sábado, 24 de enero de 2015

PENSADOR Y DIPLOMATICO DE PRIMERA

Una existencia de valor dedicada por completo a la intelectualidad donde destacó, como pocos, con nombre propio. Ideólogo y precursor del pensamiento social cristiano en el país.  Un jurista y diplomático de polendas erudito y de trascendencia que fue Canciller del Peru allá por los años 50 en tiempos del gobierno de Manuel Prado e incluso, muy poco tiempo después, llegó a presidir la Asamblea General de las Naciones Unidas. Convirtiéndose en el único peruano en ejercer esa función importantísima, del más alto nivel a titulo mundial. La variedad de sus responsabilidades y actividades sirvieron para demostrar  la calidad de sus capacidades.  Realmente admirables y ejemplares.
Las referencias son, como el  reflejo de la verdad  directamente por sus cuatro costados, para Victor Andrés Belaunde Diez Canseco  que nació en Arequipa el 15 de Diciembre de 1883, en plena ocupación chilena de buena parte del territorio nacional.
Cuando finalizó sus estudios primarios y secundarios en  los Colegios arequipeños San Vicente de Paul, San José de los hermanos jesuitas y el de la Merced, ingresó de frente a la Facultad de Derecho, sin los estudios de Letras que por esos tiempos habían sido abolidos, a la Universidad  Nacional de San Agustín.
En cuanto a la escolaridad, mucho más años estuvo en el primero de los establecimientos que el segundo y el tercero, durmiendo inclusive en el centro educativo vicentino, en calidad de alumno interno. El plantel había sido fundado por el famoso sacerdote francés lazarista, R. P Hipólito Duhamel, piadoso hombre que había estado en China donde incluso lo torturaron por predicar el Evangelio.

Víctor Andrés Belaunde: un pensador del Perú.

EDUCACION EXPERIMENTAL
Efectivamente lo hirieron de gravedad con una lanza en el cuello, cuya cicatriz exhibía con modestia y como testimonio de su fe.  Luego se afincó en la blanca ciudad en permanente misión pastoral de educar y servir a los demás.
Allí  Belaunde recibió una educación experimental de primera, donde se enseñaba francés y latín a profundidad. Las otras materias, con nuevos métodos de aprendizaje, en las que la  propia interpretación de los alumnos y la iniciativa personal  se explotaban al máximo, sin apelar en ningún momento al estudio memorista.
En efecto, la Historia se impartía a los alumnos con representaciones gráficas, cuadros evocativos y narraciones suplementarias. Obviamente y como ya hemos dicho, sin aprender al pie de la letra ningún texto. Si interpretados constantemente y a profundidad. Para la Geografía se usaba  los  mapas, cuyo diseño y confección eran hechos por los propios pupilos
 Constante era la lectura de libros para los cursos de Gramática y  Literatura, los mismos que se enseñaba a todo dar, dándole mucha importancia a la poesía, los textos y las representaciones teatrales.
ACTOR
 Por eso es que, precisamente, Víctor Andrés actuó en diferentes obras clásicas como “La Vida es Sueño” y “El Alcalde de Zalamea”, cuyo autor es el inmortal escritor  Pedro Calderón de la Barca. Las Matemáticas eran ejercitadas incluyendo al máximo la comprensión, sin recordar con la mente los teoremas o axiomas. La Física y la Química se enseñaban en laboratorios que fueron  especialmente instalados,  por primera vez, de forma enteramente práctica y exitosa.
Con gesto generoso, lo eligieron Presidente del Club Literario al llegar a cursar el Tercer Año de Secundaria. Allí trabajó codo a  codo con Juan Gualberto Guevara que optó por la vocación sacerdotal y se convirtió en el  Primer Cardenal del Perú desde 1945 hasta 1954, luego de ser Arzobispo de Trujillo y de Lima. Este último año  murió y fue remplazado por otro arequipeño: Juan Landázuri Ricketts
De esta época, Belaunde recuerda en sus memorias lo siguiente: “En mi formación intelectual no hay aspecto en que no pueda contar  la influencia decisiva de la educación de mi colegio. Sentimiento religioso, disciplina de trabajo, rigor lógico, precisión matemática, afición a la literatura en medio de un ritmo litúrgico apasionado y necesario”… A Duhamel le debo el ejemplo imperecedero de una verdadera santidad”.
Por estos tiempos, ejerció diferentes cargos como directivo del Circulo de la Juventud Católica impulsada por los sacerdotes jesuitas. Los viejos hidalgos que formaban la Unión Católica, bajo la presidencia de su padre, albergaron a los más jóvenes en su propio local. Lo nombraron bibliotecario, arreglando y catalogando infinidad de volúmenes. Fue su primera experiencia en el mundo de los libros de donde nunca, en su vida, saldría. Lector impenitente, culto a profundidad.
EXPOSITOR
Llegó la oportunidad de que el joven exponga en público por primera vez. Lo hizo en un acto organizado por la entidad cristiana a la que pertenecía en un local cercano del Convento de Santa Teresa de Arequipa, hablando sobre Historia Universal y explicando los pensamientos de Lamenais, Donoso, Lacordaire y citando, a cada rato y como base, a Chateaubriand. El discurso  tuvo éxito y consagró cierta fama de orador convincente que la traía desde el colegio.
Por aquella época, el estudiante  ya  estaba convencido de un pensamiento que lo llevó siempre en el sentido de que el cristianismo aproximaba a la humanidad al misterio de Dios, como robustecimiento de las relaciones humanas y base firme de la civilización.
Con tal convicción y con la ayuda de varios universitarios  sacó un órgano periodístico juvenil que expresó tal convicción bajo el título de “La Lucha” donde escribió, en una oportunidad, sobre el destino del hombre y algunos problemas de Matemáticas y Geometría que eran de su entera preferencia. La publicación tuvo corta vida.


