martes, 20 de octubre de 2015

EL HOMBRE: POR PRIMERA VEZ EN LA LUNA

Ya está. “Un simple paso, pero ¡qué salto para el hombre!, fueron las palabras del comandante del  Apolo XI,  Neil Amstrong, luego de descender los nueve escalones del LEM que era el modulo de descenso y estampar, por primera vez, la huella de un ser humano en el suelo selenita.
Eran las 2.56 del lunes 21 de Julio de 1969, ese día en que la luna fue la artista invitada del excepcional y maravilloso show que dibujaron las pantallas de todos los televisores del mundo, a través de una transmisión que empequeñecía las distancias y convertía a una de las mayores aventuras del hombre en una hazaña sin precedentes.
La Era Cósmica había sido inaugurada. En definitiva se hacía pie en la luna gracias al resultado de 8 años de trabajos que obligaron a los Estados Unidos a gastar más de 24 mil millones de dólares y desplegar la inteligencia de cerca de 30 mil técnicos y científicos para que un solo hombre diese ese salto tan caro a la humanidad.
La conquista del espacio exterior era ya una realidad. Todo había comenzado con el primer satélite-El Sputnik I- lanzado en 1957 por la Unión Soviética-o quizás antes, con las bombas V2 que asolaron suelo británico durante la Segunda Guerra Mundial- y continuaron en una puja técnica y política entre Estados Unidos y la URSS por la dominación de más allá de la tierra.

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El hombre caminando en la luna

ASCENSO
Mientras la sonda espacial soviética-no tripulada- Luna 15 seguía su viaje hacia el satélite natural de la tierra, desde Cabo Kennedy-Niel Armstrong, Edwin Aldrin y Mike Collins- iniciaban su ascenso el lunes 15 de Julio hacia “la mayor aventura jamás emprendida por nadie”.
Luego de más de 150 horas de vuelo, el LEM  con Armstrong y _Aldrin a bordo se desprendía del Apolo  XI conducido por Collins, y se posaba en el Mar de la Tranquilidad, en suelo lunar. Los astronautas observaron que el paisaje se parecía a las fotografías: el cielo era totalmente negro y, a medida que se disipaba la enorme nube de polvo levantada por los motores del LEM, se aquietaban nuevos detalles de la costra llana y grisácea de la luna. 
Los dos astronautas norteamericanos estaban solos, ante esa irreversible realidad que había imaginado un siglo atrás Julio Verne o dos mil años antes Luciano de Samosata. La puerta del LEM se abrió lentamente y Armstrong inició el lento descenso. 
Pasaron  segundos que parecieron interminables. Los pies enormes entran en el campo de la cámara que apunta desde la escotilla, se mueven sin sacudidas, muy despacio, como tanteando. El pie izquierdo de Armstrong se apoya primero, luego el derecho. 
El hombre hacía pie en la luna, pero  para la historia, para los millones de ojos que contemplaron el “show lunar”, Neil Armstrong era el Cristóbal Colón de la edad moderna. Era el esfuerzo concretado de la humanidad que busco-aún busca- en el cielo las respuestas a sus interrogantes.

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Los tres astronautas que conquistaron el espacio selenita.


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