sábado, 31 de enero de 2015

LAS GRANDES IDEAS DE GARCIA CALDERON

La convicción y el pensamiento eran  de por si originales e interesantes. Enteramente  pensados para la transformación total del Perú y salían de una pluma diáfana, erudita, pulcra,  Como tema principal, esta excelsa  patria con pasado histórico incaico genial que fue libertada por San Martin y Bolívar, donde se necesitaba, a gritos, cambiar por completo después del colapso y la tragedia que dejó la Guerra del Pacífico con sus secuelas inmediatas, profundas y  desgarrantes en el devenir político. Lo que se exigía para ello consistía en  la existencia palpable de una clase dirigente de elite que reclutara a sus miembros no sólo por su riqueza, sino también por su inteligencia. Que tal conmoción intelectual: grandes ideas, grandes transformaciones. Tales eran las metas y  objetivos finales. Como ambición y evidente búsqueda de la realidad.
 Ahora bien, allí no quedaba la cosa. Mucho más allá se iba y, en ese sentido contextual, también  se pedía que la oligarquía, aquel grupo minoritario y nefasto del vil metal acumulado a como de lugar, entendiera, de una vez por todas, la necesidad de reformar el país para modernizarlo y ubicarlo firmemente en el campo del progreso. El destino de la nación no era quedar al remolque de Estados Unidos. Había que reconocer su carácter latino y aproximarlo más a Francia, Italia. Es decir, la Europa admirable, sabia y milenaria.
Por lo tanto era preciso fomentar una política de inmigración, atrayendo a europeos para que poblaran el suelo peruano que teniendo entonces 4 millones de habitantes, requería nuevos brazos para su agricultura. Paralelamente,   ampliar al máximo la frontera agrícola. Impulsando las irrigaciones. Planes que, precisamente, no eran equivocados.


Francisco García Calderón Rey..

TAREAS
Tales tareas múltiples y concretas de posibilidades debían ser emprendidas por un Estado eficiente, en el que esa oligarquía supiera incorporar a los grupos marginados. Así el indio tenía que ser transformado, de siervo o campesino sumiso, a obrero moderno o propietario. Respetando, a como de lugar, sus costumbres. El colosal proyecto, si fuera preciso, debía ser guiado por un líder excepcional. Una suerte, si se quiere, de César democrático.
Todas estas ideas fenomenales que lindaron en  el análisis profundo se sostuvieron hace exactamente 108 años, en 1907, en un libro que marcó época como el primer intento moderno del siglo XX por ofrecer una visión global con una síntesis e interpretación del Perú, de lo más audaz y  sobre todo reflexiva. De haberse llevado a la práctica tales propósitos, cuanto hubiese cambiado este país que hasta ahora sigue inexorable en la búsqueda de su identidad total, según la opinión de los entendidos.
El mérito de los aportes le pertenecen a un pensador e ideólogo de polendas como fue Francisco García Calderón Rey, miembro de la generación arielista del 900 que en aquella lejana fecha sacó a luz su  inigualable y valioso libro titulado “El Perú Contemporáneo”, publicación que los historiadores,  como Juan Luis Orrego y el propio Jorge Basadre, consideran que se trata del principal punto de referencia cultural de la elite criolla occidentalizada del país.
INCONCEBIBLE
Mérito innegable por sus cuatro costados. Pero también frustración porque nada de ello, ni un ápice, se hizo y lo real es que todo quedó en el papel. Nada más que allí y eso si, a estas alturas del mismísimo siglo XXI, es inconcebible.
García Calderón, como los otros miembros de su generación, estaba convencido de que era necesario sacudirse de aquel ingrato pasado y construir una verdadera nación. Los había marcado por completo las consecuencias morales y materiales del conflicto con Chile. La guerra civil que enfrentó a Cáceres e Iglesias y la imposibilidad en conseguir recursos foráneos para iniciar la Reconstrucción Nacional.
Aquí en territorio nacional su maestro era Ricardo Palma y admiraban en el campo político  a  Manuel Pardo y Lavalle, el infatigable y honrado primer presidente civil y a Nicolás de Piérola, el caudillo efectivo conductor de multitudes que marco época distinta  durante su gobierno entre 1895 y 1899.
Con respecto al exterior, ellos se inspiraron fundamentalmente en los grandes maestros del nacionalismo francés y español que precisamente, emergieron de las guerras. Nunca dejaron de pensar en Taine, Renán y Michelet entre los franceses. Cavinet, Joaquín Costa y Miguel de Unamuno, entre los españoles.


