triste situación, el comerciante y  político arequipeño publicó un testimonio explícito en un folleto en Lima aparecido en 1905 con el título de “Cómo se tramó mi ruina. Hechos que nadie puede negar”.
La rehabilitación moral, más no económica, fue emprendida por el Congreso de la República en 1914, diez años después del juzgamiento. En efecto, el Parlamento, a través de la Comisión  de Justicia de la Cámara de Diputados, dictaminó constitucionalmente a favor de la inocencia plena de Belaúnde, la injusticia de su persecución y de su consiguiente ruina.
Solo ese año fue levantado el embargo de sus bienes, mientras que la rehabilitación comercial y  profesional  fue ordenada por la Ley 2004 del 7 de Noviembre del 2014. Cuando desempeñaba un modesto cargo judicial, que se le concedió como pálida compensación por los daños sufridos. Belaúnde falleció en Arequipa el 9 de Febrero de 1921.
 Caso emblemático. Caso que demuestra a las claras que la justicia inexorablemente, muchas veces, tarda pero llega.  Mariano Belaúnde, definitivamente, un  inocente que protagonizó un escándalo lamentable. Pero que al final salió libre de polvo y paja para beneplácito de él mismo y de su ilustre familia, cuyos miembros más destacados contribuyeron, innumerables veces, a un hecho de por si importante: el fortalecimiento político y democrático del Perú. (E de N)

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