En sus años mozos.

POLAR
Debutó como orador en la histórica Plaza de Armas de Arequipa ante una abigarrada multitud que se congregó en ese lugar con motivo de un homenaje que hizo a la Argentina, como expresión de democracia genuina,  durante un entusiasta mitin  organizado por el Centro Universitario.
En la blanca ciudad su amigo y  mentor,  por los años decisivos de la penumbra juvenil, fue Juan Manuel Polar: un maestro excepcional del Colegio de la Independencia Americana y caballero franciscano, austero, sencillo, sobrio,  amante de la naturaleza, cultor de las tradiciones y de grandes aficiones literarias. En  buena cuenta, un poeta de finos sentimientos, narrador incomparable de cuentos. Un incomparable sondeador de espíritus que desempeño, en la  historia mistiana, la sagrada misión de revelar, suscitar y alentar vocaciones. Una de ellas fue la de Belaúnde que, dicho sea de paso, ingresó directamente a la posteridad del éxito y la brillantez.
Sus padres fueron: Mariano Andrés de Belaunde de la Torre y Mercedes Diez Canseco Vargas, hija de Pedro Diez Canseco Corbacho que llegó a ser Presidente del Perú. Resultaron ocho vástagos los de este matrimonio de unión permanente y felicidad plena, incluido Victor Andrés.
PIEROLA
La mayor Carmen, de belleza y gracia inigualable con un nivel cultural amplio, casada con  Luis Fernando Llosa. A ella siguieron Juan y Panchita, muertos en su infancia. Dos años después de su nacimiento vino Rafael abogado de profesión, Oficial Mayor del Senado y casado con Lucila Terry de vieja estirpe limeña.
Embajador del Perú  en México y Chile  Forjador del Frente Democrático que llevó a la Presidencia de la República en 1945 a José Luis Bustamante y Rivero, presidiendo como ministro de estado su primer gabinete.
Antes Rafael fue injustamente desterrado por Leguía debido a su actitud independiente en el ejercicio de sus funciones. Entusiasta por Piérola desde su juventud. Amigo fiel que tuvo el gran caudillo. en los últimos años de su vida.
Su confidente y contertulio de confianza.  Padre, entre otros hijos, del  que fue en dos oportunidades, de 1963 a 1968 y de 1980 a 1985, Presidente Constitucional del Perú, Fernando Belaunde Terry, sobrino carnal de Víctor Andrés.


