martes, 18 de febrero de 2014

HUNDIMIENTO DE LA FUERZA Z

Después de la virtual destrucción de la flota estadounidense, las unidades de guerra que quedaron el Pacífico para enfrentarse con la marina japonesa fueron el crucero de batalla “Repulse” y el acorazado “Prince of Wales”, de la Fuerza Z, con base en Singapur. Ya se había podido comprobar --sobre todo en Tarento y en Creta- la vulnerabilidad de los grandes buques de guerra frente a los ataques aéreos. La Royal Navy británica iba a sufrir un golpe tan duro que difícilmente podría olvidar. Más la pérdida de las dos grandes unidades sirvió para que el mundo se diera cuenta de que se iniciaba una fase de las técnicas bélicas.
La tarde del 2 de Diciembre de 1941, dos potentes unidades de guerra inglesa, el crucero de batalla Repulse y el acorazado Prince of Wales protegidos por una pequeña escolta de destructores hacían su entrada en la rada de Singapur, recibidos con gran júbilo  por parte de la población.
Para los habitantes de la colonia y para los militares de la guarnición, la llegada de la “Fuerza Z”-como se denominaba convencionalmente a aquella formación naval- suponía un gran alivio. Los grandes navíos constituían un símbolo, no sólo de la presencia británica en una zona cada día más amenazada por los japoneses, sino que además su armamento reforzaría en gran medida las baterías costeras provistas de cañones de 381 milímetros y que constituían la defensa principal de Singapur.


El Prince of Wales en Singapur.

CONTRATIEMPOS
Sin embargo, por mucho que se agradeciese su llegada, la decisión de asignarlos a esta importante base se había visto entorpecida por infinitos contratiempos y en los meses que pretendieron a su envío menudearon las polémicas y el choque de distintos pareceres.
Churchill fue el primero en poner sobre el tapete la cuestión del envío de una fuerza naval británica al Extremo Oriente, en un memorándum que presentó al primer Lord del Mar el 25 de Agosto de 1941. Desde que asumió el cargo de Primer Ministro, la cuestión japonesa siempre había inquietado a Churchill, suscitando en él “siniestros presentimientos”. Ahora era ya tan acuciante que justificaba la atención del Premier británico.
También el Almirantazgo, al seguir de cerca el alarmante desarrollo de la situación en el Extremo Oriente, había hecho sus planes para el envío de una escuadra en los meses siguientes.
Sin embargo, no estaba de acuerdo con Churchill en lo relativo a la composición y situación de la flota. Churchill era partidario de enviar una pequeña formación, compuesta de las mejores unidades disponibles con base en Singapur y destinado a ejercer un efecto “disuasivo” sobre la actividad naval japonesa. Sobre todo tenía gran confianza en el nuevo tipo de acorazado King George V, al que pertenecía el Príncipe of Wales. 
ENTUSIASMO
Pero el Almirantazgo, lejos de compartir esta teoría de Churchill, insistía en atenerse a su plan original, que preveía el envío en fases sucesivas de una flota mucho más potente, que tuviera no como base Singapur, sino Ceilán.
En vista de que ninguna de las dos partes estaba dispuesta a ceder, pasaron algunas semanas antes de que se tomara una decisión, hasta que, al fin, Churchill logró salirse con la suya: el Repulse y el Prince of Wales fueron enviados a enfrentarse, solos, con cualquier eventualidad que pudiese surgir en la inestable situación del Extremo Oriente.
En Singapur esta decisión fue acogida con entusiasmo y se la juzgó bastante satisfactoria. Sin embargo, algunos continuaron viendo las cosas por su lado pesimista y criticando la composición de la flota, principalmente su falta de equilibrio, pues carecía de la mínima protección de destructores que cabía exigir.
 Por otra parte, la “Fuerza Z” debía incluir también un nuevo portaaviones, el Indomitable. Pero a consecuencia de las averías sufridas en las Indias Occidentales durante el último periodo de las últimas pruebas de navegación, el buque tuvo que ser sometido a varias reparaciones, cuyos trabajos no habían terminado todavía. Por último, la RAF no disponía de ningún caza moderno en Malasia.
FUERZA
Así y todo, los dos buques de línea solos ya constituían una formidable fuerza de combate. Se trataba en muchos aspectos de dos unidades completamente distintas: el Prince of Wales representaba la última novedad en lo que se refería a los acorazados modernos, mientras el Repulse, crucero de batalla, era uno de los supervivientes de la generación anterior de buques de guerra. Terminado en 1916, su construcción respondía a la concepción coetánea de los buques de línea, cuando la aviación no representaba todavía una fuerza de combate digna de tomarse en cuenta.
Por ello y pese a dos intentos de modernización realizados en años anteriores, en 1941 su coraza horizontal indispensable para proteger a las grandes unidades de los ataques aéreos, seguía siendo bastante deficiente. El buque que desplazaba más de 33 mil toneladas, estaba aún en condiciones de desarrollar una velocidad de 29 nudos y su armamento consistía en 6 cañones de 381 mm, 12 de 102 mm y 8 tubos lanzatorpedos.
Su defensa antiaérea no era muy adecuada y la componían 8 cañones de 102 mm, que podían lograr un fuerte ángulo de elevación, algunas ametralladoras y otros cañones antiaéreos ligeros. Se asignó el mando de la unidad al Capitán de Navío William Tennant (más tarde almirante) hombre muy admirado por cuanto estaban a sus órdenes.

