viernes, 31 de marzo de 2017

POETA POR DESTINO DE CORTA VIDA

Médico de profesión y poeta por destino. Una vida que se fue prematuramente. Pero dejó desperdigada la obra literaria de valor indiscutible. Expresión de un lirismo intimista con influencias que saltan a la vista  de los vates españoles indiscutibles, Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado.  También, en lo que quedó como aporte indiscutible, hay humor lúdico que ridiculiza las rutinas del sistema y se va directamente a la ironía en la escritura de este sentimental de las letras, cuya desaparición apresurada se discute. Entre el suicido y el accidente. Sin embargo, también pudo haber muerto, de acuerdo a determinados comentarios, en manos de la milicia argentina, allá en el Buenos Aires querido de la década de los 70 dominado por la brutalidad de la dictadura castrense. Un creador con un excepcional sentido rítmico. Fresco y espontáneo. Tenía una desazón creadora.   Un desparpajo  para fraguar cosmos fieles a su observación, en una poesía descreída y contundente. Su cantar era, realmente, admirable. Como parte de esa generación del 60,  tan prolífica en la Literatura contemporánea peruana.
Cuando, en 1978, Nicolás Yerovi logró la hazaña de  reunir una buena parte de los textos que escribió el poeta, Luis Hernández Camarero, satisfizo, sin duda alguna, la necesidad de la colectividad porque el muchacho ya era parte de la leyenda de la triada de escritores famosos que se convertía en un cuarteto impecable y contundente. El trío estaba conformado por Valdelomar, Oquendo de Amat y Martin Adán, según la opinión del autor y crítico literario experto en estas lides, Marco Martos.
Martos dice  lo que Hernández fue, como versado, el artista adolescente de la creatividad de las letras peruanas. Con una sensualidad exacerbada y de una formación solida poco común, que escogió la poesía como vehículo de expresión propia.


Luis Hernández: poeta y médico

EXCEPCIONAL
Señala que  es un caso excepcional de dedicación  y, por su edad, no tiene parangón con ningún otro escritor peruano. Pero lo más significativo es que, esa expresión artística, se convierte en un adulto joven de grandes capacidades.
A continuación uno de sus mejores palabras poéticas: Solitarios son los actos del poeta/ como aquellos del amor y de la muerte. Su poesía es el signo del eterno adolescente que, de por sí, se muestra melancólico. Con el  sufrimiento que tiene y el pudor  de decir su nombre
Hay una selección preparada por el poeta Mirko Lauer, de la obra de Hernández, en la revista “Hueso Humero” (1981), que incluye casi todos los poemas celebres del vate. La publicación trae “Orilla” y “Charlie Meinik”, las plaquetas primigenias del creador. Una buena colección de “Las Constelaciones” con el poema  “Ezra Pound: cenizas y cilicio” y también una ajustada recolección de los poemas de “Voz Horrísona”
Cabe explicar que Hernandez llamó “Vox Horrísona” a sus últimos cuadernos y libros. De la misma forma,  alcanzó a  escoger ese título general para sus creaciones completas que estaban a punto de aparecer, precisamente, cuando falleció.
POEMA
Soy Luchito Hernandez/cmp 8977, ex campeón de peso welter/Interbarrios/Soy Billy/The Kid también/ Y la exuberancia/de mi amor/Hace que se me haga/ Un nudo en el pulmón/Poca gente me habla/Hasta oí a alguien/Preguntarme/ ¿De qué te defiendes?/ Y yo hubiera respondido /Si no silencioso fuera: Más bien te defiendo de mi luz. /Una luz/Que reuní y me friega (Poema “Soy Luchito Hernández”)
Precisemos datos. Según el poeta y profesor Javier Sologuren,  a los 20 años  Luis Hernández, quien  no llegó a doblar esa edad, publicó su primer libro. Era una colección de breves poemas a la que tituló “Orilla” y a cuyo texto inicial le antepuso esta patética  pregunta de François Mauriac: ¿Quién soy yo, ser sin forma que el océano roe?
Era el efecto de una angustiada indagación existencial, la misma que logró su propia identidad en  el espacio creado por su palabra poética. Allí está incólume lo que  dice en su “Canción para Wolfgang Goethe”: La voz que incontable/Y en misterio/Vuelve para tomar/De cada ser  su primitiva/forma
Hernández Camarero (18 de Diciembre de 1941-3 de Octubre de 1977), después de vivir toda su vida en Lima, viaja a Buenos Aires en Marzo de 1977 para un tratamiento médico. La muerte se interpone en su camino en la zona argentina de Santos Lugares. Lejos de 6 de Agosto, su calle de siempre en Jesús María. Había vivido exactamente 35 años, 9 meses y 15 días.


