sábado, 9 de agosto de 2014

OPERACION LEON MARINO

El plan alemán adolecía de un fallo eminente: no serviría al menos que la “Luftwaffe” consiguiera el  predominio aéreo y resultaría innecesario si lo alcanzara. Pero la aviación alemana no supo anular a la RAF, a pesar de las ilusiones de Göering. Así, pues, Hitler tuvo que renunciar a la invasión.
Los principios de la estrategia militar alemana habían permanecido prácticamente inmutables desde 1892 cuando el General Schlieffen fue nombrado Jefe del Estado Mayor General: Francia tenía que ser abatida con un solo y rápido golpe y después  Alemania podría dirigirse contra el Este. En 1914 falló esta estrategia y Alemania se vio obligada a mantener la guerra en dos frentes durante tres años.
Pero en 1940, después de las brillantes victorias de Mayo y Junio, parecía que esta misma estrategia había dado resultado. Occidente estaba aplastado, a excepción de Inglaterra, e incluso ésta tuvo que retirar sus tropas de Francia, con la pérdida casi total de su material bélico. Hitler que estaba dispuesto a ofrecer a Gran Bretaña unas condiciones de paz bastante generosas, tenía motivos para considerar terminada la guerra en el Oeste.
Después se consideró la posibilidad de que Inglaterra no tuviera intención de pedir la paz y Hitler se preparó para hacer frente a esta eventualidad desde el mes de Mayo de 1939, elaborando el arriesgado plan de una larga guerra económica, sostenida por la Luftwaffe y por la Marina, con el fin de cortar las vías de abastecimiento británicas.


SUGERENCIA
Pero el 21 de mayo de 1940- un día después del avance de la 2° Panzerdivision hasta las costas del Canal de la Mancha-, el Almirante Raeder sugirió por primera vez a Hitler la idea de invadir la isla. Sin duda, el plan tuvo que resultar muy sugestivo para el Führer: en vez de malgastar meses o quizás años en un lento agotamiento económico de Inglaterra para inducirla a poner fin a las hostilidades, la hubiera dominado en unas pocas semanas y podría dedicarse, inmediatamente después, a enfrentarse con la Unión Soviética, que entonces era aliada nominal del Reich.
Transcurrieron otras seis semanas antes de que Hitler ordenara los preparativos preliminares para la invasión. Pero, en realidad, los tres estados mayores del Ejército, la Luftwaffe y la Marina habían empezado a examinar esta posibilidad en 1939. Así para reconstruir el extraño destino de la Operación “León Marino”, conviene retroceder a esa fecha.
En Noviembre de 1939, la Marina redactó un informe, no demasiado optimista, relativo a la invasión.  Según el parecer del Estado Mayor, antes de efectuar un desembarco era indispensable destruir  todas las defensas costeras británicas-artillería, baterías antiaéreas y tropas-, poner fuera de combate a la RAF y alejar a la Royal Navy de la zona de desembarco. 
TRAVESIA
 Después, podría escogerse una travesía corta desde los puertos franceses del Canal de la Mancha, expuestos, sin embargo, a los ataques aéreos ingleses, o bien una travesía más larga desde los puertos situados fuera del radio de acción de los bombarderos británicos, es decir, desde los Países Bajos, norte de Alemania o las costas del Báltico.
 Finalmente, puesto que las tropas alemanas serían numerosas y que un desembarco en playa abierta requería mucho tiempo, un grupo de paracaidistas debería apoderarse previamente de uno de los grandes puertos ingleses de la costa oriental.
Las dificultades no eran insuperables. No obstante, los expertos de la Marina objetaban que si se lograban las condiciones necesarias para la invasión, es decir, la eliminación de la RAF o de la Marina británica, no se necesitaba ya más para inducir a Inglaterra a rendirse, ya que una ulterior resistencia no tendría motivo. Así, pues, la invasión propiamente dicha ¿no hubiera sido superflua?
Pero el plan no afectaba solamente a la Marina. En Diciembre de 1939 también el Ejército presentó su propio plan para la invasión, que emprendía un ataque por sorpresa desde el mar del Norte contra las costas orientales de Gran Bretaña, a cargo de 16 0 17 divisiones, apoyadas por todas las unidades disponibles de paracaidistas. Este fue el comienzo de una enconada rivalidad que se desencadenó entre los tres Altos Mandos.

