domingo, 27 de diciembre de 2015

TRAGEDIAS SUDAMERICANAS

La catástrofe de Alpatacal empañó el brillo de las fiestas del 9 de Julio de 1927  en la Argentina. Una delegación de cadetes chilenos venía a Buenos Aires para asociarse al júbilo del pueblo de ese país. Había salido de Mendoza el 7 de ese mes a la 1 de la madrugada y el tren en que viajaba al llegar, antes de entrar en la estación, debía esperar las señales de vía libre, mientras otro tren que procedía de la capital haría lo propio para entrar por el desvío a la vía número 2 y dejar paso al  que conducía a los cadetes.
Este convoy corría a  60 kilómetros por hora y no detuvo la marcha porque no había luz roja. De pronto, en la oscuridad de la noche, se encontró con el tren que procedía de Buenos Aires. Eran las 4.45 de la madrugada. El choque fue espantoso. Las dos locomotoras quedaron destruidas. La mayoría de los cadetes  estaban entregados al reposo al producirse el choque.
Cuando salieron de la sorpresa, el incendio de los vagones había transformado los restos del tren en una enorme hoguera. El intenso frío y la oscuridad hacían más dramática la situación al dificultar el salvamento de los heridos que, además, era difícil localizar.
Con las primeras luces del alba, la escena se presentó con todos sus espantosos detalles. El saldo fue terrible: 21 muertos y 51 heridos. Los restos de los muertos llevados a Mendoza fueron velados y luego trasladados a Chile.

Tragedia de Altapacal.jpg
La destrucción fue total.

AFECTO
Los sobrevivientes siguieron viaje a Buenos Aires donde el pueblo les testimonió su afecto llevándolos en andas y haciéndolos objeto, durante su estadía en la capital federal, de las más amplias demostraciones de simpatía.  Uno de los tremendos accidentes.
Aquí  viene el otro. Eran las 19.30, hora internacional del día 25 de Octubre de 1927, cuando los telegrafistas de todos los buques que navegaban por el Atlántico, a no muchos kilómetros de la costa brasilera, recogían el patético mensaje:
“Del Principessa Mafalda a todos: S.O.S.”. El barco se hundía hacia el fondo del mar por fallas técnicas que ni siquiera fueron precisadas. Todo era desesperación y nada se podía hacer para evitarlo
 A bordo del  Formose, del Alhena y el Empire Star, que habían visto pasar al Principessa Mafalda, recogen el  llamado. Los barcos que se hallan cerca acuden a toda marcha en señal evidente de solidaridad.

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Los periódicos informan sobre la tragedia


El mundo asistía a otra tragedia del mar. Los buques de auxilio llegaron a tiempo para salvar a numerosos pasajeros que la nave conducía a Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires. Pero muchos otros se hundieron en el abismo marítimo. 
El auxilio no alcanzó para todos y en este siniestro, que tuvo honda repercusión, perecieron unas 300 personas, muchas de ellas residentes en Buenos Aires. Luego los relatos de los sobrevivientes fueron tremendos. Patéticos relatos que se hicieron conb el gesto horrorizado aún por el recuerdo de la terrible tragedia, que enluto a muchas familias de inmigrantes italianos.

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