Escritor de periodicos de prestigio a nivel internacional.

RODO
Evidentemente que el que estaba en el primer lugar de sus preferencias era  el uruguayo José Enrique Rodó, cuyo libro “Ariel” le dio nombre a la brillante generación. Los impresionaba al máximo la idea del pensador respecto a la unidad espiritual del continente, donde la juventud cumplía un rol preponderante como expresión de solidaridad, idealismo y gobierno de las elites.
De allí que García Calderón acuñó una de sus frases brillantes: “El Perú se salvará solo bajo el polvo de una biblioteca”, dichas en 1910 en medio de las influencias en San Marcos de profesores de la talla de Alejandro Deústua, introductor del neo idealismo francés y de Javier Prado Ugarteche, un precoz maestro de polendas que murió muy joven misteriosamente que había sido positivista y, posteriormente, seguidor de dichos pensamientos europeos.
El grupo intelectual del que formó parte había nacido y crecido en  el difícil contexto de la post guerra. Allí estaban José de la Riva Agüero y Osma,  Víctor Andrés Belaúnde, su hermano Ventura  García Calderón, el poeta José Galvez, el arqueólogo Julio C. Tello, el diplomático Juan Bautista de Lavalle, Fernando Tola,  el periodista Luis Fernán Cisneros y Oscar Miró Quesada (Racso) en la divulgación científica.
 (Del primero, segundo, tercero cuarto y, quinto  leer semblanzas de sus vidas en el archivo de este blog con fechas: 27 de Setiembre del 2011, 24 de Enero del 2015, 29 de Octubre del 2012, 25 de Mayo del 2011 y 27 de Febrero del 2013, respectivamente.)
MEMBRETE
A García Calderón como a todos los miembros de su generación intelectual, muchos de los cuales procedían de familias aristocráticas con apellidos compuestos y estrechos vínculos con la historia nacional, se les impuso el membrete de reaccionarios.
 Así por así y teniendo en cuenta exclusivamente su origen. Marca de hierro ingrata, entre otras cosas, porque sus integrantes incluso no pensaban igual y además tuvieron evoluciones interesantes de completo aporte al pensamiento peruano. Eso nadie lo puede quitar. Ni menos borrar.
Filósofo, escritor y diplomático. Había nacido en Valparaíso, Chile, el 8 de Abril de 1883, precisamente durante el desarrollo de la Guerra del Pacífico y murió en Lima el  8 de Abril de 1953, tras haber sido internado algunos años en el  Manicomio Larco Herrera donde recibió un tratamiento mental a raíz de la enfermedad que se le presentó en los últimos años de su vida: la esquizofrenia.
Hijo del Presidente del Perú con sede en la Magdalena en medio de la turbulencia maligna de la invasión chilena, Francisco García Calderón Landa, jurista de renombre. Rector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la dama tacneña de ilustre prosapia, Carmen Rey Basadre.
Su progenitor, quien siendo mandatario fue deportado a Chile, se retiró a París, Francia, con su familia en 1884. Pudo volver al país dos años después. El hijo tuvo la oportunidad de estudiar  en el  Colegio de los Sagrados Corazones de la Recoleta recién fundado, teniendo como compañero de carpeta, entre otros, a Riva Agüero.


Con sus padres y hermanos.