Foto aérea de la Fuerza Z.

POTENTE
El Prince of Wales, terminado en 1941 en los astilleros de Mersey, estaba dotado de una potente coraza. Era un poco más lento y más pesado que el Repulse ( su velocidad máxima era de 28.5 nudos y desplazaba 35 mil toneladas) pero su potencia de fuego era excepcional: montaba 10 cañones de 356 mm dispuestos de una manera hasta entonces nunca adoptada en la Marina británica: dos torres principales de cuatro cañones cada una, a popa y a proa.
Según el proyecto original, debía montar 12 piezas de 356 mm. Pero dos de ella tuvieron que ser sacrificadas en beneficio de la coraza. El armamento se completaba con 16 cañones de 133 mm, 60 cañones ligeros antiaéreos de 37 mm y otras armas  de pequeño calibre. El mando lo ostentaba el Capitán de Navío John Leach.
Ya en la rada de Singapur pronto se puso de relieve la diferencia entre ambos buques. El Prince of Wales al que se le daba los sobrenombres de “Insumergible” y “Yate de Churchill” era bajo todos los aspectos el navío de “prestigio” punto de reunión de autoridades y visitantes. El Repulse, en cambio era el buque “anónimo”.
 Ni siquiera se había anunciado su llegada a Singapur. Era un absurdo intento de ocultar al enemigo su presencia, impidiendo así que pudiera averiguar que el Prince of Wales únicamente iba acompañado de esta unidad. No sólo se negó a la tripulación el permiso para bajar a tierra, sino que incluso se le prohibió escribir a sus familiares para evitar que revelaran la zona en que se hallaban.
OCULTAMIENTO
Esta situación, el intento de ocultar al enemigo la entidad de las fuerzas, se resumió en una noticia de la BBC que decía: “El Prince de Wales y otras unidades de línea han llegado a Singapur”.
Los dos navíos iban escoltados por cuatro destructores. Dos de ellos, el Express y el Electra, eran dos excelentes buques del Home Fleet, mientras que el australiano Vampire y el británico Tenedos habían sustituido, en el último momento, a otros dos destructores (el propio Tenedos quedó muy pronto fuera de la formación a causa de que su provisión de combustible era insuficiente para las operaciones a que estaba destinado).
A la cabeza de esta Eastern Fleet británica se hallaba el Almirante Tom Phillips, Subjefe de Estado Mayor de la Marina, oficial excepcionalmente dotado y muy bien preparado quien, a causa de su corta estatura, era conocido entre sus hombres on el apodo de Almirante “Tom Thumb”(Pulgada). También el formaba parte del grupo de oficiales que consideraba con pesimismo la situación de la “Fuerza Z”. 
SITUACION
Mientras en la rada de Singapur se celebraba aún las ceremonias de bienvenida a los dos buques, Phillips tuvo ocasión de valorar la situación de un modo bastante realista al darse cuenta de que las posibilidades que tenía de llevar a cabo la misión que se le había encomendado, se estaban desvaneciendo rápidamente. El 3 de Diciembre manifestó su intención de destacar el Repulse y dos destructores a Port Darwin.
 En apariencia como viaje de adiestramiento pero en realidad para comprobar las posibilidades de utilizar dicho puerto como base. Las tres unidades zarparon el 5 de Diciembre. Pero al día siguiente se recibió en Singapur la noticia de que una formación de desembarco japonesa navegaba al lado de la costa meridional de Indochina y los navíos recibieron la orden de regresar apresuradamente.
Las preocupaciones por la seguridad de la “Fuerza Z” iban en aumento e incluso en Londres se sentía más inquietud por la suerte que pudieran correr las dos unidades inglesas que por el papel que iban a representar en protección de los intereses aliados en el Extremo Oriente. El Almirantazgo sugirió a Phillips que zarpara en dirección Este, para intentar reunirse con la Asiatic Fleet estadounidense. El propio Churchill, que evidentemente parecía haber perdido toda su antigua confianza, también indicó: “La posición e los navíos ingleses debe mantenerse en secreto”. Phillips decidió, por último, trasladarse a Manila en avión para cambiar impresiones con el Almirante americano Hart  y  llegar a un acuerdo con él en relación a la futura estrategia naval en el Pacífico.