Tapa de un tomo de sus obras completas

EL SUFRIMIENTO
Los otros tres hermanos de Belaunde Diez Canseco  resultaron ser: Lola, Francisco y Mercedes.  La primera se casó   con el doctor Chávez Velando, distinguido médico arequipeño y en segundas nupcias con  Luis Blaisdel, antiguo gerente de los Ferrocarriles del Sur, a cargo de la empresa británica Peruvian Corporation. Por su parte, el segundo  murió antes de cumplir un año. Mientras que Mercedes, radicada en Arequipa, contrajo matrimonio con su primo Francisco Belaunde Romaña.
La familia Belaunde Diez Canseco sufrió tremendamente cuando cayó en desgracia el jefe del clan tan distinguido quien resultó preso, a pesar de ser inocente. El hecho concreto y lamentable fue que además perdió toda su fortuna personal por su actuación como Ministro de Hacienda durante el Gobierno de Eduardo López de Romaña, acusado por los supuestos delitos de defraudación de fondos públicos y enriquecimiento ilícito, luego de lo que se denominó una  imprudente operación crediticia. (Ver artículo pertinente en el archivo de Miscelánea bajo el titulo “El Abuelo de Belaunde a la Cárcel”, de fecha 10 de Julio del 2014)
Mariano Belaunde de la Torre, abogado y parlamentario pierolista, se había convertido a punta de trabajo en un acaudalado comerciante que poseía además una casa importadora y exportadora con sucursales en Puno y algunos fundos agrícolas en los valles de Vitor y Majes. Contaba incluso con una línea férrea. Era titular de derechos auríferos y de bórax, exportando el caucho. Todo un potentado económico.
Gracias a sus florecientes vínculos con las grandes casas comerciales de Londres, París, Berlín, Leipzig y Hamburgo, Belaúnde negociaba frecuentemente sus cheques, letras y pagarés en los bancos de Arequipa y Lima.
LAS LETRAS
Cuando a inicios de 1900, el Consejo de Ministros acordó una remisión de fondos a los representantes peruanos para la compra de armamento se decidió-para mantener la operación en la debida reserva- realizar las remesas por la adquisición a través del Ministerio de Hacienda y no, como correspondía, por intermedio del Ministerio de Guerra.
Mientras la operación se llevaba a cabo, Belaúnde vendió a la Dirección del Tesoro algunas letras suyas por cobrarse contra la Casa de Manuel Enrique Puertas de París, con la que el Ministro mantenía una larga relación comercial.
Con esa finalidad, entre los meses de Enero y Setiembre de 1900,  envió remesas a su corresponsal parisino por poco más de un millón de francos.  Más tarde el hombre de negocios arequipeño alegó que las letras representaron valores reales y confiables, respaldados por varios años de negocios exitosos y seguros. 
ACUSACION 
Lamentablemente, a fines de septiembre de 1900,  la Casa Puertas comunicó al Estado peruano que existía un sobregiro en las obligaciones del Ministro Belaúnde para con dicha entidad y exigía una inmediata satisfacción en efectivo, por la diferencia del monto reportado de las letras vencidas.
Ante la zozobra generada, el Presidente Romaña, no obstante de que el implicado puso a disposición todo su patrimonio en garantía e intentó un arregló privado con los acreedores, convocó inmediatamente a Consejo de Ministros.  Apresuradamente, por encargo del propio Romaña, el pleno ministerial encabezado por Enrique Coronel Zegarra, elevó un informe acusatorio a la Cámara de Diputados a la que pertenecía Belaúnde.
Al amparo del art. 55 de la Constitución, el Congreso emitió la resolución legislativa que autorizaba la prisión y enjuiciamiento del Ministro, a la que el Presidente Romaña  puso el cúmplase, el 26 de Octubre de 1900.
El 26 de Julio de 1901, Belaunde con el patrocinio de su abogado expuso sus descargos ante la Corte Suprema y poco después publicó un folleto con su  posición. En su alegato resaltó el aspecto jurídico, comercial de  varias  letras de cambio, que la malignidad de sus perseguidores se empeñaron en
convertir en actos delictuosos.

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Sus funerales con la asistencia de Bedoya y Bustamante y Rivero.