SU CASA
Vivía en el centro de Lima, en la Calle La Amargura, a pocos metros del  plantel donde estudiaba. La casa era amplia de dos patios, con revestimientos de mármol en la fachada y colecciones de cedro en el traspatio. Había un bello jardín con macetas de rosas, claveles y macizos de geranios. Por las paredes trepaban  los jazmines y las madreselvas. Después de la sala estaba la biblioteca que don Francisco cedía a su hijo mayor y la tanda de sus amigos
El más destacado de sus libros se lo dedicó al doctor García Calderón Landa con las siguientes palabras de afecto: “A la gran memoria de mi padre, el más dulce maestro de mi grave juventud, yo dedico estas páginas de fe sobre la patria de sus antepasados e hijos, que defendió como espartano  en la guerra, que honró como ateniense en la paz. Indocti discant ament meminisse pereti (Escuchen los ignorantes: amen acordarse de los perecidos)
Esta publicación se puede comparar sin ningún problema, teniendo en cuenta sus diferencias evidentes, con los “Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana” de José Carlos Mariátegui, “La Realidad Nacional” de Víctor Andrés Belaunde y” Perú  Problema y Posibilidad” del mejor historiador del país, Jorge Basadre. Lo lamentable es que el libro recién se tradujo, en su totalidad del francés al castellano, en 1981. Es decir, 74 años después de editado. 
SAN MARCOS
Lo prepararon profesionalmente, en Letras y Derecho, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Se afincó permanentemente en París donde emigró con toda su familia, tras la muerte de su padre ocurrida en 1906. A Francia llevó el cargo de Canciller de la Legación Peruana en ese país, puesto diplomático que lo desempeñó brillantemente.
En 1905 para festejar la llegada a Lima del renombrado intelectual  Ramón Menéndez Pidal, ante el numeroso público congregado en el Palacio de la Exposición, pronunció un famoso discurso de despedida. Luego viajó a Santiago de Chile, pero al morir  su padre regresó al día siguiente a las solemnes exequias. Había cumplido 22 años y vivía un periodo de intensa depresión anímica
La  crisis psicótica se agravó y por eso decidió quitarse la vida: inexorable y de frente se lanzó desde el colonial Puente de Piedra  en el centro de Lima. Felizmente cayó ileso al suelo, pero con la tremenda perturbación nerviosa. La normalidad interior retornó en  Europa.
Sus actividades oficiales las combinaba con el ejercicio literario de escribir fluidamente y de forma excepcional. Tan es así que cuando sacó a luz “El Perú Contemporáneo”, ganó un premio otorgado por la Academia Francesa.
MATRIMONIO
Lo designaron  Secretario de la Legación peruana en Londres y al poco tiempo vino a Lima donde se casó con Rosa Amelia Lores Hurtado, hija de Benito Lores Bathel y Dolores Hurtado Fernández Prada. Nombrado Segundo Secretario de la Embajada del Perú en Francia con sede en París. Publicó impecable “Las Democracias Latinas de América”, con prólogo de Raymond Poncaire, Primer Ministro y luego Presidente de la  República Francesa, en una colección dirigida por el renombrado escritor Gustave Le Bon
Desde la capital europea realizó una persistente colaboración de artículos, con pluma admirable y suelta, para periódicos de América Latina como “El Comercio de Lima, “El Fígaro” de La Habana y “La Nación” de Buenos Aires.
 Ya era Miembro de la Academia Peruana  de la Lengua. Cuarenta años  residió en Francia con una intensa participación en la vida intelectual. Asistió a cursos de Henri Bergson sobre Spencer y a reuniones en casa de Emile Boutroux
Con el estallido de la Primera Guerra Mundial  nombrado Primer Secretario de la Legación Peruana. Lamentablemente en 1916 murió su hermano José, de profesión Arquitecto en Verdún, en un enfrentamiento belico, formando parte de la Legión Extranjera. Los otros: Ventura, escritor y diplomático y Juan, Médico Cirujano.


Su padre Rector de San Marcos y allí estudió el hijo.

