jueves, 10 de diciembre de 2015

LA MUERTE DE UN PRESIDENTE

En una habitación pequeña amueblada con sobriedad, sobre cuya sencilla cama pende en la cabecera un gran retrato de la Virgen, agoniza Hipólito Irigoyen. Sólo le rodean unos pocos familiares en aquel medio día del 3 de Julio de 1933. A un costado, sobre una mesa de luz, brilla en la penumbra un crucifijo de plata. Afuera, en la calle Sarmiento, una multitud que se renueva constantemente aguarda novedades. La entrada y salida de personalidades políticas desde la noche anterior, ha coincidido con noticias sobre el estado del ilustre paciente que magnifica el comentario popular.
Sobre el filo de las  13 horas, sollozos entrecortados imponen una tregua expectante. Poco después con la cabeza descubierta, algunas ciudadanos entonan el Himno Nacional. En el umbral de una puerta una anciana enciende velas a una estampa. Ha muerto el ciudadano que por dos veces ocupara el sillón de Rivadavia. Ese mismo día aparece el decreto de honores
A las 20 p.m., el doctor Izzo llega con el certificado de defunción. Tras una breve consulta con los familiares se resuelve embalsamar el cadáver. Una vez cumplida la tarea se le viste con el sayal de los padres dominicos y es colocado en un ataúd semicubierto por la bandera de la Argentina. En la noche. la ciudad de Buenos Aires parece un remanso de silencio
Contraste tremendo con los tumultuosos días de Setiembre de 1930. ¡Es este el mismo pueblo de entonces? Ayer apostrofaba. Hoy, reverencia. Imposible organizar el paso  por la capilla ardiente. Es muy angosta la calle, muy pequeña la casa. Y son decenas de millares los que afluyen de todos los barrios. Gente del pueblo sencilla. Encumbrados dirigentes. Y mujeres y niños con sus lágrimas.

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Irigoyen controvertido presidente argentino.

MISA
El 6 de Julio se realizaron las exequias. En la capilla ardiente se rezan los responsos y a las 10 se hace necesaria clausurar la entrada para que Fray Alvaro  Alvarez pudiera oficiar una misa de cuerpo presente.
Recién pasadas las 12 se puso en marcha el cortejo. Imposible describirlo en su imponencia como no sea incurriendo enlas palabras de Belisario Roldán: “Va a haber que ensanchar las calles porque va a salir el pueblo”. Ni un espacio libre en las aceras y calzadas
Balcones colmados sobre la diagonal Sáenz Peña decían también de la elocuencia del homenaje de Buenos Aires al caudillo que, durante medio siglo, influyó en el rumbo de la historia cívica de la Argentina.
Los tramos entre Suipacha y Tacuarí y Avenida de Mayo, cuyos comercios aparecían cerrados, llevaron más de media hora. Voces exaltadas quebraban por momentos el clima de la ciudad impregnado de majestuoso respeto. 
FLORES
Desde lo alto comenzaron a caer flores hasta convertirse en una lluvia multicolor. Cuando la cabeza de la columna llegó al Congreso, todavía se seguía incorporando gente al cortejo en el punto de partida. Cuadras de cuadras de multitudes jamás vista hasta entonces
El féretro era llevado a pulso. Inmediatamente detrás seguían 15 mil mujeres entre flores y banderas. Al enfilar la avenida Callao, el ataúd parecía navegar en un mar de cabezas. Casi cuatro horas después de iniciada la marcha, a las 15.55 llegaba a la Recoleta. Y por unos momentos se aquietó la marejada humana para escuchar la palabra de los que iban a expresar el sentir de la ciudadanía.
El primero en hablar fue Alvear. “No puedo cambiar mi emoción al ver partir para siempre al amigo que en 40 años aprendí a querer y admirar. Como la cordillera andina que destaca su cumbre en la vasta extensión del continente, Hipólito Irigoyen es una cumbre inaccesible a las mezquindades que pretendan empañar su memoria, incorporada al panteón de nuestros próceres.
Otras voces se sumaron luego. Un hálito de estupor y de dolor cubre toda la república de Argentina, dijo el señor Talens: “Cumplida toda una vida de lucha fecunda por las libertades del pueblo”.
“Amó a la patria-afirmo Antille- no en símbolos de abstracciones, sino en la carne sufrida del pueblo. Era amigo de la paz continental, asceta en la vida, rústico en el ensueño y el secreto de su popularidad fue un sentimiento de amor.

