domingo, 20 de diciembre de 2015

NUNCA SE SUPO MAS DEL GLOBO

Una de las páginas más emocionantes de la historia aeronáutica del siglo XX se escribió en 1908. Era la época en que los argentinos parecían inspirados por la proximidad del Centenario de la gloriosa Revolución de Mayo. El espíritu patriótico animaba a una juventud que rivalizaba en el cumplimiento de hazañas que enorgullecían a ese país. Eduardo Newberry era  un entusiasta de los deportes y si éstos eran peligrosos, más aún. Por eso gustaba de los viajes en globo que por entonces estaban en boga.
El campo de la Sociedad Sportiva Argentina, donde también se jugaban los importantes partidos de fútbol de la época,  el escenario obligado para esta clase de pruebas. Allí se reunían los jóvenes que participaban en esa especie de conquista del aire que significaban los viajes en globo y de allí salían para realizar travesías, más o menos cortas, más o menos largas. Lo importante consistía en desafiar al aire y vencerlo con los elementos con que se contaba en la época.
Fue el 17 de Octubre de 1908. Ese día se escribió una página emocionante y luctuosa. En el solar de dicha sociedad se preparaba el inflado del globo Pampero, en el que iba a efectuar una de las tantas ascensiones Eduardo Newberry, socio del flamante Aero Club. Este había invitado a su amigo Tomas Owen, destacado yatchman, para que lo acompañara en el vuelo.
Demandó varias horas las tareas de inflar el globo y por fin, cuando estuvo listo, el acompañante no llegaba, por lo que la partida se demoró. Luego se supo que Owen no vendría para cumplir con la invitación,

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El globo Pampero antes de desaparecer.

PALOMAS
 Newberry decidió realizar de todos modos el vuelo, al cual invitó al sargento Eduardo Romero, que procedía de El Palomar, para ponerse a las órdenes  de Newberry, y había entregado a éste una canasta llena de palomas mensajeras.
Romero no se hizo repetir la invitación. Como si la hubiera estado esperando, de un salto ya se encontraba dentro la larguilla, listo para la aventura. Unos minutos más tarde el globo comenzó la ascensión.
Los aeronautas son despedidos con jubilosas expresiones de entusiasmo por quienes se encontraban en el campo de la Sportiva. Los vecinos de Palermo y Belgrado subieron a las azoteas de sus domicilios para saludar a los viajeros, sin sospechar que esa era la despedida definitiva.
El globo se fue elevando hasta que se perdió de vista. Luego la espera, la interminable espera, que con el correr de las horas, se fue haciendo angustiosa. Y llegó la noche sin que se volvieran a tener noticias del Pampero.

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Sus tripulantes que perdieron la vida.

SIMBOLO
Ninguna de las palomas que Newberry había llevado regresó con el mensaje esperado. Ni una sola noticia. Ni esa noche ni en los días sucesivos. Nada. Nunca más se volvió a saber del Pampero, desde aquella tarde. Toda la población de Buenos Aires y de ese país, vivió horas angustiosas por la suerte de Newberry y Romero.
Pero los días transcurrieron sin que llegara la noticia esperada. Solo rumores. Alguien dijo que se le había avistado frente a las costas del Brasil, por lo que se supuso que había caído al mar. Algún tiempo después se dijo que cerca de Montevideo se habían hallado restos del Pampero. Pero, en concreto, nada.
Lo único real, lo trágico es que el Pampero no volvió y que tampoco regresaron sus tripulantes. Después comenzaron a tejerse toda clase de relatos novelescos. Hubo muchos que escribieron sobre la probable suerte del Pampero y se hicieron eco de rumores, que no tenían fundamento alguno.
Y pasaron los días , sin que el misterio pueda develarse. Desde entonces el nombre del Pampero y los de sus dos tripulantes quedaron como símbolo de la lucha del hombre por la conquista del aire, en la que luego habrían de ir cayendo muchos otros mártires de la aviación.

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