Las bombas japonesas en acción.

RAYO
Pero poco después, como un rayo que cruzara un cielo sereno, llegó la noticia del ataque japonés a Pearl Harbor, Hong Kong, Filipinas, Tailandia y Malasia. Y todos los planes se derrumbaron.
En el momento que el Extremo Oriente se veía envuelto de pronto en una lucha de diversos frentes, Phillips se encontró solo para decidir el empleo más adecuado de sus unidades y para salvar lo insalvable en aquella situación que se presentaba desesperada. Quizás lo mejor hubiera sido retirarse inmediatamente hacia Australia o hacia el Océano Indico. Pero, a menos de recibir órdenes concretas, no era previsible que la Royal Navy decidiera esquivar la batalla. El Almirante Phillips examinó a fondo el asunto y, a bordo del Prince of Wales, discutió con sus oficiales las diversas alternativas.
De Kota Bahru, en Malasia y más al Norte en Sengora en Tailandia, llegaban noticias de desembarcos japoneses. Phillips pensó que lo mejor que podía hacer  la “Fuerza Z” era zarpar hacia el Norte y atacar al enemigo en el momento de efectuar el desembarco, logrando así interrumpir la llegada de abastecimientos y de material y dando a las fuerzas que defendían la  posibilidad de rechazar a los invasores hacia el mar. El plan era audaz y sus riesgos bastante grandes. Más, como quiera que no se había señalado todavía la presencia de unidades japonesas en aquel sector, las probabilidades de éxito eran bastante razonables.
CONDICIONES
Sin embargo, deberían cumplirse dos condiciones indispensables. La Escuadra tendría pocas posibilidades de desencadenar un ataque eficaz (esto es, llegar a Sengora e iniciar los bombardeos) si los preparativos  no se llevaban a cabo en el más estricto secreto. En segundo lugar, aún admitiendo que lograsen iniciar el ataque valiéndose del elemento sorpresa, las unidades, para cumplir su misión sin ser demasiado hostigadas por los aviones enemigos, necesitarían el apoyo, por escaso que fuera, de los cazas de la RAF con base en Singapur.
Para hacer frente a estas dos exigencias Phillips solicitó que se ayude a la “Fuerza Z” con vuelos de reconocimiento al norte del rumbo previsto y con cierta protección de los cazas una vez se hallase en Sengora. A las 17.35 del 8 de Diciembre de 1941, las unidades inglesas salieron de la rada de Singapur y se dirigieron al encuentro del enemigo.
El mensaje del Capitán Tennant, fijado en el tablón de anuncios de la cámara de oficiales del Repulse, poco después de la salida, nos informa con bastante exactitud acerca del estado de ánimo que reinaba al iniciarse aquella operación. El escrito empezaba con estas palabras: “Vamos en busca de grandes dificultades y creo que las encontraremos: podemos enfrentarnos con submarinos destructores, aviones o unidades de superficie. Nos disponemos a avanzar hacia el Norte para ver qué es lo que vamos a conseguir o bien lo que podemos destruir. La tarea será dura”.

Explosiones que causaron innumerables muertes.