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Apoteósico entierro con una multitud impresionante.

PATRIOTA
Mucha agua ha de pasar bajo los puentes antes de que aparezca un varón de su estirpe. Se estaba allí haciendo su biografía. “El patriota que hoy entra a la inmortalidad-agregaba Pueyrredón. Fue el intérprete de una gran ambición colectiva.
Era alta la tarde cuando finalizó la ceremonia coincidiendo con la caída del sol. Lentamente la multitud se disgregó, en retorno a sus hogares. Algunos grupos marcharon hacia el centro a frente las banderas enlutadas entonando a media voz las estrofas del Himno Nacional.
Las gentes en las aceras se descubrían muy respetuosas. Las luces del alumbrado anunciaron el fin del día, cuyo último resplandor iluminó a todo un pueblo reverente, en su salud final al viejo caudillo.
Hipólito Irigoyen, cuya vida transcurrió entre 1852 y 1933, fue un político que se desempeñó como Presidente de la Argentina en dos oportunidades: de 1916 a 1922 y de 1928 a 1930. El primer mandatario elegido en ese país por sufragio universal y secreto. Líder indiscutible de la Unión Cívica Radical.

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Su firma y rubrica..

NACIONALISTA
Resultó ser el primer jefe de estado argentino surgido de las clases populares, rompiendo así con la hegemonía conservadora. También marcó el ingreso de la clase media a la política. No vaciló en adoptar una línea nacionalista y en plantear una reforma social para su país.
Durante su gobierno, las reglamentaciones fueron sancionadas para proteger a los campesinos y se crearon cajas jubilatorias de empleados públicos y estatales. El régimen, de ancha base popular, dictó medidas para que la Argentina controle sus transportes, yacimientos energéticos y su propia moneda. Las tarifas de los ferrocarriles, operados por capitales británicos, enteramente reguladas. Además se crearon líneas férreas estatales.
 En 1922 se fundó Yacimientos Petrolíferos Fiscales, una empresa estatal destinada a explotar las riquezas energéticas del país y se creó el Banco Central Estatal. El estallido de la reforma universitaria fue bien visto por el gobierno que im  pulsó una serie de normas a favor de ella.
Pese a las iniciativas que favorecieron a sectores obreros y medios, el mandato de Irigoyen se vio manchado por las dos mayores convulsiones en la historia argentina: lo que se denominó la semana trágica y lo que se conoció como la Patagonia rebelde, con centenares de obreros fusilados por parte de las fuerzas policiales y grupos de extrema derecha como la Liga Patriótica, en donde el Gobierno no pudo controlar ni satisfacer los pedidos de los manifestantes.

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En el poder durante una actuación pública.

EL CRAC
En el segundo mandado del político radical ocurrió el  crac del 29, la mayor crisis financiera mundial hasta ese momento. El gobierno no pudo reaccionar ante la crisis y fue perdiendo apoyo. El 6 de septiembre de 1930  derrocaron a Irigoyen por efectos del primer golpe de estado en la etapa constitucional de la Argentina, comandado por José Félix Uriburu 
Poco antes de su destitución, el gobierno estuvo cerca de lograr la nacionalización del petróleo. Este hecho se lo vincula como uno de los vectores del levantamiento. Tras su derrocamiento, el presidente fue despojado de sus riquezas, campos y estancias, y confinado en la Isla Martín García, donde compartió el presidio con varios presos políticos.
 Luego de fallecer tres años después, lo acompañaron a su última morada miles de miles de personas que conformaron una de las manifestaciones espontáneas enteramente masivas y sorpresivas de la historia argentina. Una multitud realmente impresionante trasladó a pulso su féretro hasta el Cementerio de la Recoleta. Allí permanecen hasta hoy sus restos mortales.

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