lunes, 17 de noviembre de 2014

CLARO...CLARISIMO

Precisamente Martín Belaúnde Lossio, en las actuales circunstancias de estar prófugo de la justicia y darse el lujo de declarar ante la prensa desde la clandestinidad, inspira desconfianza total y parece ser uno de los grandes mafiosos que comenzaron sus actividades ilícitas a fondo e inescrupulosamente,  a partir del ascenso de Ollanta Humala al poder.
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Mientras tanto  y ante los hechos poco claros y muy sospechosos, los nacionalistas tratan por todos los medios de probar que nada tienen que ver  con el empresario chiclayano. No obstante que si estuvo con ellos trabajando a fondo y con responsabilidades especificas, en las campañas electorales del 2006 y el 2011.
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Lo que más lo acerca a la pareja presidencial es, evidentemente, haber sido uno de los artífices de los pagos de asesorías a Nadine Heredia  con cifras exorbitantes que superan los 50 mil dólares y que incluyen actividades relacionadas con especialidades capilares, para tratar todo tipo de enfermedades del cabello y de la piel.
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Nadie sabía en el Perú que la esposa del actual Presidente de la República era una experta en estas lides relacionadas  con la salud. Obviamente que, de por sí, el asunto suena a trafa y que algo raro, por decir los menos, ocurrió con estas consultorías realizadas por la señora Humala antes de ser Primera Dama. Allá por los años 2006 y 2008.
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Muchos sostienen que la plata provenía de las arcas del gobierno de Hugo Chávez en aquel entonces muy allegado a  los Humala. Todo hace suponer que los intermediarios eran los Belaúnde, el padre Arturo y el hijo Martín. Por ello, evidentemente, ambos habrían cobrado la comisión correspondiente.  No hay caso, de tal  paso tal astilla. Ejemplar, muy ejemplar
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Así se aseguraban el bolsillo y también la amistad con la que después sería la pareja presidencial. Hacían méritos para que en el futuro, cuando lleguen al poder, se devuelvan los favores correspondientes. Una cosa llevaba a la otra. Qué tales vivarachos.
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Obviamente que este capítulo de la historia no aparece en ningún momento en el  insólito comunicado de lavado de manos al estilo Pilatos que ha emitido, con cinismo, el Partido Nacionalista que trata, a como de lugar, de alejarse y desmarcarse del supuesto pillo.
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El controvertido documento sostiene falazmente que las fechorías registradas se hicieron fuera del ámbito del gobierno central y sus influencias. Si con la anuencia y responsabilidad de los gobiernos regionales de diferentes partes del país.
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Tal premisa, evidentemente, de ninguna manera salva la responsabilidad del partido gobernante, en vista de que está completamente probado que Belaúnde Lossio y su hermano Arturo  aprovecharon sus influencias en el Congreso.
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Lo hicieron, precisamente, con los congresistas, Víctor Isla y Josué Gutiérrez, quienes estaban en puestos claves como son la Presidencia del Parlamento y la Comisión de Presupuesto para, obviamente, sacar prebendas que les posibilite  ejecutar obras al interior del país. Los humalistas, definitivamente, tienen responsabilidades que están en la obligación de afrontar y esclarecer.
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Hay otro hecho controvertido que enlaza directamente a Belaúnde con el nacionalismo y ese si que no se puede negar. En la primera campaña electoral de este grupo político, el cuestionado hombre de negocios colaboró con dinero, contante y sonante, ascendiente a  la suma de 66 mil 820 soles, según el reporte de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
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La cifra de contribución aumenta con otras operaciones realizadas por el mismísimo contribuyente cuando entrega en especies 84 mil  800 soles  y tras la derrota de Humala, el 2006, da en efectivo 113 mil 400 soles.
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 Es decir, en aquella campaña, el allegado a la pareja Humala aportó al Partido Nacionalista 265 mil soles con 20 centavos. El nacionalismo y el propio gobierno tiene la obligación inmediata de aclarar el por qué y la procedencia de estas cifras.
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La historia del que sería el pez gordo actual de la corrupción se remonta hacia el año 2000, es decir hace 14 años, cuando aparece conjuntamente con su padre, Arturo Belaúnde, apoyando a  Solidaridad Nacional y a su líder Luis Castañeda Lossio

