jueves, 10 de diciembre de 2015

LAS SULFAMIDAS COMO SALVACION

Cuando todavía no se habían descubierto los antibióticos y mientras el mundo se aprestaba a la guerra, en la paz de los laboratorios hombres de ciencia trabajaban en procura de los elementos que aminoraran los males de la humanidad. De pronto, en 1935, el universo recibió un anuncio sensacional: un sabio alemán había descubierto que un compuesto químico, utilizado hasta entonces como colorante, tenía extraordinarias propiedades terapéuticas y era de singular eficacia en la lucha contra la infección. Poco después, las sulfamidas llegaban a todos los rincones de la tierra y con una aplicación terminaban muchas enfermedades.
El descubrimiento sensacional que revolucionó la quimioterapia en el año 1935 tenía antecedentes. Si bien es cierto que ya en 1908, es decir casi 30 años antes, se consiguió preparar algunas drogas maravillosas, los primeros compuestos sintetizados en esa época servían sólo como colorante y nadie pensó en su extraordinario poder bactericida
Después de 1930, se empezó a pensar en las propiedades terapéuticas de estos compuestos, hasta que en 1935, luego de unos estudios preliminares, apareció el primer trabajo sobre las sulfamidas, que habrían de provocar una verdadera revolución en el campo terapéutico.
Bajo el título de “Contribución a la Quimioterapia de las Enfermedades Bacterianas”, el sabio alemán  doctor G. Domagk explicaba como un producto, especie de derivado del azufre, contenía extraordinarias propiedades bactericidas.

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TRABAJOS
Aparecieron ese mismo año trabajos de otros autores alemanes, franceses e ingleses. Pero pasó más de un año sin que los médicos ni el público se hubieran dado cuenta de la enorme  trascendencia del descubrimiento de Domagk.
En realidad fue la propaganda comercial la encargada de informar al mundo. A fines de 1936 y principios de 1937, las grandes fábricas de productos medicinales enviaban a los médicos de todo el orbe folletos explicativos de la nueva droga y sus derivados, que aparecían uno después del otro, en impresionante sucesión. El mundo comenzó a enterare de inesperadas curaciones y la gente, con el consabido entusiasmo, comentaba las más diversas historias sobre agonizantes salvados.
Lo importante es que contra la neumonía, antes de 1935, no se conocían remedios muy eficaces. Los enfermos morían o se curaban según sus propias reservas. La meningitis, sólo en muy raros casos, no era mortal y lo mismo ocurría con las septicemias por cocos.
Todo cambió radicalmente después de 1935, gracias a la sulfamida. Los médicos la recomendaron para muchas enfermedades de carácter infeccioso. La droga cobró tanta popularidad y el público le había tomado tan amplia confianza, que comprobaba los comprimidos y los ingería con cualquier pretexto.

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Pastillas y cápsulas efectivas para la salud

FRACASOS
Se emplearon hasta contra la gripe y el resfrío sin prescripción médica. Como es natural, aparecieron los fracasos. Porque la droga descubierta por Domagk no tenía eficacia en todos los casos. Las primeras sulfamidas eran  parecidas al prontosil. Después los químicos se encargaron de mejorarlas, tomando como guía lo que ocurre en nuestro organismo.
Probado que el prontosil sufre modificaciones después de haber entrado en el organismo y es el nuevo compuesto el que tiene verdadera acción activa, se procura modificar la fórmula en los laboratorios.  Es decir, que se trata de producir la sustancia ya preparada para ser inyectada con todo su poder bactericida.
Así se llega a la sulfanilamida, sustituto de todos los compuestos sulfamídicos existentes hasta entonces.  Apareció más tarde, en 1938, en Inglaterra, la sulfapiridina y un año después se creó, en  Estados Unidos, el  sulfatiazol, droga que dominó todo este campo
Paulatinamente, se fueron eliminando los efectos tóxicos del nuevo producto que causaba trastornos en algunos organismos. En esa paciente tarea de laboratorio se logró, primero la sulfadiazina, más tarde la sulfaguanidina y después la sucinil-sulfa-ziatol o salfasuxidina, desinfectante intestinal, la sulfametazina y la sulfamerizina.
¿Cómo actúan las sulfamidas? La droga no mata directamente a los gérmenes sino que les impide desarrollarse, paralizándolos. El perfeccionamiento del medicamente después de conocerse su fórmula analítica, permitió elaborarlo como polvo blanco, cristalino, poco soluble en agua.

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Una inyección de efecto inmediato como parte del descubrimiento.


INVESTIGACIONES
Las investigaciones realizadas posteriormente permitieron comprobar que la sulfamida lograda de esta manera se absorbe a través de la mucosa digestiva y se difunde rápidamente por todo el organismo con una acción terapéutica muy enérgica contra algunas enfermedades infecciosas.
Los descubrimientos más recientes han revelado la manera cómo actúa la sulfamida y es que ella no permite la multiplicación de los gérmenes patógenos sustrayéndoles una sustancia que necesita el microorganismo para cumplir ese proceso.
Asimila  el ácido paraaminobenzoico en el ciclo metabólico de los microorganismos y con ello, pierde la capacidad de reproducirse. De esta manera queda detenida su acción patogénica. Nuevas investigaciones permitieron concretar otras drogas derivadas del núcleo químico principal de la sulfamida, pero algunas como la sulfanilamida pueden provocar manifestaciones tóxicas.
Estas intoxicaciones se manifiestan en el sistema digestivo, en la sangre con la producción de cianosis y agranolocitosis en la piel, el hígado y en los riñones. Los últimos adelantos han permitido concretar un medicamento que puede ser administrado sencillamente por la vía oral en las afecciones causadas por los estreptococos por medio de comprimidos. Pero también como polvo para el tratamiento de las heridas, ulceras, etc.

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COMPUESTOS
Últimamente se ha logrado sintetizar otro compuesto que tiene su origen en la sulfamida, pero con la ventaja que son menos tóxicas que la sulfanilamida y además, tienen una acción terapéutica mas pronunciada: el sulfatiazol, la sulfadiacina, la sulfametacina.
Lamentablemente las sulfamidas a igual que los antibióticos descubiertos posteriormente no tienen acción contra los dolencias producidas por virus. No manifiestan su poder curativo sobre estas entidades ultramicroscópicas y ello se debe, a que son moléculas proteínicas de tamaño sumamente pequeño, únicamente individualizadas a través del microscopio electrónico.
La industrialización masiva de los antibióticos y la introducción de la penicilina como droga activa vino a reforzar la actividad terapéutica de las sulfamidas que se pueden administrar en dosis adecuadas con los antibióticos en casos así prescriptos y mucho más cuando los gérmenes se transforman en antibióticos resistentes. La alternancia entre ambas drogas resulta de eficacia para bloquear varias enfermedades infecciosas. En buena hora 

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