El poder de los tanques alemanes

OPOSICION
La Marina se opuso a este plan objetando que, contrariamente a lo que esperaba el Ejército no estaba capacitada para cubrir la invasión y, al mismo tiempo, entretener a la Flota Inglesa en otra zona. Además puso de relieve la necesidad de operar en condiciones meteorológicas constantemente favorables, ya que en caso contrario la Luftwaffe no podría intervenir y las fuerzas de desembarco correrían el riesgo de quedar aisladas, sin posibilidad de ser abastecidas.
También la Luftwaffe tenía motivos para protestar. Un desembarco en Inglaterra oriental se hubiera desarrollado en el punto más protegido  por la defensa aérea del enemigo, decía el memorándum presentado a fines de Diciembre y añadía, además, un concepto que se repitió después mas de una vez en el verano de 1940: la invasión podía ser “solamente el último acto de una guerra ya casi ganada contra Gran Bretaña”, pero, en sí misma, no era suficiente para garantizar la victoria.
El tema no volvió a tratarse durante los primeros cinco meses de 1940. Y no existen pruebas de que lo volviera a examinar seriamente algunos de los tres Estados Mayores o el Mando Supremo, que coordinaba todas las actividades bélicas, hasta el 21 de Mayo de 1940, día de la entrevista entre Hitler y Raeder. 
PELIGROS
 Durante la conversación, la Marina, por propia iniciativa, planteó de nuevo el problema de la invasión,  y el dilema fundamental se presentó otra vez:  la travesía más corta a través del Canal de la Mancha expondría los puertos franceses de embarque a las incursiones de los bombarderos de la RAF.  Por otro lado, la travesía por el mar del Norte, más larga, haría correr el mismo peligro a la escuadra de invasión y aumentaría considerablemente las dificultades respecto al envío de refuerzos.
La Marina insistía a favor del paso del Canal, pero exigiendo las mismas condiciones expuestas en el informe de Noviembre de 1939: la eliminación previa de la RAF y una serie de días con  condiciones atmosféricas favorables, durante y después del desembarco. Partiendo de esta base, los expertos de la Marina se dedicaron a estudiar por vez primera el proyecto de invasión en todos sus detalles, y no tardaron mucho en enfrentarse con  la primera gran dificultad práctica: de las averiguaciones pertinentes resultó que casi no había medios materiales para el desembarco.
Incluso las simples gabarras que debían atravesar el canal, arrastradas por remolcadores, deberían ser preparadas para la navegación por mar, lo que requería un trabajo de efectivamente muchos semanas.



Hacia la lucha en el mar.

EL INTERES DE HITLER
Es curioso señalar que mientras la Marina intentaba resolver algunos de los problemas prácticos concernientes a la invasión, Hitler y el Mando Supremo de las Fuerzas Armadas demostraban aparentemente escaso interés por el proyecto.  El 17 de Junio de 1940, la Marina fue informada de que “con relación al desembarco en Inglaterra, el Führer hasta la fecha no se ha pronunciado, ya que se da perfecta cuenta de las dificultades de semejante empresa”.
Por esta razón, hasta el momento, el Mando Supremo de las Fuerzas Armadas no realizó ningún trabajo preparatorio. El 21 de Junio recibió otra comunicación: el Estado Mayor del Ejército manifestaba “no ocuparse de la cuestión inglesa. Considera imposible su puesta en práctica. Ignora cómo podría realizarse la operación por el Sur. 
 Seguramente Inglaterra cuenta con 20 divisiones, lo cual significa que haría falta cuarenta de las nuestras. Considerando la fuerte defensa, ¿es posible conseguir la absoluta superioridad aérea? El Estado Mayor del Ejército se opone a la operación”. 
Pero entonces empezaron las presiones desde otros puntos: los expertos militares no estaban unánimemente de acuerdo. El General von Bock, Comandante del Grupo de Ejércitos B, opinaba que debía prepararse seriamente la invasión. Además a mediados de Junio, Hitler había discutido el problema de una acción contra Inglaterra  en la entrevista con Mussolini y con Raeder, considerando la posibilidad de un ataque por mar y aire. 
GOLPE DE GRACIA
 Asimismo, a fines de junio, el General Jodl expresó en un escrito la necesidad de “continuar la guerra contra Gran Bretaña” y a pesar de reconocer las ventajas de una guerra económica a largo plazo, manifestaba un mayor interés por las posibilidades estratégicas inmediatas. 
En líneas generales, el plan aseguraba el principio de una acción potente contra la RAF, apoyada por los ataques a los establecimientos de víveres y por esporádicas incursiones aéreas sobre centros habitados. 
 El efecto de estas agresiones aniquilaría la voluntad de resistencia de la población. Finalmente, aconsejaba una operación de desembarco que, sin embargo, “no tendría que estar destinada a la conquista militar de Inglaterra hay que esta tarea debía reservarse a la Luftwaffe y a la Marina, sino que sería el golpe de gracia para un país ya paralizado económicamente y puesto, de hecho, ante la imposibilidad de sostener combates aéreos, aún cuando éstos fueran necesarias. Estos conceptos eran el eco de los dos memorandos de Diciembre de 1939, en los cuales la invasión se examinaba bajo el aspecto de fase final de una guerra victoriosa. 
Probablemente, un factor decisivo para el ánimo voluble de Hitler respecto a las posibilidades de una invasión fue el hecho de que las perspectivas de un acuerdo pacífico con Inglaterra eran cada vez más remotas. 