DESENGAÑO
En una segunda comunicación,  la mañana siguiente, Tennant fue algo más explicito sobre el verdadero objetivo de la misión. “Nos dirigimos hacia la costa nororiental de Malasia y esta tarde, de anochecida, llegaremos allí. Mañana al amanecer estaremos frente a Sengora y Patani  donde se están desarrollando los desembarcos japoneses.
Pero aquella jornada debía terminar con un desengaño: la misma tarde se recibió un mensaje en el Prince of Wales desde Singapur, en el que se comunicaba que no se podía proporcionar la cobertura de cazas sobre Sengora. Así, pues, una de las exigencias fundamentales de Phillips no se cumpliría. Más, como quiera que, en aquella fase el factor sorpresa estaba todavía de su parte, el almirante inglés decidió seguir adelante. Por suerte, durante todo el día, bajas y densas formaciones de nubes, acompañadas de lluvia y de chaparrones, proporcionaron a  los ingleses una protección ideal contra los vuelos de reconocimiento japoneses: de modo que, hacia el atardecer, cuando sólo se necesitaba una hora más de cobertura, parecía que el elemento sorpresa estaba asegurado. 
MANUALES
Pero, de repente, la lluvia cesó. Se disipó la niebla y desaparecieron las nubes, descubriendo sobre los navíos ingleses un esplendido cielo azul despejado y limpio, en el que solamente destacaba la reluciente silueta a gran altura de un avión misterioso. Después de observarlo con los gemelos, los oficiales consultaron  los manuales para la identificación de los  aviones. Y pronto dieron la ilustración buscada. Se trataba, en efecto, de un  avión de reconocimiento japonés. Luego apareció otro y más tarde otro más, y pronto se vio claramente que la segunda exigencia requerida por Phillips, el factor sorpresa había fallado también.
Dadas las circunstancias, lo único que podía hacerse era suspender la operación. Por el ello el Almirante inglés se apresuró a dar las órdenes oportunas. En realidad aunque los hombres de a bordo lo ignorasen, su presencia ya había sido advertida antes, aquella misma tarde por un submarino japonés y si la formación hubiera continuado navegando hasta Sengora, se habría encontrado sin duda con un reconocimiento “muy caluroso”.
Prosiguieron, pues, su ruta durante una hora más hasta que, aprovechando la oscuridad, Phillips ordenó invertir el rumbo de la Escuadra y dirigirse nuevamente a su base. Durante cuatro horas navegaron en dirección Sur, siendo entonces su único objetivo alcanzar Singapur lo antes posible. Pero hacia la medianoche, se recibió un nuevo mensaje en que se señalaba otro objetivo. El mensaje decía: “Desembarcos enemigos en Kuantan: Latitud 3° 50’ Norte”.
OPORTUNIDAD
Phillips se dio cuenta en seguida de que si tales desembarcos tenían éxito,  la ruta de abastecimientos que a través de la península de Malasia, llegaba a las fuerzas que guarnecían el sector septentrional quedaría interceptada. Por lo tanto, la “Fuerza Z” tenía ahora la oportunidad de representar un papel decisivo en la defensa de Malasia: un ataque desencadenado contra las fuerzas de desembarco enemigas podría constituir un factor decisivo en el fracaso de la ofensiva japonesa. Esta vez, además, el factor sorpresa quedaría asegurado por cuanto habiendo seguido hasta el anochecer un rumbo ininterrumpido hacia el Norte, Phillips daba por descontado que los japoneses le supondrían navegando todavía hacia Sengora.
