viernes, 31 de enero de 2014

¿FUE SOCIALISTA EL INCANATO?

La conquista del Perú por los españoles no es solamente uno de los  dramas más impresionantes que el historiador pueda evocar. También es el más extraño espectáculo que se haya ofrecido jamás al economista. Dos  civilizaciones, dos sistemas sociales, dos concepciones de vida chocaron entre sí y ese choque determinó el derrumbamiento de un imperio.
Ese imperio fue el de los incas.
Varios autores tales como Lorente, Martens y Reclus lo calificaron de socialista porque la tierra en el Perú era objeto de un  derecho de propiedad colectivo de los habitantes. Por el contrario, otros como Payne, Cunow y Latcham consideraron erróneo ese epíteto, porque estimaban que los soberanos peruanos se habían limitado a mantener esas comunidades agrarias que se encuentran en la aurora de todas las civilizaciones y que forman las células de las sociedades primitivas.
La palabra socialismo se presta, en verdad, a  confusión. Hemos abusado de ella de tal manera en nuestros días que se ha hecho para muchos una etiqueta muy vaga, aplicable a teorías sumamente diferentes una de otras.
Precisaremos, pues, colocándonos estrictamente en el punto de vista económico que el socialismo, opuesto al individualismo, comporta la sustitución de un plan racional de organización al equilibrio espontáneo obtenido por la acción del interés personal y el libre juego de la concurrencia, instituyendo este plan mismo una cierta comunidad de bienes.


Luis Boudin.

POSTULADO
Un sistema planificado y autoritario que anula la propiedad individual, tal es la definición del socialismo que puede admitirse como un postulado. El Perú de los incas no es, en manera alguna, un estado socialista puro conforme a esta definición. Sino que recuerda, por ciertos aspectos, a otros estados de la antigüedad, especialmente al de Egipto.
De hecho no existe socialismo puro, como no existe individualismo perfecto. Lo absoluto es un caso-limite que encuadra la vida económica y que merece ser estudiado en razón de su simplicidad, como primera aproximación a la realidad.
La realidad misma es mucho más compleja y podemos decir que ha habido en el Perú a la vez colectivismo agrario y socialismo de Estado, el uno muy anterior a los incas, el otro establecido por estos conquistadores. El uno resultado de una larga evolución. El otro creación del genio humano.
Esta superposición de las comunidades agrarias y del socialismo de estado permite resolver las contradicciones que pueden encontrarse en un gran número de obras y el  verdadero problema tal como se presenta a nuestros ojos es investigar como  esa superposición ha podido realizarse en  la práctica. 
RESPETO
No debemos perder de vista el hecho fundamental de que la dominación incaica se había extendido progresivamente a las diferentes tribus sudamericanas sólo poco tiempo antes de la llegada de los españoles. En consecuencia, varias regiones formaron parte del imperio durante muy corto número de años.
Además los soberanos incas tenían por regla respetar en la más amplia medida las costumbres de los pueblos conquistados. El sistema que establecían era, pues, aplicado de diferentes maneras, según el tiempo y el lugar.
Para comprenderlo, hay que representarse a las tribus indígenas como constituyendo una serie de comunidades sobre las cuales los incas echan el marco de una organización socialista, pero este marco no es, de manera alguna, rígido, como se lo han imaginado la mayor parte de los autores.
Por el contrario es extremadamente flexible y se adapta más o menos a las organizaciones preexistentes. En esta desigual adaptación lo que ha inducido a ciertos escritores a negar la unidad del imperio. El marco es flexible y solamente a la larga para las tribus de la región central del Perú, conquistadas desde hacía mucho tiempo, termina por encajar exactamente en el substrato antiguo.
Tres consideraciones hacen particularmente interesantes el estudio de este imperio. En primer lugar, su aislamiento. Si una influencia cualquiera venida del viejo mundo se hizo sentir en América  antes de la llegada de Colón, ella remonta a tiempos tan lejanos que puede ser considerada como de escasa importancia.