Los soldados listos para la guerra.

DESEO 
 El deseo del Führer respecto a llegar a esta solución era sincero: en  los días de Dunkerque, cuando ordenó no perseguir más a las unidades enemigas cercadas, asombró a sus colaboradores “hablando con gran admiración del Imperio Británico, de la necesidad de su existencia y de la civilización que Inglaterra había aportado al mundo…” 
Dijo que todo lo que deseaba de Gran Bretaña era el reconocimiento de la posición de Alemania en el continente.  La restitución de las colonias alemanas era deseable, pero no esencial. Terminó diciendo que su intención era firmar con Gran Bretaña una paz fundada en condiciones aceptables para ella y, por lo tanto, compatibles con su honor. 
En Junio y Julio, Hitler afirmó otra vez, en varias ocasiones, su deseo de llegar a una paz y la desgana que le inspiraba llevar la guerra hasta la destrucción del Imperio, lo cual beneficiaría solamente al Japón y  América. Pero el gobierno inglés rechazó o ignoró todos los sondeos intentados por los alemanes o por sus mediadores y a fines de junio las esperanzas de una paz eran más remotas que nunca. 
DIRECTIVA 
Este contratiempo diplomático fue un duro golpe para Hitler y le indujo a considerar los planes de la invasión con mayor interés que antes. El 22 de Julio, tres días después de recibir el escrito del General Jodl, Hitler dictó una directiva preliminar. Decía: “ Un desembarco en Inglaterra es posible, con tal de que estén aseguradas la superioridad aérea y algunas otras condiciones indispensables. Todos los preparativos deben iniciarse teniendo presente que la invasión es sólo un proyecto y que por el momento no se ha tomado ninguna decisión al respecto”. 
Durante las dos semanas siguientes, Hitler mantuvo una serie de coloquios con sus consejeros militares, los cuales ni siquiera entonces estaban de acuerdo sobre las posibilidades de la invasión. El 11 de Julio, el Almirante Raeder expuso las dificultades de proyecto como, por ejemplo, el dragado y colocación de las minas y la preparación de la escuadra de desembarco, y creía haber convencido al Führer de que la invasión debía intentarse tan sólo en caso extremo. 
Pero al día siguiente, el General Jodl envió un memorándum en el que objetaba que las dificultades podrían superarse si la invasión tomaba “el aspecto del paso de un río por las fuerzas en un frente muy extenso…  En esta operación la función artillera correspondería a la Luftwaffe.  La primera oleada de tropas de desembarco tenía que ser  muy importante y en el estrecho de Dover era necesario para sustituir los puentes, establecer un pasillo de mar a cubierto de cualquier ataque naval”.
 EN TRES DIAS… 
El 13 de Julio, Jodl agregó a su memorándum un documento más completo, en el cual los Jefes del Ejército, que entonces consideraban con mucho más optimismo las posibilidades de éxito de la invasión, presentaban su plan operativo que era bastante ambicioso: en tres días habría que desembarcar 113 divisiones- seis del Grupo de Ejércitos A, entre Ramsgate y Bexhill. Otras cuatro  del Grupo AA, entre Brighton y la isla de Wight, y tres del Grupo B, bastante más al Oeste, en la bahía de Lime.

