jueves, 31 de enero de 2013

VEGUITA: SE FUE LA SABIDURIA CAUSTICA

Realmente que se ha ido de esta tierra, con su reciente muerte, la sabiduría cáustica en su expresión total. La tenía y a borbotones con  capacidad admirable de un hombre culto enteramente hábil que se dedicó, permanentemente, a la venta de  libros. Cualquiera de ellos.  Los recientes. Pero también los viejos y antiquísimos, de toda clase y condición. Con la constante de ser valiosos. En el campo editorial de este tipo, para él, no había ningún secreto.  Conseguía a sus clientes, en su mayoría los periodistas, lo que se le  pedía y sin imposibles. Lo solicitado, allí estaba de inmediato y a disposición de los lectores. A precios enteramente módicos e incluso, recurriendo al crédito y al pago por partes cada mes. Sin cuota inicial y tampoco intereses. Más no se podía exigir.
Lo que recopiló Jorge Vega Escalante “Veguita”, a lo largo de sus actividades libreras completamente informales de más de 40 años, es una exclusiva y muchas veces añeja  colección de más de 10 mil libros, de los cuales aproximadamente unos 1,500 estuvieron relacionados con Lima, los mismos que puso a disposición de los periodistas y los intelectuales del medio. Adicionalmente, este personaje, realmente especial, se convirtió en un asesor de polendas, en materia bibliográfica, de eruditos y maestros de la talla de Raúl Porras Barrenechea y Pablo Macera.
Veguita tuvo una original y despampanante existencia que transcurrió entre el mar de la playa de la Herradura, donde se bañaba todos los días de Dios en quien no creía, tanto en el verano, otoño, primavera e invierno. Lo hizo así muchísimos años.  Ello lo cortó, hace  cierto tiempo, desde que comenzó a sufrir de la columna vertebral y después del cáncer ocular que lo llevó a la tumba.
Creía si enteramente en las prostitutas, a quienes buscaba constantemente con miras al placer convocante y total, como expresión pagada de amor. Así se sentía realizado y nadie podía convencerlo en contrario. Lo que si nunca cortó  porque hasta con el ojo parchado por la operación que le practicaron por la neoplasia, visitó a las féminas. Genio y figura hasta la sepultura.
Sobre este punto es celebre su frase que lo pinta de cuerpo entero: Una vez una amiga me dijo que cómo era posible que dedicara mi vida a las prostitutas. Yo le dije, un hombre que ama a la historia solo puede desear a una mujer con un gran pasado".
Tan peculiar y estrafalario era  que incluso, con tiempo lanzó, y dio a conocer el epitafio de su preferencia que debía aparecer en la lápida puesta en el lugar que guardaran, para siempre, sus restos: Aquí yace este cuerpo que se lo comerán los gusanos, porque fue lo que dejaron las polillas”… Aunque también se inclinaba por otro más filosófico, “He despertado de una horrible pesadilla que es la vida”.
Igual de contundente y drástico fue con su falta de religiosidad cuando afirmó en distintas oportunidades: “Yo no puedo creer en el Dios de los católicos porque cada vez que he buscado una virgen no la he encontrado. Como estaremos los peruanos necesitados de fe que cuando vemos a una de ellas la sacamos en procesión”.


Con sus amigas, las mujeres de vida fácil. Por decir lo menos.