En sus tiempos de alegría y sonrisas.

REGALOS
Publicó tan sólo tres poemarios. Después  llenó con plumones de color decenas de centenas de escritos que son cuadernos con versos, dibujos y vida que entregó a amigos, a conocidos y a desconocidos.
 Su obra ha sido reunida por Nicolás Yerovi en “Vox Horrísona” (1978) y luego por Ernesto Mora en la segunda edición aumentada como “Obra Poética Completa” (1983). Así como por Edgar O’Hara en “Trazos de los Dedos Silenciosos” (1994).  “Una Impecable Soledad” (1997) es otro intento por reunir los fragmentos de una novela escrita por partes, en diferentes cuadernos.
La labor de edición se  hizo, siempre, difícil porque el poeta regalaba cuadernos a Pedro, Juancho y Martín. Pero esto no era garantía de pertenencia ya que los volvía a recuperar para releerlos, copiarlos o regalárselos, finalmente, a  terceros.
Por ejemplo, en una ocasión, le pidió a su madre, doña Rosa, los 16 cuadernos que le había dado para entregárselos a un reconocido poeta de la generación del 50. Hernández quería saber qué opinaba a cerca de su trabajo. Pero sintió que no fue tomado en serio. Entonces, algo molesto, le entregó a un amigo, Enrique Wangeman, todo  el paquete. Casi como deshaciéndose de ellos. 
ACTITUD
Pollito de Bélgica: Addie mató ocho millones de judíos/Tú Leopoldo, asesinaste ocho de negros/Ahora que estas con el/En la quinta paila/Puedes discutir/Cual de las dos razas/Perdóname el barbarismo/Es mas inferior.
Los cuadernos eran creados artesanalmente, con variados y cuidadosos recursos gráficos. Lucho los regalaba desaprensivamente, cual muestras de un arte efímero que no condescendía a la edición. Ni siquiera a la lectura.
El poeta no guardaba copia de estos cuadernos que solían repetirse parcialmente y no siempre poseían una estructura. Esta actitud ante la creación, al lado de diversos elementos llamativos de su vida personal, consiguieron para el vate una rápida y no deseada mitificación.
Para los críticos y entendidos, en su poesía son constantes los elementos coloquiales, irónicos, urbanos y las referencias con citas cultas. La creación de Hernández se caracteriza por un tono aparentemente muy ligero, un recuperar elementos de la cotidianidad y un trascendente desenfado que le ganó un numeroso público.
El maestro de Lengua y Literatura,  Luis Jaime Cisneros, sostiene quela poesía de Hernández a quien conoció personalmente y con quien compartió largas horas de conversación, es una  muestra de “su voluntad de no consagrarse a los moldes tradicionales de querer plasmar una armonía tan diferente de la que imperaba en el medio”
Por eso es que en el mismo título de “Vox Horrísona” proclama: abarcar tanto los sonidos bellos como los desagradables o discordantes. Una armonía en la que trataba de concertar lenguas distantes y distintas.
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Unjo de sus libros con selección y prólogo de Lauer.

DEFINICION
El verso que dice “Si supieras/que en la poesía/no hay orden ni desorden” lo retrata porque significa que es posible construir sobre el dolor, que es posible buscar el sosiego en el caos. En su amor a lo bello se iba al núcleo de los miasmas que le había tocado vivir, en una época de desconcierto. Esos sonidos eran el síntoma de la nueva sintonía, de la diferencia y la protesta.
Por su parte, Lauer define a Hernández como uno de los fundadores de la poesía en el Perú. Es frente a esta convicción que el lector se interna en sus páginas rescatadas de la dispersión y de ediciones agotadas.
Ciertamente es la configuración de una “Vox”. La que se revela en la novedad de su acento y de su visión, acento y visión que pulsan en lo más novedoso de la poesía. Gracias a esta antología, el culto a Hernández se acrecentó por completo.
A todos los que, alguna vez/ Me abandonaron:/Dios los ilumine con la luz/Que cubre lo perdido/(Nunca he sido feliz)/ Nunca he sido feliz/Pero al menos/He perdido/Varias veces/La felicidad ( poema “A todos los que”…)

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Afiche de uno de sus homenajes.

