lunes, 26 de octubre de 2015

LA MUERTE DE STALIN

A las 21.30 del 5 de Marzo de 1953, a la hora que fallecía José Stalin, el omnipotente jefe de la Rusia soviética, banderas orladas de negro comenzaron a ondear en todos los edificios públicos y  particulares de Moscú. El deceso había ocurrido en el Kremlin en momentos en que rodeaban el lecho del  moribundo sus hijos Vanili y Svetlana y los colaboradores más allegados al Presidium y del Comité Central del Partido Comunista.
El sudario blanco de la nieve pareció hacer más grande el duelo. Una inmensa muchedumbre, reunida en la Plaza Roja junto a la tumba de Lenin, guarda silencio profundo. Los mantos que cubren las cabezas de las mujeres y los sombreros y gorras de los hombres, no alcanzan a ocultar las lagrimas que surcan muchos rostros. Judíos de largas barbas patriarcales, tártaros, musulmanes y fieles de todas las iglesias elevan sus plegarias por el jefe muerto.
Mientras se esperaba la lucha por el poder, el mundo asiste a otro acontecimiento casi tan sorprendente como los anuncios que precedieron a la noticia del fallecimiento de Stalin: la designación de Malenkov como Primer Ministro.
Cierto es que otros poderosos jerarcas participaban del nuevo gobierno, pero nadie duda de que este cosaco cauteloso como se le ha llamado sabrá mantener su posición. Todo esto acontece mientras el cadáver de Stalin colocado en la capilla ardiente sobre un lecho de flores y coronas, motiva una de las más gigantescas expresiones de duelo de que se tenga memoria.

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Jose Stalin: el hombre de acero.

RUMORES
Un millón de personas pasan ante él, formando filas de varias millas de extensión. El lunes 9 se realizan las imponentes exequias. Malenkov y sus inmediatos colaboradores van al frente, presidiendo el largo cortejo.
Sucede un periodo de rumores. Se habla de desavenencias en el gobierno de Rusia y se sindica a Beria como el hombre fuerte de la situación. Inesperadamente el 10 de Junio se anuncia  su destitución del cargo de Viceprimer Ministro. Enseguida corren igual suerte sus amigos políticos en toda la extensión del país.
El periódico “Pravda”, que ha gastado todos los elogios hacia el ex jefe de la policía secreta, lo trata ahora duramente. El traidor de la patria-dice en un editorial- el enemigo del partido y del pueblo, el burgués renegado Beria se ingenió mediante diversos y arteros métodos para socavar la amistad de los pueblos de la Unión Soviética, para socavar los fundamentos del Estado socialista.
Con rabia e indignación, el pueblo soviético habla de esos monstruosos planes del vil provocador y aventurero que intentó restablecer el sistema capitalista y esclavizar nuevamente al pueblo bajo el poder de los odiados explotadores imperialistas.


Acompañado de Lenin.en 1919.

FUSILAMIENTOS
Bajo este aluvión de la prensa adicta a Malenkov se cierra el silencio de la suerte corrida por Beria. Se dice que ha logrado escapar. Pero hacia comienzos de diciembre trasciende que se ha iniciado su proceso junto con el de otros seis ex altos funcionarios del Ministerio del Interior.
Pocos días más tarde, el 24 del mismo mes, un breve comunicado anunciaba que todos los procesados murieron por traidores frente al pelotón de fusilamiento. Se había cumplido uno de los ciclos más dramáticos de la historia interna de Rusia. Quizás tanto como aquel que habían protagonizado, muchos años antes, Stalin y Trotsky y cuyo desenlace sobrevino precisamente con la muerte de Lenin.

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