QUIEBRA 
La Primera Sala Privativa de la Corte Suprema, el 20 de Abril de 1903, se  pronunció absolviendo de conducta dolosa a Belaúnde. Este triunfo, empero, fue parcial, pues en el mismo fallo se le declaró ”reo del delito de malversación de caudales públicos por imprudencia temeraria” y se le impuso la pena de reclusión en primer grado-es decir un año- que sería compurgada con los meses de carcelería transcurridos.
La sentencia fue impugnada por el ex ministro el 21 de Abril de 1903 y el asunto pasó a conocimiento de la Segunda Sala Privativa de la Suprema, donde siguió su trámite. Belaúnde continuó defendiéndose a capa y espada, mostrando, a cada rato sus descargos. 
 Sin embargo los subsiguientes fallos del 3 de Julio de 1903 y del 24 de Diciembre de 1904, si bien reconocían no haber dolo en la conducta del ex ministro, insistieron en la condena por malversación culposa. 
Durante el dilatado proceso de más de cuatro años, había sobrevenido la quiebra de la otrora próspera casa comercial arequipeña de Belaúnde, sin contar con el descredito personal y el ensañamiento ciudadano fomentado por intereses políticos coyunturales. 
EN LIMA
La rehabilitación moral, más no económica, fue emprendida por el Congreso de la República en 1914, diez años después del juzgamiento. En efecto, el Parlamento, a través de la Comisión  de Justicia de la Cámara de Diputados, dictaminó constitucionalmente a favor de la inocencia plena de Belaúnde, la injusticia de su persecución y de su consiguiente ruina.
Solo ese año fue levantado el embargo de sus bienes, mientras que la rehabilitación comercial y  profesional  fue ordenada por la Ley 2004 del 7 de Noviembre del 2014. Cuando desempeñaba un modesto cargo judicial, que se le concedió como pálida compensación por los daños sufridos. Belaúnde falleció, en Arequipa, el 9 de Febrero de 1921. 
La ida de la blanca ciudad a Lima de Víctor Andrés ocurrió en 1900. “Fue dolorosa. Dejé mi hogar, mi universidad, mis amigos y sobre todo un amor juvenil al parecer correspondido. Un triple desgarramiento”, recuerda en sus memorias
En la capital siguió formándose profesionalmente en  la Universidad Nacional Mayor de San Marcos donde se graduó de doctor en Jurisprudencia, Ciencias Políticas y Letras. Tras lo cual dictó clases en el mismo centro superior de estudios hasta 1919.
CARRERA DIPLOMATICA
En sus memorias escribió la siguiente evocación sobre su ciudad natal: “Mi vieja ciudad, mi vieja casa, paisaje soleado  bajo el domo azul. Alamedas de sauces, campos tornasolados del trigo, blancas canteras de lava volcánica que tallaron tus hijos para decorar el alba  majestad de tus templos; agua cristalinas que parecen aire, aire transparente y sutil que parece éter; callejas místicas, rejas de citas amorosas, desfile de procesiones, ecos de yaraví”.
A continuación añadió: “Graves campanas del día de difuntos, bronces enloquecedores del somatén; arcos y columnas del foro romano, tribuna de  granito para las revoluciones; plaza de los comicios y de los fusilamientos: vieja Catedral, inundada de luz, resonantes con las notas del órgano, en los días del dolor y de alegría; entre cuyas torres, por el espacio abierto, se yergue como frontispicio gigante la cumbre nevada del volcán tutelar”. Belleza total en las descripciones tan precisas, completa añoranza al suelo sureño que lo vio nacer.
En Lima, a los 20 años, ingresó como diplomático al Ministerio de Relaciones Exteriores. Viajó a Alemania como Encargado de Negocios de la Embajada peruana, ocupó el mismo puesto en Bolivia. Ministro Plenipotenciario en Uruguay, Colombia y Suiza. Paralelamente se  desempeñó en otros campos como la Literatura, Filosofía y el Periodismo.
Hacia 1919 para adelante fundó el periódico titulado “El Mercurio Peruano”, publicación de prestigio que varias veces  y oportunidades dirigió con bríos en diferentes etapas claves de la vida republicana.


Belaunde, sentado al centro, con sus amigos del "Mercurio Peruano"