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Los que conocen, en Chiclayo, a Arturo Belaúnde padre recuerdan que, antes de codearse con el poder y la ambición, era un hombre de carácter entretenido, apacible, amistoso e incluso con dotes caballerescos. El se dedicaba con cierto éxito a la actividad minera y tenía a su favor varios denuncios de este tipo. La conversión habría sido de caballero a gánster. Lamentable.
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El duo Belaúnde era allegado familiarmente con el  elegido burgomaestre de Lima, por el lado Lossio. Cierto y cercano es el parentesco aunque de por sí, y sobre todo por parte de Castañeda, había un rechazo a este grupo familiar. Los consideraba de menos y evidentemente no gozaban de su simpatía total. Sin embargo, la política los juntó.
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Allí estos dos señores, desde Chiclayo y con conexiones en la capital, consiguieron financiamiento para diversas actividades partidarias de los solidarios. El objetivo era el mismo: después medrar y sacar dividendos.
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Pero las cosas entre  Castañeda, sus seguidores y los Belaúnde se fueron apagando, poco a poco, por esa desconfianza familiar existente. Las oportunidades de los negocios posteriores parece ser que no se dieron.
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Algunos allegados, tanto al ex alcalde como al clan familiar, aseguran que ello ocurrió sobre todo por el mal carácter del líder de Solidaridad que cuando algo sale  mal comienza a estallar y acusa como culpables, a quien se le cruza en el camino.
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 Los Belaúnde no tuvieron la paciencia de aguantar las bravuconadas, sin ningún fundamento, del líder de Solidaridad Nacional y  decidieron dar un paso al costado.  Posteriormente, pusieron los ojos en Humala y se fueron directamente a trabajar en las predios nacionalistas.
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Como reforzamiento  e instrumento de presión vino, por decisión e iniciativa editorial de este par de sinvergüenzas, la fundación del diario “La Primera” desde cuyas páginas y en una posición de izquierdista progresista se apoyó,  incondicionalmente, la figura de Humala y de sus seguidores los nacionalistas. Martin ha desaparecido de la nomina de fundadores.  Hoy en día sólo está Arturo padre.
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El joven Belaúnde  también fue comprando, paulatinamente, una buena cantidad de radios en distintas partes del norte del país, cuyos programas periodísticos los puso de inmediato a disposición  de las huestes humalistas.
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 La plata habría venido, otra vez, de la Venezuela de Chávez con sus respectivas comisiones para el promotor comunicativo. Nadie puede negar este hecho que efectivamente se hizo en medio de la oscuridad financiera y sin ningún ápice de transparencia
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El buen hijo se hizo especialista en regionalización y entonces se dirigió a trabajar con otros corruptos de siete suelas encabezados por  César Alvarez en la Región Ancash, cometiendo infinidad de tropelías y, por eso mismo, es buscado por las autoridades judiciales.
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 Por si acaso, los tentáculos llegaron hasta otros lugares lejanos como Madre de Dios donde participó en licitaciones que, precisamente, no se les puede llamar transparentes. Para los entendidos, aquí se registraron serias anomalías que merecen investigación en una serie de obras que ni siquiera finalizaron y se quedaron en medio camino.
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Lo que requiere el Perú, para reforzar la moral y la ética que es necesaria, es la determinación de responsabilidades a aquellos que han actuado inescrupulosamente y, a renglón seguido,  tienen que venir las sanciones penales correspondientes.
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Estamos cansados de tanta corruptela. La de Fujimori durante 10 largos años, la de los apristas con Alan Garcia a la cabeza, la de Toledo con sus compras inmobiliarias y transacciones financieras oscuras y ahora está la del humalismo que huele a podrido. El país tiene que cambiar.  Hay que asegurar  que a los culpables  les caerá todo el peso de la ley. Hagamos política con honestidad. Ya es hora.
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Fernando Berckemeyer Olaechea es el Director periodístico del diario “El Comercio”, a partir de hoy 17 de Noviembre. Ha sido oleado y sacramentado  para tal cargo por la familia propietaria, Miró Quesada. Se trata de un joven abogado que tenía a su cargo la Pagina Editorial de tan prestigiado órgano de expresión masiva.
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El   letrado convertido en periodista es hijo de Fernando Berckemeyer Conroy y descendiente de los que fueron dueños de Leche Gloria, hoy en manos de la familia arequipeña Rodríguez Banda. Entre ellos su abuelo José y sus tíos Luis, Gustavo, Fernando, muchos años inamovible Embajador del Perú en Estados Unidos, y otros que en sus tiempos de esplendor conformaban una de las familias más influyentes y poderosas del país.
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Por el lado materno, el Director de “El Comercio” está emparentado cercanamente con los Olaechea  que desde hace más de 130 años dirigen y conducen el estudio del mismo nombre, considerado como uno de los principales bufetes profesionales de letrados en el medio.
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Su progenitor, Fernando, de ideas ultraconservadoras protagonizó uno de los escándalos que más se recuerda en la Facultad de Derecho de la Universidad Católica alla por los años 60 y 70, De un lado y enfrentados estaban Berckemeyer, secundado por un  hombre estrafalario y raro que en tiempos del invierno limeño usaba un abrigo muy largo de color negro propio de climas muy severos que no es el de Lima, llamado René Porras Melgar. Los apoyaba, evidentemente, un sector numeroso de reaccionarios totales.
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Del otro, los abogados en aquella época muy jóvenes. Entre ellos: Jorge Avendaño. Jorge Santistevan, Baldo Kresalja, Javier de Belaúnde López de Romaña, Lorenzo Zolezzi, Luis Pásara  Eduardo Ferrero, Domingo García Beláunde, Mario Roggero y Miguel de Althaus.
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 Ambos bandos enfrentados por la reforma total de la Facultad de Derecho de dicho centro superior de estudios. Los reformistas habían realizado estudios de perfeccionamiento en la Universidad de Wisconsin. Estados Unidos.
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El lío fue tan grande que a los jóvenes docentes se les calificó como neo marxistas, comunistas y seguidores de las reformas económicas y sociales de la dictadura de Velasco. Hecho que, evidentemente,  no era real ni cierto en su totalidad. Al único que se le podía señalar como rojimio era a Pásara

