viernes, 17 de octubre de 2014

MONSEÑOR DURAND: LA CONSECUENCIA TOTAL

Lo acompañaba una inteligencia desbordante en su condición de representante del clero y ocupando altos cargos descolló, por completo, como el arzobispo de la precisión, la persuasión y,  sobre todo, la consecuencia. Constantemente sirviendo a los demás y, en especial, a los pobres. Había en Monseñor, Ricardo Durand Flores, una característica esencial de análisis y de profundidad para defender, con lógica congruente y profundidad demostrable, la esencia de las cosas relacionadas con las creencias religiosas.  Así se convirtió en el abanderado de las ideas correctas, contundentes y consecuentes de la Iglesia Católica  del Perú, las mismas que trascendieron fronteras y llegaron hasta el mismísimo Vaticano, con el papado de por medio, que le dio toda la razón.
Tales concepciones pulverizaron y  lapidaron, por completo, los atisbos ideológicos de extrema interpretación antojadiza que incluso se acercaron, invariablemente, al marxismo incrédulo y ateo disfrazado con el catolicismo bajo el nombre de la Teología de la Liberación, representada por el  sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez.

Por esa  época se ganó el mote acertado de ser el pensador auténtico de la Iglesia. Sin embargo, los seguidores de la famosa y controvertida teoría, que nada tenía que hacer en la institución religiosa, lo denominaron a Durand, equivocadamente, conservador y recalcitrante. Controvertidos y paradójicos eran y son los rojimios, caviares o como se le llame cuando pierden las batallas ideológicas.



Monseñor Durand con su contagiante sonrisa.
DEFENSA TOTAL
La autoridad arzobispal no vaciló y se enfrentó, con la decencia y la humildad del caso, a su colega de hábito Gutiérrez para demostrar, a carta cabal, la posición de su representada espiritual, en nombre de todos los fieles. La gran mayoría de la población peruana que suman millones de millones de personas creyentes y católicas. Lo más saltante es que tenía toda la razón.
Allí estaba el sacerdote jesuita invariablemente en el púlpito y en  el sermón, defendiendo sus posiciones correctas. En las charlas y en los conversatorios. En los colegios cuando disertaba sobre el controvertido tema y en la universidad, ejerciendo la enseñanza de esclarecimiento.  Nunca se cansó y mostró coherentemente, los conceptos teológicos acertados y consensuados con la palabra de Dios de forma coherente, sin ideologías extrañas.
Su preocupación por difundir la doctrina  acertadamente  lo llevó a publicar una serie de libros críticos contra la supuesta liberación gutierrista que mezclaba el agua con el aceite. Es decir, marxismo con catolicismo.
Así sostuvo la verdad de la doctrina que creía a pie juntillas mediante la publicación de cartas pastorales, la promoción  de semanas sociales de propagación de la doctrina social de la iglesia e incluso  organizó y participó en dos congresos que se desarrollaron con el objetivo cumplido de reconciliar  el pensamiento del Papa Juan Pablo II, durante los años 1986 y 1989.
LIBROS DOCTRINARIOS
Su primer libro critico a la obra del Padre Gutiérrez apareció, en 1985, bajo el título de: “Observaciones a la Teología de la Liberación” y la Fuerza Histórica de los Pobres”. Remató con ímpetu  con otro volumen de cientos de páginas de mucho valor que salió a luz con la llamada principal fulminante y drástica de: “La Utopía de la Liberación,” publicado tres años después que el primero, 1988.
El puntillazo final  de esclarecimiento total  fue logrado cuando se pudo tener impresa otra obra de polendas totales denominada explícitamente: “Teoría de la Liberación Marxista, Teología de la Liberación Cristiana”.  En los mismos títulos están la esencia de las diferencias. Que son, evidentemente, abismales.
Poseedor de un jovial carácter y un peculiar estilo de decir las cosas. Al pan le decía pan y al vino vino,  directamente y sin escaramuzas. Con una franqueza total que se convertía en admirable. Mediano de estatura con orejas grandes y una sonrisa sincera que le salía a cada rato. No le temblaba la mano para criticar aquello que le parecía injusto y que contravenía la ley de Dios.
Era reconocido y admirado por su hablar campechano y muchas veces cuando era necesario criollo. Capaz de conversar, de igual a igual, con un vecino de los barracones del Callao o con la más ilustre de las personas. Hasta se dijo, de él con justicia, que era un sacerdote genuino del pueblo. Con una sabiduría impecable.


Saludando al Papa Juan Pablo. II, durante su visita a Lima.