TESTIGO
Obligado a salir al exilio en tiempos de la dictadura de Leguía en 1921, partió hacia Estados Unidos donde ejerció  la docencia universitaria. De regreso a Lima, miembro de la Asamblea Constituyente que elaboró la Carta Magna del Perú de 1933 y diputado entre los años de 1931 y 1932.
Fue designado por el Ministerio de Relaciones Exteriores como miembro de la delegación peruana que participó en la Conferencia de San Francisco, donde se elaboró la Carta de lo que posteriormente sería la Organización de Naciones Unidas (ONU).
Entre abril y junio de 1945, Belaunde fue testigo del nacimiento de tan digna institución diplomática, estando presente en el momento cumbre cuando se suscribió el documento. Era el 26 de Julio de 1945.
Catorce años después volvió a la ONU cuando la Asamblea General lo eligió para presidir su 14 Sesión Ordinaria en 1959. Al año siguiente presidió también la 4° Sesión Especial de Emergencia. En estas funciones encabezó los debates en torno al conflicto interno ocurrido en la República del Congo.
Principal integrante de lo que en el ambiente intelectual del país se llamó la Generación del 900, conjuntamente con los hermanos Francisco y  Ventura García Calderon Rey. Lo mismo que con  José de la Riva Agüero y Osma, el benefactor de la Universidad Católica y el poeta José Gálvez.
DIFERENCIAS
Se convirtió al igual que José Carlos Mariátegui y  Victor Raúl Haya de la Torre, con sus pensamientos distintos y determinados, en uno de los más influyentes personajes en la ardua tarea de la reflexión de la sociedad peruana.
Le tocó desarrollar un determinado pensamiento imbuido de un catolicismo total y marcado notablemente. En el debate social su mirada al Perú siempre fue positiva. Consideraba al país como una síntesis viviente en la que la cultura andina y la occidental española se habían fusionado, creando una nueva civilización.
Sostuvo que ambas fuentes eran buenas a pesar de las sombras que oscurecieron ciertas etapas de nuestra historia. Con estas perspectivas se opuso al socialismo de Mariátegui que declaraba la preeminencia de la  raza indígena y a las ideas apristas de Haya de la Torre en aquel entonces con transformaciones radicales e incluso violentas. Para él, poco viables ambas  posiciones.
Belaunde no tuvo un afán proselitista, ni un espíritu partidario muy arraigado. Sus ideas se quedaran guardadas en los ámbitos académicos cerrados e incluso con poca difusión. A diferencia del Partido Comunista fundado por Mariátegui y el propio Apra que se dedicaron, sistemáticamente, a transmitir sus postulados en busca de conquistar el poder. 
MATRIMONIO
Sin embargo, cabe precisar que el Partido Demócrata Cristiano fundado en 1956, recogió en  parte las ideas de Belaunde y reivindicó su posición intelectual. Pero el ideólogo nunca se inscribió en esa agrupación política.
Tanto en sus escritos como en sus discursos reveló un dominio magistral de la lengua, con respetuosos modales tradicionales y una proclividad al diálogo. Sin embargo, constantemente apasionado en la defensa de sus ideales.
Falleció en Nueva York el 14 de Diciembre de 1966, un día antes de cumplir 83 años. Contrajo matrimonio en dos oportunidades. La primera vez  con su prima lejana, Sofía Irigoyen Diez Canseco, con quien tuvo dos hijas. Una de ellas la madre de sus nietos, José Antonio y Victor Andrés  García Belaunde, ex Ministro de Relaciones Exteriores y actual Congresista de la república, respectivamente.
En 1923, durante su exilio en París  y habiendo enviudado, se volvió a casar con  Teresa Moreyra y Paz Soldán, procreando varios hijos: Antonio, diplomático, Jose, músico, Pedro, ingeniero,  Martin, abogado y otros. Este último se desempeña, actualmente, como parlamentario por Solidaridad Nacional.
Entre sus libros destacan: “La Constitución Inicial del Perú ante el Derecho Internacional”, obra clave llena de juricidad  donde se rebate, con altura, las pretensiones del Ecuador sobre los territorios del norte. “El Perú Antiguo y los Modernos Sociólogos”.


Hablando enfáticamente en un foro internacional.