Quedaba aún en pie la cuestión de la posible cobertura aérea y en este aspecto Phillips se halló ante el dilema de tomar una difícil situación: ¿sacrificaría el factor sorpresa rompiendo el silencio por radio para solicitar la ayuda del apoyo aéreo, descubriendo así al enemigo sus propias intenciones o, por el contario, sería conveniente mantener el silencio y confiar en que el Estado Mayor de Singapur previera sus reacciones ante el mensaje recibido y enviase automáticamente los cazas disponibles para apoyarle?
Repulse-5.jpg
El crucero Repulse en 1920
PHILLIPS
Si él se hubiese encontrado en Singapur, habría previsto que el mensaje induciría al oficial que lo recibiera a cambiar de rumbo y a dirigirse a Kuantan y, en consecuencia, enviaría los cazas disponibles para apoyarle en el momento de su llegada a la zona del objetivo. El Almirante Phillips era, desde luego, un oficial de Estado Mayor de un carácter extraordinario y decidió confiar en que la inteligencia de sus colegas de tierra les impulsaría al mismo razonamiento que él hubiese seguido de hallarse en su lugar. Por lo tanto, observó el más absoluto silencio.
Desgraciadamente los oficiales de Singapur no estuvieron a la altura de las optimistas previsiones de Phillips. Habiéndose olvidado por completo de que su informe había comprometido a la “Fuerza Z”, ni siquiera se les ocurrió la idea de enviar aviones de caza en su ayuda.
Phillips y sus unidades llegaron frente a las costas de Kuantan en las primeras horas del día siguiente dispuestos a abrir fuego cuanto antes contra los invasores japoneses. Más en lugar de la febril actividad de una invasión, del fragor del combate y del pulular de las lanchas de desembarco sólo encontraron, aguardándoles, el risueño paisaje de cualquier mañana de diciembre en tiempos de paz.  Las playas bordeadas de palmeras estaban desiertas y en las islas situadas a lo largo de la costa no se veía el menor rastro de tropas japonesas. Todo estaba completamente tranquilo.
Phillips ignoraba que, poco antes del amanecer, otro submarino japonés había señalado su posición después de casi haber sido abordado por las unidades inglesas. El submarino lazó cinco torpedos contra los buques enemigos. Pero ninguno había dado en el blanco. Luego, al no poder desarrollar la misma velocidad que la formación adversaria, acabó por perder el contacto con ella. No obstante, a consecuencia de la señalización del submarino, una nutrida formación de bombarderos japoneses se había lanzado ya contra la “Fuerza Z”.
AVISO
Cierto que el mensaje recibido  la noche anterior desde Singapur estaba basado en informaciones erróneas. Más para salir de dudas Phillips envió al destructor Express que se acercase a la costa y averiguase lo que ocurría. Poco después el comandante del  Express comunicó: “Todo está tranquilo como en una lluviosa tarde de domingo”.
 El Almirante Phillips decidió entonces dirigirse de nuevo al Norte para averiguar lo que significaba la presencia de un remolcador que arrastraba algunas barcazas y que había sido avistado unas horas antes. Media hora más tarde los buques ingleses abandonaron el nuevo rumbo para volver al anterior.
 Fue entonces cuando se recibió el aviso de que el destructor Tenedos-que por falta de combustible había  tenido que separarse de la Escuadra la noche anterior para regresar a Singapur- estaba siendo atacado por bombarderos enemigos. Aumentando la velocidad a 25 nudos, las unidades se lanzaron con ímpetu mar adentro, con la intención de regresar a su base. Pero a las 11.07 horas apareció a lo lejos, en el horizonte una mancha oscura e inconfundible que enturbiaba la pureza del cielo matutino.