CULTO
Hombre culto Veguita. Capaz de pronunciar de memoria frases sabias y largas de obras y hombres de invalorable valor literario como “El Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes Saavedra, Luis Góngora y Argote y el propio Francisco de Quevedo.
Una de las frases de Cervantes, en dicha pieza de gran valor universal, que recordaba al pie de la letra era: “Dichosa edad y siglos dichosos  aquellos a quienes los antiguos pusieron nombres de dorados y no porque en ellos el oro, que en nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío”.
Hombre especial Veguita. Sus clientes eran sobre todo los periodistas de todas las redacciones de Lima a donde iba con periodicidad no solo para vender sino para conversar. Casi siempre llegaba con infinidad de libros sobre el brazo. “Por si acaso y téngalo presente, no soy sobaco ilustrado”, decía entre serio y sonriente. Como marcando distancias  y evitando cosas que efectivamente le molestaban.
Nació el 18 de Enero de 1935, hace 78 años, en un callejón de La Victoria. Llegó a ejercer el periodismo como reportero, por pocos años, en el diario “Ultima Hora” de los años cincuenta y hasta los 60. Corrector del diario oficial “El Peruano”. Pero, deliberadamente, no quiso seguir en la brega comunicativa. Si, por completo, en el negocio de los libros.                   
NADA SABIA
 “Me ayudaba mucho ejercer la primera profesión porque realmente nada sabía y eso ya es un merito para ser periodista”, decía cáusticamente subrayando y burlándose de la ignorancia de los comunicadores.
 Hombre de carácter y decisiones drásticas era Veguita. Cuando de por medio estaba el pago atrasado de los libros que vendía. Capaz de pegarle una mentada de madre con  todas sus letras y contundencia al moroso exigiéndole la cancelación, con su voz gruesa de tenor  mezclada con locutor de radio.
Al final de su vida, el paso de los años se le vino encima por completo. Pero jamás se amilanó. Seguía en sus actividades. Incluso cuando caminaba por las calles de Lima  y a donde iba con el  parche negro para tapar el hueco del que le extirparon el ojo por el cáncer. El cuerpo lo tenía completamente achicado, con cierta joroba e incluso la nuca un poco doblada. Tremendamente encorvado. Dolía ver a los amigos así.
 Las manos las escondía en los bolsillos o en otro lugar de su cuerpo, porque temblaban permanentemente, por efectos del Mal de Parkinson que, para variar, lo afectaba al igual que la otra enfermedad. Hasta de eso hacia bromas y sorna.
En efecto cuando le pusieron el parche tuvo el empacho de decir lo siguiente entre un ejercicio total del humor negro: “Voy a tener la ventaja de sólo ver la mitad de las tonterías que hace la gente”.
DESECHABLE
Con respecto a los sentimientos más recónditos del corazón y la vida en pareja, también era completamente drástico. Por eso es que decía con seguridad y sin ninguna duda de por medio: “Yo no puedo con Cupido. Lo agitó, lo usó y lo botó. El amor, definitivamente, es desechable”
Hombre que cumplió sus sueños y proyectos era este Veguita. En efecto, hace algunos años, la viuda de un conocido abogado lo llamó y, aunque suene increíble, le regaló la biblioteca del esposo, conformada por unos cinco mil libros. Incluso le dio la plata para que pague el transporte y la mudanza correspondiente.
Pensó que la mujer estaba loca pero cuando conversó, un poco más con ella, se dio cuenta de la razón de su proceder. Era una señora, en cuya vida frustrante, el marido estuvo dedicado por completo al mundo de la intelectualidad. Ella, por su parte, una ignorante de tomo y lomo.


Lector empedernido, librero excepcional.

