lunes, 26 de octubre de 2015

UNA PINCELADA DE ROOSEVELT

Estados Unidos asiste al fin del predominio político republicano. Un aristócrata- en la medida que se concibe la aristocracia en ese país- ostentando un nombre ya incorporado en la historia con Teodoro Roosevelt, obtiene una sensacional victoria en las la elecciones presidenciales.
Los únicos sorprendidos son los propios adversarios. El observador imparcial, sobre todo el de afuera, ya había advertido que Franklin Delano Roosevelt no podía ser derrotado como tampoco lo venció la enfermedad que lo había postrado en una silla de ruedas, durante largos años.
Casado allá por 1905 con una prima lejana, Eleonor Roosevelt. Su padrino de bodas el lejano tío Teodoro. Entre sus recuerdos de niñez figuraba una visita a Cleveland y allí el pariente le dijo de  sus labios de estadista decepcionado: “Hijo mío, ojalá nunca seas presidente”.
En 1916  estaba sentado en el sillón que ocupara otro joven de su apellido en la Subsecretaría del Ministerio de Marina. En Albany desafió a Tammany y al “big boss” Murphy, obteniendo la victoria, quizás sin sospechar que Tammany Hall podía aún recibir de él muchas lecciones parecidas.
Luego la enfermedad y el ostracismo de la vida pública. Recién en 1925 tuvo la posibilidad de recuperar el uso de las piernas y apenas convaleciente volvió a aventurarse en la política. Nueva York, por su enorme electorado, concentra la ambición de los que se sienten aspirantes a la presidencia de la república.

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Franklin Delano Roosevelt: un estadista persistente.

TRIUNFO
La gobernación de ese estado es la antesala de aquella. En una época-1928- en que los neoyorquinos votan por Hoover más que por Al Smith logra triunfar donde el candidato demócrata en el orden nacional es derrotado.
Su nombre recorre el país y se impone en la convención partidaria. Sus actos convencen, pero es su sonrisa, amplia, franca, de buen amigo, la que le da popularidad. La campaña adquiere contornos dramáticos.
Los tristes episodios del clandestinismo provocado por la famosa “ley seca” se recuerdan a cada rato. Lo mismo que la política nefasta de Tammani Hall, los desastres económicos de los gobiernos de Harding y de Hoover.
Una ola de renovación invaden los Estados Unidos. Para los males sociales que continúan sin solución desde 1929, Roosevelt es una esperanza. Sin embargo, los líderes republicanos no se resignan a la derrota.
Ponen en juego todas las argucias. Corren ríos de dólares comprando conciencias. Todo es en vano. El pueblo da un rotundo veredicto adverso al Partido Republicano por cifras que no tienen precedente.

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En una actuación pública firmando ya como presidente.

RESTABLECIMIENTO
Apenas llegado al poder, enfrenta enormes dificultades. Los acontecimientos se precipitan hacia la bancarrota, produciéndose la crisis bancaria. Roosevelt empuña el timón con mano firme y utiliza el enorme potencial económico del país para restablecer el perdido equilibrio.
Comienza a hablarse del New Deal. El capital se resiste a las demandas para el mejoramiento de las condiciones de vida del obrero y encuentra jueces hasta en la Suprema Corte que declaran inconstitucional el sistema.
Roosevelt no vacila entre la necesidad de crear definitivas bases de bienestar, a pesar del prurito legalista. Sigue adelante, sin dudas ni vacilaciones. Se encrespan las nuevas sesiones en el Congreso. Se habla hasta de dictadura. Pero nada le detiene. La ola de popularidad se acrecienta. Ya ni sus adversarios, ni sus mas tercos contendientes, negarán la evidencia.
Y en toda América y en el viejo mundo, los ojos esperanzados fijan su mirada en este hombre que hasta unos años antes era un inválido y que se levanta, con una grandeza que envidaría el propio “tío” Teodoro, hasta alcanzar la dimensión de una de las figuras del siglo. El futuro le reservará un preponderante papel en la segunda gran conflagración del siglo, en la que intervino Estados Unidos.

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