Mapa del Imperio Incaico

CIVILIZACIONES
Las grandes civilizaciones mediterráneas se han condicionado unas a otras, pero los pueblos de los Andes no han recibido de nadie la llama sagrada y han debido hacer brotar la luz por sí mismos. Se comprende fácilmente el estupor de los españoles al descubrir, más allá de los mares, ciudades, templos, palacios caminos, almacenes públicos llenos de riquezas, todo un pueblo admirablemente administrado y que, sin embargo, no conocía ni la rueda, ni el hierro, ni el vidrio, ni la mayor parte de los  útiles usados por entonces en Europa. Que no tenía o tenia apenas  animales domésticos y que ignoraba la escritura.
En segundo lugar, el estudio de la América del Sur en tiempos de los incas no nos remonta a las épocas brumosas de la prehistoria y ni siquiera tendría  por qué ser comparado con el de Egipto o de Asiria.
Fue en el momento del descubrimiento del Nuevo Mundo cuando el Imperio Incaico alcanzó su apogeo. Es decir a fines del siglo XV y comienzos del XVI. Si este estado nos parece tan antiguo que debemos hacer esfuerzos para recordar la elemental verdad que acaba de enunciarse,  es en razón de su mismo aislamiento. El alejamiento en el espacio equivale a un retroceso en el tiempo.
MISTERIO
En fin aunque de época reciente, la última gran civilización andina precolombina permanece todavía en el misterio. Numerosos son ya los que han investigado en el pasado para arrancarle sus secretos, pero más con la preocupación de reconstituir la cadena de los hechos que de profundizar en el carácter de las instituciones.
El historiador ha cumplido su obra. Ha abierto nuestro camino, pero no utilizaremos el fruto de sus investigaciones sino en una medida restringida. Recordaremos en dos palabras la sucesión de los acontecimientos para situar nuestro tema, sin tratar en modo alguno de tomar posición en las controversias que se han suscitado con respecto a las genealogías reales o a las fechas exactas de las conquistas.
Los antiguos cronistas relatan hechos contradictorios  con la más perfecta inconsciencia y los escritores modernos los reproducen sin comentarios con la mayor desaprensión. Uno declara que el comercio no existe, y más adelante, describe ferias y mercados.
Otro nos representa a las tribus andinas anteriores a la conquista incaica como sumidas en la barbarie y habla enseguida de sus métodos de cultivo y de su organización. Y así otras tantas pruebas de las incertidumbres que subsisten en el espíritu de los autores.



DECEPCION
Por eso decepciona el resultado de las lecturas y de las investigaciones. El imperio de los incas no es representado alternativamente, como el desarrollo normal de una sociedad anterior o la realización del plan concebido por un soberano. Como el régimen tiránico más atroz que el mundo haya conocido jamás o una organización ideal cuya ruina debe arrancarnos lagrimas.
Como un sistema perfeccionado de esclavitud o una morada idílica. Cada escritor antiguo o moderno, según sus gustos, sus aspiraciones, sus ideas, sus pasiones, ha presentado un Perú a su manera. El crítico imparcial se pregunta con sorpresa qué extraño imperio es ese que algunos han podido considerar como un infierno mientras otros lo consideran como un paraíso.
Verídica en exceso es la melancólica frase que Menéndez pone a la cabeza de su “Manual de Geografía y Estadística del Perú: “Ninguno de los estados europeos quieren formaron parte de la monarquía española, fue objeto de tantos estudios como el Perú, pero ninguno ha sido tampoco la fuente de tantas inexitudes y tantos errores”.
No es solamente el economista quien puede sacar provecho al estudiar la organización incaica: el historiador, el sociólogo, el arqueólogo, el etnólogo tienen también interés en conocerla a fondo para orientar sus investigaciones.
Hay que recurrir a todo, sea para esclarecer el pasado a base de los vestigios que las investigaciones han sacado a la luz del día, sea para revelar en el presente las supervivencias capaces de explicarnos las antiguas costumbres de las que son el último reflejo.
EXAGERACIONES
La  insuficiencia de trabajos relativos a la América del Sur precolombina obliga a estudiar y exponer ciertas cuestiones de historia o de sociología. Las comparaciones entre sistemas económicos establecidos en épocas diferentes deben ser hechas con la mayor prudencia.
Hay exageraciones de los autores que buscan en la experiencia peruana coyuntura para hacer la apología o la condenación del socialismo moderno. Para medir la distancia que separa la sociedad incaica de la nuestra basta con observar que la economía estaba en manos de una elite formada cuidadosamente, la cual fue destruida por los indios mismos en el curso de las guerras civiles y por los españoles en tiempos de la conquista.
 Este es un imperio singular desmontando al que se le despojo de fuerza política y militar con anécdota y leyenda. Lo de los Incas fue una extraordinaria aventura con un sistema económico muy interesado pero aún no precisado (Introducción  del libro “El Imperio Socialista de los Incas”, cuyo autor es Louis Baudin, Profesor de la Facultad de Derecho de Paris)

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