Lo rojo es el blindaje típico de un acorazado.

AVIONES
La mancha se hizo cada vez mayor y precisa y pronto fue posible distinguir con toda claridad que se trataba de una formación de aviones sobre cuya identidad no cabía la menor duda.
A las 11.07 horas, los altavoces del Repulse dieron la alarma: “¡Aviones enemigos a la vista. Todos a sus puestos de combate!" De todos los rincones del buque empezaron a salir hombres que se dirigían a sus respectivos puestos. La maniobra se desarrolló rápida y silenciosamente gracias a la larga y cuidadosa preparación de la marinería y porque casi todos los hombres llevaban calzado de gimnasia con suela de goma. Con la vista fija en el cielo, observando a los  bombarderos que iban llegando a gran altura, los ingleses pudieron contar unos nueve aviones alineados en perfecta formación. A las 11.19 en punto todos los cañones antiaéreos e abrieron fuego seguidos luego por los del Prince of Wales, a los que se unieron también pocos segundos más tarde los de los destructores.
Toda la escuadra lanzó al aire una auténtica y espesa barrera de proyectiles a través del cual se verían obligados a avanzar los aviones japoneses si querían llevar a término su  ataque. Y, en efecto, los aviones afrontaron la barrera y la franquearon sin desviarse un ápice de su rumbo .
La tripulación del Repulse se dio cuenta en seguida de que el primer blanco iban a ser ellos. Cuando los bombarderos japoneses sobrevolaron el veterano navío bajo la carlinga de cada aparato se vio claramente la silueta de la única bomba que iban a lanzar y cuyas dimensiones se hacían cada vez más grandes a medida que se acercaban al buque.
BOMBAS
 Ocho bombas caídas junto a la borda levantaron grandes columnas de agua pero otra dio en el blanco, alcanzando el cobertizo del  avión de reconocimiento que el Repulse llevaba a  bordo, perforándolo y haciendo explotar el aparato sobre el puente inferior. Cuando los aviones ya se alejaban, el grupo contra incendios se precipitó hacia aquel lugar para tatar de sofocar las llamas, retirar los cadáveres y transportar  los heridos a la enfermería. Diez minutos más tarde el fuego había sido sofocado y el Repulse pudo navegar de nuevo a 25 nudos y sin haber perdido aún su eficacia combativa.
Siguieron entonces unos 20 minutos de calma. Pero a las a las 11.44 fue avistada una nueva formación de aviones japoneses. Esta vez eran 16 o 17 bombarderos procedentes del Norte y divididos en pequeños grupos. Cuando estuvieron más cerca, los hombres del Prince of Wales comprendieron que esta vez había llegado su turno. Bajo cada aparato podía distinguirse la amenazadora silueta de un torpedo y, una vez más, y pese al nutrido fuego de todos los cañones antiaéreos, los ingleses vieron a los pilotos japoneses perseguir impertérritos su camino a través de su barreta de fuego. Cuando los aviones que se habían lanzado en picado recuperaron su línea de vuelo, a una altura de 150 metros tan sólo, los torpedos se separaron, se hundieron en el agua y se dirigieron apresuradamente y con precisión hacia el buque, dejando tras ellos una estela de espuma blanca en perfecta línea recta.


Soldados japoneses.

TORPEDOS
Un brusco y terrible estremecimiento sacudió entonces todo el casco del Prince Of Wales cuando dos torpedos, que alcanzaron el buque por la popa, partieron la coraza y explotaron. Tras un brusco movimiento el buque perdió velocidad, desviándose de su rumbo y poco después comenzó a escorar peligrosamente.
 Aquel primer impacto le había herido en su “talón de Aquiles”- la popa-, provocando grandes daños. La explosión bloqueó el árbol de la hélice externa de babor. Bajo la acción de su formidable potencia de impulso, el árbol se dobló y abrió en el flanco de la nave un amplio boquete, por el cual empezó a entrar el agua en gran cantidad.
Mientras que la sala de maquinas se inundaba rápidamente, los técnicos hicieron todo lo posible para dominar la situación. Pero pronto descubrieron que la explosión no solo había inutilizado los mecanismos de mando y de transmisión, sino también las instalaciones de radio, el radar e incluso los generadores de algunos cañones antiaéreos pesados.
Desde el Repulse, Tennant observando el buque insignia, vio izar en su mastelero la señal de “perdido gobierno”. Pero no tuvo tiempo de intentar el menor socorro por cuanto al mediodía su buque era atacado de nuevo por los bombarderos y por los aviones torpederos japoneses. Mientas hacían cuanto estaba en su mano por reducir al enemigo, tratando de poner en práctica todas las enseñanzas adquiridas para conseguir un fuego antiaéreo que resultase más eficaz que el anterior, la tripulación del Repulse, ya al límite de sus fuerzas, se  preguntaba qué nuevo desastre caería sobre ellos.
EL BUQUE
Las bombas comenzaron a caer en racimos cada vez más nutridos, pero milagrosamente ninguna de ellas dio en el blanco. Todas cayeron al mar, a pocos metros del buque y al hacer explosión levantaban enormes columnas de agua que inundaban la cubierta y calaban hasta los huesos a los hombres que servían los cañones.
 Luego a toda velocidad, se vieron llegar los torpedos, marcando su recta trayectoria con una estela sutil  y espumante. En cuanto Tennant, desde el puente, pudo distinguir sus estelas, hizo virar el buque a fin de darles la popa, ordenando con fría calma: “Treinta grados a babor. Treinta grados a estribor. De nuevo treinta a babor”.
A medida que los hombres obedecían sus órdenes, el pesado buque se balanceaba y se inclinaba haciendo perder el equilibrio a los marineros. Luego se enderezaba de nuevo para volver a inclinarse sorteando de este modo los torpedos como si fuera una ligera canoa deportiva. A las 12.14 los aviones japoneses habían soltado toda su carga, bombas  y torpedos. Tennant  pudo comunicar a Phillips por medio de señales ópticas: “Gracias a Dios, hasta este momento hemos podido esquivar 19 torpedos”.