Tenaz y violento enfrentamiento

Esta fuerza de desembarco  inicial se  completaría con otras 28 divisiones, incluyendo también unidades acorazadas, motorizadas y aerotransportadas. Se calculaba que el Ejército alemán podría conquistar Gran Bretaña en el periodo de un mes. 
El resultado de esta fase de proyectos fue la directiva titulada “Preparativos para una operación de desembarco en Inglaterra”- La operación que la había denominado “León” en su memorándum  del 12 de Julio, tendría el nombre convencional  de “León Marino”. 
PESIMISMO
En el verano de 1940, la invasión fue el objetivo número uno del mando supremo y los preparativos correspondientes tuvieron preferencia sobre cualquier otra actividad. No obstante, la Marina se mostró, paradójicamente, cada vez más pesimista a medida que iba examinando los detalles del plan. 
Hitler definió la Operación León Marino como “una empresa excepcionalmente arriesgada” en la cual la parte más difícil era el continuo envío de refuerzos, de armas y de municiones. La innata cautela del Führer, en esta ocasión,  vencida por el deseo de poner fuera de combate a Inglaterra cuanto antes. 
El 25 de Julio el consciente Almirante Raeder expuso las  dificultades que el consideraba superables: dando por descontada la cobertura aérea, habría que pensar  en el dragado de los campos minados por el enemigo y la colocación de las propias minas. Asimismo preparar los puertos de embarque y proveerse  de embarcaciones de acuerdo con las diversas necesidades. 
Raeder asestó otro golpe más decisivo contra la invasión. En un informe general expuso, detalladamente, las dificultades de transporte y el perjuicio que la requisa de barcos, remolcadores y gabarras hubiera ocasionado en la flota mercante y en la navegación interna.


Prosigue la lucha.
PARECERES 
Aseguró que la Operación León Marino debía realizarse en el otoño de 1940 porque los preparativos se prolongarían hasta mediados de septiembre y el único periodo en que la marea y la luna serían propicias era el comprendido entre el 19 y 26 de Septiembre. Pidió que el  frente de desembarco se limitara al estrecho de Dover y, finalmente, propuso aplazar la operación hasta el mes de Mayo de 1941. 
Sin embargo, Hitler estaba convencido de que la operación tenía que seguir adelante con tal de que se lograse la superioridad aérea por lo que ordenó que la aviación alemana debe poner fuera de combate a la inglesa, empleando para ello todos los medios a su disposición y lo antes posible. 
Comenzaron las serias dudas de que la Operación León Marino”  se realizara. La orden de ejecución dependía de la situación política. No obstante, los preparativos continuaron y el 4 de Septiembre la sección operativa del estado mayor de la Kriesgmarine comunicó a Raeder: “El personal y los materiales solicitados han sido reunidos y estarán preparados cuando termine el tiempo aún disponible, por lo que la operación podrá empezar en la fecha más próxima fijada. Es decir el 21 de Septiembre. Todo dependía de la Luftwaffe. 
Göering se había hecho la ilusión de derrotar a los cazas que defendían el sur de Inglaterra en cuatro días y a la RAF entera en dos semanas, o como máximo cuatro. La confianza estaba justificada en parte por la enorme superioridad numérica que la Luftwaffe tenía sobre la RAF. 
ATAQUE
La Luftwaffe desencadenó un potente ataque contra los cazas de la defensa.  Pero precisamente cuando parecía que se había alcanzado una notable ventaja, el ataque se dirigió contra las ciudades. 
 Esta nueva táctica causó, desde luego, grandes daños a la población civil, pero en cambio permitió que la fuerza de caza se recuperara, hasta el punto de infligir graves daños a los alemanes durante la incursión efectuada el 15 de Septiembre. Por fin, la operación León Marino se aplazó para 1941. 
A juzgar por las repetidas dilaciones, todas ellas motivadas oficialmente por el mal tiempo y por los cazas ingleses, que impidieron que la Luftwaffe consiguiera el predominio del aire, es evidente que la acción de la RAF del 15 de Septiembre no había sido decisiva en sí misma, y que  el aplazamiento al 17 no equivalía a un abandono definitivo.
Hitler continuaba entonces con el firme propósito  de llevar a cabo el plan, a pesar de que cada aplazamiento ofrecía a la aviación inglesa nuevas ocasiones para atacar los medios de transporte. El aplazamiento “hasta nueva orden” del 17 de Septiembre obedeció a la  imposibilidad de fijar futuras fechas precisas y por el fracaso de la batalla aérea. (Editado, resumido  y condensado de la Revista “Así fue la Segunda Guerra Mundial”).

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