HABLABA DE TODO
Por mucho tiempo fue, con su rostro familiar y popular, un verdadero personaje de la escena nacional.  Producto de sus continuas apariciones en los medios de comunicación y gracias a su manera de ser y de expresarse. Sin tapujos, ni medias tintas. Encarando temas picantes e incómodos, con una saludable combinación de severidad y buen talante.
Hablaba sin problema alguno, aunque siempre en estilo didáctico, del aborto, el control de la natalidad, la política, el terrorismo, el sexo y el fútbol Nunca perdió la disposición para responder todas las preguntas que le hacían. A la hora de los debates espinosos, allí estaba él presente, sin perder lo monolítico de sus convicciones.
Tenía una  mirada limpia. Generoso total. A los  siete años, su madre lo mandó al colegio con un suéter nuevo. Regresó a casa sin prenda. Se la había regalado a un niño pobre de Malambito. Cuando la visita del Papa Juan Pablo II, le sugirieron comprarse zapatos nuevos. Monseñor lo hizo pero en la ceremonia no los lucia.
NACIMIENTO
Los había donado a otro sacerdote que los tenía más viejos. Nunca tuvo casa particular, ni residencia arzobispal. Al final de su mandato le dieron una pequeña vivienda en Bellavista, donde muy poco estuvo. Antes residía en inmuebles de personas allegadas y caritativas. Tras su retiro pastoral en 1995 volvió a la comunidad de Fátima, la casa de los jesuitas que era su orden sacerdotal, ubicada en Miraflores.
Durand Flores nació el 16 de Abril de 1917 en la localidad de Ambo ubicada a unos 20 kilómetros de la capital del departamento de Huánuco. Su padre huanuqueño, Guillermo Durand Fernández Maldonado,  era propietario de la hacienda cañera “Quiicacán”, situada cerca de la primera ciudad pequeña de unos 20 mil habitantes,  por aquella época.
Era el tercero de cinco hermanos todos ellos profesionales: Gregorio, médico muerto a temprana edad en 1947, Guillermo Abogado y muchos años Director del Archivo General de la Nación, Luis, Periodista y director del diario “El Pueblo” de Arequipa, y José, escritor, literato historiador y  profesor de la Universidad de Berkeley. California, Estados Unidos. (Ver semblanza de José Durand, en el archivo de Miscelánea, de fecha 20 de mayo del 2010).
ESTUDIOS
El fundo Quiqacán lo vendió su  progenitor a la familia Thorne y los Durand se fueron primero a vivir a Lima y después a España. Su madre era, María “Maruja” Flores Gutiérrez de Quintanilla, una mujer muy piadosa y extremadamente católica. En la península ibérica murió el tronco paterno de la familia, allá por 1934.
La progenitora hija de un famoso médico, Ricardo Flores, miembro del Partido Liberal de Augusto Durand, a quien se le recuerda, además, porque trajo a Lima el  primer automóvil, como medio motorizado de transporte (Ver en el archivo de este Blog la nota  de semblanza titulada “Augusto Durand, El Coraje en Persona”, de fecha 30 de Julio del 2013).
Estudió la primaria en el Colegio de la Inmaculada de Lima y la secundaria en el Sagrado Corazón de España. El 10 de Marzo de 1934 ingresó a la Compañía de Jesús y se trasladó a Buenos Aires.  Allí se graduó de Bachiller en Humanidades Clásicas y de Licenciado en Filosofía y Teología. Lo ordenaron como sacerdote en la ciudad argentina de San Miguel.
Regresó a Lima para continuar con su trabajo pastoral, desempeñándose como maestro en el Colegio de la Inmaculada ubicado en aquella época en la avenida Nicolás de Piérola, la Colmena, donde funciona ahora la Universidad Nacional “Federico Villareal”. 