 Los libros no tenían ninguna importancia para la dama. Muy por el contrario, le habían quitado  tiempo en ordenarlos y limpiarlos, espacio completo en su casa e incluso plata, que podría haber sido para ella, cuando el cónyuge ilustrado compraba los volumenes. Lo ocurrido fue la venganza perfecta en contra del marido que la dejó de lado por sus aficiones  y la gran oportunidad para Veguita.
EUROPA
Con el dinero que consiguió por la venta de estos libros, unos 20 mil dólares de la época, decidió lo que para él era un sueño y no lo había podido hacer hasta ese momento: el añorado viaje a Europa.
La plata le alcanzó para vivir cuatro dichosos meses de buenos vinos y mejores museos en las principales ciudades de España, Francia, Italia, su idolatrado Mar Mediterráneo. En su viaje conoció mucho y estuvo con infinidad de mujeres.
Hasta declinó la propuesta matrimonial de una inglesa enamorada. Paseó su estilo libre por Europa hasta que decidió retornar al Perú. Aquí trabajaba dos horas y se divertía las 24, según recordaba. Era mejor estar en lares limeños.
Hombre de originalidades por sus cuatro costados era este Veguita. Al volver a suelo peruano siguió vendiendo libros. Para él sus clientes eran, más bien, cómplices intelectuales. “Que grosero es dejarle a cualquiera y en sus manos un libro. Pero que poético es dárselo a un amigo, porque sabes que va a cuidarlo”. Estas últimas frases de su autoría y de sus sentimientos plenos.
En sus años de juventud fue un hombre atlético, nadador y deportista que vestía normalmente sin preocuparle mucho los atuendos de moda. Pero si  comía bien y  jamás pensó ni en casarse, ni en emparejarse a través de la convivencia. No eran de su agrado ninguna de tales situaciones. 
LIBERRIMO
Celebres son sus pensamientos: “Acá la gente busca totalmente la pareja porque dice mañana me enfermo y quien me cuida. No se casan con una mujer, sino con una enfermera. La belleza del amor termina con un acto jurídico vil todo por el cual  lo que antes era poesía se convierte en interés, gasto y negocio. Soy feliz a mi manera y muchos envidian mi libertad plena
Envuelto en el humor de la nostalgia, Vega le dio a conocer a sus amigos últimamente: “Las mujeres malas fueron mías. En el fondo, las buenas féminas no me interesan. Ellas tienen un criterio de lo moral que no coinciden con la realidad”.
En cuanto a Literatura, le fascinaba Wilde como uno de los grandes. Pero el primero, para él, el Marques de la Rochefoucauld. Recordaba que Voltaire sostenía que, si alguien había ayudado a tomar el espíritu francés, ese había sido este noble, con sus frases geniales como esta: “No hay mujer honrada que en el fondo no envidie a la que no lo es”.
 O aquella que dice, sin dudas ni murmuraciones, así: “La vejez es una villana que, bajo pena de muerte, nos impide los excesos de la juventud. Le gustaba a Veguita la  capacidad reflexiva, irónica y la perversidad verbal del escritor.
Le interesaba, asimismo, Bernard Shaw. Recordaba que una vez una artista le dijo al autor: “Me encantaría tener un hijo para que salga como usted. A lo que Shaw respondió: ¿Y si sale al revés?
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Con el parche por el cáncer ocular
(Foto Caretas)

GUSTOS LITERARIOS
 Para el librero, Churchill era increíble. Contaba aquella anécdota ocurrida en  el parlamento inglés cuando una mujer se pone de pie y le dice: “Si usted fuera mi marido yo le pondría veneno en el desayuno. El político inglés le contestó: señora, si usted fuese mi esposa, yo no dudaría en tomármelo”.
En el ámbito del Perú, Vega era amante de Valdelomar, aunque lamentaba su muerte prematura  y consideraba a Julio Ramón Ribeyro como el más grande fraseologo, aunque no compartía sus condiciones de cuentista y novelista, considerándolo malo.
Sostenía con sorna que era un cuento que Ribeyro escribera cuentos. Por otro lado, aseguraba que los lectores compraban los libros de Vargas Llosa, más por fama y costumbre, que por la necesidad de leerlo. Sin embargo, recordaba que era un magnifico ensayista.
Hombre de cualidades y de resultados era este Veguita. Hizo interesantes hallazgos como la primera edición de El Viaje Alrededor del Mundo en el navío S.M. Beagle y la crónica de viajes de Darwin, en tres tomos de pasta roja. Las compró en Surquillo a tres soles y, pocas horas después, recibió por ellos mil libras esterlinas de un funcionario de la Embajada de  Gran Bretaña, a quien vendió los volúmenes. 
TRILCE
 Consiguió la primera edición de la obra invalorable Trilce, poemario de renombre que marcó época en la poesía peruana por sus contribuciones e innovaciones al lenguaje poético, cuyo autor es el famoso vate liberteño César Vallejo, con una dedicatoria en la portada al prologuista Antenor Orrego
Hombre de creación, de frases celebres y de retrato total era este Veguita. También le interesaba la política Como cuando  dijo entre risas y mirada fija a sus interlocutores: “A decir de sus artículos sobre el Perro del Hortelano, Alan García es el primer caballo que ladra. Lo considero como un edema de la vanidad. Tiene un ego que perjudica al país. Es un Haya de la Torre sin inteligencia. Una clonación imperfecta de Víctor Raúl”.
Mientras que al Presidente de la República, Ollanta Humala Tasso, le clavó  esta definición: “Cada vez que lo veo lo noto demasiado tosco por su formación militar tan definida y chocante en algunas cosas. Le regalaría un libro sobre urbanidad.” Cabe precisar que en lo que se refiere a la política, Vega fue militante de las Juventudes Comunistas.
Hijo de un empleado del Ministerio de Economía y de una ama de casa de buen gusto, pero sin afición por la lectura. Recordaba con nitidez lo que leyó por primera vez. El esperaba al “Llanero Solitario”. Pero la tía le trajo como regalo un ejemplar de “Corazón”, cuyo autor es Edmundo de Amicis. A partir de ese momento comenzó la relación directa con los libros de los cuales nunca más se alejo.