PENSAMIENTOS
Asimismo,” El Movimiento Intelectual de Arequipa a fines del siglo XVIII y principios del XIX”, “La Conferencia de San Francisco”, “El Debate Constitucional”, “El Tratado de Ancón”, “El Cristo de la Fe”, “Los Cristos Literarios”, “La Crisis Presente: 1914-1939”, “Peruanidad”, “Las Causas Diplomáticas en la Guerra del Pacífico” y “La Vida Universitaria”, “Arequipa de mi Infancia” (Memorias)
Embajador en Colombia y Suiza en tiempos del gobierno de Benavides. Todo un notable maestro en la Universidad Católica como Decano de las Facultades de Letras, Ciencias Políticas y Económicas, Vicerrector, Rector Emérito, gestor y fundador del Instituto Riva Agüero, organismo de altos estudios perteneciente a ese centro superior de estudios.
En sus pensamientos, Belaunde no excluía a las clases populares de sus propuestas. Pero sostenía la necesidad de consolidar un núcleo dirigencial. Creía en la reformas de las estructuras para conseguir una visión global del país.
Socialmente, de acuerdo a sus concepciones, la clase media era la más idónea para efectuar el cambio. Culturalmente el mestizo incorporaría las diferentes herencias y el catolicismo constituiría el cemento ideológico en el que todos podrían confluir. Confianza, positivismo y espiritualismo. 
TECNIFICACION
Criticó de la clase dirigente por su inmoralidad, de los partidos por deambular tras los caudillos y no tener programas, de los ministros que no cumplen su función y del parlamento por ineficaz en su función de fiscalización y de emitir leyes. Todo esto se lee, minuciosamente, en su libro “La Crisis Presente”.
También denunció la situación de sometimiento de la clase media atada económicamente con el lastre de una educación no apta para las labores técnicas y productivas, debiendo arrinconarse en la burocracia para sobrevivir.
Fustigó a la burocracia inútil y corrupta. Pero sobre todo acusó a un régimen que por su incapacidad ha concluido en el absolutismo presidencial, estableciendo un paralelo siempre citado entre el virrey y el presidente.
También señaló que los tres males de la república son la plutocracia costeña que más aspira a irse del país, la burocracia militar inmiscuida en funciones políticas que no le competen y el caciquismo parlamentario, como cómplice del feudalismo.
La solución la encontró en la emancipación y tecnificación de la clase media, única y capaz de formar el verdadero partido del Perú. Hizo una severa crítica a los factores que desvían la conciencia nacional y al abuso que se perpetúa en contra de los indios. Todos estos pensamientos datan de los años 14, 20 y 30 del siglo XX. Y hasta ahora tienen vigencia, como se puede notar.
PROGRAMA
Entendió el trabajo, no como mercancía, sino como un elemento humano que debe ser orientado a un fin social. Desde allí justificó la copropiedad con el accionariado obrero y la cogestión en comités de fábricas y talleres.
Otorgó importancia al sistema cooperativista, aceptó la organización sindical y la constitución de un Consejo Económico. Para Belaunde, la cuestión indígena adquiere sus rasgos típicos cuando se trata de la comunidad y de la hacienda serrana.
Para ello elaboró un programa que tuvo entre sus elementos más importantes el potenciar la productividad de la comunidad, educar económicamente al indígena, expropiar el latifundio improductivo, distribuir tierras sea a individuos o comunidades, ensayar cooperativas agrícolas. La solución debería encontrarse tanto en los factores económicos como en los de educación.
Con respecto al desarrollo industrial, entendió que mientras la clase media no se libere económicamente no se podría pasar a la industria. Frente a esta incapacidad aumenta su presencia amenazando la independencia política. No hablaba de imperialismos, pero se acercaba a su diagnóstico.

Sesion de Naciones Unidas en 1945, presidida por Harry Truman

GRAN PERUANO
Lo que propuso es el aprovechamiento de ese capital pero sin conceder privilegios y exigiendo una mayor presencia de la inversión nativo Si queremos fortalecer la economía industrial es necesario desarrollar un reformismo prudente.
En el Congreso Constituyente de 1931 defendió el voto femenino, la libertad de prensa, la autonomía del poder electoral, la independencia del Poder Judicial y la religión católica como la base espiritual de la nacionalidad.
Sostuvo que el problema principal del Perú es el indígena. Propugnó la descentralización y el desarrollo de una educación técnica que actué sobre la realidad. Si se opuso a dar el voto a los menores, a los analfabetos y a las Fuerzas Armadas.
En líneas generales, el proyecto de Belaunde fue un intento armonizador, buscando siempre bajar las tensiones de los conflictos sociales. Evitando las polarizaciones. Creía a pie juntillas en la transformación real de las instituciones.
Un intelectual que se entregó por completo al Perú desde que pudo hacerlo. Brillante por todos sus lados. Con justa y exacto razón, alguien, con agudeza y entera razón, lo denominó  “el peruano a carta cabal”. (Edgardo de Noriega)

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