Le guerra en el mar.

MANIOBRA
La maniobra efectuada por el Repulse para evitar los torpedos llevó al navío a una posición muy al sur del Prince of Wales. Pero apenas se dio cuenta Tennant de que el buque insignia estaba todavía en peligro, cambio el rumbo y se le acercó a velocidad moderada, para intentar prestarle una ayuda. También tomó la iniciativa de ponerse en contacto con Singapur a fin de avisar por primera vez que la “Fuerza Z” está siendo atacada
Pero, casi enseguida, a gran altura en el cielo, aparecieron nueve formaciones de bombarderos y, esta vez, los buques sufrieron un ataque preciso y contundente. Los atacantes lograron alcanzar cuatro veces al Prince of Wales con sus torpedos. Uno de ellos dio nuevamente a popa, esta vez a babor, alcanzando en los costados, el buque pareció enderezarse de su anterior inclinación, balanceado  por la nueva masa de agua que afluía al interior del casco. Sin embargo, ahora el navío se inclinaba hacia popa de manera más profunda y visible.
También el Repulse fue torpedeado otra vez y como los proyectiles procedían ahora de diversas direcciones, el capitán Tennant, intentando evitar una  serie de ellos, no pudo hacer otra cosa que presentar a otra serie el flanco del Repulse en toda su longitud.
Un torpedo hizo blanco en un punto situado a unos 29 metros hacia la popa del puente de mando. Y a este siguieron otros tres a la izquierda y uno a la derecha. El Repulse empezó a escorar y Tennant, que conocía a fondo su navío, se dio cuenta enseguida de que no podría sobrevivir  a los siguientes impactos y ordenó sin vacilación: “Preparen los chalecos salvavidas”. Y después: “Todos los hombres al puente. Prepárense a abandonar el buque”.
ABANDONO
Inmediatamente todos los hombres empezaron a abandonar la cubierta inferior para reunirse en la superior a toda prisa pero en buen orden. Los que habían sido heridos en el transcurso del primer ataque fueron transportados desde la enfermería por sus compañeros. Después llegó la orden definitiva: “Abandonen el buque”. Entonces los marineros empezaron a lanzarse al mar. Unos arrojándose desde cubierta. Otros dejándose deslizar  a  lo largo del costado, ahora ya muy inclinado,
Durante toda la operación no se faltó ni un solo momento a la disciplina. Es verdad que un muchacho intentó”colarse” entre las filas de hombres que esperaba turno para alcanzar la cubierta.  Pero cuando un oficial le tocó el hombro, diciéndole con calma: “Despacio, despacio: todos vamos al mismo sitio”, el joven dominó sus nervios y volvió a su puesto.
Algunos lograron  ponerse a salvo de una manera espectacular. Pero hubo muchas víctimas. Un marinero se arrojó desde la torre de control de los dispositivos de defensa (unos 50 metros sobre el nivel del agua). Otro intentó seguir su ejemplo, más no logró el impulso suficiente y se estrelló sobre la cubierta. 
DESESPERACION
Un tercero equivocó la dirección y cayó e la chimenea. Un oficial se lanzó desde el estribo del puente, pero el buque se hallaba ya tan inclinado que no logró llegar al agua, sino que cayó dentro del boquete abierto por un torpedo, yendo a parar a las entrañas, ya totalmente inundadas del navío. Algunos fusileros de marina corrieron a popa, creyendo que allí sería más fácil salvarse por ser la parte del navío más sumergida en el agua. Pero fueron atrapados entre las palas de las hélices, que por una fatal casualidad giraban todavía.
A las 12.33 el Repulse alzó su proa fuera del agua (como el campanario de una iglesia, diría un superviviente) y se deslizó hacia el fondo, hundiéndose ay arrastrando consigo a muchos marineros que pretendían alejarse a nado.
En el Prince of Wales la catástrofe se desarrollaba más lentamente. Una vez hundido el Repulse los aparatos de bombardeo horizontal continuaron su ataque, logrando nuevos blancos. Resultaba cada vez más evidente que incluso el buque insignia tenía pocas probabilidades de sobrevivir. Poco después de las 13 horas el Comandante  ordenó al destructor Express que se acercase al Prince of Wales para tomar a bordo a los heridos, así como a todos los hombres cuya actividad en el navío ya no era necesaria.
Durante casi 20 minutos el Express permaneció en tal peligrosa posición con la mole del gran acorazado amenazando echársele encima de un momento a otro, mientras 1,500 hombres saltaban a su cubierta descendiendo a lo largo de los cables y de las redes echadas para acelerar la operación.
HUNDIMIENTO
Más tarde a las 13.20, el Prince of Wales se inclinó pavorosamente hacia babor y se hundió. Mientras el acorazado desaparecía en el abismo, el Almirante Phillips y el Comandante Leach  se hallaban juntos en el puente. Leach hizo un gesto de saludo con la mano al último grupo de oficiales que se iba alejando: “Adiós, gracias, buena suerte. Dios os bendiga”. Después las espumantes aguas se cerraban sobre los altos jefes.
Y entonces los bombarderos se alejaron.
Al poco tiempo apareció un escuadrón de cazas que acudía procedente de Singapur. Llegaban desde luego demasiado tarde para  intentar siquiera un ataque eficaz contra los japoneses, pero a tiempo para ayudar a las operaciones de salvamento efectuadas  por los destructores. El Capitán Vigors, ha dejado un relato de lo que pudo ver en aquella ocasión:
“Fui testigo de una nueva demostración de este indomable valor que ha hecho tan famosa a la Royal Navy. Un centenar de hombres se agarraban a los pequeños restos flotantes nadando para mantenerse a flote en las aguas cubiertas por una viscosa capa de aceite. Pesaba sobre todos la amenaza de nuevos bombardeos o de ser ametrallados por los japoneses”.