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Vega y sus libros: compañeros de toda una vida

LA MUERTE: MUJER BELLISIMA
La temporada de reportero en “Ultima Hora” fue una excepción en su vida. Dejó el periodismo para dedicarse por entero a la de librero andante. Como el caballero andante de Don Quijote, a quien tanto admiró.
 Luego vinieron los años de bohemia, las mujeres malas, los riesgos y las parrandas sin fin. Sobre esta etapa de su existencia contó: pasé los mejores carnavales de mi vida en el burdel “El Trocadero”del Callao. Me metía a los barracones sólo y varias veces me salvé de la muerte”. También visitaba, cotidianamente, otro prostíbulo de los 50 y 60, “La Nene”, ubicado por la Avenida Colonial. Hoy en día conocido con el nombre de “Las Cucardas”
Nunca sufrió de soledades y se  vanagloriaba en decir que tenía a sus hermanos todos solteros que lo cuidaban. Mientras que cada día se apagaba más. El final estaba a la vuelta de la esquina. Hasta que llegó el momento  del cual nunca más salió para pesar de todos los que lo conocieron.

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El mar era su pasion y se bañaba en verano e invierno

Mientras el deceso ocurrió muchos de sus familiares, allegados y amigos recordaban, con  nostalgia y al mismo tiempo mucha pena, las palabras que dijo a los cuatro vientos, sin temor alguno y con ese pensamiento chocante tan digno de él: “A mí lo que me encantaría es que este ojo que me queda me sirva en el momento final para conocer a la muerte. Yo me imagino que debe ser una mujer bellísima, porque todos los que se han acostado con ella han preferido no levantarse”. (Edgardo de Noriega)

2 comentarios:

  1. Veguita: toda una institución de la cultura popular. Hasta ahora se le extraña por las calles de Lima, vendiendo sus libros antiguos. Y a propósito,hasta ahora nadie lo ha reemplazado en este oficio. Juan Arcos.

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  2. Jorge Vega Veguita deambulaba por las calles de Lima con valiosos libros sobre el brazo. Lo estoy viendo yu no lo encuentro.. Cuanto me apena. Debo ser franco y revelar que después de leer esta crónica que lo pinta de cuerpo entero, se me salieron algunas lagrimas como nostalgias de recuerdo por el amigo y librero que me ilustró. Una vida de cultura. Una vida de sus amigos. Cuanto se le extreña. Que descanse en paz. En el otro mundo también hay libros. Ahora Vega se los vende a Dios... Heraldo Flores.

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