POSIBILIDADES
Estudió tanto en las Universidades Católica como San Marcos. También es uno de los responsables de la incorporación a la poesía peruana de la astronomía y de las ciencias en general. Por ello, frecuente es hallar en sus versos “pentagramas espaciales” o la forma como el astrónomo alemán Johannes Kepler graficó la llamada “música de las estrellas”, así como muchas otras referencias científicas.
Lo que se dijo de su muerte es que se suicidó lanzándose a las vías férreas cuando pasaba un tren. Pero, entre agosto y septiembre del  2008, apareció un libro del periodista Rafael Romero Tassara (Jaime Campodónico-Editor) ,“La Armonía de H.  Vida y Poesía de Luis Hernández Camarero”, en el cual se sugiere que Hernández, realmente, había sufrido un accidente o fallecido en manos de la milicia argentina.
Sin embargo, muchos (sobre todo los amigos y allegados, mientras que la familia jamás habló ni especuló) no creyeron lo del fallecimiento en manos de los militares. Nada que ver, decían y hasta la calificaban de una posibilidad descabellada. Más se inclinaron por el accidente férreo, sin autoeliminación de por medio.
El libro muestra con una variedad de documentos que Hernández si estuvo durante un periodo largo internado en la Clínica García Badaracco. Lo mismo hace con muchos datos alrededor de su muerte que hasta la fecha se habían obviado.
Entre ellos, por ejemplo, que el día del fallecimiento del poeta no hubo operativos militares en la zona, tal como lo han informado muchas ONGS especializadas en el tema de la violencia argentina con precisión.


Uno de sus famosos cuadernos

CLAVES
El volumen ha puesto en circulación muchas claves sobre la obra de Hernández y una gran cantidad de fotografías y poemas. Estos últimos todos ellos inéditos. Entre los que se encuentra  la llamada “Libreta Bayer”. También se ha incluido en la publicación 40 manuscritos inéditos hechos por el poeta en diversas partes de su vida. La crítica ha considerado que el libro de Romero es una “exhaustiva y magistral biografía”
Lo que se muestra de forma documentada con la publicación es que Hernández, tras la aparición de “Las Constelaciones”, publicó mucho en revistas. Como producto de más de 70 entrevistas a parientes, amigos y conocidos y un archivo documental que empieza en 1948 y termina el año 2007, esta es la primera biografía del poeta con un acercamiento real a su obra.
Si creyera alguna vez. /Con orgullo extravagante que me amas/Tu soñarías que en tú alma se reúne/el dorado vacio de la hierba/Quizá así tu sueño/Te sirviera de descargo/Pues alguno te acusa/De excederte en belleza. ( Poema “Si Creyera Alguna Vez”). 
ESTUDIOS
Veamos otra parte de su vida. Era un niño dotado de una gran inteligencia. Tuvo una educación especial, con mucho talento. Tocaba la flauta, el violín y se sabía todo de la música clásica. Lector precoz y voraz. A los 8 años sufre una enfermedad que lo obliga a permanecer en cama por dos  meses y medio. Lucho leyó muchísimo entonces, sobre todo mitología griega.
 “Ezra Pound: cenizas y cilicio”: 1. Tower of Pisa/Alabaster and not Ivory. Y eterno/Para ferias de fascistas/Quien la canta/ Y ebrio ya de belleza y en demencia/(Puede ser que sus ojos sean nuestros)/Rojo mar y el adriático crepúsculo/Y dos guerras herrumbradas en su frente/Frente a la lívida amenaza de la historia/Ezra Pound/Ezra/Y su ejército perenne en pie/De muerte/Torre de Pisa/Et cinis et cilicium/2. Ezra/Se que si llegaras a mi barrio/Los muchachos dirían en la esquina/Que tal viejo, che’su madre/Y yo habría devolver a ser el muerto/Que a su sombra escribiera salmodiando/Unas frases ideales a mi oboe/El milagro se oculta entre lo oscuro/Donde olvido y memoria  son tan sólo/Los reflejos de lo áspero y lo amado/La ilusión que ha surgido de enebro/Duramente recuerdo tus poemas/Viejo fioca/Mi amigo inconfesable.
Sus estudios escolares los hizo en el Colegio de la Salle de Lima. A fines de los 50, entra en la Católica a estudiar Psicología. Luego viajó a Alemania por un año. A su regreso, ingresó a la Facultad de Medicina de San Marcos. Allí también estudiaron sus hermanos Max y Carlos. El primero conocido dirigente estudiantil de su época. Hoy Psicoterapeuta de prestigio que ha presidido, con brillantez, el Acuerdo Nacional.
 Logró sacar su título de médico luego de estudiar entre 1966 y 1971. En el Boletín del Centro de Estudiantes de Medicina de San Fernando publicó algunos poemas. Los entregaba en papeles escritos a mano.

Copia de uno de sus documentos personales.