En una celebracion religiosa

OBRAS SOCIALES
Lo nombraron responsable de las Obras Misionales Pontificias a cargo de la Cruzada Eucarística. Desde ese cargo editó la revista “Avanzada”, una publicación infantil y juvenil con personajes inolvidables, de origen enteramente peruano y expresión de su suelo, como “Tacachito” y “Vicuñín”, que caló para siempre en la conciencia del público de este tipo que la leía.
Fundó Cáritas del Perú con el apoyo del entonces Nuncio Apostólico, Monseñor Francisco Nardone. Esta importante obra social, años después, pasó a ser administrada por la Conferencia Episcopal Peruana. Creó, asimismo,  la Cruz Blanca  institución filantrópica que hacía el bien, cubriendo las necesidades de los niños de bajos recursos.
El 14 de Febrero de 1966 fue nombrado Arzobispo del Cusco y consagrado al mes siguiente. Resultó ser el 34 jefe de la iglesia cusqueña y como Arzobispo el tercero. Al asumir el cargo leyó un mensaje en quechua.
Miembro de la Pontifica Comisión de Educación Católica. Lo nombraron delegado para la Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín, donde presidio la importante Comisión sobre Pobreza.
ACTIVO
Gobernó la sede cusqueña hasta 1975. Un problema cardíaco le impedía seguir viviendo en las alturas del Cusco y por ello fue trasladado a su petición al Obispado del Callao, puerto del cual fue nombrado Arzobispo el 14 de Enero de 1975. Ahí se desempeño durante 20 años hasta el 16 de Agosto de 1995.
Elegido Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana de 1988 a 1991, años en que trabajo con especial solicitud solidaria por los más afectados por la crisis económica que afectó al país en la década del 90.
Su santidad Juan Pablo II aceptó su renuncia al cargo del  Arzobispado del Callao cuando tenía 78 años, tres años después de la edad establecida por el Derecho Canónico y es nombrado ese año Arzobispo- Obispo Emérito del Callao.
Durand tuvo una destacada participación  en las asambleas episcopales de Medellín, Puebla y Santo Domingo. Incluso después de su retiro se mantuvo activo tanto en diversas obras de acción social como punto de referencia para opiniones y reflexiones en los medios masivos.
En su largo trabajo pastoral creador infatigable de obras de desarrollo social y promoción humana. Hablan hasta ahora de él la Cruz Blanca, los centros de educación ocupacional y más de 100 comedores populares y talleres de capacitación creados en el Callao.
HAZAÑA
Según los especialistas, su acción social más importante fue la de preparar al país para el dramático ajuste económico de 1990 que propicio el Presidente de aquel entonces, Alberto Fujimori  Fujimori, y su Ministro de Economía, Juan Carlos Hurtado Miller, para superar los embates de la hiperinflación creada por la pésima política de este tipo desarrollada por el primer gobierno de Alan García.
Gracias a las previsiones que Monseñor Durand tomó como Presidente del  Episcopado, la Iglesia, a través de Cáritas y otras instituciones, fue capaz de alimentar a más de un millón y medio de personas durante más de ocho meses. Una acción que para muchos expertos salvó al país del colapso social.
Pero para otros su faceta más saltante fue el celo pastoral que desplegó como autoridad de la iglesia.  No sólo se preocupó por incrementar las vocaciones sacerdotales, promover la pastoral juvenil y alentar los movimientos apostólicos, sino que aumentó el número de parroquias en el Cusco y el Callao.
El  18 de Diciembre de 1998 cumplió sus Bodas de de Oro Sacerdotales. En la Misa Concelebrada con Monseñor Miguel Irizar Campos, en la Iglesia Matríz del Callao, agradeció a los fieles con  las siguientes palabras:
 “Les pido, queridos amigos, me ayuden a agradecer a Dios Nuestro Señor, el haberme concedido dar lo Sagrado repartiendo a Cristo y su doctrina y su sacrificio eucarístico durante 50 años de sacerdocio bajo el mando de la Inmaculada”.



