martes, 27 de octubre de 2015

¡BOMBA ATOMICA!

A LAS 8.15 de la mañana del 6 de Agosto de 1945 se relampagueó la bomba atómica sobre Hiroshima. Desde el acorazado en que regresaba a Estados Unidos el Presidente Truman hizo al mundo el sensacional anuncio. Desde la misma ciudad víctima, ninguna comunicación era posible, pues Hiroshima, población de 343 mil  habitantes, quedó, en esencia, destruida.
Hace 16 horas-decía el mensaje-un avión norteamericano lanzó una bomba en Hiroshima, importante base militar japonesa. Esa bomba tenía más potencia que 20 mil toneladas de trinitrotolueno y es dos mil veces más poderosa que la británica Grand Slam, la mayor bomba utilizada en la historia de la guerra con anterioridad.
Los japoneses comenzaron la guerra desde el aire en Pearl Harbour.  Se les ha pagado ya con creces y aún no ha llegado el fin. Se ha logrado sujetar la potencia máxima del universo. La fuerza, de la cual el sol toma su potencia, ha sido desatada contra los que llevaron la guerra al Extremo Oriente. En tan breve anuncio se daba cuenta al mundo de un acontecimiento trascendental de la centuria.
Truman volvía a su país de la reunión de Postdam, lugar en que se celebró la última conferencia de los cuatro grandes. En Europa, la guerra había cesado. Sólo quedaba el Imperio Japonés por dominar.


La gran explosion de Hiroshima que destruyó todo.

CONSECUENCIAS  
El estupor, que produjo el conocimiento de los efectos destructores del nuevo proyectil, fue inconmensurable y aumentó a medida que los detalles de la explosión se divulgaron por doquier. Una sola bomba, en pocos instantes, había borrado del mapa una ciudad populosa, extensa, acabando con cualquier señal de vida en un radio que se extendía a seis kilómetros a la redonda.
En Tokio, la voluntad de inquebrantable resistencia comenzó a flaquear y el derrumbe sobrevino inmediatamente cuando se dejó caer sobre Nagasaki el segundo proyectil atómico. A las 9 del día 2 de Septiembre de 1945, a bordo del acorazado Missouri, anclado en la Bahía de Tokio, se realizó la ceremonia de la rendición.
El General Mac Arthur, Jefe Supremo Aliado en ese acto, formuló esta declaración¨”Nos hemos reunido aquí los representantes de las grandes potencias combatientes, para finalizar el acuerdo solemne mediante el cual la paz pueda ser restaurada. Los problemas relativos a las ideologías opuestas y a los diferentes ideales políticos, han sido ya resueltos en el campo de batalla del mundo entero y, por lo tanto, no hemos de entrar en su estudio y discusión”
A continuación agregó: “ No nos corresponde en nuestro carácter de representantes de la mayoría de los pueblos del universo, reunirnos aquí con ánimo de desconfianza, mala fe  o rencor. Por el contrario, tanto vencedores como vencidos, debemos elevarnos a las alturas de la dignidad propia de los fines sagrados que hemos de acometer”.



Mapa de los dos lugares japoneses.

CONFIANZA
Finalizó con las siguientes palabras: “Tengo la confianza más plena y así confía la humanidad entera, en que a partir de esta ceremonia, surgirá un mundo mejor, nacido de las sangrientas batallas pasadas. Un mundo basado en la buena fe y la comprensión. Un mundo dedicado a elevar la dignidad humana y al logro de las más fervientes aspiraciones: la libertad la tolerancia y la justicia.
A su vez la proclama de Mikado  decía: “Ordeno a todo mi pueblo que cese inmediatamente las hostilidades, que rinda sus armas y que cumpla todas las disposiciones del acta de capitulación y las órdenes generales consiguientes emanadas del  cuartel general imperial japonés.
La Segunda Guerra Mundial terminó. Un mundo esperanzado tendía su mirada hacia el futuro. En tanto, ni un atisbo de vida quedaba en el lugar donde relampagueó la bomba atómica. Un silencio terrible se cernía sobre las ruinas, símbolo y signo quizás de la nueva era que iniciaba el mundo en Hiroshima que, por tremenda ironía, fue de ahí a convertirse en campo de estudios para futuros experimentos. 

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