jueves, 29 de octubre de 2015

LA GUERRA ANFIBIA

Una poderosa flota integrada por 150 naves de alto bordo se presentó la mañana del 8 de Noviembre de 1942 ante las defensas de Orán, Casablanca y Argel. Las guarniciones leales al gobierno francés de Vichi habían sido alertadas previamente, cuando se anunció la partida de la escuadra desde Gibraltar con “rumbo desconocido” hacia el Mediterráneo Oriental.
Sin embargo, nada hacía suponer, dado el sigilo con que se preparó la operación, que se estaba en presencia de una fuerza de invasión, que iba esclarecer un segundo frente en Africa, en momentos en que las derrotadas tropas de Rommel trataban desesperadamente de alcanzar Túnez, dejando abandonadas a su suerte a las divisiones italianas copadas luego del desastre que sufriera en los alrededores de El Alamein.
Obedeciendo  la orden del Mariscal Pétain de resistir, las fuerzas terrestres navales y aéreas francesas en el Africa del Norte procuraron contener el alud de soldados que procedentes de 70 grandes transportes, llegaban a la costa en lanchas torpederas, barcazas y otras unidades de desembarco.
Con el mayor poderío naval conocido desde los tiempos de la histórica armada española de 1588, los norteamericanos atacaron simultáneamente todos los principales puertos de las posesiones coloniales de Francia a excepción de Túnez.

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Soldados en pleno enfrentamiento de valentía y pundonor

COMANDOS
Comandos norteamericanos establecieron solidas cabezas de puente sobre las playas, ensanchándolas de hora en hora para permitir el desembarco de tanques, artillería y otros equipos.
El principal peso de los atacantes se concentró en Argel y Orán. En el curso de sólo media jornada, el frente se extendía desde Safi,  a toda la costa berberisca. En el anochecer, la operación se hallaba en pleno desarrollo.
Mientras decenas de millares  de soldados desembarcaban, tropas paracaidistas ocupaban aeródromos y líneas de comunicaciones de vital importancia. Fuerzas de comandos, infantería motorizada y marinería formaban la primera línea de ataque a la precaria defensa establecida por el comando francés.
Ante los acontecimientos, el Gobierno de Vichi rompió relaciones con Estados Unidos. Sin embargo, no convenció totalmente a  Alemania de su “lealtad” y días después, el ejército teutón ocupaba totalmente Francia, provocando el “suicidio” de la escuadra francesa anclada en el puerto de Tolón.
Mientras tanto, por las cabeceras de puente seguía volcándose interesante el aluvión de hombres, tanques y materiales de guerra. En una semana, 300 mil soldados norteamericanos habían consolidado sus bases en Africa del Norte, emprendiendo la marcha hacia Oriente.

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El desembarco para luchar.

CELERIDAD
Desde Egipto avanzaba también Montgomery, de manera que los ejércitos del Eje quedaban en el centro de una gigantesca pinza. Túnez era la última esperanza: allí se podía intentar un “Dunkerque” africano.
Mas la celeridad con que obró el jefe británico y la decisión de Einsenhower determinaron la frustración de esos planes. La guerra anfibia había aparecido por primera vez en el teatro del Mediterráneo.
Seguirían luego los desembarcos en Pantellería, paso previo a la invasión de Sicilia y el salto a la misma península. Nadie dudó que la suerte de la guerra estaba  echada. Los japoneses eran expulsados de Guadalcanal y en Stalingrado se limaban las garras del ejército de Von Paulus.
Pero de todos esos acontecimientos, ninguno resultó más convincente que esta demostración portentosa de organización y poderío, como lo fue el desembarco de más de un cuarto de millón de hombres, bajo los mismos fuegos de las fortalezas francesas de Africa del Norte, pocas horas después de anunciarse en Gibraltar que una fuerza naval operativa se dirigía hacia el Mediterráneo Oriental para cumplir acciones de rutina.
Puede afirmarse que coincidentemente con la aparición de la guerra anfibia, comenzó el eclipse de los ejércitos del Eje que ya no se detendría hasta la definitiva rendición del Reich, en el final dramático que tuvo por escenario un refugio de la Cancillería de Berlín. 

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