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La reforma planteaba exclusivamente mejorar la enseñanza del Derecho que contemplaba-eso si- un cambio y un compromiso que tenia que enlazar, fuertemente y de forma directa, las leyes con la sociedad. Cosa factible y completamente acertada.
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La oposición recalcitrante de Berckemeyer y Porras fue constante, insolente, apasionada y total. A tal punto que los dos fueron expulsados de las aulas de la Católica por haber excedido, según las autoridades, en actitudes vejatorias inaceptables y fuera de la ley.
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Lo que se hizo es un cambio profundo en la forma de la enseñanza y se logró una nueva concepción del derecho, sustentado no, precisamente, en un mero ordenamiento formal contenido en códigos más o menos organizados lógicamente.
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Los Wisconsin consiguieron que el Derecho no puede entenderse aisladamente de los demás aspectos de la vida. La reforma introdujo el método de los casos en el estudio de la Ciencia Jurídica con sustento técnico y doctrinario, buscando planteamientos originarios, sin sujetarse o limitarse a las normas legales de los códigos y las leyes. Ir mas allá. No les faltaba razón.
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 Eso era lo correcto porque así se  se desterraba la memorización y se dejaba de lado la formación legalista de los abogados y codiguera para dar paso a una visión integral. Que tal revolución, merece recordarla de todas maneras.
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Por aquel entonces, uno de los Wisconsin, Javier de Belaúnde, se preguntaba y decía de inmediato lo siguiente: ” Para que enseñar? Para contribuir al cambio social. ¿Qué enseñar? Nuevos contenidos Es decir, cursos que vinculen al Derecho con la sociedad. ¡Cómo enseñar? Con el método de los casos”. Tal era el resumen de la reforma que, decididamente, pasó a la historia y hoy mismo se perfecciona con el aporte de las nuevas generaciones. Vale, definitivamente. (Noé)

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