CONSULTORIO
Preludio:  En un kiosco/donde vendían/Coca-Cola/Seven Up chica/7 up gr/Canada Dry/San Luis/Afuera había/ niebla baja/Y antorchas/Era el día/de un colegio/Y llevaban antorchas/Y carteles/Amor love/Liberty/Y toda la nobleza/De una tarde/En la marea/Baja y carteles/Donde se leía/Amor/Como un Domingo/Que en un parque/Todos/tomaban cerveza/O una noche/simétrica con el acantilado/Al borde la mar/Tomaban cerveza/Y caminaban por el pasto/O recibían/En el rostro/El cielo
A principios del año 1970, vuelve a sufrir una enfermedad que lo mantendrá recluido varios meses. De esta reclusión nacerá el proyecto de los Cuadernos. Existe una actitud bastante peculiar ante la Medicina, como profesión y en particular respecto a los pacientes.
 Puso un consultorio privado en Breña, en casa de su amigo el actor Reynaldo Arenas y atendía como galeno de barrio en Jesús María. El poeta Luis La Hoz lo recuerda con su estetoscopio colgado de un clavo en la pared.

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Poema de puño y letra.

LLORABA
Al año siguiente, ya no se sentía bien. Tenía una dolencia física y psíquica. Tomaba constantemente analgésicos por una lesión en la espalda. Sufría de una ulcera duodenal. Con el tiempo estos males recrudecieron.
Su ánimo se transformó por completo. Se le veía, de por sí, una persona distante. Incluso lo encontraban llorando muchas veces. Cuando se le pregunta que tenia, sólo contestaba: “mucho dolor”. A fines del verano de 1977, viajó a Buenos Aires para nunca más retornar.
Muchos lo consideraban un tipo excéntrico que solía dar respuestas inesperadas y se divertía contando anécdotas insólitas sobre su vida. Amaba la medicina y a veces no recetaba nada a sus pacientes. Solo conversaba, amenamente, con ellos.
En 1976, aparece una paciente que le otorgaría alivio. No era paciente suya, sino del psicoanalista Max Hernández, una mujer de 31 años llamada Betty Adler. Ella había leído en el periódico unos poemas de un tal Luis Hernández y le preguntó a su médico tratante si el autor era algo suyo.
Faltaba más, Luis era su hermano menor y el dolor de cabeza de la familia. En ese mismo momento, el muchacho estaba internado en una clínica, en un nuevo intento de hallar cura. Betty quería conocerlo.
La muchacha se apareció en la clínica. Como pretexto, la entrega de un libro que le mandaba su hermano. Congeniaron de inmediato y hablaron hasta que se acabo la hora de visita. Recibir a Betty
se convertía en lo más valioso que sacaría de su internamiento.

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Con su enamorada Betty Adler: el amor de su vida.

ENGAÑO
Cuatro meses después de conocerla, el dolor desaparece por encanto. Betty le aplica las inyecciones y Lucho piensa que están surtiendo un efecto que no habían mostrado antes, pues, se siente aliviado como nunca.
Luego Betty le revela el engaño: en lugar de los sedantes, le había aplicado simplemente agua destilada. Luis monta en cólera, pero la perdona. Ya estaban enamorados hasta el tuétano. Siguen juntos hasta que el poeta parte a Buenos Aires  para nunca más volver. A ella, el amor de su vida le dedica este poema: “Habiendo robado/Lluvia de tu jardín/y tocado tu cuerpo/Me duermo/No se culpe a nadie/De mi sueño.
Ahora bien, Lucho tuvo, antes, otros amores. Entre ellos Josefina Wuemes, “la chica de los tres árboles” que vivía en Jesús María. La conoció en la adolescencia y 20 años después, la recordaba profundamente. Ella nunca cedió a sus galanteos. María Zollner es la otra enamorada que sí lo correspondió. 
Yerovi, en el prólogo de Vox Horrísona, lo describe así: “Alguien que dialogaba en voz alta con gloriosos fantasmas, vestía invariablemente de blanco, caminaba con el perfecto cansancio del corredor de fondo, escogía excesivamente las palabras, como quien se depila el bigote. Alguien así era Luis Hernández". Poeta raro, poeta verdadero, poeta de calidad. (Edgardo de Noriega)

1 comentario:

  1. Mi querido Edgardo, recién he podido dame un respiro para acceder a tu página adjunta, felzmente he resultado premiado con tu excelente informe sobre el poeta por destino, Luis Hernández Camarero. Excelente, has cubierto todos los ángulos del gran poeta.
    Ha sido un acierto rescatar del olvido al patricio republicano José Manuel del Mar Bernedo y también el excelente rapaso de la literatura peruana de ese lapso de gran ebullición política de 1534 y 1914.
    Gracias, gordo, saludos a todos y cada uno de los seres queridos que te rodean.

    Chiclayo

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