viernes, 17 de octubre de 2014

MEDICOS Y CURANDEROS

Para los que se dediquen a la historia de la medicina en el Perú este dato: en el número 2059 de una revista especializada del 27 de abril de 1846 hay un relación nominal de los médicos y cirujanos existentes entonces en el territorio de la república. En Lima había 33 de los cuales 23 eran peruanos, 3 franceses, 4 españoles, 1 inglés, 1 italiano y 1 ecuatoriano.


Parece que la primera operación de enderezar un ojo turuto (tuerto diríamos hoy) la realizó en 1846 el médico francés don Julio Lafargue. No había clínicas en esa época y la intervención fue hecha en la botica de Remy. El operado se llamaba Manuel Ramón Rivera, como se ve en un remitido del número 2013.
En el número 2877 del 31 de Enero de 1849 se publicó en sección Lima, el acta de la instalación de la Junta  Directiva de la Facultad de Medicina, creada por supremo decreto del 30 de Diciembre de 1848. Eran catedráticos entonces los doctores  Miguel de los Ríos, José Francisco Alvarado, José Reynoso, Cayetano Heredia, Francisco Faustos, Manuel Solari y Juan Sandoval.
En el número 3154 del 9 de Enero de 1850, hay una relación de médicos y cirujanos residentes entonces en Lima con expresión de sus domicilios y fecha de recepción como médicos. El decano era en ese tiempo José Santos Montero, que se había recibido el 14 de Agosto de 1796 y tenía por lo tanto, más de medio siglo de ejercicio de la profesión.


Curaciones en tiempos antiguos
EXTRANJEROS
Entre los médicos extranjeros figuraban don Archibaldo Smith, don Carlos Tacet, don Guillermo  Mac Lean, don Jaime M. Coll, don José Pasasman, don Manuel Solari, don Pedro Dunglas, don Pedro Ravenna y don Federico Sevene.
Para el folklore de nuestra medicina recogemos esta décima firmada por  P. y C.A. que se refiere al doctor Santos Moreno y que es una forma de agradecido reclamo de  innegable espiritualidad (N°2800):
Al morir en su aposento/ Dos hermanos se miraban/ y solamente esperaban/Rendir su último aliento. / Vino Santos ¡qué portento!/ E hizo con sabia medida/Que ambos, la horrible partida/No emprendiesen al nivel,/ y después de Dios por él/Han recobrado la vida.
No creemos que sea reconocido por muchos, excepción hecha de los especialistas en este género de investigaciones, que hubo en Lima una famosísima curandera de enfermedades mentales y nerviosas, que la daba de sabihonda en la materia y que se permitía sostener que era capaz de curar definitivamente esa clase de dolencias. Se llamaba Julia Retamoso y la apodaron en su tiempo con el pomposo título de la “doctora del cercado”.
Leyendo “El Comercio” nos tropezamos en la sección “Variedades””-lo que puede ser revelación irónica de que el  periódico no creía mucho en el valor científico de la Retamoso-, nos tropezamos, repetimos, con un largo artículo en que la sabidilla presenta al público su sistema curativo.
PROTECCIONES
Por su exposición nos enteramos de que tenía la vocación curanderil y que la firmó con las entusiastas relaciones que el doctor Mariano Bellido le hiciera de unas curaciones maravillosas que había hecho en Moquegua un médico húngaro, el doctor don Mateo Colasio, que seguía las enseñanzas del celebérrimo Giacomini. ¡Verdad que todo esto comienza a ser muy interesante doctor Valdizán?
La doctora del cercado decidida fervorosamente a curar, como si la inspirara algún secreto mandado, le rogó nada menos que a su paisano doctor Francisco García Calderón, a la sazón muy joven, que le tradujera la obra de Giacomini y con este bagaje y sus propias ideas se lanzó a curar.
Según ella la protegieron mucho el doctor Heredia y el sucesor de éste en el Decanato de Medicina, doctor Ríos. Se nos ocurre pensar que el doctor Casimiro Ulloa, a quien no  menciona en su exposición la Retamoso, no andaría en esto muy de acuerdo con la protección dispensada por sus ilustres colegas a la improvisada alienista.
Corría el año de 1864 y ya en ese tiempo el doctor Ulloa comenzaba a preocuparse seriamente de esta clase de arduas cuestiones médicas, de manera que no podía haberle hecho mucha gracia la manera audaz como la señora  Retamoso afirmaba que la alineación mental y la epilepsia eran fácilmente curables, siguiendo las indicaciones que ella daba en su artículo.
Para quienes quisieran ahondar más seriamente en el  asunto, que da clara idea de lo incipiente de la época y de la supervivencia colonial de muchas costumbres, diremos que la doctora del cercado, publicó su exposición el 8 de Noviembre de 1864 en el número 8438 de la colección.



La mano precisa con el cuchillo que opera la pierna
JOVENCITA
Entre las muy pintorescas cosas que  cuenta dice que comprendió que la epilepsia y la alienación eran enfermedades que tenían su asiento en el cerebro y que se dio cuenta de la eficacia de su sistema porque curó a una jovencita “que-todo esto lo dice tan tranquila- loqueó en la Iglesia de la Merced a consecuencia de una puñalada que recibió de manos de un fraile. La verdad es que el caso no puede ser más extraño y novelesco.
Por lo que pueda servir a quienes no quieran o no puedan ir hasta la fuente bibliográfica, añadiremos que curaba con protoyoduro de mercurio, sulfato de quinina, estricnina, extractos de belladona, beleño, estramonio, árnica, alcanfor y bromuro de potasio, que debían de tomarse en unos enormes bolos que a veces era necesario fraccionar, sin perjuicio de usar la lanceta y sangrar al enfermo cuantas veces se le  antojaba.
Además de las sangrías utilizaba los baños, pero advertía que por nada se debería mojar la cabeza a los enfermos ni ponerles nieve. También era enemiga de que se pegara al doliente y de que se le castigara. La exposición que tiene una serie de elogios a la Facultad de Medicina en los que no falta, por supuesto, la muletilla de la mejor de Sudamérica, es muy interesante: da idea del estado de las ideas ambientes en materia de esta rama tan importante de la medicina.


Los curanderos también eran una opción.
LOS PROTOS
Demuestra que se comenzaba a evolucionar algo en tal orden, pinta una curiosa y avanzada forma del feminismo y puede servir a nuestro folklore médico como una muestra no sólo pintoresca, sino plena de sugestiones para el investigador.
Tal vez muchos no sepan que en Lima hubo no solo el protomedicato, sino el protoboticariato. En 1843 era  Protofarmaceútico o Protoboticario, pues de las dos maneras se le llamaba, un señor Aguirrre. En el N° 1334 del 20 de Noviembre de 1843, hay un remitido sobre las visitas de las boticas, en el cual está el dato. (Páginas seleccionadas de las “Obras Completas” que pertenecen como autor al consagrado escritor y político, José Gálvez Barrenechea).

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