El comienzo del fin: el hundimiento.

CONMOCION
Luego añadió:  “Ninguno podía dejar de darse cuenta de ello. Y sin embargo, mientras se sostenían apenas sobre el agua, todos hacían señales de saludo con las manos levantando el pulgar. Ello me conmovió profundamente, pues en aquellos hombres esto era sobrehumano. En aquellos marineros pude descubrir el espíritu con que se vence en la guerra”.
A la mañana siguiente en Londres sonó el teléfono en la mesilla de Churchill. Era el Primer Lord del Mar. Señor Primer Ministro-anunció- debo informarle que en el Prince of Wales y el Repulse han sido hundidos por los japoneses: suponemos que fue un ataque aéreo. Ha muerto Tom Phillips.
A cerca de  lo ocurrido, escribió más tarde Churchill.: “Abrumado por la terrible noticia me revolvía sin descanso en  el lecho. Ni en el océano Pacífico ni en el Indico disponíamos ya de  ninguna gran unidad de guerra, inglesa o americana, a excepción de la que escaparon al desastre de Pearl Harbor y que, a toda prisa, se retiraban hacia California. Sobre todo aquella inmensa extensión de agua dominaba el Japón de una manera indiscutible, mientras nosotros nos hallábamos débiles e inermes".
PERDIDA
La pérdida del Prince of Wales y del Repulse no solo significó que los Aliados ya no tenían una verdadera fuerza naval en el Extremo Oriente, sino que descargó además un durísimo golpe sobre las orgullosas tradiciones de la Royal Navy, demostrando de una vez para siempre que los grandes buques de guerra ya no podían combatir si no estaban protegidos por un masivo apoyo aéreo. Desde este punto de vista la pérdida, aún siendo un auténtico desastre, tendría un efecto saludable: el de una posible renovación de los planes estratégicos obligando a todos a tomar conciencia de que se iniciaba una nueva fase en las técnicas de la guerra naval.
Fue así, pues, como por falta de previsión y de la debida intuición estratégica se perdieron dos grandes navíos de guerra. Y asimismo 513 hombres de los 1,309 que constituían la tripulación del Repulse. Y 327 de los 1,612 de los del Prince of Wales. (Editado, resumido  y condensado de la Revista “Así fue la Segunda Guerra Mundial”).

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