Lo reemplazo Monseñor Miguel Irizar
MIRARLE LA CARA A DIOS
Dentro de sus obras se recuerda la construcción del Seminario Diocesano “Corazón de Cristo”, la casa de retiro Betania, numerosas capillas y la ayuda económica que consiguió para el Seminario Redemptoris Mater y Juan Pablo II. Durand es recordado también por la feligresía chalaca por la reconstrucción de las iglesias Santa Rosa, Carmen de la Legua y Matriz del Callao.
En una misa celebrada en la Iglesia de Fátima, con motivo de su cumpleaños y al hablar en el Evangelio, tuvo una frase realmente impecable  e indiscutiblemente profunda, de vida y resignación, que marco a los fieles por completo cuando dijo sin dudar e implacablemente: Ya es tiempo que le mire la cara a Dios”. Vivir más sería mucho para mi.
Al poco tiempo comenzaron sus malestares físicos y se pronunciaron varias enfermedades que incluso lo postraron en la cama durante un buen tiempo, con afecciones cardiacas y artrosis en diferentes partes del cuerpo.
RESPONSO
A las 10.15 horas del viernes 19 de Marzo del 2004, en la Clinica Tezza, falleció a las edad de 86 años. Fue inicialmente velado en la parroquia  Nuestra Señora de Fatima en Miraflores. Luego sus restos recibidos solemnemente por el entonces Obispo del Callao, Monseñor Miguel Irizar, en la Iglesia Matriz  en cuya cripta lo sepultaron.
Anteriormente, su cadáver fue recibido por las principales autoridades del puerto. Además de cientos de fieles entristecidos que, desde muy temprano, coparon las instalaciones del templo donde esperaron al “Obispo de los pobres”, conforme lo denominaban popularmente.
De acuerdo con el rito que se efectúa en estos casos, el féretro fue puesto primero en el piso. Posteriormente Monseñor Irizar tras descubrir previamente la parte superior del ataúd para ver el rostro del fallecido, colocó encima la casulla, la mitra, el báculo y el evangeliario que uso en vida Monseñor Durand.
Irizar procedió entonces al responso respectivo. Destacó la labor pastoral y material realizada por el fallecido, tarea reconocida profundamente por la feligresía que durante todo el día se acercó al féretro para darle el último adiós.
Acudieron a rendirle homenaje, entre otras personalidades, el Cardenal Juan Luis Cipriani, el ex Presidente de la República, Valentín Paniagua Corazao, el ex Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana,  Monseñor Luis Bambarén Gastelumendi y el Nuncio Apostólico, Rino Pasigato. Asistieron además los obispos de Ayacucho, Cusco y el provincial de la Compañía de Jesús: Luis Sebastiani, Juan Antonio Ugarte Pérez y Carlos Rodríguez, respectivamente.
CARTA
Su llegada acompañada con aplausos de gratitud por el pueblo chalaco que permaneció aguardando la solemne misa de cuerpo presente para despedirse de aquel que condujo su iglesia durante 20 años El colegio episcopal y los responsables de las 45 parroquias chalacas, presbíteros, diáconos, religiosas y religiosos, alumnos, amigos y familiares se sumaron al homenaje.
El Vicario General del Callao, Javier del Río, leyó la trayectoria del buen pastor y la carta que Monseñor Durand escribió de puño y letra el 7 de Julio del 2000, en la cual haciéndole presente su afecto de siempre le pedía:
“Hace mucho tiempo que quería ponerte por escrito mi deseo, si es posible, de ser enterrado en uno de esos sencillos nichos que hay bajo el presbiterio de la Catedral Matriz. Me inclino por una lápida sencilla que podría decir: Ricardo Durand Flores (16 de Abril de 1917). Arzobispo del Callao (1966-1975, les pido una oración.


Su padre, Guillermo Durand, dueño de Quicacán.
MODESTIA
A su vez el Nuncio Pasigato transmitió el mensaje que envió el Papa Juan Pablo II, por intermedio del Secretario de Estado de su Santidad, Cardenal Angelo Sodano, que decía así: “Informado de la triste noticia de Monseñor Durand, les transmito a sus familiares y al clero, comunidades religiosas y fieles, el sentido pésame de este pastor que dedicó generosamente su larga y fecunda vida al servicio de Dios y la Iglesia. El Santo Padre mientras ofrece sufragios por el eterno descanso del difunto prelado, les imparte de corazón la confortadora bendición apostólica como signo de esperanza en el señor resucitado”.
Irizar destacó la sencillez, cercanía y bondad de Monseñor Durand. Pero, en especial, su elegancia y silencio al dejar el cargo al punto que jamás intervino en el quehacer de su sucesor sino que, más bien, era éste quien acudía en su búsqueda para solicitarle consejo.
Reveló que  el terreno, donde se inauguró el Monasterio de las hermanas carmelitas, le fue donado  a Durand por la familia Mujica y que esto nunca se supo por la modestia del insigne obispo. Al morir, el sacerdote fue condecorado por las autoridades chalacas y decidieron que el lugar donde se yergue el Santuario de Nuestra Señora del Carmen lleve el nombre del desaparecido obispo.
La sonrisa  fresca y la mirada limpia que caracterizaron a Durand continúa hasta hoy iluminando la Iglesia Matriz del primer puerto. Su cuerpo tuvo por todo lecho un madero que construyó un carpintero a pedido de él, en la forma mas barata y humilde posible. El cajón reposa hace ya varios años en la cripta ubicada bajo el altar mayor del templo. Pobre quiso ser. Pobre fue enterrado. (Edgardo de Noriega)

2 comentarios:

  1. Que bonita semblanza. Un abanderado ideológico de la Iglesia que dio en el clavo. Vale la pena saberlo, y vale difundirlo. Las consecuencias son aciertos. Lo aciertos son verdad. Berta Gutierrez

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  2. La labor pastoral de Monseñor Durand es encomiable y valiosa. Un verdadero pensador de la Iglesia que destacó por sus precisiones, interpretando el sentir de todos los católicos peruanos.,A este gran hombre se le recuerda con mucho cariño y ha ingresado, definitivamente, a la Historia. (Alberto Guillén)

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