RENUNCIA
Ministro Plenipotenciario del Perú en Francia y después en Bélgica. Sacó a luz en su país natal una serie de artículos publicados algunos de ellos en el semanario “Sudamérica”, dirigido por el escritor y agente consular, Carlos Pérez Cánepa.
Con el fin de la guerra en 1919, el diplomático pasó a desempeñarse en la Conferencia de Paz en París y en la Liga de las Naciones en Ginebra. Renunció a su puesto de Ministro Plenipotenciario en oposición al gobierno del Presidente Leguía.
Hacia 1930, tras la caída de Leguía, asumió el cargo de Ministro en Francia. Posteriormente lo nombraron delegado de la XV Conferencia Internacional del Trabajo en Ginebra y en la Liga de Naciones. En esta última entidad presidió la   103ra  sesión realizada en 1938.
Acreditado Ministro Plenipotenciario para el gobierno de Vichy en Paris, Francia, luego del inicio de  la Segunda Guerra Mundial. Estando en Paris como Embajador fue detenido por las fuerzas de ocupación alemanas, en calidad de diplomático de país beligerante, en el campo de reclusión de Bad Godesberg. Cerca a  Bonn, Alemania. Conseguida su libertad, logro desempeñarse como Embajador del Perú en Bélgica. En 1945 se retiró del servicio diplomático.
Dado su precario estado de salud, regresó al Perú junto a su esposa en 1948 y al año siguiente lo internaron en el Larco Herrera. Falleció allí en ese nosocomio limeño el 7 de Julio de 1953 y enterrado en el Cementerio Presbítero Maestro.
DOLOR
Los últimos años de su vida fueron dolorosos porque se le manifestó una esquizofrenia galopante. Comenzaba a hablar, hablar y nunca paraba, sobre todo cuando estaba acompañado por sus interlocutores. Lo que era peor, triste y hasta desesperante  para quien lo escuchaba: pasaba de un tema a otro sin lógica, ni claridad, ni coherencia.
Murió al cumplir los  70 años. La Universidad de San Marcos se abstuvo de contribuir al sepelio, porque no era  empleado ni profesor de la institución. No obstante de que tenía tanta relación  con ella donde precisamente estudió, su padre fue rector y el también debió serlo, según opinión y denuncia que hizo, en su oportunidad, el escritor y político aprista, Luis Alberto Sánchez
Sánchez también  preciso que el gobierno de turno- el de Odría- se abstuvo también de colaborar económicamente luego de su deceso, porque no era embajador en servicio. Los jóvenes, porque no lo conocían. Los adultos, porque habían perdido el hábito de leerlo. Los viejos, porque era tan pesado ir al cementerio.
Menos de una veintena de sus amigos  rodearon el féretro. Su compañera de toda la vida, Rosa Amelia, allí presente dolorida y angustiada, elevando al cielo sus oraciones. Hablaron, rindiéndole homenaje: Víctor Andrés Belaunde, Leoncio de Mora y Luis Humberto Delgado.

José Enrique Rodó 2.jpg
Jose Enrique Rodo,  maestro y autor de "Ariel".

OBRA
Miembro de  la Academia Diplomática Internacional, de la Sociedad de Sociología de París y del Comité Franco Americano  con sede en  la capital francesa. Entre las otras obras que escribió figuran: “De Litteris, sobre crítica literaria con prólogo de nada más y nada menos que  de Rodó, el autor de “Ariel” (1904), “Las Condiciones Sociológicas de América Latina” (1908), “Profesores de Idealismos” (1909), “la Creación de un Continente” (1912) “El Dilema de la Gran Guerra” (1919) “Europa Inquieta” (1927) y el Espíritu de la Nueva Alemania (1928).  Con respecto a este ultimo volumen, el autor propugnaba la unidad europea y la integración de ese país en el conjunto de la s naciones del continente.
Su esposa con la ayuda de peruanos influyentes, logró la publicación de un libro póstumo con sus ensayos titulado, “En Torno al Perú y América”. El volumen llegó un prólogo de Basadre y salió  gracias a la colaboración de Carmen Ortiz de Zevallos, Augusto Salazar Bondy y Pedro Ugarteche.
Muchos años después, la Universidad de San Marcos y la Corporación Financiera de Desarrollo (COFIDE) sacaron, con gran éxito editorial, un libro titulado “Francisco García Calderón, América Latina y el Perú del Novecientos, una antología de textos del autor cuya compilación, introducción y notas estuvo a cargo de Teodoro Hampe Martínez.
Tolerante y liberal sincero, Pluma ágil y de amplio espectro con tempranas luces de pensamiento. Padre de muchas ideas que ponían en el  tapete de las realizaciones al Perú. Sensible total y humanista por convicción propia. Generoso, humilde, capaz. Hombre de ideas que definitivamente, con merito propio, conquistó un lugar en las letras hispanoamericanas.(Edgardo de Noriega)

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